El euríbor a 12 meses ha cerrado abril en torno al 2,16%, el nivel más bajo desde febrero de 2022. Este retroceso, que sigue a una caída constante desde principios de año, alivia la carga de los hogares con hipotecas variables, cuyas revisiones anuales reflejarán una rebaja clara en las cuotas. No obstante, aunque la dirección parece definida, el camino está lejos de ser predecible.
Desde el máximo del 4% registrado en 2023, el euríbor ha bajado casi dos puntos, empujado por un cambio de rumbo en la política monetaria del Banco Central Europeo. El BCE recortó en abril su tipo de depósito al 2,25%, en un intento de sostener la actividad económica sin perder de vista la inflación. Con este giro, el mercado ha empezado a descontar una fase más prolongada de tipos más bajos, aunque con ciertas reservas.
Este movimiento se produce en un contexto en el que la inflación en la eurozona se ha estabilizado cerca del 2,4% interanual, tras haber tocado máximos del 10% en octubre de 2022. Alemania, el motor económico de la región, cerró abril con un IPC del 2,2%, mientras que España lo hizo en el 3,3%. Son cifras que, aunque aún elevadas, se encuentran dentro de un rango más manejable para el BCE. Y eso ha dado margen a la institución para rebajar el tono restrictivo.
Gustavo Martínez, profesor en la Universidad Francisco Marroquín, apunta a que “el BCE está en modo gradual, no quiere repetir errores de sobrerreacción. Si la inflación no repunta, el euríbor podría acabar el año cerca del 2%”. Las previsiones de entidades como ING o Barclays coinciden: contemplan una senda bajista suave, siempre y cuando no haya sorpresas macro.
Pero el escenario tiene amenazas. Una de ellas es la energía. El precio del petróleo Brent volvió a superar los 90 dólares el barril en abril, impulsado por tensiones en Oriente Medio. Además, el gas natural mantiene volatilidad elevada por las incertidumbres en el suministro ruso y la demanda asiática. Una subida sostenida en estos precios podría trasladarse rápidamente a la inflación y alterar los planes del BCE.
A esto se suman los riesgos comerciales. Las amenazas de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos hacia productos europeos —particularmente del sector automotriz— podrían desacelerar aún más el crecimiento en la eurozona, proyectado actualmente en un modesto 0,9% para 2025, según la Comisión Europea.
Para quienes tienen una hipoteca variable, el alivio ya es tangible. Una familia con un préstamo de 150.000 euros a 25 años y un diferencial del 1% verá reducida su cuota mensual en más de 50 euros al actualizar el tipo con el nuevo euríbor de abril. Aunque no es un cambio drástico, sí marca el fin de un ciclo de subidas que durante dos años tensionó los presupuestos domésticos.
La próxima reunión del BCE, el 4 de junio, será determinante. Aunque los mercados descuentan un recorte adicional de 25 puntos básicos, Christine Lagarde ha reiterado que cada paso dependerá “de los datos”. La clave estará en cómo evolucionen la inflación subyacente y los salarios en sectores como servicios, donde los precios tienden a ser más rígidos.
Los próximos meses serán decisivos para saber si este alivio se consolida o es simplemente una pausa en un ciclo aún incierto.