Hilo de discusiones ideológicas de economía

droblo

Super Moderator
Empiezo con una típica versión liberal explicada de forma amena y entendible por J.R.Rallo:

La actividad de los empresarios consiste en intermediar dos precios: el precio (o coste) al que pueden comprar los factores productivos y el precio al que pueden vender la mercancía fabricada con esos factores productivos. En otras palabras, su función es asegurarse de que las rentas que perciben por la comercialización de sus productos (sus ingresos) no superen los pagos que realizan para fabricarlos (sus gastos). Ahora bien, fijémonos en que los gastos del empresario son los ingresos de sus factores productivos (los salarios, por ejemplo), y que esos ingresos, a su vez, serán el gasto con el que se comprará el género de otros empresarios (y por tanto sus ingresos).

Emerge así una apariencia de circularidad tan del gusto de los keynesianos: el gasto de fulanito es la renta de menganito y la renta de menganito es el gasto de zutanito, que, vaya, es también la renta de fulanito. Si por cualquier motivo menganito deja de gastar su renta en zutanito, fulanito se queda a su vez sin ingresos y, dado que no podrá gastar, oh sorpresa, menganito también se verá desprovisto de ingresos. Al final, pues, el ahorro de menganito tiende a... ¡destruir su propio ahorro!

La realidad, sin embargo, es un poco más compleja. Los empresarios no pagan a sus factores productivos a partir de los ingresos de sus ventas, sino mediante sus propios ahorros (o mediante los ahorros ajenos que consiguen prestados). Piénselo: usted quiere montar una empresa para convertirse en multimillonario. Debe empezar a fabricar mercancías, y para ello tiene que contratar antes a varios trabajadores, alquilar un inmueble, comprar varias máquinas... ¿Cómo hará frente a todos esos desembolsos si todavía no ha obtenido ingreso alguno por la venta de la aún inexistente producción? Pues obviamente con ahorro (no otra cosa es el pasivo de las empresas: el detalle de las fuentes de financiación de la compañía). De ahí que si los empresarios no satisfacen las necesidades de los consumidores, no recuperarán con la venta del género el dinero que han adelantado a sus factores: sufrirán pérdidas irrecuperables que les obligarán a modificar sus planes de acuerdo con las necesidades de los consumidores.

Por consiguiente, el no gasto –el ahorro–, a pesar de lo que opinen las versiones más pueriles del subconsumismo, no provoca una reducción de nuestra riqueza, sino al contrario: hay más capital disponible para que los empresarios puedan desarrollar planes empresariales que incrementen las rentas (y la capacidad de gasto) futuras de la sociedad. La única interrupción entre la creación de rentas y el gasto se produce no cuando los agentes ahorran el dinero y lo invierten, sino cuando lo ahorran y no lo gastan en nada (cuando lo atesoran o, más llanamente, lo meten debajo del colchón).

Pero ¿por qué motivo la gente atesora su dinero? Es decir, ¿por qué decide no consumir o no invertir? Al fin y al cabo, si ha estado trabajando o se ha desprendido de otros bienes para conseguir dinero será porque querrá darle algún uso en algún momento; y si ese momento no es el actual, tendría más sentido que lo invirtiera para lograr una rentabilidad extra.

El motivo de ese extraño comportamiento por el que los individuos se abstienen de consumir o de invertir es sólo uno: que los empresarios no están ofertando aquello que los agentes demandan. Si los empresarios sacan a la venta bienes de consumo distintos de los que éstos quieren o más caros de lo que están dispuestos a pagar, lo lógico es que no consuman. Si, además, creen que el resto de consumidores tampoco va a demandar esos bienes de consumo, lo lógico será que tampoco inviertan, pues difícilmente van a poder ganar dinero metiéndolo en una empresa incapaz de dar salida a sus mercancías.

Así, los individuos, cuando atesoran, están mandando un mensaje bien claro a los empresarios: "La estáis pifiando; rectificad, ofertad aquello que los consumidores soberanos os exigimos". Y los empresarios, ante tan omnímodo poder, se ven forzados a rectificar, readaptando sus planes empresariales. O eso o quiebran, en cuyo caso serán otros quienes los readapten.

Por tanto, al contrario de lo que opinan Krugman y los keynesianos, cada empresario individual sí se ocupa de que las rentas totales de una economía coincidan con el gasto total, sólo que se trata de una ocupación no deliberada, resultado no intencionado de su actividad. Cada empresario, al producir, genera unas rentas (los gastos en sus factores de producción) que sólo se convertirán en ingresos de otro empresario (sólo gastarán en él esas rentas) si ese otro empresario ha producido la mercancía que se demandaba (generando con ello otras rentas que sólo se transformarán en gasto si otros empresarios hacen lo propio).

Cuando un empresario ajusta su producción a la demanda está contribuyendo a que las rentas totales de la economía se igualen al gasto total; cuando se equivoca, y hasta que no rectifique, ambas divergirán. Pero el proceso de mercado asegura que aquellas compañías que no rectifiquen desaparecerán para que otras ocupen su puesto y hagan coincidir ambas variables.
 

Pasaba por aqui

Well-Known Member


ENTREVISTA

"No existe alternativa al capitalismo"

Gilles Lipovetsky aconseja a los empresarios españoles


"Si los empresarios españoles pueden utilizar aunque sea una pequeñísima idea de lo que digo para mejorar las cosas, no me sentiría en absoluto molesto", explica Gilles Lipovetsky (París, 1944). El filósofo francés, célebre teórico de la posmodernidad que describió hace casi tres décadas en La era del vacío, entiende que el capitalismo es indefectible, y que por ello no hay que negarse a mostrar a los dirigentes las bondades que tiene, por ejemplo, no exprimir demasiado a los empleados.

"Yo no demonizo ni al capitalismo ni a la empresa", relata, poco antes de intervenir en Santiago en la convención de directivos de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD). Pero su tarea pedagógica se adivina ardua tras oír a José María Aguirre, presidente de la APD y ex de Banco Guipuzcoano, que intervino antes que el autor de El imperio de lo efímero. "¿Alguno de vosotros confía en el G-20?", lanzó el empresario, que se mostró muy partidario de equiparar el papel institucional de empresas trasnacionales y Estados.
El filósofo tranquilizó a los asistentes, llegado su turno, sobre los efectos de la crisis en los hábitos de consumo: serán pocos, pues la tendencia al hiperindividualismo es irrefrenable. "Nuestra época no dispone de ningún sistema alternativo creíble a la mercantilización total de los modos de vida", aseguró vehemente.
Aunque suele declinar pronunciarse sobre cuestiones políticas concretas -"yo soy un observador", repite- Lipovetsky sí accedió a opinar sobre el retraso en la edad de jubilación en Francia y las protestas que la medida ha ocasionado en las calles. "Era inevitable modificar la legislación con el aumento de la esperanza de vida", defiende, y achaca el rechazo de la población a renunciar a las conquistas sociales a la "tradición secular de extrema izquierda, que no es electoralmente poderosa pero ejerce una presión moral sobre la izquierda gubernamental que hace imposible aprobar reformas".
Del presidente francés, Nicolas Sarkozy, Lipovetsky dice que es un "hijo de la televisión". "Donde Mitterrand podría citar a Balzac o Maupassant, Sarkozy cita a Clark Gable", resume, y añade: "En sí mismo sí es un hiperpresidente, pero su forma de querer condensar los poderes es más una tradición francesa que un rasgo de la hipermodernidad".
Pero si Lipovetsky se dice liberal, rechaza la vertiente extrema de la ideología. "El ultraliberalismo puede representar una amenaza para la democracia, porque recompone las desigualdades de clase", señala, al tiempo que reivindica el papel de los Gobiernos: "Hace falta que el Estado controle la locura del mercado; si no, solo estarán los poderosos y los otros".
 
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madroño

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Esa es la gran mentira de la versión del liberalismo actual, que dicen que no hay alternativa ó eso quieren hacer creer, para mantener a la gente resignada y aborregada.

Los estados sociales, han demostrado que si existe alternativa a esta forma de capitalismo intervencionista para ricos (caso escandaloso del megarescate e inundación de liquidez al sistema financiero para que no quiebre en bloque y con ello el sistema entero) y por otro lado liberal para la masa obrera y el pequeño y en menor medida mediano empresario, otra cosa es que no pueda competir en un mundo donde los grandes capitales pueden moverse y deslocalizar la producción a su antojo, mientras los trabajadores tienen restringidos sus movimientos.

El capitalismo, no es más que una herramienta, útil pero mal utilizada, creo que la iniciativa privada es necesaria, pero a dia de hoy, lo único que provoca es la concentración de las plusvalías, en cada vez menos manos , concentra el poder económico en unos pocos, mientras aumentan las desigualdades sociales a pasos agigantados y que la economía especulativa prime sobre la productiva, destruyendo el mundo laboral con más virulencia en sus crisis cada vez más ciclicas.

El liberalismo es un extremismo ideológico como el comunismo, cada uno con su idiosincracia, uno concentra el capital y el poder que conlleva en manos de unos cuantos y el otro concentra el poder político, judicial , policial y social , aparte de monopolizar la producción en manos de una oligarquia de partido único, liberalismo y comunismo, son imposibles que obvian totalmente la naturaleza humana y por tanto fracasaran estrepitosamente, el comunismo ya fracaso, solo falta ahora que lo haga el liberalismo fanatizado que tan de moda parece estar con la involución "tea party", todas las reformas hacia la liberalización, no han sido más que caballos de troya para hundir las economías occidentales , destruyendo sus tejidos industriales, creando un paro crónico y de paso deflactando salarios y condicciones laborales a lo bestia, para que paises que juegan diferente como China y en menor medidad India y algunos otros paises asiaticos, manipulando su moneda y su mercado a su antojo para crecer a base de exportación se aprovechen de ello y salgan ganando, con ayuda de esos grandes capitales que de momento han hecho negocio con toda esa deslocalización industrial, libertad de movimiento de capitales que les permite hacer cada vez más ingenieria financiera por la desregulación y relajación de esos mercados financieros y que lo siguen haciendo, hasta que el sistema reviente en una de esas crisis.

A toda eso lo llaman liberalismo, cuando no es más que una dictadura de los mercados que nada tiene que ver con el bienestar de la gente, sino la concentración de riqueza de unos pocos y de sus marionetas , los políticos.

Pero la gente sigue abducida en todo el mundo y en este país con el gran engaño mediático, al estilo Belen Esteban de PP/PSOE, cuando ya se ha demostrado que ellos no gobiernan, sino que lo hacen, nuestros acreedores y compradores de deuda pública y privada desde sus atalayas......... las agencias calificadoras de rating.
 
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madroño

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Buena respuesta la resalto.:)
# 204, Javier
30 de junio de 2009, a las 22:40

Hay varios aspectos referentes al artículo con los que no puedo estar de acuerdo.
En primer lugar, la comparación entre el obrero humilde y Felipe II no parece muy acertada. Salvando las diferencias debidas únicamente a la evolución de la tecnología, obviamente Felipe II tenía muchas más comodidades que cualquier trabajador de hoy en día.
Entre otras cosas, Felipe II no tenía que hacer ninguna tarea doméstica, ni siquiera tenía que vestirse ni lavarse él mismo, pues eran sus criados los que hacían todas esas cosas por él. Él no tenía necesidad de conducir ningún vehículo, pues tenía cocheros, ni le precupaba llegar tarde a su trabajo, ni que lo despidiera su jefe, ni pagar la hipoteca, ni los recibos de la luz o el agua, ni las letras del coche, ni ninguna preocupación que podría tener cualquier trabajador moderno.
Felipe II no tenía que hacer interminables colas en la Seguridad Social para ser atendido 5 minutos, si llega, por un médico. Para eso ya estaba su equipo de médicos personales, seguramente los mejores de su época.
Quizás Felipe II no tuviera MP3, ni TV ni ordenador, pero no le hacía falta, pues podía hacer que los mejores músicos, pintores, escultores, actores, cuentacuentos, bufones, etc del mundo estuvieran a su servicio con chasquear los dedos. ¿Qué trabajador podría tener todo eso jamás?
Por otra parte, se dice que a partir de la Revolución Francesa o la Independencia de EEUU la influencia de la genética en el éxito de la persona está limitada. Esto no es del todo cierto. Desde luego, la influencia de la genética se ha reducido, pero muy poco. Es verdad que hay gente que se ha hecho a sí misma y, con un origen humilde, han llegado a ser gente muy poderosa. Pero esto no es más que la excepción que confirma la regla, ya que la regla sigue siendo la siguiente:
- Si vienes de una familia rica (poderosa) vas a ser educado en las mejores escuelas y universidades privadas, que te van a inculcar los fundamentos financieros y empresariales para que el día de mañana heredes el negocio familiar o bien te montes tus propios negocios. De esta manera los ricos se aseguran que sus hijos, con casi total probabilidad, seguirán perteneciendo a la clase de los ricos.
- Si vienes de una familia normal (trabajadora) vas a ir a colegios y universidades públicos (o como mucho, concertados). Esto es si consigues llegar a la universidad, pues lo normal es que no. En el mejor de los casos, conseguirás ser un gran profesional y ganarás el suficiente dinero como para pagar tu hipoteca a 30 años mínimo. Además vas a tener un montón de gastos debidos a necesidades que te crea la sociedad para que nunca puedas ahorrar nada. De esta manera tus hijos continuarán siendo hijos de una familia trabajadora, siendo casi imposible que salgan del círculo vicioso.
Por último, hay otro aspecto del artículo con el que tampoco estoy de acuerdo. Y es que se dice que en el capitalismo, tanto ricos o pobres, todos somos empresarios. ¡Cuidado! esto no es así, de ninguna de las maneras.
En primer lugar, las empresas pagan sus impuestos directos dependiendo de sus beneficios (ingresos menos gastos), mientras que los trabajadores pagamos el IRPF en función de nuestros ingresos. Mientras las empresas, en general, tratan de no tener excesivos beneficios (muchas tienden a no tener beneficios) para minimizar sus impuestos, reinvirtiendo lo que ganan, subiendo el sueldo a los directivos, comprando coches de empresa para los gerentes, pagándoles con acciones, etc; los trabajadores, antes de cobrar nada en neto, ya nos han retenido el IRPF.
Además, las empresas no pagan IVA cuando adquieren bienes o servicios. Y estos gastos les hacen bajar sus beneficios y pagar menos impuestos a final de año. Mientras los trabajadores hemos de pagar impuestos indirectos por TODO, usando un dinero del que ya hemos pagado impuestos antes.
Incluso, en caso de dificultades, una empresa puede optar por EREs y medidas similares, puede estar sin pagar los sueldos a sus trabajadores durante bastante tiempo, puede acumular un montón de deudas… antes de que finalmente sea liquidada por un concurso de acreedores. Y para más inri, disuelven la sociedad y los empresarios no tienen ninguna deuda, pues la deuda es sólo de la sociedad, por lo que pueden volver a fundar otra empresa con un nuevo nombre.
Por el contrario, si un trabajador no paga sus deudas, le embargan la casa, todos sus vienes, aparece en listas de morosos y las deudas no desaparecen. Por supuesto, ya se puede olvidar de pedir hipotecas, préstamos. Toda su vida tendrá que trabajar para pagar lo que debe, si no quiere malvivir de la caridad.
En conclusión, mientras los ricos empresarios no prácticamente pagan impuestos (pues están privilegiados por el sistema), los trabajadores (sobre todo por cuenta ajena) vivimos únicamente para trabajar y hacer ricos a quienes nos contratan, mientras el poco dinero que recibimos lo gastamos para pagar los impuestos y deudas que siempre tendremos. ESTO es el capitalismo corrupto que tenemos hoy en día, pues sólo los ricos son capitalistas (los que tienen dinero), mientras que el resto somos los “paganos” de ese sistema.
Puestos a aceptar un capitalismo puro y duro, si se prima tanto la libre empresa, si hoy en día se presupone que cualquier persona, incluso los trabajadores, ha de tener mentalidad empresarial, ¿por qué motivo cada persona no puede tener los mismos derechos que cualquier otra empresa? Entonces sí que sería un verdadero capitalismo y una verdadera libre empresa.
Pero una cosa es clara, un sistema así no aguantaría una crisis como la que tenemos, en la que todas las empresas están minizando gastos a lo indispensable. Si todas las personas de a pie redujeran sus gastos a lo mínimo necesario para cubrir únicamente las necesidades más básicas (eliminando todos los gastos superfluos, lujos, caprichos, necesidades sociales…), toda la economía de consumo basada en el capitalismo de masas se hundiría y este sistema desaparecería, pues se trata de un sistema basado en la desigualdad entre ricos y pobres, entre los que tienen, y los que sólo tenemos nuestro trabajo y nuestra capacidad de consumo.
Para los lectores de este foro, me gustaría recomendar un libro llamado “Padre rico, padre pobre”, que trata del mundo empresarial, el capitalismo y la educación financiera. Entre otras cosas, explica por qué los hijos de los ricos con casi seguridad serán ricos, mientras que los hijos de los trabajadores con casi seguridad serán trabajadores. Además demuestra por qué los ricos son cada vez más ricos, mientras que los trabajadores nunca podemos ahorrar, pues gastamos prácticamente todo lo que ganamos.
 

madroño

Well-Known Member
Creo que no se esta planteando capitalismo SI ó NO, sino la forma actual de liberalismo extremista que se nos esta imponiendo, que no es más que una forma de darwinismo social donde ha triunfado el individualismo más extremista y eso es un gran problema en un planeta de recursos finitos que aunque los liberales crean lo contrario la tecnología no hace esos recursos infinitos.

Es un sistema que nos ha llevado al constante conflicto y en eso la historia esta ahí para demostrarlo, todas las guerras han sido y seran por cuestiones económicas.

Sólo dejar claro que no creo nadie pueda rebatirme que en el fondo la mayoría de nosotros tenemos una estructura de pensamiento que coincide con el capitalismo.
Por otro lado esta afirmación es demasiado simplista, ya que por esa misma regla de tres.
  • Las guerras son consustanciales a la estructura de pensamiento del ser humano, hasta ahora seguimos haciendolas y en estos momentos hay unas cuantas en el mundo.
  • La codica y avaricia extrema también son consustanciales a nuestra estructura de pensamiento y es en mayor/menor medida lo que mueve el mundo de los negocios.
  • La explotación del hombre por el hombre también esta en nuestra estructura de pensamiento, no hay más que ver que las 3/4 partes de la población mundial viven por debajo del umbral de pobreza y ha sido una constante en el ser humano y en el tipo de capitalismo actual.

Que algo haya triunfado, en vez de las corrientes ideológicas, no quiere decir que sea inevitable otra forma de sociedad y que no haya otra manera de vivir, tal vez en realidad es un fracaso de la razón y un triunfo de nuestra parte animal..... el instinto y eso quiere decir que en realidad somos poco evolucionados y nuestra tecnologia nos supero hace mucho.

Por último decir que el nazismo, el fascismo y el comunismo en realidad surgieron de las grandes crisis del capitalismo de principios del siglo XX y todo parece que probablemente el actual liberalismo extremista vuelva a hacer resucitar muchas de esas corrientes radicales, incluidas las dictaduras teocráticas.
 

droblo

Super Moderator
La inmensa mayoría de nosotros prefiere un millón de euros que un millón de personas tengan un euro, eso es así.

El liberalismo es una corriente dentro del capitalismo como lo es la socialdemocracia, no hay que confundir capitalismo con liberalismo, de hecho China es una sociedad capitalista completamente intervencionista y antiliberal.
 

madroño

Well-Known Member
Muy cierto, por eso mismo, las burbujas de las punto.com ,la burbuja inmobiliaria y los Madoff del mundo, no se hubieran podido dar si las personas no fueramos codiciosos y avariciosos, saben explotar nuestra propia codicia personal y en parte tenemos lo que nos merecemos.

Creo que todo radica en no codiciar el euro del vecino, para tener tu millón de euros.

No confundo capitalismo con liberalismo, se que este es una corriente dentro del propio capitalismo y por eso mismo creo que el capitalismo no es malo en si mismo y es necesario , pero creo que hay que protegerlo de esas corrientes extremistas como el actual liberalismo, que lo pueden destruir, en mi caso soy partidario de las sociedades mixtas de mercado, con estado y mercado por supuesto, pero con la globalización estan muriendo poco a poco, esta crisis les esta dando los zarpazos finales y creo que se esta globalizando la miseria de las clases medias y concentrando las plusvalías en cada vez menos manos.

Lo que más gracia me hizo, en tu articulo del capitalismo, fue cuando en uno de los comentarios, decían que el creador de este foro ,Carlos Lopez era de izquierdas,:p:p:p , que bueno, lo que me pude reir, cuando Carlos es por lo que le he leido en este foro y en el otro de la burbuja, bastante liberal, bueno, tal vez anarco liberal, de todas formas, cada uno tiene sus ideas y defiende lo que cree más conveniente, eso esta claro, no es ninguna crítica a Carlos por supuesto.

Saludos.
 

droblo

Super Moderator
Ese parece un banquero liberal que se pone la chaqueta intervencionista a la hora de recibir ayudas públicas pero que luego se la quita para que el estado no se meta si quiere autoasignarse un bonus millonario.
O un dirigente socialista que destina el dinero de los presupuestos a la banca en lugar de a los trabajadores
 

Pasaba por aqui

Well-Known Member
El capitalismo, el seudo comunismo, el liberalismo y pá ló que me convenga... el usted mismo,...Y lo que te rondare morena..... Si no es por no ir es que ir pá ná es tonteria.

 

Johngo

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Volver al futuro

Las discusiones acerca de los desequilibrios de cuenta corriente hace recordar a la conferencia de Bretton Woods y a John Maynard Keynes. Pero EE.UU. no es lo que era y China no es EE.UU.

MARTIN WOLF – Financial Times

El debate sobre los “desequilibrios globales” ha vuelto al futuro. La propuesta de Tim Geithner, secretario del Tesoro de EE.UU., de apuntar a la cuenta corriente nos lleva de vuelta a las preocupaciones de John Maynard Keynes en la conferencia de Bretton Woods en julio de 1944. Keynes, que representaba a Inglaterra, estaba obsesionado con los peligros de un ajuste asimétrico entre países excedentarios y deficitarios. EE.UU., entonces el país excedentario dominante en el mundo, rechazó los llamados a un mecanismo que impusiera presión sobre ambas partes. Ahora EE.UU. está en el otro bando.

¿Podría China aceptar lo que rechazó EE.UU.? La respuesta podría ser “‘sí”. El comunicado de la reunión del 23 de octubre de los ministros de hacienda y banqueros centrales del Grupo de las 20 economías principales en Corea del Sur declaró que “desequilibrios persistentemente grandes, comparados contra lineamientos indicativos que aún deben acordarse, garantizarían una evaluación de su naturaleza y de las causas raíz de los impedimentos al ajuste como parte del Proceso de Evaluación Mutua, reconociendo la necesidad de tomar en cuenta las circunstancias nacionales o regionales, incluyendo aquellas de grandes productores de commodities”. Esta fea declaración fue en respuesta a la sugerencia de Geithner de 4% del producto interno bruto como indicador para la cuenta corriente.

¿Qué persigue EE.UU.? ¿Tiene sentido su propuesta? ¿Puede funcionar?

El objetivo de EE.UU. es establecer que tanto países superavitarios como los deficitarios tienen la obligación de ajustarse. Sugiere que debería haber una cifra acordada para el excedente o déficit que obligue a actuar a un país. Esto no sería un objetivo. Tampoco habría sanciones. El régimen monetario global seguiría sin los mecanismos automáticos propuestos por Keynes en 1944. Además, EE.UU. espera asegurar la apreciación de las monedas de varios países emergentes, en especial la de China, contra aquellas de los países de altos ingresos, sobre todo el dólar estadounidense.

¿Tiene sentido la propuesta? Rainer Brüderle, ministro de economía de Alemania, prestó el rechazo ortodoxo. Declaró que “deberíamos inclinarnos por un proceso de economía de mercado y no hacia una economía dirigida”. Pero hay tres consideraciones, desde mi punto de vista, decisivas.

Primero, las enormes acumulaciones de reservas en moneda extranjera de hoy no son un fenómeno de mercado: son producto de decisiones gubernamentales. Podían justificarse, inicialmente, como una manera de crear seguros contra golpes. Pero estas reservas han ido mucho más allá de ello, como mostró la modesta declinación durante la crisis de u$s 470 mil millones, o 6% del total. Segundo, no puede ignorarse la repetida evidencia de que la economía mundial es incapaz de usar grandes flujos de excedentes de ahorro de un modo seguro y efectivo. Por último, el mundo de hoy tiene un enorme exceso de capacidad. Eso hace muy indeseable el ajuste sólo por países deficitarios, como Keynes serguramente habría argumentado.

¿Qué países del G20 se verían afectados por los indicadores estadounidenses? Si uno suma España al grupo, se prevé que EE.UU., Sudáfrica, Turquía y España tendrán “déficit excesivos” este año, y China, Rusia, Alemania y Arabia Saudita tendrán “excedentes excesivos”. Pero Rusia y Arabia Saudita probablemente quedarían exentos, como “grandes exportadores de commodities”. Más aún, si uno se enfocara en la escala de los excedentes y déficit en lugar de sólo proyecciones del PBI, Japón estaría entre los países excedentarios e Italia, Brasil y el Reino Unido entre aquellos con grandes déficit.

Estos indicadores de cuenta corriente sólo pueden ser un punto de partida. También es importante enfocarse sólo en países sistémicamente importantes: se prevé que el excedente de cuenta corriente de Singapur sea de 20% del PBI. Pero al resto del mundo no le preocupa. Más aún, para los países de verdad grandes, hasta 4% del PBI puede ser demasiado grande. Pero los indicadores cuantitativo pueden al menos enfocar mejor la discusión del ajuste.

Por último, ¿puede funcionar este enfoque? Al menos hay una posibilidad. En la reunión anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Washington, dos economistas chinos diferentes me comentaron que China ya decidió limitar sus excedentes. Así que una discusión de este tema debería ser mucho más fructífero que enfocarse sólo en la tasa de cambio. Pero, dada la gran escala de sus reservas (casi 50% del PBI) y su rápido crecimiento, China debería buscar un equilibrio externo, aunque no un déficit, más que un superávit de 4% del PBI. Bajo el último objetivo, su excedente externo podría ser de u$s 400.000 millones para 2015, ya que parece probable que su PBI en dólares se duplique cada cinco años.

A diferencia de los países deficitarios que preocupaban a Keynes, EE.UU. al menos tiene artillería pesada a su alcance, por ejemplo, su capacidad de emitir la principal moneda de reserva del mundo. El resto del planeta no puede obligar fácilmente a EE.UU. a ajustarse si no quiere hacerlo. Más aún, todos, incluyendo a los chinos, parecen asustados de las consecuencias monetarias de un mayor relajamiento cuantitativo de EE.UU. Felizmente, mientras más exitosa es la expansión en la demanda global y el ajuste en los tipos de cambio reales, menos necesaria se hace tal política estadounidense.

El centro de cualquier discusión sobre el ajuste global, entonces, debe ser entre EE.UU. y China. Alemania seguirá obstruyendo. Pero sus víctimas son sus socios en la eurozona: han elegido vivir con la devastadora combinación alemana de competitividad externa con frugalidad interna, bajo una tasa de cambio fija irrevocablemente. Japón parece simplemente incapaz de lidiar con su predicamento macroeconómico. Pero China es un caso muy diferente, un superpoder emergente con una amplia población y enormes necesidades domésticas. No hay razón para que siga siendo un enorme exportador de capitales.

El rol del G20 es dar espacio para las discusiones necesarias entre los superpoderes existentes y los prospectivos. Si China se autofijara la meta de elevar la demanda y eliminar así sus excedentes de cuenta corriente, idealmente a través de un mayor consumo, el pueblo chino estaría mejor y también el resto del mundo. EE.UU. debería simultáneamente comprometerse con la consolidación fiscal de largo plazo.

Entre tanto, el rol de los otros jefes de gobierno del G20, en Corea la próxima semana, es promover el acuerdo necesario. Si tienen éxito, demostrarán uno de los grandes beneficios del multilateralismo: es una manera de manejar conflictos entre los grandes poderes. Geithner ha ofrecido una alternativa imaginativa a la fricción interminable sobre las tasas de cambio. El presidente de China debería aceptar la ruta de escape que EE.UU. le ofrece.
 

madroño

Well-Known Member
El capitalismo, el que mas lo manipula y menos cree en sus teorias, es el que más sale ganando con el.

Normalmente el que da de comer al puerco, es el que al final lo vicia, por eso hay que regular quién le da de comer al puerco, que luego al bicho le salen alas.:rolleyes:

Los buenos consejos son como las mujeres feas – nadie los sigue
Entonces tal vez sera, que los consejos , no son tan buenos, por eso el que los da no los sigue.:D
 
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Guest
En los Estados Unidos se respira un aire de decadencia. La extralimitación imperial, la polarización política y una costosa crisis financiera están pesando sobre la economía. Algunos expertos ahora les preocupa que ese país contraiga el “mal británico”.

Condenados a un lento crecimiento, los Estados Unidos de hoy, al igual que el Reino Unido que surgió agotado de la Segunda Guerra Mundial, estarán obligados a reducir sus compromisos internacionales. Esto creará un espacio para potencias en ascenso como China, pero también expondrá al mundo a un periodo de fuerte incertidumbre geopolítica.

Al pensar en estas perspectivas, es importante entender la naturaleza del mal británico. No era solamente que los Estados Unidos y Alemania crecieron más rápidamente que el Reino Unido después de 1870. Después de todo, es totalmente normal en los países en desarrollo tardío crecer velozmente como se observa con China actualmente. El problema fue que el Reino Unido no pudo a finales del siglo XIX hacer que su economía pasara al siguiente nivel.

El Reino Unido se tardó en pasar de las viejas industrias de la primera Revolución Industrial a los sectores modernos como la ingeniería eléctrica, lo cual impidió la adopción de métodos de producción masiva. Tampoco logró adoptar la maquinaria de precisión que dependía de la electricidad, lo cual se convirtió en un obstáculo para producir componentes mecanizados para ensamblar máquinas de escribir, cajas registradoras y vehículos de motor. Lo mismo se puede decir sobre otras nuevas industrias como la de productos químicos sintéticos, colorantes y telefonía, en ninguna pudo apoyarse.

El ascenso de nuevas potencias económicas con costos más bajos condujo inevitablemente a pérdidas de empleo en las viejas industrias como los textiles, el hierro y acero y la construcción naval. Sin embargo, el error principal del Reino Unido fue el de no poder sustituir las antiguas industrias del siglo XIX con nuevas sucesoras del siglo XX.

¿Están condenados los Estados Unidos a la misma suerte? Para responder esta pregunta es necesario entender las razones que explican la falta de progreso tecnológico en el Reino Unido. Una explicación popular es que es una cultura que denigró la industria y la iniciativa empresarial. Durante el largo proceso de modernización británica, las clases industriales estuvieron absortas en las clases dominantes. Desde mediados del siglo XIX, las mentes más brillantes entraron en la política, no a los negocios. Los administradores empresariales eran vendedores que habían sido ascendidos y según se dice, eran de segunda categoría.

Ahora, supuestamente, vemos un problema similar en los Estados Unidos. En las palabras de David Brooks del diario New York Times: “Después de décadas de prosperidad, los Estados Unidos se han alejado de su concentrada mentalidad pragmática que en un principio construyó la riqueza de la nación. …Las mentes más brillantes de los Estados Unidos han ido abandonado la industria y la empresa técnica por sectores más prestigiosos pero menos productivos como el derecho, las finanzas, la consultoría y el activismo sin fines de lucro.”

De hecho, esta supuesta explicación de la decadencia británica no ha superado la prueba del tiempo. No hay evidencias sistemáticas de que los administradores británicos fueran inferiores. En efecto, ampliar las posibilidades de buscar administradores potenciales más allá de los hijos de los fundadores de una empresa tuvo precisamente el efecto contrario. Permitió que destacaran los mejores.

En los Estados Unidos de hoy, también es difícil encontrar evidencias de este presunto problema. Las empresas de Silicon Valley no se quejan de una escasez de administradores talentosos. No faltan nuevos egresados de las maestrías de administración de empresas que establecen nuevas compañías o que incluso trabajan para los fabricantes de automóviles.

La segunda explicación popular de la decadencia británica se centra en el sistema educativo. Oxford y Cambridge, establecidas mucho antes de la era industrial, produjeron filósofos e historiadores eminentes, pero muy pocos científicos e ingenieros. No obstante, es difícil ver cómo se aplica este argumento a los Estados Unidos, cuyas universidades siguen siendo líderes a nivel mundial y atraen a estudiantes de posgrados en ciencias e ingeniería de todo el mundo –muchos de los cuales se quedan en el país.

Otros más explican la decadencia británica en función del sistema financiero. Al haber surgido a principios del siglo XIX, cuando las necesidades de capital de las industrias eran modestas, los bancos se especializaron en el financiamiento del comercio exterior, y no en la inversión interna y con ello privaron a la industria del capital que necesitaban para crecer.

De hecho, las evidencias reales de tal predisposición a favor de la inversión externa frente a la interna son escasas. Y, de cualquier modo, eso también es irrelevante actualmente en el caso de los Estados Unidos, que reciben, y no envían, inversión extranjera.

Según una última explicación de que el Reino Unido no haya podido mantener el ritmo, la culpable es la política económica. El Reino Unido no pudo establecer una política eficaz de competencia. En respuesta al colapso de la demanda en 1929, se impusieron altas barreras arancelarias. Al estar protegida de la competencia extranjera, la industria se hizo obesa y perezosa. Después de la Segunda Guerra Mundial, los cambios constantes entre los gobiernos laboristas y conservadores dieron lugar a la interrupción constante de políticas, lo que aumentó la incertidumbre y creó problemas financieros crónicos.

Esta es la explicación más convincente de la decadencia británica. El país no logró desarrollar una respuesta de política coherente a la crisis financiera de los años treinta. En lugar de tratar de trabajar juntos para abordar los problemas económicos urgentes, sus partidos políticos se dedicaron a atacarse. El país volvió la mirada al interior. Su política se hizo irascible y errática y sus finanzas se volvieron cada vez más inestables.

En resumen, el fracaso del Reino Unido fue político, no económico; Y eso, lamentablemente, es muy pertinente para el futuro de los Estados Unidos.

Barry Eichengreen es profesor de Economía y Ciencias Políticas de la Universidad de California en Berkeley.
 

Johngo

Well-Known Member
ESCUCHO OFERTAS PARA LA POLEMICA

Ni el BRIC ni nadie podrá superar a los Estados Unidos

Por José Brechner

El mundo se enteró de la existencia del BRIC, y Buenos Aires está inundado de afiches que anuncian el sorprendente avance de las nuevas potencias económicas, de las que se revelarán sus éxitos en un programa periodístico. La sigla pegó y los comentarios están en boca de todos. Brasil cada semana avanza un puesto en la lista de los países más ricos y, según el taxista, está a punto de quitarles el primer lugar a los americanos. Los brasileros también creen lo mismo.

Toquemos tierra. Ni Brasil, Rusia, India o China, llegarán a opacar el poderío económico o la influencia cultural de los Estados Unidos. A lo máximo que pueden anhelar es a aumentar su PIB, mejorar su nivel de vida y modernizarse, en un proceso muy largo y trabajoso. Deberán concentrar todos sus esfuerzos en sacar a su gente del atraso, la incultura y la pobreza extrema, antes de aspirar a algo más. Lo que está enriqueciendo a los BRIC son sus materias primas y mano de obra barata, no su creatividad.

Estados Unidos no se convirtió en la superpotencia más colosal de la historia por sus recursos naturales, sino por el ingenio de su gente, sumado a sus principios libertarios, sus valores morales, su abierta estructura social fundada en la tolerancia, y su franco patriotismo. Nunca existió una sociedad tan innovadora, libre y juiciosa.

La filosofía política abrazada por la comunidad, es el embrión del desarrollo de los pueblos. Los estadounidenses, según Gallup, son 42% conservadores, 35% moderados y 20% izquierdistas. Eso significa que 80% son de centro derecha. Saben que el capitalismo en democracia es la clave de la prosperidad. No les gusta que el estado se meta en sus vidas, menos aún en sus negocios. Quieren ser dueños de su dinero, pagar el mínimo de impuestos, que deben usarse para brindarles protección e infraestructura general. La libertad es su derecho más preciado.

Los BRIC, con excepción de la India que es una democracia sincera, son tendientes al socialismo, aunque aprendieron, a medias, que para enriquecerse deben permitir el desenvolvimiento de la empresa privada. ¿Cuánto tiempo les durará su bondadoso gesto de dejarles trabajar en libertad a sus congéneres antes de que los impuestos desmedidos, las intrusiones fiscales, los subsidios, las inversiones estatales, o las nacionalizaciones, los lleven al estancamiento y la ruina?

Rusia todavía no se despojó de su pasado totalitario. Putin y Medvedev son de la guardia vieja. China es una dictadura comunista. Brasil es el peor de todos. Ignorancia, pobreza, progresismo, oportunismo; más corrupción y crimen que exceden la imaginación. India tiene tanta miseria, que pasarán añares hasta que mejoren las condiciones de su población. El dinero en manos de estos países no es garantía de nada.

Si los BRIC están creciendo aceleradamente, es porque están en sus albores capitalistas. Estados Unidos ya es grande, pero sigue prosperando, produciendo, y primordialmente innovando. Los BRIC lo único que saben hacer es copiar y, no necesariamente bien.

El factor trascendental e inimitable que separa a los Estados Unidos de los BRIC, es su influencia cultural, que no logró por imposición sino por aceptación. Nos gusta su música, sus ropas, sus películas, sus autores, sus programas de TV. Crecimos con el Ratón Mickey y el Conejo Bugs. Todo el entorno norteamericano es atractivo. Nos gusta su forma de vida. Ninguno del BRIC tiene algo que le apetezca al mundo con excepción de la sopa de wantón.

Las naciones que descollaron en el pasado, sostuvieron su sitial aproximadamente por mil años. Si la historia es constante, a los Estados Unidos le quedan 800 más.

Fundación Atlas 1853 - 09-Nov-10 - Actualidad
Fundacion Atlas 1853 - Articulo de Jose Brechner
 

madroño

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¿Hay alternativa al patrón dólar?

Al precio actual, no hay suficiente oro para respaldar todas las transacciones necesarias, por lo que el oro tendría que encarecerse.

Ante el creciente desorden del sistema monetario internacional, están apareciendo cada vez más propuestas de reforma.

Al acuerdo sobre el cambio en las cuotas del FMI para dar más peso a los países emergentes (y a España) hay que sumar la propuesta estadounidense de establecer límites del 4% a los déficits y superávits por cuenta corriente, para reducir los desequilibrios macroeconómicos globales. Además, Francia, que quiere erigirse en la voz (no autorizada) del euro, dedicará su próxima presidencia del G-20 a buscar un nuevo Bretton Woods.

Por su parte, China lleva meses alertando sobre la excesiva dependencia del dólar, que deja a todos los países expuestos a los vaivenes monetarios y fiscales estadounidenses (como la reciente ola de expansión monetaria cuantitativa anunciada por la Fed, que debilitará el dólar y exportará inflación hacia los países emergentes). Pero China tampoco se está comportando con demasiada responsabilidad ni ha hecho esfuerzos por liderar un cambio en el sistema. Su resistencia a revaluar el yuan irrita tanto a estadounidenses como a emergentes. A los primeros porque les complica la creación de empleo y a los segundos porque les resta cuota de mercado en las exportaciones mundiales.

Al precio actual, no hay suficiente oro para respaldar todas las transacciones necesarias, por lo que el oro tendría que encarecerse

Volatilidad monetaria
En cualquier caso, todas estas propuestas subrayan que la economía mundial se encuentra en un momento de transición, donde está registrándose demasiada volatilidad monetaria. Ello se debe a que el sistema monetario internacional sigue girando en torno al dólar, cuando EEUU ya no es la superpotencia hegemónica del pasado (y, además, es el principal deudor del mundo), pero sigue explotando de forma oportunista el privilegio de ser el emisor de la moneda de reserva mundial. Por ello, sería necesario tener otros activos de reserva globales que funcionaran como fuentes de liquidez, dieran una mayor estabilidad al sistema y sirvieran para reflejar a nivel monetario y político los cambios que la economía mundial ha experimentado en las últimas décadas.

Pero lo que nadie había planteado hasta ahora era una vuelta al patrón oro. Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, se ha desmarcado con una versión actualizada del mismo, que supondría abandonar el sistema de dinero fiduciario que tenemos desde 1971. Sostiene que los mercados ya se están refugiando en el oro porque no confían ni en el dólar ni en otras divisas; así como que un patrón basado en una combinación de oro y una cesta de divisas podría reducir los vaivenes de precios y tipos de cambio.

El mayor problema de una vuelta al patrón oro ya fue resaltado por Keynes en los años treinta, cuanto lo calificó como “bárbara reliquia” por su incompatibilidad con la autonomía de la política monetaria y sus efectos deflacionarios. Hoy esto supondría que, como todos los ajustes tendrían que hacerse vía precios y salarios (no con movimientos del tipo de cambio), los países con problemas de competitividad externa tendrían que pasar por episodios deflacionarios de ajuste durísimos, parecidos a lo que le toca vivir a Grecia, algo que en las democracias modernas sería políticamente inaceptable.

Pero, además, hay otros problemas. El primero es que, al precio actual, no hay suficiente oro como para respaldar todas las transacciones necesarias, por lo que el oro tendría que encarecerse, provocando episodios de inflación y deflación según quién lo poseyera en grandes cantidades. El segundo es de estabilidad, ya que, como sucedió durante el sistema de Bretton Woods entre 1944 y 1971, países y bancos darían más crédito que las reservas de oro que tuvieran, lo que podría precipitar problemas de confianza y crisis. El tercero es de credibilidad, ya que habría fuertes presiones dentro de los países para “generar inflación” y modificar las paridades entre el dólar y sus monedas según sus necesidades internas, algo que no sucedía en el siglo XIX, pero que seguramente hoy sí ocurriría.

En definitiva, es muy poco probable que el mundo vuelva al patrón oro, aunque sí que es necesario que la reunión del G-20 de Seúl comience a plantear una alternativa al patrón dólar.
 

Johngo

Well-Known Member
La FED tiene razón al querer inundar al mundo con dólares

NOTA PERSONAL: Aseveracion un poco conflictiva,- para discusión de economistas

(Articulo del Financial Times)
No es cierto que la política de “relajamiento cuantitativo” que implementa Estados Unidos lleve a la inflación y deprede el comercio mundial. Al contrario, puede ayudar aunque no sea eficiente si no se complementa con otras medidas

MARTIN WOLF

El cielo se está cayendo, gritan los histéricos: la Reserva Federal está vertiendo dólares en cantidades tales que pronto no tendrán valor. Nada podría estar más lejos de la realidad. Como en Japón, la política conocida como “relajamiento cuantitativo” tiene muchas más probabilidades de ser inefectiva que letal. Es una manguera monetaria, no la inundación de Noé.

¿Qué está haciendo la Fed? ¿Por qué lo está haciendo? ¿Por qué son exageradas las críticas? ¿Qué debería estar haciendo la Fed?

La respuesta a la primera pregunta es clara. Como declaró la Fed el 3 de noviembre, “promover un ritmo más fuerte de recuperación económica y ayudar a asegurar que la inflación, con el tiempo, está en niveles consistentes con su mandato, el comité (federal de mercados abiertos) decidió hoy expandir sus tenencias de valores. El comité mantendrá su política existente de reinvertir los pagos de capital de su cartera de valores. Además, el comité pretende comprar otros u$s 600.000 millones de Treasuries de largo plazo para fines del segundo trimestre de 2011, un ritmo de unos u$s 75.000 millones mensuales.

Ben Bernanke, presidente de la Fed, delineó los argumentos en un discurso el mes pasado. Advirtió que el desempleo de Estados Unidos está por encima de cualquier estimación razonable de equilibrio. Más aún, el crecimiento económico esperado hace improbable que esto cambie durante el curso de 2011. Esto ya es malo, pero lo que lo hace peor es que la inflación subyacente ha caído a cerca de 1%, pese a la expansión del balance de la Fed. Las expectativas de inflación están bien ancladas, agregó, pero eso podría cambiar si la deflación ataca. Dada la capacidad ociosa, eso puede no estar lejos.

La Fed, agregó el presidente, tiene un mandato dual: fomentar el máximo empleo y la estabilidad de precios. Hacer nada sería incompatible con esta obligación. La única pregunta es qué hay que hacer. La respuesta son las compras propuestas de bonos del Tesoro. Esto simplemente extiende las operaciones clásicas de mercado abierto arriba en la curva de rendimiento. También expandiría el balance de la Fed en casi un cuarto, o casi 4% del producto interno bruto. ¿De verdad va EE.UU. en el camino de la República de Weimar? En una palabra, no.

No es una sorpresa que Wolfgang Schäuble, ministro de hacienda de Alemania, piense de otro modo. Él describe al modelo de crecimiento de Estados Unidos como “en una profunda crisis”, añadiendo que “no es correcto cuando los estadounidenses acusan a China de manipular las tasas de cambio y luego hacen bajar el precio del dólar abriendo las compuertas”. Es probable que él crea que, en un mundo apropiado, EE.UU. se vería obligado a seguir la ruta deflacionaria impuesta sobre Grecia e Irlanda. Esto no va a pasar. Ni debería.

Resumidas, las críticas a la Fed son dos: sus políticas llevan a hiperinflación y son predatorias, aunque no intencionales.

La primera de estas críticas no sólo es errada, también descabellada. La esencia del sistema monetario contemporáneo es la creación de dinero, de la nada, por las colocaciones con frecuencia imprudentes de los bancos privados. ¿Porqué es correcta y apropiada tal privatización de una función pública, mientras que las acciones del banco central, para satisfacer una necesidad pública apremiante, un camino a la catástrofe? Cuando los bancos no prestan y el dinero amplio apenas crece, es exactamente lo que debería estar haciendo.

Los histéricos agregan que es imposible achicar el balance de la Fed con suficiente rapidez para evitar una expansión monetaria excesiva. Eso tampoco tiene sentido. Si la economía despegara, nada sería más sencillo. De hecho, la Fed explicó exactamente lo que haría en su informe monetario al congreso en julio pasado. Si ocurre lo peor, simplemente elevaría los requerimientos de reservas. Como muchos de sus críticos creen en reservas bancarias de 100%, ¿por qué objetarían un movimiento en esa dirección?

Ahora veamos el argumento de que la Fed está debilitando deliberadamente al dólar. Cualquier persona moderadamente consciente sabe que el mandato de la Fed no incluye el valor externo del dólar. Esos gobiernos que han acumulado u$s 6,8 billones en reservas extranjeras desde enero de 2000, muchas de ellas en dólares, son adultos con consentimiento. No sólo nadie le pidió a China, el ejemplo más visible, que sumara la enorme suma de u$s 2,4 billones a sus reservas, sino que muchos le pidieron que no lo hiciera.

También es falso simplemente argumentar que el debilitamiento del dólar se explica sólo por las políticas de la Fed. De hecho, cualquiera con medio cerebro debería darse cuenta de que Estados Unidos ya no puede combinar un gran déficit comercial con una posición fiscal manejable. Aquellos que quieren que los bonos estadounidenses sigan sólidos deberían celebrar cualquier cosa que ayude a EE.UU. a expandir la demanda doméstica y rebalancear su posición externa. Las actuales políticas monetarias estadounidenses son, contrario a las opiniones de Schäuble, simplemente el yang al yin del mercantilismo del este de Asia.

Más fundamentalmente, son las fuerzas del mercado, y no la política monetaria, los que impulsan el rebalanceo global, a medida que el sector privado intenta poner su dinero donde ve las oportunidades. Las políticas monetarias de la Fed sólo añaden otro aspecto. En vez de los quejidos inútiles, lo que se necesitaba era la apreciación coordinada de las monedas de las economías emergentes. Aquí la falla no es de EE.UU. Simpatizo mucho con Brasil o Sudáfrica, pero no con China.

El cielo no se está cayendo. Pero esto no significa que las políticas de la Fed sean las mejores posibles. Es probable que cualquier impacto en los rendimientos de los bonos de mediano plazo tengan un efecto económico modesto. Sería mucho mejor si la Fed pudiera hacer subir las expectativas de inflación, ofreciendo un compromiso de compensar un período prolongado de inflación bajo el objetivo con otro de inflación sobre el objetivo. La decisión de monetizar el gasto adicional del gobierno podría ser una herramienta aún más efectiva. Igual de necesario es el plan de acelerar la reestructuración del rezado de la deuda excesiva. Pero, en ausencia de cooperación con el Congreso recién elegido, lo que la Fed está haciendo es, lamentablemente, casi el máximo que podemos esperar, aunque debería haberse atrevido a hacer más. Mientras, las personas “sólidas” llorarán que el cielo se está cayendo sólo para sorprenderse de que no sea así. Hemos visto esta película antes en Japón en los ’90. En cambio, Japón cayó en la deflación crónica.

Sí, puede ser razonable pedir una reconsideración del sistema monetario global, como pidió Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial. ¿Pero hay alguien que espere que los políticos digan que si bien lamentan esta caída, primero deben aplacar el mercado de commodities más especulativo del mundo? Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.
 
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