El mercado de la vivienda de segunda mano en España ha dado un nuevo salto que desconcierta tanto a analistas como a potenciales compradores. El precio por metro cuadrado se ha situado en mayo en 2.635 euros, un 14,8% más que hace un año y un 4% por encima del mes anterior, según datos de Fotocasa. Para encontrar una subida mensual tan pronunciada coincidiendo con un avance interanual de esta magnitud hay que remontarse dos décadas. Pero ni siquiera entonces se había producido algo así: es la primera vez que ambas subidas alcanzan niveles tan elevados a la vez.

Traducido a cifras más tangibles, una vivienda media de 80 metros cuadrados cuesta hoy unos 27.000 euros más que hace apenas un año. El encarecimiento ha sido tan rápido que desborda cualquier previsión razonable. Y lo más llamativo es que no se trata de un fenómeno puntual o circunscrito a ciertas zonas. Afecta al 94% de las provincias analizadas y al 86% de los municipios.

El aumento ha sido especialmente pronunciado en regiones que tradicionalmente no figuraban entre las más caras. Comunidad Valenciana (+28,3%), Murcia (+24,1%) y Andalucía (+18,5%) están a la cabeza, superando incluso a Madrid o Baleares en variación porcentual. Aunque Baleares sigue siendo, con diferencia, la comunidad con el precio más alto (5.028 euros/m²), seguida de Madrid (4.817 euros/m²), la presión se está extendiendo hacia territorios donde hasta hace poco la vivienda era relativamente asequible.

El caso de Alicante es paradigmático: un 27,1% de subida interanual, con el precio por metro cuadrado acercándose rápidamente a niveles más propios de capitales turísticas consolidadas. También destacan otras provincias como Castellón (+20,2%), Santa Cruz de Tenerife (+18,2%) o Málaga (+15,2%).

El repunte se percibe también en las capitales. En San Sebastián, el metro cuadrado alcanza ya los 6.784 euros. Madrid capital (6.011 euros) y Barcelona (5.083 euros) siguen siendo caras, pero otras como Palma (4.957 euros) o Málaga (4.081 euros) han entrado con fuerza en el grupo de las ciudades con precios más elevados. La fiebre del ladrillo parece haber dejado atrás los frenos de la política monetaria, al menos de forma temporal.

Todo esto sucede en un momento en el que el Euríbor, aunque más moderado que en 2023, se mantiene en torno al 3,7%. Es decir, las hipotecas siguen siendo caras, y, aun así, los precios de la vivienda no solo no se frenan, sino que se aceleran. Las subidas de tipos por parte del BCE desde 2022 no han bastado para calmar la demanda o enfriar el mercado. Una parte de la explicación puede encontrarse en la escasez de oferta en muchas zonas, la presión turística o la inversión extranjera. Pero también hay un componente de expectativas: muchos compradores temen que los precios sigan subiendo y prefieren entrar ahora, aunque sea a costa de asumir cuotas hipotecarias más altas.

La paradoja está servida: mientras el esfuerzo financiero para comprar una vivienda es mayor que en cualquier otro momento de los últimos años, la demanda no se enfría. De fondo, una sensación de urgencia que hace pensar en el ciclo alcista como algo sin final inmediato, al menos mientras no llegue una corrección más severa o un cambio brusco en las condiciones de financiación.