Deutsche Bank prevé que el Banco Central Europeo rebaje su tipo de depósito en tres ocasiones más durante 2025, hasta situarlo en el 1,5% a finales de ese año. La entidad alemana, que anticipa movimientos en junio, septiembre y diciembre de este año, reconoce sin embargo que el camino no está libre de obstáculos. Las tensiones comerciales con Estados Unidos y la posibilidad de que la economía de la eurozona se muestre más resistente de lo previsto podrían alterar estos planes.

El último movimiento del BCE fue el recorte de tipos de 25 puntos básicos en abril, que dejó el tipo de depósito en el 2,25%. La medida se justificó por la moderación de la inflación, tanto en su componente general como subyacente, y por el enfriamiento de los precios en los servicios. Desde Fráncfort, se empieza a considerar que el objetivo de inflación del 2% podría consolidarse de forma sostenida, lo que abre la puerta a una política monetaria más laxa.

Pero hay elementos que podrían descarrilar este guion. Uno de ellos son los aranceles anunciados por Donald Trump, especialmente si regresa a la presidencia. Aunque algunos gravámenes se han pospuesto, otros siguen vigentes —como los del 10% sobre productos industriales clave— y podrían ampliarse, generando un shock para el crecimiento europeo. Según estimaciones del propio BCE, este entorno podría recortar medio punto al PIB de la zona euro este año. La reacción de los mercados, con mayor volatilidad y caída de la confianza, ya anticipa ese escenario.

En el otro extremo, Deutsche Bank también contempla la posibilidad de que la economía europea resista mejor de lo previsto. En ese caso, el BCE podría optar por frenar los recortes antes de llegar al 1,5%, especialmente si la inflación se mantiene pegajosa o si el mercado laboral sigue tensionado.

La institución monetaria se encuentra en un punto delicado. Por un lado, no quiere repetir errores pasados como en 2011, cuando subió tipos justo antes de que estallase la crisis de deuda. Por otro, sabe que flexibilizar demasiado pronto podría alimentar nuevas presiones inflacionistas. De ahí que el discurso de sus miembros haya sido cauto en las últimas semanas, sin comprometer un calendario fijo de bajadas más allá de junio.

Para los hogares con hipoteca, este escenario sigue siendo esperanzador. El euríbor, que ya ha iniciado un tímido descenso desde sus máximos del año pasado, podría acelerar su caída si se confirma la hoja de ruta de los tipos. Esto se traduciría en menores cuotas en las revisiones semestrales o anuales, aunque aún es pronto para anticipar alivios bruscos. El mercado descuenta ya un primer recorte en junio, y los tipos a futuro proyectan un euríbor en el entorno del 2,2%-2,3% a mediados de 2025, desde el 3,7% actual.

Los próximos datos de inflación y crecimiento serán claves para confirmar el rumbo. Y mientras tanto, los hipotecados siguen mirando a Fráncfort con la esperanza de que esta vez el ciclo de alivio vaya en serio.