Esta semana se vieron en las primeras horas de negociación del lunes unos máximos bursátiles en Europa y en el euro que no se habían visto desde hacía casi 3 meses y en ese punto se dio la vuelta el movimiento y a pesar de la fortaleza que está demostrando el mercado norteamericano parece que de momento el espectacular rebote de octubre se ha frenado. Tras dos semanas de subidas debidas a la fe en medidas de las que se hablaba y rumoreaba, los mercados decidieron esperar a ver si se concretan… ¿quizás en la cumbre europea de este domingo? Quien sabe.

Mientras, se discute en ámbitos políticos y económicos la nueva recapitalización bancaria pero curiosamente no por su coste en dinero público sino por su impacto. Y es que la creencia de que la deuda pública es un activo de riesgo cambia completamente las reglas del juego. Siempre se ha considerado la emisión de bonos soberanos algo 100% seguro -como afirma por ejemplo el presidente del B. Popular– ya que un estado siempre puede imprimir dinero para abonarla, que es lo mismo que hace algunos meses afirmó Greenspan al defender la triple A de los EUA. Es decir, se puede perder dinero por la evolución de los precios pero dejando la posición a vencimiento el capital estaría asegurado. De nuevo la actual crisis y la deficiente estructura de la €zona, cambia esto ya que las emisiones de deuda son responsabilidad de cada país pero la cantidad de moneda no y desde luego no tiene sentido considerar que las emisiones soberanas no tienen riesgo viendo el ejemplo no sólo de Grecia sino también de los amplios diferenciales entre los diferentes países de la zona euro. Si los inversores consideran que es mucho más segura la deuda alemana que otras, es evidente que implícitamente asumen que esas otras tienen algún riesgo.

Por eso tras 2 años seguidos de ridículas pruebas de stress a la banca parecen decididos a incluir un porcentaje de pérdida teórica en las carteras de deuda de la banca que incluiría unos escenarios –aún no oficiales, son todo especulaciones- donde en el peor de los casos el que tenga deuda griega deberá provisionar como si se hubiera depreciado un 60%, un 40% por la irlandesa y portuguesa y un 20% para el que posea deuda italiana y española en sus libros (otras fuentes rebajan el porcentaje nuestro a “sólo” un 5%). De ejecutarse este proceso se reducirán los beneficios y aumentarán las necesidades de liquidez de muchísimos bancos del continente. Esto, siendo una medida justa y de prudencia contable, tendrá unas consecuencias negativas para la economía real y en concreto a las entidades financieras de España se les combinará con una gran cartera inmobiliaria que tiene inmovilizados gran parte de los recursos de bancos y cajas de ahorros lo que aún ahogará más el crédito y empeorará las condiciones de la clientela. Eso sí, permitirá que -si como parece llega un día en el que uno o varios países de la €zona hacen una quita de su deuda obligando a sus poseedores a aceptar una devolución menor del dinero prestado- el sistema financiero esté preparado para una materialización de la crisis de la deuda soberana.

Pero además implica un factor psicológico importante: al fin las autoridades europeas admiten que la deuda soberana emitida por algunos países europeos es un activo de riesgo. Ya no son las agencias de rátings ni los malísimos especuladores, es oficial: la garantía de un estado no es suficiente. Y la consecuencia de este “descubrimiento” es imprevisible ya que todo el sistema económico se basa en la confianza y el mantenerla a toda costa fue la excusa que nos ha llevado a este embrollo. Si los estados han aumentado tanto su deuda pública en esta crisis fue en gran parte por salvar a la banca tras el miedo que provocó la caída de Lehman Brothers. El mantra que aún pervive es que no se puede dejar caer ningún banco porque si se extiende el miedo sacaremos todos nuestros ahorros y eso provocaría una quiebra global ya que el sistema financiero no dispone de tanto efectivo y debería desinvertir a toda prisa en todo, llevándonos con ello a una caída del sistema. Pero claro, si es el estado el que garantiza nuestros ahorros bancarios y el propio estado no puede garantizar que su deuda sea fiable, ¿Dónde queda la seguridad y la confianza?

Mi opinión es que esa teórica devaluación acabará aplicándose sólo a los 3 rescatados porque incluir en ella a Italia y España, aunque sea en un porcentaje simbólico, podría aumentar la desconfianza hacia la tercera y cuarta economías de la €zona, algo muy peligroso para todos y que obligaría a mayores avales por parte de la UE. Al fin y al cabo, una vez que los bancos tengan preparados sus balances, no tardará en llegar el default griego (ya no tendría sentido seguir gastando dinero público en un saco sin fondo) y es importante que se intente frenar el contagio lo más posible, salpicando si acaso a Portugal, que parece el siguiente en la lista pero deteniéndolo en Irlanda.

Todo esto no ocurriría si todos los activos bancarios estuvieran actualizados con el precio real de mercado y no hubiera lugares dentro del balance –la “cartera de inversión”- donde esconder las posiciones pilladas, y así sería fácil conocer la salud financiera de las entidades pero claro, eso reduciría enormemente las compras de deuda pública por parte del sector financiero algo que es uno de los mayores temores de los gobiernos de todo el mundo. Y por cierto, puestos a malpensar, ¿No se estará preparando a los bancos europeos para la posible creación de un “euro débil” devaluado que usarían los implicados en la depreciación de su deuda soberana y con el que abonarían su deuda externa generando pérdidas –que ya estarían “controladas”- a los acreedores, será ese el “plan secreto” de SarkoMerkel?

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