POLITICA
Eduardo Parra – Europa Press
La vivienda se ha convertido en un bien cada vez más inaccesible en España, especialmente en ciudades como Madrid o Barcelona, donde los precios de compra se han desbocado en los últimos años. Lejos de enfriarse, el mercado sigue presionado por una demanda fuerte, escasa oferta nueva y un creciente apetito inversor, tanto nacional como extranjero. En este escenario, surgen nuevas formas de acercarse al ladrillo que se alejan del modelo tradicional de comprar para vivir.
Una de esas estrategias es la que propuso un usuario en el Consultorio de Vivienda organizado por elEconomista.es e iAhorro: adquirir una primera vivienda no como residencia habitual, sino como activo para alquilar. José Paino, experto hipotecario de iAhorro, respaldó esta opción sin dudarlo: «Comprar para alquilar me parece una opción magnífica tal y como está el mercado», afirmó en respuesta a la consulta.
El argumento se sostiene sobre varias bases. Por un lado, el alquiler continúa encareciéndose, con subidas anuales que en algunas zonas superan el 8%, según datos del INE. Por otro, los tipos de interés podrían comenzar a bajar progresivamente en 2025 si el Banco Central Europeo sigue relajando su política monetaria, lo que haría más atractiva la financiación hipotecaria. Y todo esto en un contexto en el que la vivienda sigue siendo uno de los activos más apreciados por su resistencia inflacionaria y su valor tangible.
No obstante, Paino advierte que esta fórmula no vale para cualquier inmueble. «Es clave hacer un análisis previo de la zona, del precio de compra y del alquiler potencial. Si la mensualidad que puedes ingresar por el alquiler te cubre buena parte del préstamo, estás convirtiendo tu ahorro inicial en un activo que se paga solo con el tiempo», explica.
El planteamiento es claro: no se trata de especular, sino de encontrar una propiedad con buena rentabilidad neta y gestionarla con cabeza. Idealmente, la cuota hipotecaria debería ser inferior al 70-75% del alquiler que se prevé obtener, dejando margen para gastos, impuestos o posibles periodos sin inquilinos.
Este tipo de operaciones ya está creciendo entre perfiles jóvenes con capacidad de ahorro pero sin urgencia por abandonar el alquiler. Para muchos, invertir en una vivienda en otra ciudad o barrio menos caro que el suyo y alquilarla puede ser una forma de proteger su capital, generar ingresos recurrentes y construir patrimonio sin sacrificar liquidez.
La idea de comprar sin intención de vivir, impensable hace una década para muchos, gana fuerza en el actual tablero inmobiliario. Especialmente mientras los precios del alquiler sigan subiendo y los tipos hipotecarios empiecen a moderarse.