Hilo del nuevo acuerdo comercial para América del Norte (antiguo TCLAN) ahora T-MEC

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Estados Unidos y México comenzarán conversaciones el lunes para tratar de eludir la amenaza del presidente Donald Trump de imponer fuertes aranceles a las importaciones del aliado del sur para que frene el arribo de inmigrantes a la frontera estadounidense.

Trump está en Londres en una visita oficial y dejó a otros la tarea de detener una posible crisis comercial. No está claro qué más puede hacer México _y qué será suficiente_ para satisfacer al presidente estadounidense. Los aliados republicanos de Trump advierten que los aranceles a las importaciones mexicanas afectarán a los consumidores estadounidenses y a la economía.

El presidente tuiteó el domingo que “México enviará una gran delegación para hablar sobre la frontera. El problema es que han estado ‘hablando’ durante 25 años. Queremos más acciones y menos palabras”.

La secretaria de Economía de México, Graciela Márquez, planeaba conversar el lunes con el secretario de Comercio, Wilbur Ross. Dos días después, las delegaciones encabezadas por el secretario estadunidense de Estado Mike Pompeo y el secretario mexicano de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard también se reunirán en Washington.

Trump amenaza con imponer aranceles de 5% a las importaciones mexicanas a partir del 10 de junio.

El mandatario estadounidense afirma que México se ha aprovechado de Estados Unidos durante décadas, pero que el abuso terminará cuando imponga aranceles a las importaciones mexicanas. Su frustración con el flujo de migrantes no es nada nuevo, pero es un tema al que a menudo regresa.

El presidente dijo la semana pasada que impondría los aranceles para presionar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador para que evite que los migrantes centroamericanos crucen la frontera hacia Estados Unidos. Trump dijo que el impuesto a las importaciones aumentará en un 5% cada mes hasta octubre, llegando a 25%.

Mick Mulvaney, el jefe de personal interino de la Casa Blanca, dijo en “Fox News Sunday” que el presidente es “habla totalmente en serio” en cuanto a la imposición de aranceles a México.
 

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Una delegación de alto nivel del gobierno mexicano sostuvo una conferencia de prensa en su embajada en Washington para hablar sobre la amenaza de Trump de aplicar un arancel del 5% a las importaciones mexicanas a partir del 10 de junio.

No está claro qué más pueda hacer México para satisfacer al presidente, y si eso será suficiente.

“Como muestra de buena voluntad, México debería frenar de inmediato el flujo de personas y drogas por su país y hacia nuestra frontera sur. ¡Pueden hacerlo si quisieran!”, tuiteó Trump el lunes desde Londres.

Los aliados republicanos de Trump advierten que los aranceles a las importaciones desde México afectarán a los consumidores estadounidenses y perjudicarán la economía.

El presidente prácticamente provocó a los negociadores a alcanzar una rápida resolución. “México envía una enorme delegación para hablar sobre la frontera”, tuiteó Trump el domingo. “El problema es que llevan 25 años ‘hablando’. Queremos acciones, no palabras”.

Pero el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, respondió el lunes que “la mejor manera de lograrlo” es colaborando.

México señaló que sólo tomará ciertas medidas para evitar los aranceles, y descartó por completo un acuerdo de “tercer país seguro” que requeriría que los solicitantes de asilo pidan primero refugio en México.

La embajadora en Estados Unidos, Martha Bárcena, dijo que “hay un límite claro a lo que podemos negociar, y el límite es la dignidad de México”.

Bárcena dijo que México ha tomado medidas para ofrecerles a los migrantes visas en el país, y que “sin la ayuda de México, un cuarto de millón de migrantes adicionales podría llegar a la frontera de Estados Unidos en 2019”.

La embajadora señaló que hasta el 29 de mayo México ha acogido a 8.835 migrantes que fueron devueltos y que ahora esperan en el país la fecha de sus audiencias de asilo en las cortes de Estados Unidos.

La amenaza arancelaria fue efectuada justo mientras el gobierno ha estado presionando para que se apruebe un pacto comercial entre Estados Unidos, México y Canadá que actualizará el TLCAN, y líderes republicanos advirtieron que podría descarrilar ese objetivo.

El secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross, se reunió el lunes con la secretaria de Economía de México, Graciela Márquez. Posteriormente, Ross dijo que ambos habían conversado acerca de los aranceles y los “próximos pasos” del acuerdo comercial.

“Reiteré el mensaje del presidente de que México necesita hacer más para ayudar a Estados Unidos a hacer frente a la inmigración a lo largo de nuestra frontera compartida”, afirmó Ross en un comunicado.

Márquez dijo a los reporteros que su equipo evalúa las posibles represalias en caso de que las labores diplomáticas no den resultado esta semana. “Tendríamos que hacer un planteamiento estratégico para tomar en cuenta los muchos aspectos de esta relación comercial”, comentó.

El comercio agrícola entre ambas naciones tuvo un valor de 130 millones de dólares diarios el año pasado, según el secretario de Agricultura de México, Víctor Villalobos. Un arancel del 5% reduciría la cifra en 3,8 millones de dólares al día, destacó.

Trump ha estado antes en esta situación, en la que lanza fuertes amenazas, sólo para retractarse a la hora cero.

El mandatario estadounidense afirma que México se ha aprovechado de Estados Unidos durante décadas, pero que el abuso terminará con los aranceles a las importaciones mexicanas. Su frustración con el flujo de migrantes no es nada nuevo, pero es un tema al que a menudo regresa, como sucedió la semana pasada después de que el fiscal especial Robert Mueller hiciera una inusual declaración pública sobre su reporte Trump-Rusia.

El presidente dijo la semana pasada que impondría los aranceles para presionar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador para que impidan que los migrantes centroamericanos crucen la frontera hacia Estados Unidos. Trump dijo que la tasa arancelaria aumentará en un 5% cada mes hasta octubre, llegando a 25%, lo que rápidamente viró nuevamente la atención hacia la agenda fronteriza.

Mick Mulvaney, el jefe de despacho interino de la Casa Blanca, dijo en “Fox News Sunday” que el presidente “habla totalmente en serio” en cuanto a la imposición de aranceles a México.

Sin embargo, Mulvaney reconoció que no se han establecido puntos de referencia concretos para evaluar si el aliado de Estados Unidos frena lo suficiente el flujo de migrantes para satisfacer al gobierno. “Dejamos intencionalmente la declaración un tanto ad hoc”, dijo.

“Así que no hay un objetivo específico, no hay un porcentaje específico, pero las cosas tienen que mejorar”, dijo Mulvaney. “Tienen que mejorar drásticamente y tienen que mejorar rápidamente”.

El senador republicano John Kennedy calificó los aranceles de “error” y dijo que era poco probable que Trump los imponga.

Legisladores republicanos y aliados del Partido Republicano en la comunidad empresarial han expresado su malestar con los aranceles. Algunos ven esta última amenaza como una jugada para presionar y hay dudas de que Trump siga adelante. Hace unos meses, Trump amenazó con cerrar por completo la frontera con México, pero cambió de parecer.

Los republicanos han tratado repetidamente de alejar a Trump de las guerras comerciales y han cuestionado la capacidad de la Casa Blanca para recurrir a órdenes ejecutivas y tratar algunas de ellas como temas de seguridad nacional.

Al mismo tiempo, los intentos de Trump de modernizar las leyes de migración han atraído poco apoyo en el Congreso.

“Creo que lo que dijo el presidente, lo que la Casa Blanca ha dejado en claro, es que necesitamos una gran reducción en el número de cruces”, dijo Kevin McAleenan, secretario interino del Departamento de Seguridad Nacional, en el programa “State of the Union” de CNN.

Mulvaney, quien también apareció en “Meet the Press” de NBC, dijo que México podría tomar varias medidas para disminuir el número récord de migrantes en la frontera.

Insinuó que el gobierno mexicano pudiera cerrar su frontera con Guatemala, tomar fuertes medidas en contra de las organizaciones terroristas locales y convertir a México en un lugar seguro para los migrantes que buscan solicitar asilo.

Economistas y grupos empresariales han expresado su preocupación por los aranceles, advirtiendo que obstaculizarán el comercio e incrementarán los costos de muchos de los productos mexicanos de los que los estadounidenses han llegado a depender.

Pero Mulvaney restó importancia a esos temores, señalando que duda que los establecimientos pasen esos costos adicionales al consumidor. “Los consumidores estadounidenses no cargarán con el peso de esos aranceles”, afirmó.

También insinuó que los aranceles eran un tema migratorio, distinto al acuerdo comercial que Estados Unidos intenta negociar con México y Canadá.

Varios legisladores republicanos han expresado su preocupación de que la amenaza arancelaria de Trump pudiera obstaculizar el pacto. El presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, Chuck Grassley, dijo la semana pasada que los aranceles “pondrían en grave riesgo” la aprobación del acuerdo.
 

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El presidente Donald Trump expresó el martes que espera comenzar a golpear a México con aranceles la próxima semana como una medida de presión por la inmigración ilegal. Sin embargo, México prevé lograr un acuerdo que pueda evitar las amonestaciones comerciales.

Trump dijo el martes que ambos países tratarían de llegar a un acuerdo, pero continuó blandiendo la amenaza de los aranceles para presionar a México.

“Vamos a ver si podemos hacer algo, pero creo que es más probable que se apliquen los aranceles”, comentó el mandatario estadounidense en Londres, donde Trump se encuentra el segundo día de una visita de Estado a Gran Bretaña. El presidente hizo los comentarios durante una conferencia de prensa con la primera ministra saliente, Theresa May.


No obstante, México expresó momentos antes que es posible alcanzar un acuerdo con Estados Unidos que evite, a partir del lunes, la aplicación de un arancel del 5% sobre los productos mexicanos que importa su vecino del norte, anunciado la semana pasada por Trump.

“Por lo que hemos visto es que sí vamos a poder encontrar una negociación”, dijo el canciller mexicano Marcelo Ebrard en conferencia de prensa en la embajada mexicana en Washington. “Por eso creo que puede evitarse la imposición de tarifas”.

Añadió que, a pesar de su optimismo, su equipo también está preparado para el caso de que no haya acuerdo.

Ebrard arribó a Washington el fin de semana para reunirse con el secretario de Estado, Mike Pompeo. México considera que los aranceles son perjudiciales para las dos economías y que son inútiles para que México frene el flujo de migrantes centroamericanos a través de su suelo hacia el norte.

Trump afirmó que “millones de personas” están entrando a Estados Unidos a través de México y criticó a los demócratas del Congreso por no aprobar nuevas leyes contra la inmigración ilegal.

“Pero incluso más allá de las leyes, México no debe permitir que millones de personas intenten entrar a nuestro país. Podrían detenerlos muy rápidamente y creo que lo harán. Pero si no lo hacen, vamos a ponerle aranceles”, agregó Trump.

“Creo que México dará un paso adelante y hará lo que se debería haber hecho”, agregó.

México planea atenerse a su estrategia habitual de no mezclar el tema de la migración con el comercio durante las negociaciones. “No estamos dispuestos a mezclarlos”, dijo Ebrard.

No está claro que más puede hacer México _y que se considerará suficiente_ para satisfacer a Trump, porque Estados Unidos no ha presentado referencias concretas para evaluar si el aliado del sur está conteniendo el flujo de migrantes desde Centroamérica.

“Como señal de buena fe, México debería detener inmediatamente el flujo de gente y drogas a través de su país y a nuestra Frontera Sur. ¡Pueden hacerlo si quieren!”, tuiteó Trump desde Londres el lunes.

Los aliados republicanos de Trump también han advertido que los aranceles contra los productos mexicanos acabarán afectando a los consumidores estadounidenses, perjudicarán la economía norteamericana y pondrán en peligro el nuevo pacto comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, que la Casa Blanca quiere que el Congreso apruebe este año.

El senador republicano John Cornyn, de Texas, advirtió el lunes sobre las consecuencias de los aranceles y dijo que “debemos pensar juntos para tratar de llegar a una solución”.

La contraofensiva diplomática lanzada por México incluye una reunión el martes de su negociador Jesús Seade con el representante comercial estadounidense Robert Lighthizer.

El gobierno de Trump está impulsando la aprobación del pacto, conocido en español como T-MEC, que sustituiría al TLCAN.

México y Canadá han iniciado el proceso de ratificación en sus propios cuerpos legislativos.

El lunes, el secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross, se reunió con la secretaria de Hacienda mexicana Graciela Márquez, en tanto el secretario de Agricultura, Sonny Purdue, recibió a su contraparte mexicano Víctor Villalobos.
 

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El presidente Donald Trump expresó el martes que espera comenzar a golpear a México con aranceles la próxima semana como una medida de presión por la inmigración ilegal. Sin embargo, México prevé lograr un acuerdo que pueda evitar las amonestaciones comerciales.

Trump dijo el martes que ambos países tratarían de llegar a un acuerdo, pero continuó blandiendo la amenaza de los aranceles para presionar a México.

“Vamos a ver si podemos hacer algo, pero creo que es más probable que se apliquen los aranceles”, comentó el mandatario estadounidense en Londres, donde Trump se encuentra el segundo día de una visita de Estado a Gran Bretaña. El presidente hizo los comentarios durante una conferencia de prensa con la primera ministra saliente, Theresa May.


No obstante, México expresó momentos antes que es posible alcanzar un acuerdo con Estados Unidos que evite, a partir del lunes, la aplicación de un arancel del 5% sobre los productos mexicanos que importa su vecino del norte, anunciado la semana pasada por Trump.

“Por lo que hemos visto es que sí vamos a poder encontrar una negociación”, dijo el canciller mexicano Marcelo Ebrard en conferencia de prensa en la embajada mexicana en Washington. “Por eso creo que puede evitarse la imposición de tarifas”.

Añadió que, a pesar de su optimismo, su equipo también está preparado para el caso de que no haya acuerdo.

Ebrard arribó a Washington el fin de semana para reunirse con el secretario de Estado, Mike Pompeo. México considera que los aranceles son perjudiciales para las dos economías y que son inútiles para que México frene el flujo de migrantes centroamericanos a través de su suelo hacia el norte.

Trump afirmó que “millones de personas” están entrando a Estados Unidos a través de México y criticó a los demócratas del Congreso por no aprobar nuevas leyes contra la inmigración ilegal.

“Pero incluso más allá de las leyes, México no debe permitir que millones de personas intenten entrar a nuestro país. Podrían detenerlos muy rápidamente y creo que lo harán. Pero si no lo hacen, vamos a ponerle aranceles”, agregó Trump.

“Creo que México dará un paso adelante y hará lo que se debería haber hecho”, agregó.

México planea atenerse a su estrategia habitual de no mezclar el tema de la migración con el comercio durante las negociaciones. “No estamos dispuestos a mezclarlos”, dijo Ebrard.

No está claro que más puede hacer México _y que se considerará suficiente_ para satisfacer a Trump, porque Estados Unidos no ha presentado referencias concretas para evaluar si el aliado del sur está conteniendo el flujo de migrantes desde Centroamérica.

“Como señal de buena fe, México debería detener inmediatamente el flujo de gente y drogas a través de su país y a nuestra Frontera Sur. ¡Pueden hacerlo si quieren!”, tuiteó Trump desde Londres el lunes.

Los aliados republicanos de Trump también han advertido que los aranceles contra los productos mexicanos acabarán afectando a los consumidores estadounidenses, perjudicarán la economía norteamericana y pondrán en peligro el nuevo pacto comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, que la Casa Blanca quiere que el Congreso apruebe este año.

El senador republicano John Cornyn, de Texas, advirtió el lunes sobre las consecuencias de los aranceles y dijo que “debemos pensar juntos para tratar de llegar a una solución”.

La contraofensiva diplomática lanzada por México incluye una reunión el martes de su negociador Jesús Seade con el representante comercial estadounidense Robert Lighthizer.

El gobierno de Trump está impulsando la aprobación del pacto, conocido en español como T-MEC, que sustituiría al TLCAN.

México y Canadá han iniciado el proceso de ratificación en sus propios cuerpos legislativos.

El lunes, el secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross, se reunió con la secretaria de Hacienda mexicana Graciela Márquez, en tanto el secretario de Agricultura, Sonny Purdue, recibió a su contraparte mexicano Víctor Villalobos.
 

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Haciendo un gran esfuerzo para evitar la imposición de aranceles, los funcionarios de México y Estados Unidos afirmaron haber progresado durante negociaciones realizadas en la Casa Blanca el miércoles, pero el presidente Donald Trump declaró que aún no es “suficiente”.
El mandatario estadounidense amenazó con aplicar aranceles a las importaciones mexicanas con el fin de obligar al gobierno de México a tomar medidas para frenar el flujo de migrantes centroamericanos que se dirigen a la frontera de Estados Unidos.
Las conversaciones continuaron el miércoles por la noche en el Departamento de Estado y estaba programado que se reanudaran el jueves.

Poniendo de relieve la magnitud del problema en la frontera sur de Estados Unidos, el Departamento de Seguridad Nacional anunció por separado que la Patrulla Fronteriza detuvo en mayo a 132.887 migrantes que cruzaron la frontera de manera ilegal, su nivel más alto en más de una década. La cifra incluye 84.542 adultos y niños juntos, 36.838 adultos solos y 11.507 menores de edad que viajaban sin compañía de un adulto.
De aplicarse, los aranceles conllevan enormes consecuencias económicas para ambos países, y en materia política son indicativos de una gran división ideológica entre Trump y su partido. El mandatario ha recurrido a los aranceles como una herramienta para tratar de obligar a otros países a ceder a su voluntad, ignorando las advertencias _incluyendo las de los republicanos_ del impacto que tendrán en los productores y consumidores estadounidenses.
Trump, reiterando su amenaza de imponer aranceles sobre todos los productos mexicanos, tuiteó desde Irlanda que las negociaciones en Washington continuarían con “el entendimiento de que, si no se llega a ningún acuerdo, los aranceles del 5% comenzarán el lunes, con aumentos mensuales según lo programado”.
El secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, dijo que la inmigración, y no los aranceles, fueron el tema principal durante la reunión en la Casa Blanca, que contó con la presencia del secretario de Estado Mike Pompeo y del vicepresidente Mike Pence, entre otros funcionarios estadounidenses.
“Estamos optimistas”, comentó Ebrard durante una conferencia de prensa en la embajada de México.
En tanto, los republicanos del Congreso advirtieron a la Casa Blanca que están listos para confrontar al presidente y para tratar de bloquear sus aranceles, que temen puedan aumentar los precios para los consumidores estadounidenses, afectar la economía y poner en riesgo un acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, cuya aprobación sigue pendiente.

Si no se concreta un acuerdo, los primeros aranceles _del 5%, que aumentarán gradualmente hasta un 25%_ entrarán en vigor el próximo lunes, y Trump ha dicho que lo “más probable” es que los aranceles se apliquen a pesar de la oposición de muchos republicanos.
El objetivo del mandatario es persuadir al gobierno de México para que tome más medidas para impedir que los migrantes provenientes de Centroamérica atraviesen su territorio para llegar a la frontera de Estados Unidos.
La mayoría de los migrantes que emprenden el viaje son de Guatemala, Honduras y El Salvador, naciones azotadas por pandillas, violencia y pobreza. Muchos de los migrantes planean solicitar asilo.
Los funcionarios del gobierno han dicho que México puede evitar los aranceles si refuerza su frontera con Guatemala, si toma medidas enérgicas contra las organizaciones criminales de contrabando y accede a un “acuerdo de tercer país seguro” que dificultaría que quienes ingresen a México soliciten asilo en Estados Unidos.
Pero Estados Unidos no ha presentado pautas concretas o parámetros para evaluar si México está reduciendo lo suficiente el flujo de migrantes procedentes de Centroamérica. Y ni siquiera está claro si esas directrices serían suficientes para satisfacer las exigencias de Trump en relación con la inmigración ilegal, un tema clave de su presidencia y que considera fundamental para su campaña de reelección de 2020.
El senador Ron Johnson dijo el miércoles que llamó al embajador mexicano para destacar que Trump hablaba “en serio” sobre los aranceles y que no está claro si el Congreso podría reunir los votos suficientes para bloquear los gravámenes de un veto presidencial.
“Sólo quería asegurarme de que el embajador mexicano se diera cuenta” de la situación, comentó Johnson. “Si implementa esos aranceles, no van a ser anulados”.
Sin embargo, el asesor comercial de la Casa Blanca Peter Navarro dijo durante una entrevista con CNN que había compromisos que México podría hacer para evitar los aranceles, los cuales “quizá no tengan que entrar en vigor porque tenemos la atención de los mexicanos”.
Y el senador Chuck Grassley, quien funge como presidente de la Comisión de Finanzas de la cámara alta, comentó a los reporteros antes de la reunión en la Casa Blanca que los mexicanos tenían “una larga lista de cosas que van a ofrecernos, y que evitará que se implementen los aranceles”.
Pero los analistas no creen que la fase inicial de los aranceles pueda evitarse.
“Trump tiene su nueva herramienta y quiere usarla y va a usarla... porque es parte de su táctica de negociación”, dijo Duncan Wood, director del Instituto México en el Centro Wilson, un grupo de expertos de Washington.
“México ofrecerá hacer mucho más en materia de migración, pero también dirá que tomará represalias por los aranceles y mucha gente va a perder mucho dinero”, señaló.
 

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El presidente Donald Trump dijo el viernes que suspendió los planes para imponer aranceles a México, y tuiteó que la nación latinoamericana había acordado “tomar fuertes medidas” para detener el flujo de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos.
De acuerdo con una “Declaración Conjunta de Estados Unidos y México” difundida por el Departamento de Estado, Washington “expandirá inmediatamente la implementación” de un programa que devuelve hacia México a los solicitantes de asilo que cruzan la frontera sur de Estados Unidos mientras se emite una resolución sobre sus argumentos. México “ofrecerá empleos, servicios de salud y educación” a esas personas, “de acuerdo con sus principios”.

El gobierno mexicano también accedió, agregó, a tomar “medidas sin precedentes para incrementar la vigilancia con el fin de reducir la migración irregular”, incluido el emplazamiento de la Guardia Nacional mexicana en todo el país, especialmente en su frontera sur con Guatemala.
Y México “también emprenderá acciones decisivas para desmantelar a las organizaciones de contrabando de personas, así como sus redes financieras ilícitas y de transporte”, afirmó el Departamento de Estado.
Estados Unidos anunció en diciembre que haría que algunos solicitantes de asilo aguardaran en México mientras se procesaban sus casos, un acuerdo alcanzado difícilmente con el gobierno mexicano que ha requerido meses para desarrollarse y que se ha visto afectado por fallas, incluyendo citatorios en la corte con fechas erróneas, problemas de viaje y dificultades para que los abogados contacten a sus clientes.
Las autoridades del Departamento de Seguridad Nacional han estado ampliando ese programa lentamente, y ya estaban trabajando para extenderlo por la frontera antes de la más reciente dificultad diplomática. Aproximadamente 10.000 personas han sido devueltas a México para que aguarden a que se procesen sus casos de inmigración desde que comenzó el programa el 29 de enero. En la actualidad más de 100.000 migrantes están cruzando la frontera estadounidense cada mes, pero no todo el mundo pide asilo y los migrantes pueden aguardar un año completo antes de presentar una declaración.
Trump había anunciado el plan de aplicar aranceles la semana pasada, al declarar en un tuit que, el 10 de junio, Estados Unidos “impondría un arancel del 5% a todos los bienes que ingresen a nuestro país desde México, hasta que los migrantes ilegales que vienen a través de México, y al interior de nuestro país, dejen de venir”.

Sin embargo, tras regresar de Europa el viernes, Trump tuiteó: “Tengo el placer de informarles que los Estados Unidos de América han llegado a un acuerdo firmado con México”. Agregó que los “aranceles que Estados Unidos iba a aplicar desde el lunes contra México están suspendidos indefinidamente a partir de este momento”.
Señaló que México ha aceptado colaborar para “detener la ola de migración a través de México y hacia nuestra frontera sur”, y dijo que esas medidas “reducirán grandemente, o eliminarán, la inmigración ilegal que llega de México hacia Estados Unidos”.
La decisión de Trump marcó un cambio de tono con respecto al viernes más temprano, cuando su portavoz Sarah Sanders dijo a los reporteros en Irlanda antes de que Trump despegara: “Nuestra posición no ha cambiado. Los aranceles seguirán adelante a partir del lunes”.
Trump ha dicho frecuentemente que el ser impredecible le ayuda a negociar.
Un arancel sobre todos los productos mexicanos, que inicialmente sería de 5% pero alcanzaría el 25% con incrementos mensuales, tendría enormes secuelas económicas para ambos países. Los estadounidenses compraron bienes importados de México por valor de 378.000 millones de dólares el año pasado, encabezados por autos y autopartes. Muchos miembros del Partido Republicano y empresarios afines a Trump le han exhortado a que recapacite, o que por lo menos posponga la aplicación de los aranceles mientras prosiguen las conversaciones, ante los perjuicios que sufrirían los consumidores y fabricantes estadounidenses.
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Los periodistas de The Associated Press Zeke Miller, Colleen Long, Paul Wiseman, Lisa Mascaro, Darlene Superville y Padmananda Rama en Washington y Jonathan Lemire en Shannon, Irlanda, contribuyeron con este despacho.
 

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El presidente Donald Trump dijo el domingo que podría renovar su amenaza arancelaria contra México si el aliado de Estados Unidos no coopera en asuntos fronterizos.
En una serie de tuits, el mandatario expresó que “si por alguna razón desconocida” tal cooperación falla, “siempre podemos volver a nuestra posición anterior, muy rentable, de tarifas”. También dijo que no cree que sea necesario.
Trump defendió el acuerdo alcanzado el viernes con México para evitar un arancel del 5% que entraría en vigencia el lunes sobre todos los productos mexicanos. El acuerdo se anunció con mucha fanfarria, pero incluye pocas soluciones nuevas para frenar rápidamente el aumento de migrantes que ingresan a Estados Unidos.

El presidente insiste en que el acuerdo incluye los cambios que él y otras administraciones habían impulsado, “pero no pudieron obtenerlos o no lo consiguieron en su totalidad” hasta ahora.
 

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Tres días después de que el presidente Donald Trump anunció un acuerdo con México para frenar el flujo de migrantes hacia la frontera sur de Estados Unidos, ambos países parecen discordar sobre los términos exactos del pacto.
Molesto por las críticas de que su pacto básicamente refuerza las labores fronterizas existentes, Trump insinuó la existencia de otros acuerdos secretos que, asegura, se revelarán pronto.
“Hemos firmado y documentado completamente otra parte muy importante del acuerdo de Inmigración y Seguridad con México, uno que Estados Unidos estuvo pidiendo durante años”, escribió Trump en Twitter, y afirmó que sería “revelado en un futuro no lejano”.

No es el caso, dijo el canciller mexicano Marcelo Ebrard mientras sostenía un papel y señalaba los detalles anunciados previamente. Dijo a la prensa que ambas naciones acordaron dos medidas que se difundieron el viernes y señaló que si esas acciones no tenían éxito en frenar la migración, entonces se discutirían opciones adicionales.
“No hay ninguna otra cosa que no sea esto que acabo de explicar”, declaró.
El episodio revela las complicadas dinámicas políticas en el proceso en momentos en que Trump y el mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador debaten sobre quién logró el mejor acuerdo ante la amenaza de Trump de imponer nuevos aranceles a México. Trump parecía ansioso por declarar que sus tácticas de negociación fueron un éxito, incluso cuando intentó publicitar el acuerdo con medidas inventadas y dignas de un drama televisivo, lo que generó dudas y confusión. Los funcionarios mexicanos demostraron que no estaban dispuestos a seguirle el juego.
La Casa Blanca no respondió a preguntas sobre los tuits de Trump.
Pero el mandatario parecía hacer referencia a las negociaciones de cómo México lidia con los migrantes centroamericanos que atraviesan el país para llegar a Estados Unidos y solicitar asilo.
El gobierno de Trump ha intentado presionar a México para llegar a un acuerdo de “tercer país seguro”, que designaría a México como un lugar seguro para los migrantes y que dificultaría que los refugiados que pasen por México pidan asilo en Estados Unidos.
Pero el pacto anunciado el viernes no mencionó el tema.
Un alto funcionario estadounidense dijo el fin de semana que México mostró apertura a la idea durante las negociaciones y que ambos países continuarían discutiendo el asunto en los próximos meses. El funcionario solicitó el anonimato para compartir detalles de las conversaciones a puerta cerrada.
México ha insistido en que no acordó dicha cláusula, que requeriría de la aprobación del Congreso.
En su lugar, Ebrard dijo el lunes en conferencia de prensa en la Ciudad de México, que si el pacto que se anunció el viernes no comienza a dar resultados en reducir el número de migrantes en los próximos 45 días, los funcionarios iniciarán nuevas negociaciones en las que Estados Unidos volverá a insistir en la medida de tercer país seguro y México propondrá la implementación de un sistema regional de refugio en conjunto con Naciones Unidas y los gobiernos de Guatemala, Panamá y Brasil, los tres países que a menudo son los puntos de partida de los migrantes que se dirigen a Estados Unidos.
Estados Unidos quería que se firmara “otra cosa totalmente diferente”, dijo Ebrard. Pero “no hay ninguna otra cosa que no sea esto que acabo de explicar”. En cuanto a los tuits de Trump en los que habla de un acuerdo secreto, Ebrard dijo que detalló el pacto en su totalidad en pro de la transparencia.
Un sistema regional de asilo como el que describió Ebrard podría tener enormes implicaciones para los migrantes, dijo Sarah Pierce, analista del Instituto de Políticas Migratorias, un organismo apartidista.
“Aunque en teoría un acuerdo de ese tipo repartiría la carga del flujo de refugiados entre varios países, en realidad podría empeorar de manera significativa la situación actual en caso de que los países designados sean incapaces o no estén dispuestos a aceptar e integrar adecuadamente a los migrantes”, comentó.
Durante el fin de semana, Trump también aseguró la existencia otro nuevo elemento del pacto, al tuitear que México había “¡Acordado comenzar a comprar inmediatamente grandes cantidades de productos agrícolas de nuestros grandiosos granjeros patriotas!”. El gobierno aún no ha revelado detalles de alguna condición de ese tipo, y los funcionarios mexicanos aseguran que no se llegó a ningún acuerdo sobre productos agrícolas como parte de las negociaciones.
Ebrard dijo a los reporteros que las pláticas se centraron en migración y no en comercio, y planteó la hipótesis de que Trump estaba calculando el impulso económico como resultado de su decisión de no implementar los aranceles.
“No tenemos un acuerdo específico sobre productos de esa naturaleza”, declaró.
Desde que se anunció el pacto el viernes, Trump ha dedicado tiempo a defender el acuerdo.
Eso incluye el compromiso de México de desplegar a su nueva Guardia Nacional a la frontera con Guatemala, lo que ya tenía planeado hacer incluso antes de la más reciente amenaza de Trump. También incluye un acuerdo para respaldar públicamente la expansión de un programa bajo el cual los solicitantes de asilo son enviados de regreso a México a la espera de la resolución de sus casos. Las autoridades estadounidenses habían trabajado en la expansión del plan, que ya ha resultado en el regreso de unos 11.000 migrantes a México, incluso ante la negativa pública del gobierno mexicano.
Sin embargo, Trump y otros funcionarios del gobierno afirman que México otorgó grandes concesiones, lo que atribuyen a la amenaza de imponer un arancel del 5% a todos los productos procedentes de México en caso de que el país no accediera de inmediato a tomar medidas adicionales para frenar el flujo de migrantes procedentes de Centroamérica que se dirigen a la frontera sur de Estados Unidos. Sin la amenaza, insiste el mandatario, México jamás habría actuado.
“Todo se hizo por los aranceles y por la relación que tenemos con México”, dijo Trump el lunes a la prensa después de una entrevista telefónica con CNBC, en la que dijo que funcionarios “hablaron sobre eso durante meses y meses, y meses” pero sin llegar a un acuerdo hasta la amenaza.
 

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Según los dichos del presidente Donald Trump, gracias a él, el muro en la frontera de Estados Unidos con México se construye rápidamente, Irán ya no grita “muerte a Estados Unidos” y los agricultores norteamericanos fueron liberados de la carga de un impuesto estatal. También ha presumido que sus gestiones han hecho posible que los restos de los soldados estadounidenses que estaban en Corea del Norte regresen a casa y que China abra su cartera al Tesoro de Estados Unidos por primera vez en la historia.

Sin embargo, cuando se comparan con los hechos, las declaraciones del presidente de Estados Unidos son entre total o mayormente falsas.


A continuación, una visión en retrospectiva de la retórica política de la semana en relación con el muro y los aranceles con México:

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MURO FRONTERIZO

TRUMP: “Estamos construyendo un muro... y para el año que entra, al finalizar el año, tendremos cerca de 500 millas (800 kilómetros) de muro”. Sus comentarios fueron hechos el martes durante la cena anual del Partido Republicano en Iowa.

TRUMP: “Tendremos cerca de 500 millas de muro construido para finales del año que entra. Eso es mucho. Y nos movemos rápidamente. Como saben, ganamos el caso en la gran corte el otro día. Y esa fue una gran victoria para nosotros”. Sus comentarios fueron hechos el lunes a campeones de las 500 millas de Indianápolis.

LOS HECHOS: Trump está siendo sumamente optimista. No queda claro cómo fue que Trump calculó las 500 millas, pero tendrá que superar varios desafíos legales para llavera adelante su declaración de emergencia nacional _decretada para erigir una parte del muro_ o que el Congreso destine más dinero para acercarse de lejos a eso. Esas son grandes suposiciones y, por mucho, la mayor parte del muro al que hace referencia son barreras de reemplazo, no nuevas millas construidas.

Hasta ahora, el gobierno ha otorgado contratos para 395 kilómetros (247 millas) de construcción de muro, pero más de la mitad de los fondos provienen del Departamento de Defensa, un dinero que quedó disponible bajo la declaración de emergencia de Trump del 15 de febrero.

El 24 de mayo, un juez federal en California que fue designado por el presidente Barack Obama le bloqueó al gobierno de Trump la construcción de varias secciones del muro con ese dinero. En otro caso, un juez federal en la capital del país que fue designado por Trump falló a favor del gobierno, pero ese fallo no tiene validez mientras esté vigente la impugnación de California.


Incluso si Trump prevalece en las cortes, todos menos 27 kilómetros (17 millas) de los contratos otorgados son para reemplazar barreras existentes. La Casa Blanca dijo que identificó hasta 8.100 millones de dólares de posibles fondos a ser asignados bajo la emergencia nacional, en su mayoría del Departamento de Defensa.

Las autoridades de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP por sus iniciales en inglés) dicen que el gobierno quiere que el Congreso financie 330 kilómetros (206 millas) el año que entra, pero son de pocas a nulas las probabilidades de que la Cámara de Representantes con mayoría demócrata apoyen esos planes.

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ARANCELES Y LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

TRUMP: “Los aranceles son una gran herramienta de negociación, un gran productor de ingresos y, lo más importante, una poderosa manera para hacer que las compañías vengan a Estados Unidos, y hacer que las compañías que nos han dejado para ir a otros países vuelvan a casa. De manera estúpida perdimos 30% de nuestra industria automotriz con México”, tuiteó Trump el martes.

TRUMP: “Se quedaron con 30% de nuestras compañías automotrices. Se mudaron a México. Todos fueron despedidos”, dijo el lunes en una entrevista con CNBC.

LOS HECHOS: Trump se equivoca con que México se haya quedado con 30% de la industria automotriz estadounidense en los años posteriores a la entrada en vigor del TLCAN en 1994.

En 2017, el 14% de los vehículos que se vendieron en Estados Unidos fueron importados desde México, según el Centro de Investigación Automotriz, un grupo de estudio con sede en Ann Arbor, Michigan. Las autopartes importadas desde México exceden el 30%.

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TRUMP: “Si los aranceles hubieran alcanzado su máximo nivel, todas habrían vuelto”, tuiteó el martes.

TRUMP: “Lo que sucederá es que las compañías se mudarán a Estados Unidos, de regreso a donde pertenecen... Todas regresarían si tuvieran que pagar un impuesto o arancel del 25%”, señaló en la entrevista del lunes con CNBC.

LOS HECHOS: Trump está equivocado al afirmar que las compañías automotrices volverían de inmediato a Estados Unidos de existir un arancel del 25% en los vehículos y autopartes fabricados en México.

Tarda un mínimo de tres a cuatro años planear, equipar y construir una planta de ensamblaje, así que habría un impacto inmediato mínimo en la producción o generación de empleos. Los fabricantes de vehículos y autopartes son compañías globales, y también podrían analizar la posibilidad de trasladar sus fábricas a otros países sin aranceles. Las compañías también podrían simplemente esperar a que pasaran las elecciones de 2020, con la esperanza de que, si Trump fuera derrotado, el próximo mandatario se desharía de los aranceles.

Las firmas automotrices “no van a invertir en duplicar su capacidad en respuesta a incentivos políticos a corto plazo”, dijo Kristen Dziczek, vicepresidenta del Centro de Investigación Automotriz.

Es posible que parte de la producción pudiera ser enviada de vuelta a Estados Unidos. Por ejemplo, General Motors fabrica alrededor del 39% de sus camionetas pickup en una planta ubicada en Silao, México, principalmente las versiones de trabajo ligero, de acuerdo con analistas de Morningstar. Si Estados Unidos impusiera un arancel de 25% a los vehículos ensamblados, GM podría trasladar parte de su producción a una planta en Fort Wayne, Indiana, que también fabrica ese tipo de camionetas. Pero existen límites. La planta estadounidense ya cuenta con tres turnos y está muy cerca de alcanzar su capacidad máxima.

Los aranceles a México probablemente también habrían costado empleos en Estados Unidos, debido a que casi con seguridad México habría respondido con otros gravámenes. Los aranceles en ambos lados de la frontera elevarían el precio de los vehículos, debido a que las automotrices probablemente habrían pasado los costos a sus consumidores.

Los expertos de la industria señalan que el incremento de precios habría provocado que más compradores recurrieran al mercado de vehículos usados, reduciendo las ventas de autos nuevos. Los aranceles podrían superar el 25% debido a que las autopartes cruzan la frontera en varias ocasiones como parte de una cadena de suministros altamente integrada.

Los vehículos fabricados en México obtienen entre el 20% y 30% de sus partes de Estados Unidos, por lo que los aranceles habrían incrementado los precios ahí. Eso habría afectado de manera importante a las personas de bajos ingresos, debido a que las automotrices fabrican muchos vehículos nuevos de bajo precio en México para sacar provecho de la mano de obra de menor costo. Alrededor del 62% de los vehículos y autopartes estadounidenses se exportan a Canadá y México, según el Centro de Investigación Automotriz.

Los aranceles habrían incrementado entre 1.300 y 4.500 dólares el precio de los vehículos, basándose únicamente en el costo de las partes, calculó el centro.
 

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El Senado de México aprobó el miércoles con amplio margen la ratificación del nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC, el primero de los tres países que recibe el aval legislativo al acuerdo.

La votación en la cámara alta fue de 114 a favor y cuatro en contra, con tres abstenciones. El T-MEC reemplazará al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) después de que el presidente Donald Trump amenazó con retirar a Estados Unidos del acuerdo si su país no obtenía condiciones más favorables.

El mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador dijo en un mensaje grabado que la votación era “una muy buena noticia”.


“Significa inversión extranjera en México, significa empleos en México, significa tener garantizado el comercio de las mercancías que producimos en los Estados Unidos”, declaró.

El acuerdo no necesita la aprobación de la cámara baja mexicana, la Cámara de Diputados; sin embargo, todavía está a la espera la consideración de los legisladores de Estados Unidos y Canadá.

“Felicidades al presidente López Obrador. México votó para ratificar hoy el T-MEC por un amplio margen. Es hora de que el Congreso haga lo mismo aquí”, tuiteó Trump.

El representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, aplaudió la ratificación de México en un comunicado y dijo que se trataba de un “paso crucial”.

La ratificación del pacto enfrenta algo de oposición en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, donde los demócratas son mayoría.

Estados Unidos es, por mucho, el principal mercado de exportación para México y hubo poca oposición al acuerdo en el Congreso. Hace unas semanas Trump prometió imponer aranceles a todas las importaciones mexicanas en caso de que López Obrador no tomara medidas para reducir el número de migrantes centroamericanos que cruzan territorio mexicano para llegar a la frontera sur de Estados Unidos, una amenaza que fue suspendida posteriormente.

El T-MEC se forjó el año pasado con delegaciones que representaban al entonces presidente Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional, y a Morena, el partido de López Obrador, para asegurar que tanto el gobierno saliente como el entrante estuvieran en sintonía. El nuevo mandatario asumió el cargo el 1 de diciembre, un día después de que se firmara el pacto.

Los legisladores mexicanos aprobaron previamente una serie de reformas laborales que habían sido exigidas por Estados Unidos.

La Secretaría de Economía indicó en un comunicado que con la aprobación “México manda un claro mensaje a favor de una economía abierta y de profundizar su integración económica en la región”.

El peso mexicano tuvo ganancias moderadas frente al dólar y cerró el miércoles en 19,03 pesos por dólar, aunque el factor principal fue el hecho de que la Reserva Federal indicó que estaba preparada para reducir las tasas de interés de ser necesario a fin de proteger a la economía estadounidense, según Gabriela Siller, directora de análisis económico en el Banco BASE.

Estados Unidos compra un 80% de las exportaciones mexicanas, que el año pasado alcanzaron un valor de 358.000 millones de dólares. En el primer trimestre de 2019, ambos países tuvieron un intercambio comercial de 203.000 millones de dólares, colocando a México como el principal socio comercial de Estados Unidos por primera vez, por delante de Canadá y China, de acuerdo con la Secretaría de Economía.

El senador Ricardo Monreal, líder del partido gobernante en el Senado, dijo que la votación fue “un importante paso para disminuir la incertidumbre existente para el comercio de América del Norte”.
 

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El presidente estadounidense Donald Trump recibió el jueves en la Casa Blanca al primer ministro canadiense Justin Trudeau para hablar sobre la forma de concretar el remplazo para el Tratado de Libre Comercio para América del Norte.
A insistencia de Trump, Estados Unidos, Canadá y México acordaron actualizar el tratado firmado hace 25 años. El mandatario estadounidense les dijo a reporteros antes del encuentro con Trudeau que “hemos avanzado considerablemente” en el remplazo.
Trump predijo que el acuerdo conseguirá respaldo bipartidista y afirmó que sería aprobado sin problemas si se realizase una votación el día después de las elecciones presidenciales.

México se convirtió esta semana en el primero de los tres países en ratificar el T-MEC, como se le conoce por sus siglas en español.
La Casa Blanca actuó recientemente para facilitar la aprobación levantando aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio proveniente de Canadá y México. Dio además pasos que le permitirán al gobierno presentar la legislación necesaria para implementar el tratado a tiempo para que los legisladores puedan votar por él antes del receso del Congreso en agosto.
Al final, dependerá de si la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, somete el proyecto a votación. Pelosi dice que se necesitan cambios en la propuesta para conseguir el respaldo demócrata y nombró un grupo de trabajo para reunirse con el representante comercial Robert Lighthizer para hablar sobre las modificaciones que aliviarían las preocupaciones demócratas.
“Tengo la esperanza de que en el curso de las próximas semanas podremos lograr un progreso substancial”, le dijo Lighthizer a un panel del Senado el martes.
Los sindicatos, una importante base de los demócratas, buscan garantías de que México implementará estándares laborales mejorados porque ello reduciría los incentivos para que las compañías estadounidenses muden operaciones al sur de la frontera. El nuevo acuerdo requiere que México aliente la existencia de gremios independientes que negocien por mejores salarios y condiciones.
“Si el presidente insiste en una votación prematura, no nos quedará otra opción que oponernos”, dijo el líder de la central sindical AFL-CIO, Richard Trumka, esta semana en Pittsburgh.
 

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La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, manifestó el jueves su deseo de que el Congreso apruebe este mismo año el nuevo acuerdo de libre comercio para América del Norte negociado por el gobierno del presidente Donald Trump.

En una conferencia de prensa, la demócrata de California dijo que un acuerdo respecto al T-MEC es “inminente’’.

Estados Unidos, México y Canadá acordaron el año pasado sustituir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vigente desde hace 25 años, con una nueva versión diseñada para alentar una mayor inversión en fábricas y empleos en Estados Unidos.


Pero el nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá necesita la aprobación del Congreso. Los legisladores demócratas han exigido modificaciones para una mayor protección de los trabajadores y el medio ambiente, así como garantías de que las cláusulas del acuerdo puedan ser exigibles.

Los alentadores comentarios de Pelosi dejan entrever un avance en las negociaciones entre congresistas demócratas y funcionarios de Trump de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.

Avanzar con el acuerdo de comercio podría demostrar que los demócratas y los republicanos pueden trabajar juntos en cuestiones importantes, incluso mientras la Cámara de Representantes realiza un proceso para juicio político contra Trump que ha dividido a los legisladores.

Pelosi se reunió con legisladores demócratas el jueves para hablar sobre el acuerdo comercial y otros temas. Un asesor en la sala indicó que la presidenta de la cámara baja dijo que los demócratas no quieren algo que vaya introduciendo cambios gradualmente, sino que desean algo que transforme las condiciones actuales de los trabajadores estadounidenses.

El demócrata Richard Neal, presidente de la Comisión de Recursos y Arbitrios de la Cámara de Representantes, les dijo a sus colegas que el mayor obstáculo pendiente de solucionar es la aplicación de estándares laborales mejorados en México. Pelosi añadió que las compañías que financian los anuncios de televisión en los que exhortan a que el tratado comercial sea sometido a votación no desean las mejoras en dichos estándares. El asesor habló a condición de guardar el anonimato porque no está autorizado a dar a conocer detalles de la reunión.

El representante Earl Blumenauer, que preside una subcomisión comercial, les dijo a los demócratas que hubo avances en cuestiones farmacéuticas y protecciones al medio ambiente, pero señaló que un grupo de trabajo no ha notado que el gobierno presente compromisos por escrito, según el asesor.

El gobierno todavía no ha publicado un texto de la legislación sobre la cual votará el Congreso próximamente, así que los grupos empresariales y laborales no tienen detalles sobre cómo el equipo de Trump y los demócratas tratan de superar sus diferencias.

“No hay duda de que (el comentario de Pelosi) es un avance tangible para aprobar el T-MEC”, dijo Daniel Ujczo, un abogado mercantil de Dickinson Wright PLLC en Columbus, Ohio. “Sólo que no estoy seguro de que estemos ya en la línea de meta”.
 

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Los legisladores demócratas están cerca de alcanzar un acuerdo comercial “sustancialmente mejorado” con México y Canadá, pero necesitan que el representante comercial estadounidense Robert Lighthizer ponga por escrito los avances logrados en las negociaciones para darles una “última revisión”, dijo el lunes la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.

Pelosi ha insistido en que se efectúen cambios al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá para asegurarse de que se apliquen nuevos estándares laborales y ambientales. Dijo que la revisión inicial del Tratado de Libre Comercio de América del Norte carecía de suficientes herramientas de supervisión para garantizar que el acuerdo se convierta en algo más que una lista de promesas.


Los demócratas también desean se modifique una cláusula que consideran es un regalo a las grandes farmacéuticas.

El presidente Donald Trump ha criticado duramente a Pelosi por seguir adelante con la investigación de juicio político contra él en la Cámara de Representantes en lugar de enfocarse en otras prioridades del país.

Grupos empresariales y agropecuarios que respaldan el nuevo tratado han incrementado la presión en los distritos de los legisladores. Los republicanos han intentado hacer ver a Pelosi y a los demócratas como incapaces de aprobar proyectos de ley cruciales, aunque los demócratas hacen notar que la Cámara de Representantes ha aprobado muchos proyectos de ley que el Senado controlado por los republicanos ha declinado analizar.

Los sindicatos están exhortando a Pelosi a que insista en que se le hagan cambios al tratado antes de que autorice una votación sobre un proyecto de ley de implementación, y la semana pasada Pelosi dijo que la cámara baja podría no iniciar el análisis del nuevo texto del tratado sino hasta el año próximo.

El lunes emitió un comunicado en el que intentó que el gobierno se vea obligado a actuar si es que desea que la Cámara de Representantes haga su parte.

“Estamos cerca de alcanzar un acuerdo sustancialmente mejorado para los trabajadores estadounidenses”, afirmó Pelosi. “Ahora necesitamos que el representante comercial ponga por escrito los avances logrados para darles una última revisión”.
 

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Funcionarios de alto nivel de los gobiernos de Estados Unidos, México y Canadá se reunieron el miércoles en Washington para tratar de finalizar el nuevo acuerdo comercial para Norteamérica.

La sesión involucró al representante comercial estadounidense Robert Lighthizer, a la viceprimera ministra canadiense Chrystia Freeland y al subsecretario para América del Norte de la cancillería mexicana, Jesús Seade.

“Fue una buena reunión, se ha hecho un buen trabajo”, comentó Freeland a los reporteros luego de una sesión que duró aproximadamente una hora.

Freeland señaló que seguirá en contacto con sus contrapartes durante los próximos días, pero indicó que no se tienen planeadas más reuniones para el jueves, cuando los estadounidenses celebran el Día de Acción de Gracias.


Rechazó confirmar si recibiría a Seade en Ottawa, aunque el funcionario mexicano comentó que planeaba estar en la capital canadiense el viernes.

La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, comentó el lunes que los legisladores demócratas “están cerca de lograr un acuerdo sustancialmente mejor” con Canadá y México. Pero, afirmó que necesitan que Lighthizer ponga por escrito los avances que se han logrado en las negociaciones para una revisión final.

Estados Unidos, México y Canadá acordaron el año pasado reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vigente desde hace 25 años, con un nuevo pacto: el T-MEC.

Necesita ser aprobado por las legislaturas de cada nación, pero hasta ahora sólo el Congreso de México lo ha ratificado.

Freeland dijo que respeta el proceso de ratificación de cada país.

“Donde podamos ser un socio de apoyo, estaremos muy felices de serlo, y es por eso por lo que estamos aquí”, añadió la viceprimera ministra.

Seade únicamente dijo que fueron unas “buenas reuniones” porque “tenemos progreso constante”.

Los demócratas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos han insistido en algunas modificaciones al T-MEC para garantizar el cumplimiento de estándares laborales y ambientales más altos.

También quieren cambiar una cláusula que consideran un regalo para las grandes compañías farmacéuticas.
 

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El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que su gobierno rechazó el plan de los legisladores demócratas de permitir que inspectores de Estados Unidos verifiquen que las fábricas de México cumplan con la ley laboral.

El gobierno mexicano quiere que el Congreso de Estados Unidos apruebe el nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá antes de que las elecciones estadounidenses compliquen el panorama. A los demócratas les preocupa que la influencia de los sindicatos poco representativos de México haya derivado en sueldos bajos que le quitan empleos de manufactura a Estados Unidos.


López Obrador señaló que México había aprobado reformas que requieren elecciones sindicales libres y justas en sus fábricas y aprobó un presupuesto para monitoreo. Algunos demócratas siguen planteando sus preocupaciones sobre la implementación y el cumplimiento, motivo por el cual solicitaron la presencia de los inspectores, agregó.

México respondió con la idea de paneles que incluyan a representantes de ambas naciones y un tercer país para que falle en los temas controversiales.
 

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El negociador commercial mexicano Jesús Seade dijo el miércoles que aún falta resolver dos o tres temas a satisfacción de México antes de finalizar el nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá.

Seade, subsecretario para América del Norte, le dijo a la prensa que ha estado trabajando duro los últimos días para llegar a un acuerdo en una versión final que responda a las exigencias de los demócratas de la Cámara de Representantes como parte del proceso legislativo de ratificación.

“Esperemos que (todo termine) en los próximos días, pero no quiero especular”, dijo Seade tras reunirse unas tres horas con su homólogo estadounidense Robert Lighthizer.






El Senado de México ya aprobó el pacto, pero en Estados Unidos el gobierno del presidente Donald Trump negocia con los demócratas de la cámara baja los cambios que harían que su presidenta, Nancy Pelosi, presente a votación un proyecto de ley de implementación ante el pleno de la cámara baja. Se requiere que ambas cámaras del Congreso aprueben la ley antes de que entre en vigor el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Con el respaldo de los sindicatos, Pelosi ha insistido en cambios que aseguren que se implementen estándares laborales y ambientales más elevados.

Como parte del acuerdo, México ha fortalecido leyes que protegen los derechos de los trabajadores para organizarse y unirse al sindicato de su preferencia. Sin embargo, los sindicatos tienen cuatro años para apegarse a la medida, la cual exige celebrar votaciones secretas entre los trabajadores para los contratos colectivos. El objetivo del cambio es eliminar la añeja práctica en la que sindicatos partidarios de las compañías firman contratos a espalda de los obreros.

Algunos legisladores demócratas han propuesto añadir un sistema de inspección laboral en el acuerdo para asegurar que México cumpla con los cambios que convirtió en ley. Se desconoce qué es lo que Lighthizer y los negociadores demócratas le presentaron a México, pero el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador dijo el martes que su gobierno ha rechazado que inspectores estadounidenses y canadienses ingresen al país para asegurarse de que cumple con sus nuevas leyes laborales.

En su lugar, respaldó la creación de un panel compuesto por un estadounidense, un mexicano y un tercer panelista, “donde intervienen especialistas propuestos por los países en condiciones de igualdad” para resolver disputas entre los sindicatos y empleadores en México.





El Consejo Coordinador Empresarial, un grupo de la comunidad de empresarios de México, dijo que se enteró que recientemente el gobierno de Estados Unidos presentó propuestas para enmendar el pacto comercial y que algunas de las exigencias podrían afectar severamente la competitividad de México y sus socios en Norteamérica.

“El respeto a la soberanía de México no es negociable. El gobierno mexicano tendrá nuestro apoyo para generar contrapropuestas y mantener una postura firme en defensa de la competitividad de nuestro país”, dijo el grupo comercial en un comunicado de prensa.

El año pasado, Estados Unidos, México y Canadá acordaron reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado hace 25 años, con el nuevo T-MEC.

Requiere la aprobación de los legisladores de los tres países. Hasta el momento, sólo el Congreso de México lo ha ratificado.
 

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Los negociadores de México y Estados Unidos sostuvieron el viernes una larga sesión sin haber logrado dar los últimos toques al nuevo acuerdo comercial de América del Norte.

“Estamos trabajando en todos los temas. No es fácil, pero estamos trabajando bien”, dijo el representante de México, Jesús Seade, a reporteros al salir de la oficina del representante comercial estadounidense Robert Lighthizer.

Dijo que podrían volver a reunirse el sábado.

La viceprimera ministra de Canadá Chrystia Freeland también participó en las conversaciones, así como la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, aunque ésta de manera indirecta, señaló Seade.






México, Estados Unidos y Canadá alcanzaron el año pasado un acuerdo para remplazar el TLCAN con un nuevo tratado, el T-MEC.

El nuevo pacto requiere ser aprobado por las legislaturas de los tres países, pero sólo el Congreso de México lo ha ratificado hasta el momento.
 

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Los demócratas en la Cámara de Representantes llegaron a un acuerdo preliminar con líderes sindicales y con la Casa Blanca sobre la nueva versión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que ha sido una de las prioridades del gobierno de Donald Trump.

“Estoy escuchando cosas muy buenas, incluso de los sindicatos y otros de que se ve bien. Espero que lo pongan a votación y, si lo ponen a votación, será aprobado”, dijo Trump el lunes. “Escucho que se han logrado muchos avances en las últimas 24 horas, con sindicatos y otros”.

“Estamos cerca. No hemos terminado aún. Está a nuestro alcance”, dijo por su parte la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.








El acuerdo tentativo fue revelado por un asesor demócrata que habló bajo condición de anonimato por no estar autorizado a hablar de las conversaciones, ya que el acuerdo no es oficial.

En la Ciudad de México, el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard confirmó que los equipos negociadores de los tres países se reunirán el martes “para dar a conocer los avances alcanzados” en torno al acuerdo comercial.

Aún falta finiquitar los detalles, y el representante comercial estadounidense deberá presentar ante el Congreso los proyectos de ley para su implementación. Por ahora no se ha fijado la fecha de la votación.

El nuevo y muy buscado tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (conocido como T-MEC) le daría tanto a Trump como a Pelosi un triunfo legislativo pese a la crisis política en Washington por el proceso para una posible destitución de Trump.

El nuevo pacto comercial reemplazaría al TLCAN, que tiene 25 años de firmado, el cual eliminó casi todos los aranceles y otras barreras comerciales entre Estados Unidos, México y Canadá. Los críticos _entre ellos Trump, los sindicatos y muchos legisladores demócratas_ llevaban años denunciando que el TLCAN estaba eliminando empleos en Estados Unidos porque las compañías mudaban sus fábricas al sur de la frontera, donde le pagaban menos a los obreros, y enviaban los productos a territorio estadounidense sin pagar aranceles.

Tras semanas de negociaciones _seguidas muy de cerca por importantes aliados sindicales de los demócratas, como la AFL-CIO_ se llegó a un acercamiento. Desde hace tiempo Pelosi es partidaria del libre comercio y respaldó el TLCAN original en 1994. Trump ha acusado a Pelosi de ser incapaz de aprobar el acuerdo porque está demasiado involucrada en su juicio político.

Los demócratas en distritos electoralmente competitivos han estado presionando para que sea aprobado el nuevo acuerdo, en parte para demostrar un logro de la mayoría demócrata en la cámara baja.








Si se ratifica el acuerdo, el Congreso podría quitarle algo de incertidumbre al futuro de las relaciones comerciales entre Estados Unidos y sus dos principales socios comerciales del año pasado: Canadá (el segundo) y México (el tercero), y posiblemente estimularía ligeramente a la economía estadounidense. Los agricultores estadounidenses en particular están ansiosos de asegurarse de que sus exportaciones a Canadá y México sigan sin obstáculos.

El primer ministro canadiense Justin Trudeau habló por teléfono con Trump el lunes acerca de los avances que se están logrando. La oficina del premier indicó que se mantendrán en contacto “hasta las últimas etapas de las negociaciones”.

El representante comercial estadounidense Robert Lighthizer negoció el año pasado el nuevo acuerdo con Canadá y México. Pero el T-MEC requería un voto del Congreso y la aportación de demócratas como Pelosi y el presidente de la Comisión de Recursos y Arbitrios, Richard Neal, quienes se han sumido en largas e intensas negociaciones sobre cláusulas de su implementación y otros detalles técnicos.

Los líderes y legisladores republicanos han presionado durante meses para que se apruebe el acuerdo, pero Pelosi ha trabajado arduamente para incluir a los sindicatos. Los demócratas consideran que el pacto es significativamente mejor que el TLCAN, y el aval del presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka, podría ser clave para que obtenga un importante apoyo demócrata.

El pacto contiene cláusulas diseñadas para regresar la manufactura a Estados Unidos. Por ejemplo, requiere que, con el tiempo, entre 40% y 45% de los vehículos sean fabricados en países que pagan a sus empleados por lo menos 16 dólares la hora; en otras palabras, en Estados Unidos y Canadá, pero no en México.

El nuevo pacto comercial adquirió impulso después de que México aprobara en abril una reforma laboral requerida por el T-MEC. El objetivo de la reforma es facilitar a los empleados mexicanos la formación de sindicatos independientes, y la negociación de mejor paga y condiciones laborales, reduciendo la diferencia con Estados Unidos.

México ratificó el T-MEC en junio y, meses después, destinó más fondos para ofrecer los recursos necesarios para ejecutar el acuerdo.
 

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El Senado de México votó el jueves en favor de aprobar las modificaciones negociadas esta semana al acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC.

La cámara alta votó 107-1 para aprobar una mayor vigilancia a la implementación de reglas laborales y de respeto al medio ambiente.

La votación abre el camino para que se implemente una nueva versión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de 25 años de existencia, una vez que Estados Unidos y Canadá ratifiquen las modificaciones.

México accedió a la participación de paneles de resolución de disputas para garantizar que sus trabajadores puedan organizarse y exigir mejores salarios.






Los demócratas en el Congreso de Estados Unidos elogiaron los cambios. En el pasado, sindicatos mexicanos corruptos firmaban contratos de bajos salarios a espaldas de los obreros. Los detractores aseguran que los sueldos bajos en México han desempeñado un papel fundamental para atraer empleos de manufactura al país, especialmente en la industria automotriz.

México ha reformado sus leyes laborales para garantizar votaciones secretas sobre contratos y representación sindical. Los nuevos paneles tendrán el objetivo de garantizar la implementación de esas reglas.

Las modificaciones también incrementan los requerimientos de contenido regional para el acero, con un periodo gradual de introducción de siete años.
 
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