Tras un 2024 marcado por la inestabilidad económica, los tipos de interés siguen mostrando una volatilidad que complica la planificación financiera de los hogares. En este entorno, muchos propietarios con hipoteca abierta vuelven a preguntarse si adelantar el pago del préstamo es una buena idea. A pesar de que amortizar puede parecer una forma rápida de ganar tranquilidad, no siempre es la opción más acertada.
Los últimos datos del Banco de España reflejan que el ritmo de amortizaciones anticipadas se mantuvo alto durante todo 2024, impulsado por un euríbor que alcanzó máximos de más del 4% en el segundo semestre del año, antes de empezar a corregirse tras los primeros recortes de tipos por parte del Banco Central Europeo. Esta situación llevó a muchas familias a buscar maneras de reducir su exposición a la subida de intereses. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿conviene amortizar ahora que las condiciones empiezan a relajarse?
Ventajas claras… en ciertos casos
Amortizar anticipadamente sigue teniendo ventajas evidentes. La primera, el ahorro en intereses, especialmente relevante en préstamos contratados en 2021-2022, cuando muchas hipotecas variables quedaron enganchadas a diferenciales ajustados pero muy sensibles al euríbor.
Otro aspecto que pesa mucho en la decisión es la sensación de control financiero. En tiempos donde la incertidumbre macro sigue alta —con las tensiones geopolíticas abiertas y la recuperación económica de Europa avanzando a paso desigual—, reducir deudas mejora la estabilidad patrimonial personal.
Además, recortar el plazo del préstamo —una de las alternativas al amortizar— permite no solo pagar menos intereses, sino liberar capacidad de ahorro o de inversión en un horizonte relativamente cercano.
Riesgos que no conviene ignorar
No todo son beneficios. Uno de los principales inconvenientes es el riesgo de perder liquidez. En un entorno donde los shocks económicos pueden aparecer de forma repentina —como demuestran los movimientos de los últimos meses en los precios de la energía o los bienes agrícolas—, mantener un colchón de liquidez sigue siendo una prioridad para la mayoría de asesores financieros. Según los analistas de AFI (Analistas Financieros Internacionales), conviene reservar, como mínimo, entre seis y nueve meses de gastos esenciales en instrumentos líquidos.
También sigue vigente el problema de las comisiones por amortización anticipada, sobre todo en hipotecas firmadas antes de la entrada en vigor de la Ley de Crédito Inmobiliario de 2019. Estas penalizaciones, aunque han disminuido, todavía pueden afectar la rentabilidad real de la operación.
Por último, amortizar tiene un coste de oportunidad. Hoy en día, con la renta fija ofreciendo rentabilidades superiores al 3,5% en tramos de 5 años y el mercado bursátil mostrando expectativas razonablemente atractivas en sectores como infraestructuras o energías limpias, podría ser más interesante destinar el capital a inversiones que ofrezcan un rendimiento superior al coste de la hipoteca.
¿Reducir cuota o acortar plazo?
En caso de decidirse por amortizar, surge la cuestión de elegir entre reducir la cuota mensual o acortar el plazo del préstamo. Reducir la cuota puede ser útil en familias con ingresos más justos o con proyectos vitales a corto plazo que requieren liquidez. Pero desde un punto de vista financiero, acortar el plazo suele ser más rentable, ya que permite disminuir de forma más intensa el pago total de intereses. La OCU insiste en que esta opción es la más eficiente siempre que no comprometa el equilibrio de las finanzas personales.
Decidir con cabeza fría
Amortizar hoy no debería ser una decisión emocional. Conviene analizar variables como el tipo de interés del préstamo, el perfil de riesgo, la disponibilidad de liquidez y las alternativas de inversión existentes. En un escenario como el actual, donde la normalización monetaria avanza pero no exenta de sobresaltos, cada movimiento debe responder a una estrategia de medio y largo plazo, no a impulsos derivados del nerviosismo de mercado.