Hilo Ecología

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La Unión Europea se está inclinando por prohibir el uso de pajillas, vasos, platos y cubiertos de plástico a fin de combatir la contaminación que ese tipo de productos causan en los océanos.

Funcionarios de estados miembros de la UE y del Parlamento Europeo anunciaron el miércoles que seguirán las recomendaciones de su brazo ejecutivo para combatir ese tipo de polución.

Grupos ambientalistas han estado pidiendo restricciones al uso de plásticos que se acumulan en los océanos. Varios estudios han determinado que minúsculas partículas llamadas microplásticos terminan en los organismos de diversas especies animales aunque no se sabe si esto repercute en los humanos.

“Cuando hay una situación en que un año uno trae un pescado en una bolsa y al año siguiente está trayendo la bolsa en el pescado, tenemos que trabajar duro y rápido”, expresó Karmenu Vella, comisionado europeo para asuntos ambientales, marítimos y de pesca.

La Comisión Europea estima que casi el 60% de las 25,8 toneladas métricas (28,4 millones de toneladas) de plásticos que se desechan en el continente cada año provienen de empaques, y que mucho de ese plástico no se recicla sino que se exporta a otros países.

El grupo ambientalista alemán NABU calcula que se podría evitar el desecho de 350.000 toneladas métricas de plástico solo en Alemania, con la prohibición.

Una vez aprobada la prohibición, los países tendrán dos años para aplicar las limitaciones a los productos plásticos. La UE además espera poder cooperar con los fabricantes para informarle a los consumidores sobre la presencia de plásticos en pañuelos desechables y en filtros de cigarrillos.
 

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Disminución de la población mundial, década pasada.

Mariposas: 53%
escarabajos: 49%
abejas: 46%
libélulas: 37%
moscas: 25%
 

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La Unión Europea llegó a un acuerdo tentativo para prohibir a partir de mediados del 2021 el uso de descargas eléctricas para aturdir a peces antes de sacarlos con redes.

La decisión afectará específicamente a la flotilla de pesca holandesa, que ha invertido mucho dinero en la pesca eléctrica de arrastre. Argumentan que la técnica ecológica porque permite que los buques de arrastre utilicen mucho menos diésel y no daña el fondo del mar.

Los opositores consideran que el método es parte de la industrialización pesquera que acaba con los recursos marinos.

El acuerdo dice que la fecha límite del 1 de julio de 2021 deberá bastar para que la flota holandesa se adapte. Casi 80 de los 137 buques arrastreros de la flotilla pesquera holandesa están equipados para la pesca eléctrica.
 

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Cada día, millones de litros de agua contaminada con arsénico, plomo y otros metales tóxicos fluyen de minas abandonadas en Estados Unidos a los lagos y ríos circundantes sin ser tratados, según halló The Associated Press.

El torrente envenena la vida acuática y contamina el agua potable en Montana, California, Colorado, Oklahoma y al menos cinco estados más.

La contaminación es el legado de la industria minera tal como se le permitió operar en el país durante más de un siglo. Empresas que excavaban en busca de plata, plomo, oro y otros minerales podían abandonarlas cuando dejaban de ser rentables, dejando el agua que aún se filtra de las minas o es tratada con fondos de los contribuyentes.


A partir de pedidos de archivos públicos y a investigadores independientes, la AP examinó 43 sitios de minería bajo supervisión federal, algunos de los cuales contienen decenas o incluso cientos de minas individuales.

Los archivos revelan que un promedio de 189 millones de litros (50 millones de galones) de agua contaminada se filtra diariamente de los sitios. En muchos casos, fluye sin ser tratada a aguas subterráneas, ríos y lagunas: una dosis diaria de 76 millones de litros (20 millones de galones) de contaminación que llenaría más de 2.000 camiones cisterna.

El resto de los desechos es retenido o tratado a un costo elevado, un esfuerzo que deberá continuar por tiempo indeterminado, acaso miles de años, con escasas esperanzas de reembolso.

Estos volúmenes superan de lejos el del desastre de la mina Gold King de Colorado en 2015, cuando una cuadrilla de limpieza de la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) provocó accidentalmente la descarga de 11,4 millones de litros (3 millones de galones) de fango color mostaza que contaminó ríos en tres estados.

En muchas minas, la contaminación continúa décadas después de su inclusión en el programa federal Superfund de limpieza de los sitios más peligrosos, el que enfrenta fuertes recortes bajo el presidente Donald Trump.

Las autoridades federales temen que al menos seis de los sitios examinados por AP pudieran sufrir desastres como el de Gold King.

En algunos sitios hay enormes acumulaciones de desechos tóxicos mineros conocidos como relaves. Un desastre en Brasil el mes pasado dejó al menos 169 muertos y 140 desaparecidos. Otro en la provincia canadiense de Columbia Británica en 2014 lanzó millones de metros cúbicos de fango contaminado a un lago cercano, en uno de los desastres ambientales más graves que haya sufrido el país.


Pero aparte de los accidentes calamitosos, muchas minas generan el problema crónico de la contaminación incesante.

En las montañas de las afueras de Helena, la capital de Montana, unos 30 hogares no pueden beber el agua corriente debido a que el agua subterránea fue contaminada por unas 150 minas abandonadas de oro, plata y cobre que funcionaron desde la década de 1870 hasta 1953.

La población de Rimini fue incluida en la lista Superfund en 1999. Se reemplazó la tierra contaminada de los jardines de las casas y la EPA las ha provisto de agua embotellada durante una década. Pero el agua contaminada sigue corriendo de las minas al arroyo Upper Tenmile.

“Es muy bueno que provean agua embotellada”, dijo la pobladora Catherine Maynard, analista de recursos naturales para el Departamento de Agricultura federal. “Pero es insuficiente porque no viene por los caños. El agua que viene por los caños es agua contaminada. Lavar los platos, bañarse... esa agua cargada de metales es la que corre por nuestros caños”.

Se calcula que los sitios de minas abandonadas suman 161.000 en 12 estados del oeste y hasta medio millón en todo el país. Al menos 33.000 de ellos han degradado el medio ambiente, según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO por sus siglas en inglés), y cada año se descubren miles más.

En algunos lugares el problema de la contaminación permanente resiste todos los intentos de hallar una solución.

Entre ellos:

— En el distrito minero Tar Creek del este de Oklahoma las vías fluviales carecen de vida y la sangre de los niños muestra niveles elevados de plomo a pesar de 20 años de esfuerzos para limpiar las minas de plomo y zinc. A pesar de los 300 millones de dólares invertidos desde 1983, apenas una pequeña fracción de la tierra afectada ha sido recuperada, y el agua contaminada sigue fluyendo.

— En la mina Iron Mountain del norte de California, las cuadrillas se fuerzan por contener el agua altamente ácida que se filtra a través de una antigua mina de cobre y zinc a un afluente del río Sacramento. La mina descarhaba seis toneladas diarias de fango tóxico hasta que la EPA realizó una limpieza. Las autoridades gastan 5 millones de dólares anuales para retirar el fango venenoso que provocaba grandes mortandades de peces y prevén que continuarán haciéndolo para siempre.

— En las montañas San Juan de Colorado, donde se produjo el desastre de Gold King, unos 400 sitios mineros abandonados o inactivos aportan 57 millones de litros (15 millones de galones) de drenaje ácido por día.

Este panorama de sitios contaminados se produjo bajo las normas de minería que permanecen prácticamente intactas desde que se aprobó la Ley de Minería de 1872.
 
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