Santander vende todo su "stock inmobiliario"

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BBVA prepara una 'poda' de activos no rentables para sanear al máximo su balance


Francisco González, presidente de BBVA, fue el primero en provisionar en condiciones las pérdidas en el ladrillo y ahora quiere dar otro golpe de mano y sanear el balance de la entidad. Para ello, ha decidido que todos los activos que consumen capital -sobre todo inmobiliarios, pero no exclusivamente- deben dar rentabilidad al banco, para lo cual considera varias alternativas: titulizarlos, venderlos con pérdida... Y aquellos que sea imposible rentabilizar saldrán del balance para ir a parar a otro vehículo, según fuentes conocedoras de la situación.

FG ha encomendado esta tarea a Pedro Urresti, hasta ahora número dos del director financiero del banco, Manuel González-Cid. Su cargo todavía no está definido pero estará dentro de la unidad de España en dependencia directa de Juan Asúa. También está claro que su misión será la de 'limpiar' todo lo posible el balance de BBVA para tratar de dar la imagen de que es un banco "diferente" en España y recuperar así la confianza de los inversores. El propio FG aseguró ayer que la entidad se encuentra en estos momentos en una posición "diferencial", ya que nunca "ha sido tan fuerte".


Un portavoz de BBVA negó ayer que se trate de un 'banco malo' al estilo de los creados por Bankia y La Caixa (entidades que también niegan que estos vehículos sean 'bancos malos' porque también tienen activos buenos). Pero su función será similar: apartar de la entidad los activos de peor calidad (normalmente inmuebles adjudicados en pago de deudas incobrables) y que así no empañe su buena imagen. Eso sí, BBVA deberá financiar este vehículo, lo cual sí tendrá impacto en la cuenta de resultados.


Antes de llegar a ese extremo, Urresti buscará todo tipo de salidas para sus activos improductivos. En el caso de créditos (que pueden ser promotores, pero también financiación de automóviles o e consumo), la primera idea es titulizarlos, algo que actualmente es imposible para ninguna entidad salvo para quedárselos en balance y llevarlos a la ventanilla de descuento del BCE. Ante esta situación, el banco pretende buscar fórmulas imaginativas, como ampliar los tramos que el banco se queda (los de peor calidad) para hacer más atractivos los que vende a terceros (los de mejor calidad).


Tambén se plantea seguir los pasos de Santander y vender carteras de créditos morosos o de activos adjudicados. Evidentemente, esto debe hacerse a un precio mucho más bajo que la valoración inicial de estos activos pra encontrar comprador, lo que obliga a asumir la pérdida correspondiente. Ahora bien, si el banco ha dotado ya provisiones suficientes para cubrir esa diferencia -algo probable en el caso de BBVA precisamente por esa política agresiva de provisiones-, no supondría ninguna pérdida adicional a la ya asumida.


Relevo de los responsables del 'ladrillo'


Dentro de este cambio de política del segundo banco español cabe interpretar la reciente destitución del responsable de su filial inmobiliaria Anida, Pedro Becares, ante los pobres resultados en dar salida a los inmuebles adjudicados (algo común al conjunto del sector). Todavía está por definir la relación que tendrá el nuevo hombre fuerte de FG, Urresti, con el director de riesgos para España y Portugal, Antonio Béjar, hasta ahora responsable de los activos inmobiliarios de la entidad.


BBVA declaró en el ejercicio de transparencia realizado por el Banco de España un crédito promotor de 16.608 millones al cierre de 2010, por debajo de Bankia, Santander, La Caixa y Popular, y unos activos adjudicados de 4.793 millones. No obstante, los test de estrés del año pasado estimaban una exposición total de 30.257 millones. En todo caso, estos activos tóxicos son muy inferiores a los que le corresponderían por su tamaño, lo que no obsta para que FG haya decidido acabar con ellos como sea.


Por otro lado, esta operación confirma la necesidad desesperada de la banca española de recuperar la confianza de los inversores (el primer objetivo es conseguir hacer líquidos estos activos ilíquidos) y el temor a una necesidad de recapitalizarse como consecuencia de los duros requisitos que se estiman para los nuevos test de estrés, si bien todavía no están cerrados y existe una enorme confusión al respecto.
 
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