Se dice que Napoleón, a la hora de escoger a sus generales, se fijaba en dos detalles más allá del currículum o de la experiencia del aspirante. Se fijaba, por un lado, en la audacia demostrada por el candidato y, por otro, en la suerte del mismo. Ambos requisitos demuestran que Pedro Sánchez podría haber sido un general napoleónico en toda regla, porque hace falta audacia (mucha) y aún más suerte para conseguir, en apenas un par de años, pasar del ostracismo político al que le condenó la cúpula de su partido, a Presidente del Gobierno con aspiraciones de gobernar.

Sin embargo, una carrera tan meteórica ha de tener sus meteduras de pata, y la primera ha sido de órdago. Tras seis días en el cargo, el flamante ministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, dimitió debido a haber sido condenado por haber declarado entre el 2006 y el 2008 sus ingresos personales a través de una sociedad, a fin de pagar menos impuestos de los que le correspondía. De igual modo, hizo pasar por gastos profesionales la compra y mantenimiento de una residencia secundaria en la costa de Alicante. Por todo ello se vio obligado por la justicia en el 2017 a pagar más de 360.000 euros a Hacienda.

Esto demuestra la premura y la improvisación con la que Sánchez ha confeccionado su equipo de Gobierno, de modo que pareciera que ni él mismo se esperase alcanzar la presidencia en este envite. Y, aunque la idea de introducir en el equipo de gobierno a personas que no provienen del mundo de la política puede ser buena, hubiera sido de lógica investigar un poco a estos nuevos fichajes, quizás no con tanta saña como si fueran del partido rival, pero sí con un poco de rigor, para evitar situaciones como la vivida.

“Pagué al fisco cuando me reclamaron ese dinero seguro de mi inocencia. No es una condena por fraude, es una multa por haber perdido una demanda que interpuse ante Hacienda” ha alegado el afectado, dolido porque ha sentido el peso de la opinión pública y el enfado del que iba a ser su jefe.

El caso es que este breve empleo le habrá supuesto un beneficio de casi 2500 euros por seis días de trabajo, calculado en base a los 70.368 euros anuales que cobraba su antecesor en el cargo. Según la ley 74/1980, los exministros tendrán derecho a percibir, a partir del mes siguiente en que se produzca el cese y durante un plazo igual al que hubieran desempeñado el cargo, una pensión indemnizatoria del 80% del salario, con un máximo de dos años en el caso de Huerta, serán por la semana en el cargo 1.350 euros más 1.094 que cobrará de pensión el mes siguiente. Eso, el dudoso honor de haber sido el ministro más breve y el haber podido ir a la final de Roland Garros en palco de honor, es cuanto le ha dado tiempo al hombre.

Pero la brevedad del señor Huerta no debe desviar la atención sobre el fondo de la cuestión. El gobierno de Sánchez pretende perpetuarse en el tiempo a pesar de contar con un apoyo parlamentario mínimo. Sólo 84 diputados respaldarían las medidas del Gobierno, apoyados, en todo caso y dependiendo del precio, por los 67 de Podemos, lo que daría un número insuficiente de diputados para sacar adelante propuestas.

Ya Iglesias se ha postulado para tal evento y ofrecido para descargar de los hombros del socialista el peso de parte del gobierno de la nación. Entre las propuestas lanzadas ha señalado el blindaje de la subida de las pensiones, la igualación de los permisos de paternidad y maternidad, el cumplimiento del Pacto de Estado contra la violencia machista, la recuperación del dinero del rescate bancario “que las entidades rescatadas aún deben a los ciudadanos”, la derogación de la ley mordaza
y de la reforma laboral, la subida del salario mínimo a los 1.000 euros, así como reformar la Ley de Arrendamientos Urbanos o acabar con el llamado impuesto al sol, entre otras.

Pero las dificultades no se avistan pequeñas. El primer reto será aprobar el techo de gasto de 2019. Paso previo para la negociación de los Presupuestos Generales del Estado (seguramente otra vez, o así pretende el PP que sea) y tarjeta de presentación del nuevo Ejecutivo ante Bruselas.

Pero desde Podemos ya levantan las orejas debido al nombramiento de Nadia Calviño como ministra de Economía y de María Jesús Montero en Hacienda, más comprometidas con la austeridad que sigue imponiendo Europa, en lo que podría ser un guiño a Ciudadanos.

La duda va a estar con el PP, que tiene en su mano ayudar o no al PSOE a cumplir los compromisos con Bruselas, para empezar, la aprobación de los mismos Presupuestos que ellos elaboraron y negociaron. Si no lo hace, tal y como han aventurado algunos medios, el Gobierno puede enfrentarse a su primer fiasco parlamentario y enviar una señal de poca estabilidad a los socios comunitarios.

En cuanto a la cuestión catalana, no ha sentado muy bien por aquellos lares el nombramiento de Josep Borrell como ministro de Asuntos Exteriores, que ha sido uno de los rostros más visibles contra el proceso de independencia de Catalunya. Pocos olvidan que Borrell dijo aquello de que “antes de coser” las heridas “había que desinfectar” Catalunya.

En definitiva: primer reto fácil, llegar al verano. Segundo reto casi imposible, llegar a Navidades.