Yao Yang: "Los riesgos de crecimiento en China"

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Si las cosas siguen bien, para 2021 China superará a los Estados Unidos como la economía más grande del mundo, medido en dólares corrientes (y aun más rápido si hablamos en términos reales). Su ingreso per cápita llegará al mismo nivel que el del umbral más bajo de los países de altos ingresos. Sin embargo, a pesar de este impulso hacia adelante, la economía china se enfrentará a riesgos inminentes en la próxima década.

El riesgo inmediato es estancamiento continuo o recesión en Europa. En la pasada década, el crecimiento de las exportaciones representó aproximadamente una tercera parte del crecimiento económico global de China, y alrededor de una tercera parte de las exportaciones de este país fueron para la Unión Europea. Si continua deteriorándose la situación en Europa, el crecimiento de China estará afectado.

Un endurecimiento excesivo de las políticas macroeconómicas nacionales, en especial las que están destinadas al mercado inmobiliario, podría aumentar el riesgo de una desaceleración en un contexto en el que los precios de las viviendas ya están disminuyendo por toda China, debido a las medidas severas del gobierno. En efecto, la situación se parece mucho a la de la crisis financiera asiática de 1997. Varios años antes de que estallara dicha crisis, China había estado luchando contra la inflación y parecía tener las cosas bajo control. No obstante, la combinación de crisis y austeridad condenó a China a varios años de deflación y a un crecimiento considerablemente más lento.

Actualmente, mientras China se enfoca en el mediano plazo, el gobierno tiene que hacer frente a los problemas originados por su participación dominante en la economía. Un nuevo informe del Banco Mundial destaca la falta de reformas de las empresas estatales como el principal impedimento para el crecimiento económico del país. Sin embargo, ese es solo un síntoma de un problema más grave: el papel omnipresente del gobierno en los asuntos económicos.

Además de controlar directamente entre el 25% y 30% del PIB, el gobierno también se queda con una gran parte de los recursos financieros. En años recientes, más de una tercera parte de los créditos bancarios se han destinado a la infraestructura, construida principalmente por entidades gubernamentales. De hecho, como reconocimiento de su excesiva inversión en infraestructura, hace poco el gobierno abandonó varios proyectos que ya estaban en construcción de ferrocarriles de alta velocidad. No obstante, la excesiva inversión gubernamental es evidente en numerosos parques industriales y zonas de alta tecnología.

El frenesí de inversión de China recuerda a muchos el Japón de los años ochenta cuando las conexiones de ferrocarril de alta velocidad se extendieron a los lugares más remotos de ese país. A la fecha, la mayoría dependen de los subsidios gubernamentales. Si bien los subsidios pueden mejorar la calidad de vida de las personas en algunos aspectos, también pueden deteriorarla mediante una supresión del consumo interno.

La inversión en infraestructura inevitablemente se topará con la ley de rendimientos marginales decrecientes, pero el aumento del consumo no tiene límites. Así pues, reprimir el consumo asfixia el crecimiento futuro, y la participación del consumo de los hogares en el PIB ha disminuido del 67% a mediados de los 50% en años recientes; la mayoría de esa caída refleja distorsiones creadas por las políticas públicas.

Por naturaleza el gobierno chino está orientado hacia la producción. La ventaja es que eso ha ayudado a mantener tasas elevadas de crecimiento del PIB, pero las desventajas son igualmente pronunciadas. Una de las consecuencias negativas es el persistente aumento de la desigualdad del ingreso. El coeficiente de Gini de ingreso per cápita ya es de más de 50 (100 representa la desigualdad máxima), con lo que China se encuentra en el cuartil superior de desigualdad a nivel mundial.

Puede ser que el problema no sea la desigualdad en sí, sino sus consecuencias, una de las cuales es la bifurcación del capital humano. Los beneficios de la educación están aumentando en China, pero el acceso a ella se está dividiendo cada vez más en términos sociales y geográficos. Si bien la educación está mejorando en las zonas urbanas, los niños de las áreas rurales se enfrentan a una caída en la calidad de la educación porque los mejores maestros se van a las ciudades. Además, la educación resulta más cara para ellos que para las familias urbanas debido a las disparidades de ingresos entre las ciudades y el campo.

Como resultado, la mayoría de los niños de las zonas rurales entran al mercado laboral sin título universitario. De los 140 millones de trabajadores migrantes de China, el 80% tiene únicamente 9 años o menos de educación formal –mucho menos de lo que requieren los países del altos ingresos.

A pesar del aparente deseo de los funcionarios de reducir la desigualdad de los ingresos, el gobierno de China la está agravando – mediante, entre otras cosas, subsidios a los productores, condiciones más favorables para las industrias intensivas en capital y el mantenimiento de un sector financiero extremadamente ineficiente. No obstante, también hay señales prometedoras de crecimiento económico. El gobierno acaba de anunciar nuevas reglas para el registro de los lugares de residencia, conocidos como hukou. Salvo en las grandes ciudades, ahora las personas pueden elegir libremente su hukou tras tres años de residencia. Esto ayudará mucho a los migrantes pues garantizará un acceso igual a la educación para sus hijos.

Sin embargo, para cambiar completamente el comportamiento distorsionador del gobierno se necesitan cambios políticos más drásticos. La reforma del hukou es un buen principio puesto que fortalecerá los derechos políticos de los migrantes en las comunidades locales. Puesto que son tan numerosos, su participación política podría obligar a los gobiernos locales a prestar más atención a las necesidades de la gente común y corriente. Además, cabría esperar que si los gobiernos de bajo nivel comienzan a responder mejor, a la larga los de nivel superior lo hagan también.

Yao Yang es director del Centro China de Investigación Económica de la Universidad de Pekín.

Copyright: Project Syndicate, 2012.
Traducción de Kena Nequiz
 

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China es una bomba de relojería (1ª Parte)

Carlos Montero


No hay ninguna duda que China ha sido en los últimos años, y probablemente lo seguirá siendo en los próximos, el motor de crecimiento mundial. Las últimas estimaciones señalan que su economía superará a la de EE.UU. en 2030. Pero hay algo que se cierne sobre el país, y que algunos economistas están advirtiendo.

“China es una bomba de relojería”, afirmaba un importante gestor de Wall Street en el día de ayer.



Las consecuencias de una crisis económica en China, serían mucho más graves para la economía global que la actual crisis en Europa. De ahí la importancia que debemos dar a este tema.

Michael Shuman, uno de los mayores especialistas mundiales en las economías asiáticas, ha realizado un interesante análisis en Time Business, sobre la posible crisis económica en China. Dado su interés lo llevaremos a estas páginas en dos partes. Hoy la primera, y mañana la segunda. Shuman explica así porque en su opinión, China tendrá una crisis económica:

La opinión de la mayor parte del mundo es que China es indestructible. Olvidándose de la crisis que se multiplica en todas partes, China parece estar ajena a este escenario, con tasas de crecimiento espectaculares, no importa los vientos que tenga en contra. Parece inevitable que China superará a EE.UU. como mayor economía en el mundo.

No dudo ni por un segundo que China será una superpotencia económica con un papel cada vez más influyente en la economía global. En muchos aspectos, ya es una superpotencia. Pero eso no significa que la economía esté libre de problemas, un buen número de ellos creados por el mismo sistema estatista alabado por los expertos en los EE.UU. y en Europa. En mi opinión, si China no cambia su rumbo, y en gran medida, el país experimentará una crisis económica.

He estado pensando desde hace algún tiempo sobre el futuro económico de China, y la probabilidad de que se enfrente a algún tipo de terrible colapso, pero hasta ahora he sido reacio a defender mis puntos de vista con fuerza.

La razón es que es muy difícil decir lo que realmente está pasando en la economía china. Los datos son escasos o poco fiables. Y además China es en cierto modo, única en términos económicos. Son difíciles de encontrar precedentes válidos.

Luego está la cuestión del calendario. Es fácil decir que China tendrá una crisis, pero es casi imposible decir cuándo puede ocurrir. ¿El mes que viene? ¿El año que viene? ¿La próxima década? El hecho es que China podría seguir como está aún bastante tiempo. Por lo tanto, en otras palabras, cuando usted hace el tipo de predicción que yo he hecho, se tiene una importante probabilidad de que se esté equivocado.

Pero cuanto más tiempo paso en China, más convencido estoy que su sistema económico actual es insostenible. Sí, los economistas especializados en China le pueden dar todo tipo de razones por las que el país supuestamente es diferente, y por lo tanto, no se tienen que aplicar necesariamente las reglas normales de la economía. Pero una cosa que siempre digo es que la economía no se puede escapar de las matemáticas. Si los números no cuadran, no importa cual es el tamaño de su economía o cómo de rápido está creciendo o el peso que juega el Estado en ella. Y China tiene un montón de números que simplemente no cuadran.

Una gran parte de este descuadre ha sido creado por su capitalismo de Estado. China ha adoptado un modelo de desarrollo asiático, inventado por Japón y seguido, en distintos grados, por muchos países de rápido crecimiento en toda el Asia oriental.

El modelo, de forma muy general, funciona de la siguiente manera:

1) Se saca provecho de los bajos salarios para impulsar el crecimiento a través de exportaciones y se industrializa rápidamente con cantidades considerables de inversión,

2) El Estado guía todo el proceso

3) Se emplean políticas industriales, dirigidas y financiadas por el Estado, para el progreso en sectores cada vez más avanzados.

Este sistema genera fantásticos niveles de crecimiento económico por un tiempo, pero luego, eventualmente, se bloquea.

Japón tuvo los inicios de su crisis en 1990 (y aún no se ha escapado dos décadas más tarde), Corea del Sur, el país que más copió el modelo de Japón, tuvo la crisis de 1997-98.

¿Qué sucede? El modelo se basa en lo que Alice Amsden, en su estudio de la economía coreana, llama "la obtención de precios equivocados".

Para estimular los altos niveles de inversión necesarios para generar un rápido crecimiento, el modelo depende de la subvención dirigida por el Estado, lo que hace la inversión en ciertas industrias o sectores, más atractiva y menos arriesgada de lo que debería ser. El crédito barato se pone a disposición de la industria para que se inviertan en determinados proyectos. El tipo de cambio se controla para alentar a los exportadores. Se reparten todo tipo de subvenciones. Los bancos no están orientados comercialmente, sino que actúan en gran medida como instrumentos de la política gubernamental de desarrollo. Todos estos métodos de canalizar el dinero hacia la industria, público y privado, crean las astronómicas tasas de crecimiento que vemos una y otra vez en Asia.

El problema aquí es que los precios no se pueden fijar mal por tiempo indefinido. Hay una buena razón por la que los economistas clásicos siempre están tan enfocados en permitir a los mercados que encuentren el nivel correcto de precios. De esta manera, los mercados envían las señales correctas a los potenciales inversores de donde el dinero debe o no debe ir.

Si los indicadores de precios están sesgados, lo está la dirección de recursos. El modelo asiático a la larga crea tremendas distorsiones, en las que el dinero se desperdicia y se genera un exceso de capacidad. Las empresas subvencionadas no tienen que generar ganancias en la misma forma que las empresas no subsidiadas, lo que les lleva a tomar malas decisiones de inversión, construyendo fábricas y edificios que son innecesarios y poco rentables. Como resultado, los préstamos van mal y afectan al sector bancario. Eso es exactamente lo que sucedió en Japón y Corea. A pesar de que sus crisis fueron iniciadas de maneras muy diferentes: el estallido de una burbuja de activos en Japón, un shock externo en Corea - la razón de que ambos países se derrumbaran fue la misma: bancos débiles, empresas endeudadas, y malas inversiones.
 

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China es una bomba de relojería (2ª Parte)

Carlos Montero

Ayer finalizábamos el artículo de Michael Shuman, uno de los mayores especialistas mundiales en el mercado asiático, sobre la posibilidad de una inminente (2014) Crisis en China de esta manera:

China está cometiendo los mismos excesos que Japón y Corea, y algunos más. El nivel de inversión en China, en casi el 50% del PIB, es elevado incluso para los estándares asiáticos.


El argumento que generalmente se hace en defensa de dicha inversión astronómica, es que China es un gran país en desarrollo que necesita todos los edificios y las carreteras que construye. Qu Hongbin, el inteligente economista jefe del mercado chino en el HSBC, analizó este argumento en un estudio reciente:

Hay un punto de vista muy popular en el mercado sobre que China está sobreinvertida y por lo tanto, ya no podrá depender de la inversión para sostener su crecimiento. No estamos de acuerdo. La relación inversión y PIB de China es muy alta (46%). Pero China está sólo a la mitad del camino en su proceso de urbanización e industrialización. Todavía tiene que invertir más para hacer frente a la creciente demanda de ferrocarril, en hospitales y plantas industriales. El reciente auge de la infraestructura ha ampliado la capacidad de transporte del país, pero la red de tren de China sigue siendo inferior a la de los EE.UU. en 1880. En términos económicos, se estima que el stock de capital por trabajador en China es de sólo el 8% del de los EE.UU. y el 15 % del de Corea. En otras palabras, la acumulación de capital de China todavía está lejos de llegar a la etapa de rendimientos decrecientes. Creemos que el país necesita invertir más, y no menos.

Estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, la cuestión no es si China necesita más inversión. La cuestión es si China es capaz de conseguir el tipo de inversión que requiere. El hecho de que los niveles de inversión sean tan altos y, sin embargo la economía sea tan deficiente en algunos aspectos clave, me hace pensar que la respuesta es no.

Una buena parte de esta inversión parece estar mal dirigida, ya que lo hizo al sector inmobiliario. El desarrollo inmobiliario se ha convertido en el motor fundamental del crecimiento económico chino. En teoría, la rápida urbanización de China hace que la construcción sea una necesidad - pero eso depende de lo que se está construyendo. En Wenzhou, una agente de bienes raíces ofrecía recientemente un BMW gratis a cualquier persona que comprara un apartamento de alta gama - un signo claro de exceso de construcción -, mientras que hay una evidente falta de viviendas asequibles para la mayoría de chinos. Los alquileres de espacio de oficinas de alta calidad en Beijing son ahora más caros que en la ciudad de Nueva York - a pesar de que la capital de China es una gran zona de construcción. Muchos de los edificios que se alzan ahora son de una calidad inadecuada para las grandes corporaciones.

Peor aún, gran parte de la inversión en China está siendo financiada con deuda. El nivel de endeudamiento de la economía china ha estado creciendo a una velocidad aterradora. La agencia de calificación Fitch estima que el crédito bancario en 2011 fue equivalente al 185% del PIB del país - un aumento de 56 puntos porcentuales en apenas tres años. A pesar de que esto no ha tenido un impacto negativo significativo en los bancos de China, muchos analistas temen que los bancos experimentarán inevitablemente un aumento de la tasa mora. En un indicio de lo que está por venir, el Financial Times informó recientemente que el gobierno ha ordenado a los bancos refinanciar los 1,7 billones de dólares de los préstamos adeudados por los gobiernos locales. Si es verdad, esto nos dice dos cosas fundamentales:

1) Los gobiernos invirtieron el dinero recaudado de los bancos en proyectos que no generan los beneficios suficientes para pagarlos y

2) La calidad de los préstamos en los libros de los bancos son más cuestionables de lo que las estadísticas oficiales sugieren.

Además de eso, el hecho de que los gobiernos locales acumularan tanta deuda en primer lugar muestra una completa falta de rigor legislativo en el sector financiero chino.

Técnicamente, los gobiernos locales no están autorizados a pedir dinero prestado en absoluto. Mientras tanto, según las entidades gubernamentales ejecuten los préstamos que no pueden pagar, muchas pequeñas empresas, especialmente las privadas, serán incapaces de recaudar fondos suficientes y seguirán sin recibir el capital.

Así que podemos ver las piezas de la crisis caer unas tras otra: Un exceso equivocado de inversión, incluyendo un auge inmobiliario gigante, impulsado por la deuda y las decisiones de los burócratas del gobierno. ¿Suena familiar?

La crisis, por supuesto, no es inevitable - si el liderazgo de China toma medidas y reorienta la dirección de la economía. La economía tiene necesidad de reequilibrar sus estrategias de inversión y las exportaciones, a un modelo de crecimiento impulsado más por el consumo, con un enfoque principal en la calidad del crecimiento, no, en las altas tasas a cualquier precio. Eso no está sucediendo, o no lo suficientemente rápido.

Sí, el consumidor chino está ganando en importancia mundial, pero el ahorro en China sigue siendo demasiado alto y el consumo como porcentaje del PIB sigue siendo demasiado bajo. Los pasos que el gobierno podría dar para impulsar el reequilibrio necesario - la reducción de impuestos en muchos productos importados, por ejemplo – no se están planteando. Más importante aún, el gobierno no hace nada para fijar los precios adecuadamente. La moneda se mantiene firmemente controlada, las tasas de interés sin reformar. Así que los inversores en China siguen actuando sobre la base de señales de precio equivocadas.

¿Por qué los políticos de China no persiguen una reforma más radical? Tienen miedo de que el crecimiento pudiera caer. El último plan quinquenal fijó en un 7% el crecimiento del PIB anual, pero a mí me parece que cada vez que el crecimiento cae por debajo de dos dígitos, a los líderes les entra el pánico y revolucionan la economía de nuevo. El PIB aumentó un 8,9% en el cuarto trimestre de 2011, pero eso no es lo suficientemente rápido para los líderes de China. Ya han empezado de nuevo a tomar medidas de relajación del crédito.

Es cierto que las autoridades chinas han hecho un trabajo superior en la gestión de la rápida evolución económica en los últimos años. Sin embargo, como cualquier inversor común sabe muy bien, los rendimientos pasados no garantizan resultados futuros.

Ya en la década de 1970 y 80, los analistas de Japón consideraban también a los burócratas casi como superhombres. Ahora, la pesada burocracia japonesa es considerada uno de los principales obstáculos para una reactivación económica. Los burócratas chinos hoy en día sufren el mismo problema que llevó a los burócratas japoneses por el mal camino - creer que la economía se puede manejar por decreto. Las herramientas de la economía clásica y la corrección de precios, son secundarias. ¿Por qué dirigir una economía con medidas abstractas, como las tasas de interés, cuando se puede decir a los bancos lo que deben hacer?

Esa actitud es lo que mató el milagro económico de Japón, y ahora China se desliza hacia el mismo destino. Japón no podía escapar de la fuerza de las matemáticas básicas. China tampoco podrá, no importa lo brillante que sus políticas puedan llegar a ser.

¿Cuándo ocurrirá una crisis? Es interesante jugar un poco con la historia. Tanto Japón como Corea sufrieron sus crisis más o menos 35 años después de que el modelo de desarrollo de Asia se iniciara – de la década de 1950 a 1989 en Japón, y de 1962 a 1997 en Corea. Eso hace que una crisis de China pueda suceder en torno a 2014-15 más o menos. No estoy prediciendo una fecha exacta. Lo que estoy diciendo es que China se está quedando sin tiempo para arreglar los problemas de su economía.

Para aquellos de ustedes que no están de acuerdo con mi análisis, el Banco Mundial publicó hoy un informe que alerta de que China podría enfrentarse a una crisis económica si no hace importantes reformas.
 

CHICHO125

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creo que Shuman ve la posibilidad de una contraccion china sobre la base de lo ocurrido en japon y existe una supergran diferencia entre estas economias que a favor de china deja un margen de maniobras muy grande para el gobierno chino de soluciones a estos problemas normales para una nacion con un indice de crecimiento tal como el que viene afrontando china sobre la base de la inversion , los chinos estan conscientes que de las mas eficaces maneras de crecer , via inversion es la mas segura, por lo que se tomaran poco a poco las medidas adecuadas para canalizar estas inversiones de la manera mas correcta sin afectar a los bancos ademas, china tiene un buen margen en su tipo de encaje el cual creo se encuentra por el 22% y de requerirze un alivio lo bajaran dando liquidez al sistema cuando se necesite, un pais con una fuerza de trabajo tan grande , dirigjda por el gobierno y con tan bajos salarios se puede dar el lujo de cometar algun que otro error y rectificarlo pues lo mas importante es el valor fuerza de trabajo , en china por su cantidad de habitantes y bajo costo de esta sera el motor principal de la competividad de esta nacion , principal diferencia con japon un estado con el control economico que tiene el chino puede orientar las subvenciones al sector que quiera y en las condiciones que quiera e incluso forzar a la fuerza de trabajo a realizar la actividad que quiera al precio que quiera segun las necesidades del pais , cosa que no podemos hacer en los paises occidentales , por todo lo cual creo que cualquier error en china podra ser absorvido por el propio sistema dado que cuenta con un sin numero de posiblilidades de accion para controlarlo .
 

madroño

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Que china es un Japon 2º parte?, es obvio, pero a largo plazo.

China esta atrapada en un callejón sin salida.


  1. Occidente cada vez le consumira menos productos por su empobrecimiento progresivo y su deflación salarial,además por mucho que se diga es un pais que vive de la exportación principalmente a dia de hoy.
  2. Cuando relanza el consumo interno, lo que esta provocando es megainflación, por tanto burbuja como la inmobiliaria, subida de salarios y precios de su productos, por tanto perdida de competitividad, algunas multinacionales ya se empiezan ha deslocalizar de ese pais.
 

CHICHO125

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bueno entonces esperar solo queda esperar una crisis en china porque sin fundamentos lo dice Shuman cuando vas a comparar tiene que hacerlo en funcion de basamentos similares y en este caso las cosas no son asi , primero espera la destruccion de usa , de eu y despues de china pues china es el motor hoy de la economia mundial, su valor fuerza de trabajo le da esa condicion sin discucion alguna , cualquier pais con la magnitud de esta fuerza de trabajo y el costo de esta lograra en este mundo lo que quiera, no habra ningun cambio en usa por la misma razon que si prosperara china, por el valor de su fuerza de trabajo es esto lo que manda hoy asi que desde el medio de la miseria mundial el mundo seguira implorando , mejoras economicas pero seguiran comiendo con cucharas chinas
 

CHICHO125

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madroño es cierto que algunas multinacionales ya se empiezan ha deslocalizar de china, pero presisamente eso es lo que quieren los chinos y las multinaionales no les dan el gustoquieren el paster completo pues cuantan hoy con todo lo necesario para seguir solos en el 90% de los casos estos chinitos son unos vivos pero los grandes saben como tratarlos
 

Pasaba por aqui

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El despertar de los chinos


Las mejoras económicas y sociales conseguidas por China en las últimas décadas no deben ocultar la degradación a la que se ven sometidos sus habitantes como consecuencia de la pervivencia del totalitarismo comunista. Los perversos fundamentos ideológicos de este sistema, que en China aún pervive, se ensañan cotidianamente con la dignidad que merece cualquier chino por su magna condición de ser humano. Las decisiones más importantes que emanan de los gobernantes chinos se estrellan de continuo con la realidad de la vida, con el modo en el que las cosas son por naturaleza, por negarse una y otra vez a aceptar que sus compatriotas no precisan de nadie que reconozca su dignidad y la libertad que esta conlleva, pues les son inherentes por haber nacido.

El reto de medir el poder y el desarrollo
Uno de los desafíos y responsabilidades que se presentan a quienes, como yo, trabajamos en el variado campo de la educación es llegar a ser un buen formador. Ello conlleva, entre otras obligaciones, tratar – y en lo posible lograr – que los estudiantes adquieran los conocimientos necesarios para desempeñar en el futuro una fructífera labor profesional. Si conseguirlo exige al alumno entender determinadas nociones, para alcanzar este objetivo resulta de gran utilidad al profesor recurrir a ejemplos que ilustren lo que pretende enseñar.

Cuando a los alumnos de Geografía e Historia de Educación Secundaria Obligatoria y de Geografía de España de Bachillerato explico los conceptos producto interior bruto (PIB) y renta per cápita, suelo comenzar diciéndoles que entendemos por PIB el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por una economía nacional en un período determinado, y que llamamos renta per cápita a la relación entre el PIB de un país y sus habitantes.
Tras la perorata no resulta extraño que los más pequeños y – con más frecuencia de la que desearía – muchos de los mayores reflejen su incomprensión con divertidas caras de asombro. "¿Qué estará diciendo este?", se preguntarán.

Probablemente, a sus edades y ante conceptos tan abstractos mi reacción debió de haber sido similar. Desde hace años, para salvar tales obstáculos y hacer entender esas definiciones utilizo un símil que puede chirriar a expertos y a puristas pero que, en general, me ha dado buenos resultados.
En concreto, propongo a los alumnos que comparen el PIB con una tarta y la renta per cápita con el trozo que tocaría de ese pastel repartiéndolo a partes iguales entre los comensales presentes. Si un estado quiere ser influyente e importante en el mundo, añado a quienes me escuchan, uno de los modos más eficaces de conseguirlo es aumentar el tamaño de su tarta y teóricamente, por tanto, agrandar el trozo de la misma que corresponde a cada habitante. Trasladando el ejemplo al ámbito macroeconómico puede afirmarse que el cálculo del PIB no solo sirve para conocer la mayor o menor importancia de una economía sino que constituye, como sabemos, un buen instrumento para comparar la situación económica de un país a lo largo de los años, así como para cotejar las economías de los distintos estados. La renta per cápita, por su parte, sigue siendo el indicador más utilizado para medir el grado de riqueza o pobreza de un país.


Sin embargo, para evitar malentendidos, es preciso decir a los alumnos que el PIB no es el único parámetro para determinar el poder y la influencia de una nación, y que el bienestar de sus habitantes tampoco depende exclusivamente de la renta per cápita correspondiente (entre otras cosas porque, en la vida real, unas veces por razones justas y otras injustas, los trozos de tarta no son iguales para todos). De modo más o menos consciente y sin pretensión de ser exhaustivos, nuestra jerarquía mental sobre el poder de los estados suele tener en cuenta factores muy variados y con frecuencia interrelacionados, que podríamos clasificar del siguiente modo:
  • Factores físicos: ubicación del país, extensión territorial, clima, relieve, calidad del suelo y del subsuelo, etc.
  • Factores económicos: disponibilidad de materias primas, desarrollo industrial, volumen comercial, iniciativa tecnológica, potencial financiero, eficacia organizativa, etc.
  • Factores humanos: cantidad de población, grado de distribución y de alfabetización de los habitantes, influencia histórica, prestigio cultural, etc.
  • Factores políticos: seguridad interior, estabilidad, cohesión interna, capacidad militar, eficacia diplomática, etc.
Por lo que respecta al difícil reto de determinar el grado de desarrollo de los estados, las antiguas clasificaciones basadas exclusivamente en la renta per cápita han quedado obsoletas ante los resultados obtenidos al evaluar con parámetros derivados de la noción de desarrollo que ha ido imponiéndose en las últimas décadas. La ampliación de este concepto debe mucho a Jigme Singye Wangchuck, rey del pequeño país asiático de Bután desde 1972 hasta abdicar en su hijo en 2006. Poco después de su coronación, Wangchuck reivindicó – influido por el budismo y quizá contrariado por la deficiente imagen exterior de su reino – la primacía política de aumentar lo que denominó felicidad nacional bruta (FNB) sobre lo que en su opinión suponía el limitado empeño de concentrarse en hacer crecer el PIB. El monarca butanés aseguraba, con razón, que los ricos no siempre son felices, mientras las personas felices sí suelen considerarse ricas. En la actualidad, frente al mero esfuerzo por acrecentar su PIB, el reino de Bután prioriza el crecimiento de la FNB, cuyos pilares básicos son, en ese país, el desarrollo socioeconómico equitativo, la preservación y promoción de la propia herencia cultural y espiritual, la conservación del medio ambiente y el establecimiento de un buen gobierno.


Ciertamente, el mensaje fundamental del rey Jigme Singye – los bienes materiales no dan la felicidad y esta es más importante que aquellos – no constituye una novedad, pues se deduce con facilidad del contenido doctrinal de las principales religiones del mundo, millones de personas lo aceptan sin problemas y ha sido propugnado por numerosos intelectuales a lo largo de la historia. La originalidad del mandatario butanés consistió en acuñar el concepto de FNB para tratar de cuantificar la satisfacción de sus ciudadanos, así como en convertir la consecución de la felicidad – entendida ésta más como un estadio espiritual que material – en objetivo político prioritario en un mundo ya entonces impregnado de los materialismos capitalista y comunista.
Con esos antecedentes y años después, el economista paquistaní Mahbub ul Haq (1934-1998), ayudado por su colega indio Amartya Sen (nacido en 1933), trató de especificar nuevos criterios para evaluar el desarrollo de un país, partiendo de un principio inspirador: los ejes centrales del proceso son las personas y no la producción. Para reflejar el bienestar de los ciudadanos de un estado (más que para cuantificarlo o medirlo, que también) los mencionados economistas elaboraron un índice de desarrollo humano (IDH) – dato numérico, por tanto – expresado mediante un valor entre 0 (mínimo) y 1 (máximo). El IDH se obtiene teniendo en cuenta tres dimensiones básicas de la persona (la salud, la educación y los ingresos) expresadas y actualizadas en función de varios indicadores (entre otros, la esperanza de vida al nacer, el promedio de años de educación, los años esperados de instrucción y el PIB per cápita).

Desde 1990 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) – institución perteneciente a la Organización de Naciones Unidas (ONU) – publica anualmente un Informe sobre Desarrollo Humano que incluye un IDH basado en el modelo elaborado por Mahbub ul Haq y Amartya Sen. Los miembros del PNUD reconocen que estos datos no ofrecen una información global de la situación de un país ni del bienestar de sus ciudadanos, pero son también conscientes de las bondades de tales referencias: una de ellas es que el IDH ofrece resultados más completos sobre el desarrollo que las mediciones basadas solo en el PIB y en la renta per cápita; otra ventaja es que la difusión internacional de los datos de cada Informe genera una competencia política entre los gobiernos del mundo entero para mejorar los puestos de sus respectivos países; y un tercer aspecto positivo es que los informes provocan reacciones múltiples, al aportar al debate internacional temas de tanta importancia como la libertad política y la justicia social. (sigue)====>>
 

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Mapa del Desarrollo Humano en 2010. En azul oscuro los
países más desarrollados y en azules más claros, los menos.
En gris oscuro los países subdesarrollados.

La frontera china incluye los territorios del Tíbet,
invadido por China desde 1950


La riqueza – insiste el PNUD citando a Aristóteles para explicar el concepto de desarrollo humano – no es un fin, sino un medio para conseguir otro objetivo. En su portal de Internet, el organismo internacional amplia la exposición de dicha noción con la siguiente paráfrasis (el subrayado es nuestro):

«La búsqueda de ese otro fin es el punto de encuentro entre el desarrollo humano y los derechos humanos. El objetivo es la libertad del ser humano. Una libertad que es fundamental para desarrollar las capacidades y ejercer los derechos. Las personas deben ser libres para hacer uso de sus alternativas y participar en la toma de decisiones que afectan sus vidas. El desarrollo humano y los derechos humanos se reafirman mutuamente y ayudan a garantizar el bienestar y la dignidad de todas las personas, forjar el respeto propio y el respeto por los demás.»

Pues bien, según la información que en 2011 el PNUD ofrece por países y sus conclusiones, Asia Oriental – encabezada por la República Popular China (en adelante, China) e Indonesia – es la región que más ha avanzado en el IDH desde 1970. Sobre las tres últimas décadas, en concreto, el mencionado organismo especifica en referencia a China lo siguiente:

«Entre 1980 y 2010 el IDH de China creció en un 2,0% anual, pasando desde el 0,368 hasta el 0,663 de la actualidad, lo que coloca al país en la posición 89 de los 169 países para los que se disponen datos comparables. El IDH de Asia Oriental y el Pacífico (OR) como región ha pasado del 0.391 de 1980 al 0.650 de la actualidad, por lo que China se sitúa por encima de la media regional.»

Animados por los excelentes resultados económicos del gigante asiático – las cifras del crecimiento de su PIB conllevan una inmensa acumulación de capital – y por su creciente presencia internacional, en los últimos años los medios de comunicación del mundo entero han multiplicado la información que ofrecen sobre China. También nosotros queremos sumarnos a ese esfuerzo aunque, eso sí, compartiendo de vez en cuando con los lectores algunas de las reflexiones que afloren en nuestra mente a la vista de los hechos ...


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