Hoy ocurrirá algo que se ha convertido en raro en la bolsa española: una inmobiliaria sale a bolsa. Su nombre además parece todo un símbolo: Hispania. Según el folleto de la OPV esta sociedad, constituida en enero de este mismo año, tiene como objetivo “crear una cartera inmobiliaria de alta calidad invirtiendo principalmente en propiedades de uso residencial, oficinas y hoteles en España y, eventualmente, en alojamiento de estudiantes”. Hay varios inversores nacionales y extranjeros detrás –entre los que parece se encuentra George Soros- lo que ya de por sí arroja alguna duda: si gente con tanto dinero ve como buen negocio invertir en inmuebles en España, ¿para qué salir a bolsa, para qué necesitan más financiación pero a cambio tener que repartir sus beneficios? No es que no sea normal pero me lleva a pensar que no hay tanto dinero real detrás de esta compañía lo que no será obstáculo para que el primer día de cotización seguramente suba. No es por eso por lo que hablo de ella, creo es una buena excusa para hablar un poco de la situación del mercado inmobiliario español, señalado como el principal culpable de la actual crisis pero que sigue siendo una de las grandes esperanzas para crear empleo en este país donde tan pocas opciones hay en lo que creo que hay una confusión con el sector de la construcción que sí que puede crear muchos y que puede hacerlo incluso sin inmobiliarias.

Pero es la excusa por la que PPPSOE miman tanto al sector aunque también pesa la enorme exposición que el sistema financiero –aún ahora– tiene. De otra forma no se podría explicar que el Real Decreto ley de 2008, aprobado en la etapa Zapatero, y cuya vigencia inicial iba a ser de un año prorrogable otro más, haya vuelto a ser ampliado por Rajoy mínimo hasta 2015. ¿Y en qué consiste este decreto? Textual: «no se computarán las pérdidas por deterioro reconocidas en las cuentas anuales, derivadas del inmovilizado material, las inversiones inmobiliarias y las existencias o de préstamos y partidas a cobrar ligadas al sector inmobiliario». Es decir, trampas contables para que no se tengan que provisionar las pérdidas de valor. Esto ha propiciado que empresas zombies sigan sin quebrar y así disfracen la ya elevadísima morosidad de la banca. 15.468 millones de euros es la deuda actual de las 5 cotizadas del sector (Reyal Urbis, Martinsa Fadesa, Quabit, Realia y Colonial) que, no obstante, han reducido en 2013 un 13.5% su endeudamiento. No porque hayan tenido beneficios –todas excepto Quabit que ganó 7 millones, cerraron el ejercicio con pérdidas: -1.979 millones de €) sino por ventas puntuales, quitas y subidas bursátiles con las que han podido negociar mejor sus refinanciaciones y aumentar en algunos casos el número de inversores. Es decir, sigue siendo un sector moribundo que confía en que una reducción del paro y un aumento del crédito propicie un aumento del negocio. Esto es: busca lo que casi todas las empresas españolas están buscando sólo que con más ayudas –sólo superadas por el sector financiero con el que tan ligadas están- estatales que nadie.

Lo de hacer trampas contables es algo que incluso se está extendiendo como forma de reducir las quiebras de la mano de la  nueva Ley Concursal aprobada por el gobierno el viernes pasado: si una empresa es operativa aunque tenga muchas deudas puede seguir viva artificialmente si así lo quieren los deudores que de esta forma se convierten en los árbitros pudiendo convertir deuda en capital o aceptar quitas que, eso sí, jamás afectarían a las deudas que se tengan con la Seguridad Social y Hacienda. Es decir, más poder para los bancos. Y luego nos quieren vender que hay un cambio de modelo: menos inversiones en Investigación y Desarrollo, ayudas a bancos e inmobiliarias y que el resto se busque la vida exportando porque no se propician las condiciones necesarias para que repunte el consumo interno, ¿Ese es el nuevo modelo?

Y en cuanto a los mercados, no es la bolsa lo más noticioso esta semana: tras un viernes malo en Europa y neutro en los EUA y un lunes de tregua, el martes parecía que volvía la euforia con nuevos máximos de 14 años del Nasdaq pero se torció y parece la semana va a acabar en negativo especialmente para las bolsas europeas. Nada ha cambiado –aún- pero las malas nuevas de China han servido como excusa esta vez para corregir y es normal y hasta sano que se tengan en cuenta los problemas y se frene un poco la complacencia extrema que algunas bolsas están viviendo. Mientras, el Ibex sigue sin despegarse de los 10 mil a pesar de la gran mejora en la rentabilidad de su deuda. No deja de ser un síntoma positivo que la bolsa ya no tenga tanto en cuenta los vaivenes de la deuda porque significa que ya no considera que el peligro venga de ahí pero es evidente que son muy buenas noticias para los bancos y éstos pesan mucho en el índice por lo que su influencia alcista debería notarse. Quizás es porque ya se ha subido mucho desde los mínimos de 7500 de junio de 2013 y que hacen falta nuevos argumentos. Algunos dicen que la amenaza de deflación puede pesar en el ánimo de los inversores pero primero: no hay deflación y segundo: Grecia tuvo deflación el año pasado y su bolsa subió como la espuma. Yo más bien pienso el motivo de la aparente apatía de la bolsa española está en factores externos (crisis de los emergentes, una posible guerra en Ucrania, los problemas de China, la posible burbuja de Wall Street…), es decir, el Ibex ya se ha integrado en el movimiento normal de las bolsas de “primera categoría” entre las que por cierto destaca en marzo el mal comportamiento del Dax alemán, quizás el más influido por el tema ucraniano que curiosamente en nada afecta a la fortaleza del €, en máximos de casi 3 años. Y es que esa fortaleza del € es, junto a la caída del crudo y la subida del oro, lo más llamativo de la semana, así como para la siguiente probablemente el principal foco de atención estará en la reunión del FOMC ya que todo lo que haga la FED se sigue muy de cerca si bien no se espera que haya cambios en el ritmo del tápering.

Y ya que hoy he tocado el tema inmobiliario, os traigo este gráfico que mide la variación del precio de la vivienda en España: sigue bajando pero cada vez más lentamente. Eso sí, eso ya lo vimos en 2010 y no cambió la tendencia:

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