Ya es un hecho. El Banco Popular, la sexta entidad del país, ha dejado de existir para integrarse en el gigante Banco de Santander y acabar así una agonía que probablemente ya duraba demasiado. El precio de un euro sólo es algo simbólico que refleja lo que valía la entidad, a juicio de las autoridades europeas y, mientras que la cara la tiene el Santander, que se ha ahorrado 2.000 millones de euros al retirarse del proceso de compra durante unos días, la cruz la tienen los accionistas del banco intervenido, que lo han perdido todo merced al nuevo sistema de intervención bancaria.

Pero conviene ir por partes en un proceso que ha tenido unos preliminares demasiado largos para una resolución tan rápida. El banco Popular llevaba ya un tiempo desangrándose ante la avalancha de noticias que cundían sobre su verdadero estado financiero. De hecho, el lunes 5 pidió la excepcional Provisión de Liquidez de Emergencia (PDF) al Banco Central Europeo. Este es el mecanismo extraordinario del BCE para dar liquidez a las entidades que no la pueden obtener por medios convencionales. El día siguiente volvió a activarla y ya se empezó a vislumbrar que iba a ser la tónica: pedir liquidez para la operativa diaria y gastarla en horas y así poder atender la fuga de depósitos a la que, diariamente, se enfrentaba la entidad.

Esta dinámica fue la que terminó de decidir a Europa. Se activó entonces el mecanismo de resolución europeo por primera vez en su corta historia y nuestro país ha tenido que ser el primero en estrenarlo, a pesar de las reticencias del Gobierno, que no paraba de decir que la crisis bancaria era cosa del pasado.

El caso es que el Banco de Santander estaba ya preparado. Días antes había retirado su oferta de compra al Popular por un precio de 2.000 millones y toda una serie de compromisos y garantías a accionistas y deudores. Lo que no retiró fue su interés por la entidad, presentándose como candidato a asumirá la entidad tras su intervención, a Gobierno, Banco de España y BCE. Su compromiso a asegurar la liquidez de la entidad intervenida y a asumir su agujero sin intervención de dinero público, unido a la retirada de su principal competidor, el BBVA, hizo el resto.

El acuerdo final es el sabido: que el Banco Santander se queda con todos los activos y pasivos del Banco Popular por 1 euro. Es decir, sus accionistas pierden todo el dinero. Además, los CoCos (convertibles contingentes) del Popular y su deuda subordinada serán convertidas en acciones que también son adquiridas por 1 euro, lo que al Santander le permitirá generar un colchón adicional de capital de unos 1.700 millones. Lo que no se tocarán serán los depósitos de los clientes, que se van a respetar, sean del importe que sean, y la deuda senior, es decir, la de mayor calidad crediticia.

A cambio, tiene que sanear una entidad muy castigada por los mercados tras la mala gestión del anterior equipo de dirección (el liderado por Saracho poco ha podido hacer, más allá de tapar agujeros e intentar buscar un comprador). La cifra del saneamiento la ha ofrecido el propio banco de Santander: 7.900 millones, para lo cual afrontará una nueva ampliación de capital de 7.000 millones de euros, una cantidad seguramente excesiva, pero que le protege ante posibles problemas.

Tras la tormenta, se irán calmando las aguas, y se comenzará a ver cómo ha quedado cada cual retratado en la foto.

Para empezar los propios test de estrés de la banca. Es de tener en cuenta que el banco Popular había salido bien parado de los mismos hacía sólo un año. O el Popular logró milagrosamente ocultar su verdadera situación, o bien se suavizaron para ayudar a la ampliación de capital de la entidad que se fraguaba por esas fechas, o realmente estos test son una pérdida de tiempo y de dinero.

Para continuar, la credibilidad de De Guindos y otros políticos varios, que hasta hace nada defendían la solvencia de la entidad intervenida.

Pero el grueso de las críticas, y seguramente demandas judiciales, se lo va a llevar Ángel Ron y su equipo directivo, que dedicaron años a ocultar activos tóxicos y a vender ampliaciones de capital que ayudasen a la continua huida hacia delante de la entidad bancaria.

Por último, habrá que mirar hasta qué punto los medios de comunicación, y el rumoreo han podido incidir en lo que realmente ha sido una pérdida de confianza de los clientes en una entidad, que desembocó en el desangramiento de depósitos que ha acabado con la entidad.

El caso es que hemos asistido al fin a una quiebra de una entidad bancaria. En ella es de esperar que los ciudadanos no tengamos que poner el bolsillo para solventarla y quienes la tendrán que soportar son los que han de hacerlo: accionistas y dueños de la entidad, que sufrirán, como en cualquier empresa lo que significa una quiebra empresarial.

Las consecuencias a corto plazo pueden ser un efecto contagio: Liberbank parece no andar muy fina y ya arrastra pérdidas en bolsa varios días seguidos, aunque su situación de liquidez no es todavía preocupante y seguramente aguante el envite. Las consecuencias a medio-largo plazo pueden ser, y serán, mucho más graves: la falta de competencia en nuestro sistema financiero la vamos a notar. Un mercado en el que ya sólo queda 12 entidades, con una posición dominante de tres o cuatro de ellas, nos llevará a situaciones como las que vivimos en el sector energético, con un nivel de competencia cercano a cero.