La renovación política que no llega tiene, además de muchas causas, muchos efectos que ya se están dejando notar. Así, es curioso que en estos momentos en que la sociedad presenta una falta de fe en la política y, sobre todo, en quienes la ejercen, se estén creando nuevas formaciones en un esfuerzo por llenar el vacío de credibilidad que existe con las actuales.

No faltan las voces que alertan de que en tiempos de crisis económica, de recortes sociales, se suele dar una proliferación de partidos de extrema derecha e izquierda, como ya ocurrió en los años treinta del siglo pasado. Años en los que también se asistió a una quiebra del bipartidismo existente en casi todos los países occidentales, surgiendo con fuerza movimientos anarquistas, comunistas y fascistas. Aunque, con suerte, esperemos haber aprendido las lecciones de dichos años, ya que tales ideologías, en general, ya no nos son novedosas ni nos parecen la solución a nuestros problemas.

Y es que desde la creación de UPyD hace ya unos cuantos años, que fue el pionero, hasta el día de hoy, más de 700 nuevos partidos se han creado en los últimos tres años, hasta conformar los más de 4.000 que tenemos hoy en nuestro escenario electoral.

De los últimos, el Partido X, que a finales de septiembre se presentó en sociedad y donde encontramos, tras tan enigmático nombre, a una buena parte de los pertenecientes al movimiento ciudadano que comenzó con el 15-M. Esta es una de las últimas propuestas como alternativas al bipartidismo que impera en España desde hace treinta años. Pero no es la única, ni siquiera la más original. Así, encontramos partidos como Sí a la vida, Unión por los derechos del ser humano, Partido de Internet o el partido de Reforma del Estado de Nostradamus.

Muchos de estos partidos sólo representan a determinados colectivos afectados por algún tipo de concurrencia o problema social, con lo que realmente no deja de ser una asociación convertida en partido político con el fin de dar algo más de cobertura mediática a su causa (como podría ser el Partido de Parados Unidos o el Partido de Fumadores Españoles) que difícilmente podrán concurrir a unas elecciones generales, ya que según el artículo 169.3 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) se les exige la presentación del 0,1 de firmas del censo electoral en la circunscripción a la que se presente.

Sin embargo, hay otros que sí parecen contar con el suficiente apoyo o contenido político en su programa para intentar convertirse en alternativa o tercera vía ante la crisis del bipartidismo actual. El ejemplo más claro es precisamente UPyD, que presenta un crecimiento acusado en los últimos años, o podría ser Movimiento Ciudadano que, sin ser todavía un partido político, está dando los pasos necesarios para serlo en breve.

Sin embargo, y esto es algo de lo que se acusa a estos partidos, el personalismo en torno a una figura emblemática puede ocultar la falta de contenidos de programa, siendo, en el fondo, muy parecidos en su esquema interno a los partidos tradicionales. Es por esto por lo que también se está dando un nacimiento inusitado de los llamados “partidos red”, como puede ser el llamado Partido X o el Partido de Internet. En estos partidos, no existe una cabeza visible, siendo la mayor diferencia con el resto de los partidos su programa abierto a todo tipo de sugerencias y modificaciones. Utilizando plataformas sociales entienden su partido como una especie de co-working social donde cualquiera puede participar y estar al día en la realidad política.

Lo que sí está claro es que el modelo bipartidista parece estar agotado, casi tanto como la fe en la política del ciudadano medio, y esto hace que innumerables nuevas formaciones estén surgiendo con el fin de recoger las suficientes esperanzas o el suficiente desespero que les dé una mínima representación.