Hilo del comercio global

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El canciller chino Wang Yi fue recibido el sábado por el presidente Sebastián Piñera y el canciller chileno Teodoro Ribera, en una reunión donde se defendió el libre comercio, la necesidad de acabar la guerra tarifaria, se habló del 5G y el mandatario chileno solicitó la ayuda china en la crisis venezolana.
En la breve reunión que mantuvieron en La Moneda ambas partes hablaron de la necesidad de terminar con la guerra tarifaria que el gigante asiático ha mantenido con Estados Unidos en los últimos meses y la necesidad de fortalecer la Organización Mundial del Comercio. Wang Yi permanecerá en el país hasta el domingo.

Además Piñera “planteó su preocupación por el impacto regional que tiene la crisis venezolana”, que según él trasciende la situación humanitaria en ese país y “solicitó la colaboración de China en encontrar una solución” a esta crisis, según las informaciones difundidas por la presidencia chilena.
Piñera manifestó, además, que pronto se licitará la construcción de la fibra óptica que unirá América Latina y Asia y que se implementará la tecnología 5G en el país sudamericano. “En ambos casos, Chile licitará en forma pública y transparente dichos proyectos, invitando a participar a empresas de todos los países”, señaló el comunicado de presidencia.
China es el principal socio comercial de Chile, con el 27,8% de los intercambios comerciales del país sudamericano con el mundo. En 2018 el comercio entre ambos países creció 24% hasta alcanzar l42.791 millones de dólares.
Los intercambios bilaterales se han multiplicado por 7 en los últimos 12 años.
Además Piñera destacó la importancia de una mayor integración entre los países para hacer frente a desafíos globales como el cambio climático, se refirió a la COP25 que tendrá lugar en el país en diciembre y señaló que “Chile está preparado para transformarse en una verdadera puerta de entrada de Asia al mundo de América Latina”, según la información de presidencia.
Ambos países recordaron sus casi 50 años de amistad y relaciones diplomáticas y afianzaron los acuerdos alcanzados hace tres meses durante la visita de Piñera al gigante asiático, el Plan de Acción 2019-2022 que se refiere a 14 áreas prioritarias, como medio ambiente, educación, infraestructura, inversiones y energía entre otros.
Durante esa visita Piñera se desplazó a la ciudad de Shenzhen, considerada por algunos la meca mundial de la tecnología y la ciudad china más destacada en esta área. El mandatario chileno se reunió en esa ocasión con una decena de compañías tecnológicas de innovación, inteligencia artificial, robótica, telecomunicaciones y servicios en la nube, entre ellas con los dirigentes del gigante chino Huawei, en el foco de la guerra comercial mantenida con Estados Unidos en los últimos meses.
 

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Estados Unidos y Japón firmaron el miércoles un acuerdo comercial limitado que eliminará aranceles y ampliará oportunidades de mercado para productos agrícolas, industriales y digitales. Pero el pacto no aborda autos, un tema espinoso pero clave durante los meses de negociaciones, y el presidente Donald Trump indicó que ambos países siguen trabajando en un convenio más amplio.

Trump y el primer ministro japonés Shinzo Abe firmaron el acuerdo en el marco de la Asamblea General de la ONU. Trump dijo que era la “primera etapa de un nuevo y fenomenal pacto comercial” y que “destacaba los pasos significativos que estamos tomando hacia un acuerdo comercial recíproco y justo”.


“Esta es una buena parte, pero en el futuro cercano vamos a tener muchos más convenios integrales firmados con Japón”, dijo Trump.

Abe dijo que el pacto es bueno para ambos países.

“Hemos cubierto exitosamente una amplia gama de áreas, incluyendo no sólo los bienes industriales, sino también productos agrícolas y también el acuerdo digital entre ambos lados”, dijo Abe.

Trump ha estado buscando un acuerdo bilateral con Japón, la tercera economía más grande del mundo, desde que retiró a Estados Unidos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) tras asumir la presidencia. A Washington le gustaría reducir su desbalance comercial crónico, que en el 2018 sumó 67.600 millones de dólares, de acuerdo con cifras estadounidenses.

Ambos lados llegaron a un acuerdo básico a fines de agosto, pero los autos han sido uno de los principales puntos de desacuerdo.

A Japón le preocupa que Trump le vuelva a imponer aranceles a sus autos, que representan un porcentaje significativo de sus exportaciones a Estados Unidos. Japón también ha tratado de eliminar el actual arancel de 2,5% para autos y autopartes.

El representante comercial de Estados Unidos Robert Lighthizer dijo que espera que Japón apruebe el acuerdo preliminar en octubre o noviembre, y que la reducción de aranceles sobre productos estadounidenses comienza a principios de año.
 

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Estados Unidos y Japón firmaron el lunes un acuerdo comercial limitado, un pacto que recuperaría los beneficios que perdieron los agricultores estadounidenses después de que el presidente Donald Trump retiró a su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica en su primera semana de gobierno.

Los granjeros estadounidenses habían estado en desventaja con Japón desde que Trump se retiró del tratado, el cual fue negociado durante el gobierno de su predecesor Barack Obama. Los otros 11 países de la Cuenca del Pacífico, incluyendo a grandes productores agrícolas como Nueva Zelanda y Canadá, mantuvieron el pacto sin la presencia de Estados Unidos y gozaban de trato preferencial en Japón.


“Es una gran victoria para los granjeros, rancheros y agricultores de Estados Unidos. Y eso es muy importante para mí”, dijo Trump durante la ceremonia de firma en la Casa Blanca.

Pero Tami Overby, directora sénior para Asia y asuntos comerciales de la consultora McLarty Associates, dijo que los competidores de Estados Unidos llevan una ventaja de dos años y la utilizaron para firmar contratos multianuales con Japón para la venta de sus productos. “Vamos a tener que abrirnos paso y pelear por una porción del mercado perdido”.

El pacto se concreta en un momento en que otras partes de la agenda comercial del gobierno de Trump han quedado estancadas. Estados Unidos ha estado enfrascado en una costosa guerra comercial con China durante más de un año, aunque los negociadores tienen programado reanudar las pláticas el jueves en Washington. El Congreso aún no aprueba el pacto comercial de América del Norte que negoció el equipo de Trump el año pasado con México y Estados Unidos.

Aunque gratificante para los granjeros estadounidenses, el nuevo miniacuerdo con Japón no resuelve las diferencias entre ambas naciones sobre el comercio automotriz. Trump ha dicho que los dos países siguen trabajando en busca de un pacto mucho más extenso.

Trump ha amenazado con imponer aranceles a los autos extranjeros, con el argumento de que representan una amenaza para la seguridad nacional. Durante la Asamblea General de Naciones Unidas, el primer ministro japonés Shinzo Abe dijo a la prensa que Trump le garantizó que mantendrá el acuerdo previo que exenta a Japón de nuevos aranceles en la industria automotriz.

Pero los fabricantes japoneses de automóviles estaban decepcionados de que Estados Unidos mantuviera los actuales aranceles de 2,5% sobre los autos.

El pacto comercial limitado también incluye compromisos de apertura de mercado sobre 40.000 millones de dólares en comercio digital entre los dos países.

Trump se ha quejado durante mucho tiempo del gran déficit comercial de Estados Unidos con Japón, que llegó a 58.000 millones de dólares el año pasado. Japón es la tercera economía más grande del mundo detrás de Estados Unidos y China.
 

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Una tregua en la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China y las promesas de Beijing para abrir más su economía controlada por el estado están dando esperanzas a los inversionistas.

Pero Beijing ha templado las expectativas, mientras las empresas expresaron su frustración por el ritmo lento de las medidas de apertura de mercado.

El China Daily, un diario en inglés dirigido a lectores extranjeros, advirtió el martes que las dos partes todavía tienen redactar el acuerdo de la semana pasada luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, suspendió una subida arancelaria prevista. A cambio, el dirigente dijo que Beijing compraría productos agrícolas estadounidenses por importe de hasta 50.000 millones de dólares, algo que China todavía no confirmó.


“Siempre existe la posibilidad de que Washington pueda decidir cancelar el acuerdo si cree que hacerlo servirá mejor a sus intereses”, dijo el diario, que pidió al gobierno de Trump que “evite dar marcha atrás”.

Los grupos empresariales dieron la bienvenida a la tregua como un posible paso para poner fin al costoso enfrentamiento que comenzó hace 15 meses, pero dijeron que era un acercamiento pequeño. Las conversaciones ya se interrumpieron en el pasado luego de que Trump acusó a Beijing de retroceder en promesas que Washington creía cerradas.

Un vocero del ministerio de Exteriores dijo el martes que los importadores chinos compraron a Estados Unidos 20 millones de toneladas de soya y 700.000 toneladas de cerdo este año, pero no ofreció detalles sobre la fecha.

Las importaciones chinas de soya estadounidense bajaron casi un 50% el año pasado, hasta 16,6 millones de toneladas desde los 33 millones de toneladas de 2017.

“China seguirá acelerando la adquisición de productos agrícolas estadounidenses”, explicó el vocero, Geng Shuang.

El acuerdo del viernes coincidió con el anuncio de China de un calendario para materializar una promesa de 2017 para abolir los límites a la propiedad extranjera en algunos negocios financieros, empezando por las empresas que operan con futuros, a partir del próximo 1 de enero. Las firmas de seguridad y las mutuas de gestión de fondos se abrirán más tarde en el año.

Los inversionistas vieron esta medida como un compromiso para un comercio más libre. Las autoridades chinas señalaron que no guarda relación con las negociaciones arancelarias y que no es una concesión a Washington.

Durante los últimos 18 meses, el gobierno del presidente Xi Jinping también se comprometió a permitir la existencia de negocios de propiedad totalmente extranjera en banca, seguros y en la industria automotriz, con la esperanza de hacer más competitiva y productiva su lenta economía estatal.

Las iniciativas de apertura del mercado chino siguen un guion estándar: Las autoridades anuncias promesas drásticas, aunque vagas, que elevan las esperanzas en el extranjero; las firmas pasan entre seis meses y un año a la espera de nuevas regulaciones y muchas se desaniman cuando se decretan costosos requisitos de licencia o límites al tamaño de las compañías.

No se abordan las quejas estadounidenses sobre los planes para la creación de empresas líderes chinas, controladas por el estado, en robótica y otras industrias que violan los compromisos de apertura de mercado de Beijing y están basadas en el robo o la presión a firmas extranjeras para que entreguen su tecnología.

Las empresas extranjeras están frustradas porque Beijing dé pasos tan limitados a 17 años de ingresar en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Se considera que China, que es el mayor exportador global, es la más beneficiada por un comercio más libre, pero enfrenta quejas por violar supuestamente las normas y el espíritu de la OMC al bloquear el acceso a su propio mercado y al subvencionar a las firmas chinas
 

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China pidió a Washington el jueves poner fin rápidamente a la guerra comercial entre ambos, pero sin indicar cuáles serían sus condiciones para cumplir lo que según el presidente Donald Trump es la promesa de comprar productos agrícolas a Estados Unidos por valor de 50.000 millones de dólares.

Trump aceptó demorar un aumento de los aranceles a cambio de que China compre bienes estadounidenses. Beijing dice que lo hará, pero sin confirmar las condiciones. En esta situación, las empresas se preguntan si el gobierno chino presentará otras condiciones, tales como el fin de los aranceles punitorios.


Los negociadores “tratan de llegar a un consenso sobre el texto del acuerdo lo antes posible”, dijo Gao Feng, vocero del ministerio de Comercio. “No puedo revelar los detalles concretos”.

El secretario del Tesoro estadounidense Steven Mnuchin dijo a la prensa el miércoles que los negociadores ultimaban los detalles de un acuerdo preliminar.

Las empresas elogiaron el acuerdo como un posible paso, pequeño pero prometedor, para superar el impasse en el enfrentamiento en torno al superávit comercial chino y las ambiciones tecnológicas del país asiático, que ya lleva 15 meses.

Los aranceles recíprocos por valor de miles de millones de dólares han golpeado a fábricas y agricultores y lastrado el crecimiento económico global. Trump aplazó un aumento de los aranceles que estaba previsto para el martes, pero hay otro aumento previsto para el 15 de diciembre sobre productos chinos por valor de 250.000 millones de dólares.
 
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