Hilo de la Guerra Proteccionista iniciada por Trump

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Muchos exportadores chinos están teniendo dificultades para lidiar con el aumento a los aranceles ordenado por el presidente Donald Trump. En consecuencia, están subiendo precios o hallando nuevos mercados.

Una de esas empresas es Cixin Group, uno de los fabricantes de rodamientos más grandes de China. La compañía está sopesando acelerar los envíos a sus clientes estadounidenses antes de que el incremento les prive de ganancias.

El incremento de 25% convertiría en pérdidas las ganancias de Cixin en el mercado estadounidense, el cual representa el 30% de sus exportaciones, de acuerdo con Wang Liqiang, gerente de la empresa en la ciudad occidental de Ningbo.

“Estamos considerando fabricar tantos rodamientos como podamos para el mercado estadounidense antes de la imposición de aranceles”, dijo Wang. “Podemos hacerlo trabajando tiempo extra”.

Algunas empresas están buscando formas de ocultar su origen chino enviando bienes a través de otros países.

“Tal vez los clientes compren desde Sudamérica y luego Sudamérica le venda a Estados Unidos”, dijo Yvonne Yuan, gerente de ventas de Shenzhen Tianya Lighting Co., un fabricante de focos LED.

Trump dijo que los aranceles a 50.000 millones de dólares en productos chinos buscan castigar a Beijing por robarse tecnología o presionar a las empresas extranjeras a entregarla.

El plan se enfoca en bienes que de acuerdo con las autoridades estadounidenses se benefician de subsidios chinos a componentes de maquinaria industrial y aeroespacial, de telecomunicaciones y otras tecnologías.

Trump dejó tiempo para negociar. El periodo para hacer comentarios púbicos concluye el 11 de mayo y habrá una audiencia el 15 de ese mes.

Economistas y funcionarios chinos dicen que el impacto general del alza de tarifas debería ser limitado. Pero para los exportadores que dependen del mercado estadounidense, los costos potenciales son alarmantes.

Las repercusiones podrían aumentar en gran medida el impacto, opinaron investigadores de Moody’s Investors Service en un informe. De acuerdo con el reporte, los fabricantes chinos que suministran insumos a sectores específicos verían una reducción de la demanda y una mayor presión sobre los precios, extendiendo los efectos de los aranceles más profundamente en la economía china. La fabricación y el procesamiento de metales y productos de metal, como sectores clave de insumos para la fabricación de productos tecnológicos, serían los más perjudicados.
 

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Los aranceles que el presidente Donald Trump impuso a las importaciones de acero y aluminio están perjudicando las operaciones de centenares de compañías estadounidenses que compran esos metales y muchas están demandando exenciones.

Es por eso que casi 2.200 compañías le pidieron al Departamento de Comercio exenciones del arancel de 25% sobre el acero y más de 200 otras quieren ser eximidas del arancel de 10% al aluminio.

Otras compañías están ponderando sus opciones. Jody Fledderman, director general de Batesville Tool & Die en Indiana, dijo que los productores estadounidenses de acero han comenzado a elevar sus precios desde de Trump sobre los aranceles el mes pasado. Fledderman dijo que posiblemente deba cambiar la producción a una planta en México, donde puede comprar acero más barato.

Un grupo de productores medianos y pequeños están reunidos en Washington para anunciar una coalición para responder a los aranceles.
 

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La directora del Fondo Monetario Internacional advirtió el jueves que la economía mundial más saludable en años está amenazada por un alza en los niveles de deuda, los volátiles mercados financieros y una creciente disputa comercial entre las dos economías más grandes del mundo.

Una guerra comercial entre Estados Unidos y China “no será algo que afecte únicamente a los dos países debido a que el mundo está tan interconectado. Afectará a la economía global”, dijo Christine Lagarde durante una conferencia de prensa para inaugurar las reuniones primaverales del organismo de 189 naciones y el Banco Mundial.

Por el momento, el FMI prevé que la economía global crezca 3,9% este año, el ritmo más rápido desde 2011. Pero Lagarde advirtió que “vemos más nubes acumulándose en el horizonte”. Citó las tensiones comerciales y las crecientes deudas globales, que alcanzaron una cifra récord de 164 billones de dólares, y destacó que las deudas gubernamentales de las economías más avanzadas están a su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

Los tres días de diálogo también incluirán conversaciones entre el grupo de las 20 principales economías, que representan más del 80% de la producción económica global. Estados Unidos está representado por el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.

Mnuchin insistió el jueves que la imposición del gobierno estadounidense de aranceles a las importaciones de acero y aluminio, y la propuesta de colocar gravámenes de hasta 150.000 millones de dólares a las importaciones procedentes de China forman parte de una estrategia para emparejar la situación comercial y reducir los enormes déficits de Estados Unidos con China y otros países.

“Nuestro objetivo con China es tener un comercio libre, justo y recíproco”, dijo Mnuchin en una entrevista con Fox Business Network.

Las reuniones de principio de año se llevan a cabo en una época en que la economía global goza de una extensa recuperación —en la que la mayoría de las regiones registran crecimiento— por primera vez desde la crisis financiera de 2008 que provocó una profunda recesión en el planeta.

Pero Lagarde dijo que la expansión es vulnerable. Los precios de las acciones son inusualmente elevados, pero recientemente se han visto golpeados por las crecientes preocupaciones en torno a las agresivas políticas comerciales proteccionistas del presidente estadounidense Donald Trump.

Mientras tanto, la Reserva Federal ha incrementado las tasas de interés luego de mantenerlas en su mínimo histórico durante una década después de la crisis financiera.
 

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El próximo dilema de los aranceles de Trump: ¿golpear a Wal-Mart o a Apple Store?

Los consumidores estadounidenses pueden estar a punto de sentir en carne propia los efectos del choque comercial iniciado por el presidente Donald Trump con China y otros países cuando en los próximos días se anuncie una nueva lista de importaciones chinas que serán gravadas.

Después de imponer aranceles de importación en enero a los paneles solares y las lavadoras, Trump redobló la apuesta el mes pasado al anunciar tasas a las importaciones de acero y aluminio y gravámenes a otros productos por unos 50.000 millones de dólares.

Después de que Pekín respondiera con una lista de productos estadounidenses que estarían sujetos a aranceles, Trump ordenó a inicios de este mes considerar gravámenes adicionales por 100.000 millones de dólares.

Pero un análisis de Reuters de las importaciones chinas muestra que para llegar rápidamente a impuestos por 100.000 millones de dólares, Trump podría tener que apuntar a teléfonos celulares, computadoras, juguetes, ropa, calzado, muebles y otros bienes de consumo, lo que provocaría alzas en los precios minoristas en el país.

"No hay forma de evitar los productos de consumo cuando se piensa en cómo llegar a 100.000 millones de dólares en importaciones procedentes de China", dijo Hun Quach, vicepresidente de comercio internacional de la Asociación de Líderes de la Industria Minorista de Estados Unidos.

El impacto de los aranceles en los consumidores dependerá de variables que dificultan un cálculo producto por producto. Las empresas pueden absorber algunos costes y algunas hasta tendrán la opción de cambiar la producción de China a otros países, reduciendo el impacto para los compradores estadounidenses.

Después de que las lavadoras importadas por LG Electronics (KS:066570) fueran golpeadas con un arancel del 20 por ciento en enero, la compañía elevó los precios en Estados Unidos en alrededor de 50 dólares por unidad, entre un 4 y un 8 por ciento.

LG optó por absorber parte del coste de los aranceles, fijados en momentos en que había comenzado la construcción de una nueva fábrica en Estados Unidos que comenzará a producir lavadoras a fines de este año, con lo que evitará los aranceles estadounidenses.

Las empresas con cadenas de suministro complejas, principalmente aquellas de industrias de alta tecnología, también pueden cambiar la forma en que sus subsidiarias cobran los costes internos para reducir el impacto de los aranceles.

La primera ronda de tarifas de Trump dejó intacta de forma deliberada a la mayoría de los productos electrónicos de consumo. Pero sumar otros 100.000 millones en productos a los que imponer impuestos entre los 506.000 millones de dólares en importaciones estadounidenses desde China en 2017 sin perjudicar a los compradores no será fácil.

El Representante Comercial de Estados Unidos podría encontrar rápidamente 100.000 millones a los que apuntar, pero a costa de tres amplias categorías de productos electrónicos de consumo: teléfonos celulares (44.000 millones), equipos de computación (37.000 millones) y grabadores de voz, imágenes y datos (22.000 millones).

Las cadenas de suministro de Estados Unidos también se verían perjudicadas ya que muchos productos electrónicos de consumo dependen de la exportación de semiconductores, software y otros insumos estadounidenses a China para su ensamblaje antes de ser importados de regreso al país.

Aliados como Corea del Sur, Japón y Taiwán también suministran partes de celulares para compañías como Apple Inc (NASDAQ:AAPL) y sentirían el impacto. "Terminas disparándote en el pie, disparando a tus aliados en el pie, y tal vez lastimas al dedo gordo del pie de China", dijo Chad Bown, investigador del Instituto Peterson de Economía Internacional.

ÓRDENES CERRADAS

Trump podría obtener una cuarta parte de los 100.000 millones de dólares gravando juguetes, y artículos deportivos y juegos, categorías con poco contenido local que ascendieron a 25.500 millones de dólares en importaciones de China en 2017.

Pero China representó el 81,5 por ciento de todas las importaciones estadounidenses en este grupo, lo que significa que habría pocas fuentes alternativas para los importadores que pudieran atenuar el impacto arancelario en los consumidores.

Agregar ropa, calzado y muebles a la lista sumaría el monto necesario para alcanzar los 100.000 millones de dólares, pero el alza de los precios en esas categorías serían sentidos con fuerza por los consumidores.

De acuerdo a datos de Census, hay aproximadamente 7.600 bienes de consumo e industriales disponibles para aranceles con un valor combinado de 101.000 millones de dólares en los que China representa el 40 por ciento o menos de las importaciones estadounidenses y que podrían ser obtenidos de otros países.

La mayoría incluye producción en pequeña escala y una amplia gama de productos que se venden en las cadenas de tiendas locales como Estados Unidos como Wal-Mart (NYSE:WMT), que incluyen ropa, alimentos para mascotas y accesorios de iluminación.

Si bien la disponibilidad de estos artículos en otros países podría ayudar a limitar los aumentos de precios, aún habría interrupciones para los minoristas con cadenas de suministro establecidas desde hace mucho tiempo.

"El abastecimiento desde otro país no es una solución fácil. No puede darse de la noche a la mañana", dijo Quach de RILA, quien agregó que las órdenes de Navidad de los minoristas para 2018 están cerradas. Y hay pocas alternativas para los 402 millones de dólares en luces de árboles navideños que llegan desde China.

Economistas encuestados por Reuters advirtieron que, si bien la imposición de aranceles puede beneficiar a los productores de acero y aluminio estadounidenses, los costes aumentarían para muchos otros productores y consumidores locales.

Los exportadores estadounidenses también sentirán el impacto de la guerra comercial después de que China anunció en marzo aranceles sobre 128 productos, como fruta y vino, que el país exporta al gigante asiático y que ahora serán gravados en un 15 por ciento.

Exportaciones estadounidenses por otros 50.000 millones de dólares como automóviles, aviones, carne de cerdo y soja enfrentan un arancel de 25 por ciento. WASHINGTON (Reuters)
 

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La Unión Europea le pedirá al presidente estadounidense Donald Trump que revoque los aranceles al acero y aluminio que impuso recientemente, avisó el lunes la comisionada de comercio del bloque.

El presidente francés Emmanuel Macron y la canciller alemana Ángela Merkel irán a Washington esta semana y se reunirán por separado con Trump.

La comisionada de comercio de la UE Cecilia Malmstrom dijo que ambos líderes le pedirán a Trump tomar medidas para proteger la unidad transatlántica a fin de poder enfrentar retos comunes como Irán y Norcorea.

Esa unidad quedará amenazada si Estados Unidos insiste en imponer aranceles a industriales vitales para la UE, manifestó Malmstrom.
 

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La disputa comercial de Donald Trump con China en torno al comercio y la tecnología amenaza los puestos de trabajo y las ganancias de las comunidades de clase obrera que más apoyaron sus promesas de “Estados Unidos Primero”.

El Departamento de Comercio recibió más de 2400 pedidos de exenciones a los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio, que pueden costar millones de dólares a las firmas grandes. El departamento ha comenzado a difundir las solicitudes en su portal y en varias de ellas se percibe un evidente malestar con la estrategia proteccionista de Trump, especialmente en áreas que lo apoyaron firmemente en las elecciones del 2016.

Las tarifas le apuntan básicamente a China por inundar los mercados globales con acero y aluminio baratos. Pero generaron confusión e incertidumbre, según entrevistas que hizo la Associated Press y una revisión de documentos. En Oklahoma, Texas y Wisconsin, por ejemplo, empresas de muebles, energéticas y de alimentos describen las dificultades financieras que enfrentarían si no se las exime de pagar los aranceles del acero.

En Okmulgee, Oklahoma, decenas de puestos de trabajo están en juego mientras la empresa de muebles Steelcase espera la respuesta del Departamento de Comercio.

Una subsidiaria de Steelcase, PolyVision, opera una planta en Okmulgee que usa un tipo especial de acero de Japón para producir una superficie tipo vidrio durable para pizarras y otros fines arquitectónicos. PolyVision “no podría conseguir” el acero que requiere de empresas estadounidenses “en cantidades suficientes o de calidad satisfactoria”, expresó Steelcase.

Trump recibió la mayoría de los votos del condado de Okmulgee. Sin una exención, advirtió Steelcase, “la viabilidad económica de PolyVision (y) de la pequeña ciudad de Okmulgee” peligrarían.

La solicitud de una exención destaca asimismo que una expansión de la planta de 15 millones de dólares podría peligrar.

Roger Ballenger, administrador de Okmulgee, dijo que él y otros funcionarios locales están “muy preocupados por la situación de PolyVision”.

Las tarifas --del 25% sobre el acero importado y del 10% sobre el aluminio importado-- buscan proteger las empresas estadounidenses que producen metales. Se dieron exenciones temporales a algunos de los principales socios comerciales de Estados Unidos, como la Unión Europea, México y Canadá.

China respondió fijando tarifas por 3.000 millones de dólares sobre productos estadounidenses como manzanas, carne de cerdo y gingseng.

Trump decidió entonces adoptar medidas proteccionistas en castigo por el robo chino de propiedad intelectual. Y Beijing propuso tarifas por valor de 50.000 millones de dólares sobre productos chinos como avionetas y soya, de regiones que fueron clave en la victoria electoral de Trump.

John Hritz, CEO de JSW Steel USA en Baytown, dijo que su empresa apoya la política de Trump. “Estamos a favor de hacer crecer la industria siderúrgica en este país”, afirmó. JSW Steel está embarcada en una renovación de 500 millones de dólares que, según dice, generará cientos de empleos nuevos.

El crecimiento vendría muy bien a Baytown, donde el desempleo es del 9,8%, más del doble del promedio nacional.

El futuro es mucho más sombrío para otra firma siderúrgica de Baytown, Borusan Mannesmann Pipe. Sin la exención, Borusan tendría que pagar tarifas de entre 25 y 30 millones de dólares anuales a una firma turca, según dijo la empresa a la AP.

Señaló que los productos de Baytown ya no serían competitivos y “peligrarían los empleos” si no pueden importar 135.000 toneladas métricas de acero anualmente en los dos próximos años. Las tuberías que produce Borusan son usadas mayormente en pozos de petróleo y gas natural.

La Seneca Foods Corporation, la empresa de vegetales enlatados más grande del país, dijo en su solicitud de una exención que no está claro si los proveedores estadounidenses son capaces o están dispuestos a expandir su producción a largo plazo para satisfacer la demanda de la compañía de acero revestido de estaño.

“Lo que está claro es que no pueden satisfacer la demanda a corto plazo”, les dijo Seneca a los funcionarios del Departamento de Comercio. Ello implica que Seneca tiene que comprar al menos parte del acero que necesita en el exterior.

Seneca indicó que emplea 400 personas en plantas que fabrican latas en Wisconsin y Idaho, y cerca de su sede central en el condado Wayne de Nueva York, donde Trump superó a Clinton.
 

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Alemania, Francia y Gran Bretaña están listos para contestar si Estados Unidos no excluye permanentemente a la Unión Europea de los nuevos aranceles a importaciones de aluminio y acero, dijo el domingo la canciller alemana Ángela Merkel.

Merkel dijo a través de un comunicado que ella ha hablado con el presidente francés Emmanuel Macron y la primera ministra británica Theresa May después del viernes, cuando regresó de Washington tras reunirse con Trump.

Los tres líderes europeos “acordaron que Estados Unidos no debería tomar ninguna medida contra la Unión Europea que está decidida a defender sus intereses dentro del marco comercial multilateral”. La declaración de la canciller no dio detalles de los pasos que el grupo de 28 países podría tomar.

La exención temporal que recibió la UE contra los aranceles en cuestión expira el martes. Los aranceles están dirigidos principalmente a atenuar el exceso de capacidad productiva de las empresas chinas, que son respaldadas por su gobierno y han inundado el mercado mundial con acero barato.

Los líderes europeos han argumentado que sus países no deberían ser responsables de las prácticas chinas. Las vistas que Macron y Merkel realizaron a la Casa Blanca la semana pasada no cambiaron la fecha de expiración.
 

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La Casa Blanca postergó 30 días la decisión de imponer aranceles a las importaciones estadounidenses de acero y aluminio de la Unión Europea, México y Canadá.

El gobierno del presidente Donald Trump dijo que llegó a un acuerdo con Corea del Sur sobre las importaciones de acero tras conversaciones sobre un tratado comercial revisado. Indicó que también ha alcanzado acuerdos preliminares con Argentina, Brasil y Australia sobre el acero y el aluminio que serán cerrados pronto.

Trump aplicó aranceles del 25% a las importaciones de acero y del 10% a las de aluminio en marzo, pero excluyó de la medida a la Unión Europea y a cinco países más.

La Casa Blanca tenía hasta el lunes para decidir si extendería las exenciones o impondría las penalizaciones.

La UE ha advertido que aplicará aranceles en represalia.
 

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Una delegación estadounidense de alto nivel llegó a Beijing el jueves para participar en conversaciones con funcionarios chinos que buscan aliviar las tensiones que están empujando a las dos mayores economías del mundo a una guerra comercial.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, encabeza la representación estadounidense, que incluye al secretario de Comercio, Wilbur Ross, y al representante comercial, Robert Lighthizer. Liu He, el principal asesor económico del presidente de China, Xi Jinping, lidera la delegación china para los contactos, que según analistas podrían no producir avances dada la rivalidad cada vez mayor en tecnologías estratégicas.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que espera que las relaciones con Beijing se mantengan equilibradas.

“¡Nuestro gran equipo financiero está en China intentando negociar un campo de juego nivelado en el comercio!”, dijo el dirigente en un mensaje publicado en Twitter el miércoles en la noche. “Espero encontrarme con el presidente Xi en un futuro no muy lejano. ¡Siempre tendremos una buena (gran) relación!“.

Trump busca reducir el déficit comercial crónico de 100.000 millones de dólares con China y lograr algunas concesiones a la política de que las empresas extranjeras deban compartir su tecnología con sus socios chinos para poder acceder al mercado en el gigante asiático.

La Casa Blanca ha amenazado con imponer nuevos aranceles a aproximadamente 150.000 millones de bienes chinos, lo que llevó a Beijing a anunciar subidas fiscales similares a productos estadunidenses.

La disputa se ha agravado a medida que China intensifica sus esfuerzos para superar a los líderes occidentales de la industria de las tecnologías avanzadas, especialmente en semiconductores, los cerebros de silicio necesarios para el funcionamiento de smartphones, autos, la computación en nube y la inteligencia artificial.
 

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Una lista de exigencias enérgicas que el gobierno de Donald Trump entregó a China esta semana podría dificultar aún más la resolución de un conflicto comercial entre las dos economías más grandes del mundo.

Así opinaron varios analistas comerciales que dicen que la insistencia de Estados Unidos en que Beijing ayude a reducir el enorme déficit comercial de Estados Unidos con China, en 200.000 millones de dólares para finales de 2020, entre otras demandas, tiene más probabilidades de aumentar las tensiones que de calmarlas.

Un funcionario estadounidense confirmó la autenticidad de un documento que incluye esa y otras exigencias presentadas a China antes de dos días de conversaciones comerciales que concluyeron el viernes. El funcionario solicitó el anonimato debido al carácter confidencial de las conversaciones.

El viernes, en Washington, el presidente Trump dijo: “Tenemos que ser justos en el comercio entre Estados Unidos y China, y lo haremos”. Trump hizo campaña para la presidencia con la promesa de reducir el déficit comercial de Estados Unidos con China, que el año pasado ascendió a 337.000 millones de dólares en bienes y servicios.

Previamente, el presidente Trump se había pronunciado a favor de que Beijing recortara en 100.000 millones de dólares su crónico superávit comercial, que según Washington alcanzó el año pasado la cantidad sin precedentes de 375.200 millones de dólares.

Al término de las conversaciones, el Ministerio de Comercio chino dijo que ambas partes acordaron establecer un mecanismo con el que intenten solucionar la disputa, aunque persisten diferencias, informó la prensa estatal china. El despacho no abundó en detalles y dejó entrever que se había logrado pocos avances.

El documento estadounidense descrito en un aviso introductorio entregado a la delegación china antes de la visita esta semana del secretario del Tesoro estadounidense Steven Mnuchin y otros funcionarios estadounidenses.

También incluye exigencias de que China suspenda de inmediato los subsidios a sectores incluidos en un plan industrial clave. China debe poner fin a algunas de políticas relacionadas con las transferencias de tecnología, un aspecto crucial en la tensión subyacente en la disputa, según el texto en la lista.

Estados Unidos quiere que China no adopte represalias por las medidas contra esa práctica. Por ejemplo, Estados Unidos afirma que China debe acceder a no afectar a los agricultores estadounidenses ni sus productos, y “no oponerse, impugnar o adoptar represalias” cuando Estados Unidos proceda a restringir las inversiones chinas en Estados Unidos en sectores delicados.

A los analistas estadounidenses les impresionó la agresividad de las demandas del equipo de Trump. Eswar Prasad, profesor de política comercial en la Universidad de Cornell, dijo que el enfoque duro “hace más difícil imaginar un camino hacia una solución negociada”.

Prasad dijo que los chinos están abiertos a negociaciones sobre abrir aún más su mercado y hacer un mejor trabajo en la protección de la propiedad intelectual. “Sin embargo, es evidente que Beijing no está de humor para cumplir con las expectativas de capitulación del equipo estadounidense ante las amenazas de aranceles y otras sanciones comerciales”, agregó.
 

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Ante las amenazas mutuas de aranceles entre Washington y Beijing, los compradores chinos están cancelando órdenes de soya estadounidense, lo que podría afectar negativamente a los agricultores de Estados Unidos.

A la vez, se está alentando a los agricultores en China a plantar más soya, aparentemente para ayudar a compensar cualquier desabasto de Estados Unidos.

Beijing ha incluido a la soya en una lista de productos estadounidenses a los que presuntamente se les impondrían aranceles del 25% en caso de que Estados Unidos concrete su amenaza de imponer el mismo porcentaje de arancel a 50.000 millones de dólares de productos chinos. Los aranceles estadounidenses entrarían en vigor este mes y China los podría implementar al poco tiempo.

Los envíos de soya pueden tardar un mes o más tiempo para llegar a China desde Estados Unidos. La soya que en este momento está camino a China podría resultar afectada por los nuevos aranceles una vez que lleguen a su destino.

“Los chinos no están dispuestos a comprar soya con un impuesto del 25% colgando sobre sus cabezas”, dijo Dan Basse, presidente de la compañía AgResource, una firma de investigación y consultoría agrícola.

Generalmente, China compra gran parte de la soya que consume de los países sudamericanos, como Brasil y Argentina, durante la primavera y el verano. En el otoño, adquiere la soya de Estados Unidos. Como resultado, por ahora, la reducción a las compras de soya de Estados Unidos es relativamente pequeña.

Sin embargo, en caso de continuar, podría causar un verdadero daño a los agricultores estadounidenses. Cerca del 60% de la soya de Estados Unidos se envía a China.

También podría haber un impacto político, debido a que tres de los cinco estados que más exportan soya _Iowa, Indiana y Nebraska_ votaron por el presidente Donald Trump en los comicios de 2016.
 

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ZTE, empresa china de tecnología, dijo que ha parado sus operaciones principales luego que las autoridades estadounidenses le prohibieron hacer negocios con proveedores de Estados Unidos.

El cese de operaciones fue resultado de la “orden de rechazo” que el Departamento de Comercio de Estados Unidos emitió el mes pasado, dijo la compañía el miércoles por la noche en un comunicado.

El Departamento de Comercio castigó a ZTE con una orden restrictiva de ventas por siete años, en un caso que involucra exportaciones de equipo de telecomunicaciones a Irán y Corea del Norte.

ZTE, que también fabrica celulares, había dicho que la orden restrictiva ponía en peligro su supervivencia al cortar acceso a abastecedores estadounidenses de tecnología clave y componentes como microchips.

La suspensión ocurre cuando empeoran las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China en torno a propiedades intelectuales relacionadas a tecnología, aunque el caso de ZTE comenzó antes de que Donald Trump asumiera la presidencia en enero del 2017.

Una delegación estadounidense viajó la semana pasada a Beijing para hablar sobre el creciente conflicto comercial con su contraparte china. Durante estas reuniones, funcionarios chinos dijeron al equipo estadounidense que también se oponían a los castigos para ZTE. La delegación estadounidense dijo que reportaría su postura a Trump.

ZTE “tiene suficiente dinero en efectivo y se adhiere estrictamente a sus obligaciones comerciales de conformidad con regulaciones y leyes”, dijo en el comunicado enviado a la bolsa de valores de Hong Kong.
 
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