Hilo Curiosidades de la red

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Algunas formas de guerra biológica en la Historia:

Comencemos por el siglo XIV, entonces, De Mussis, un tártaro musulmán, produjo una epidemia de peste bubónica en Caffa después de catapultar cadáveres infectados por encima de las murallas de la ciudad. Esto mismo ocurrió en 1785 con la tropas tunecinas en el sitio de La Calle, pero en este caso en lugar de cadáveres su utilizó ropa contaminada. Y, ya en el siglo XX, en 1940 concretamente, en China y Manchuria se sufrió una epidemia de peste epidémica después de que aviones japoneses dejaran caer pulgas infectadas sobre el terreno.
Cadáveres y ropas contaminados de peste, pura guerra biológica. Pero incluso sin contaminación se pueden llevar a cabo estas acciones ofensivas. En 1422, durante el asedio de Karlsejn, se catapultaron sobre la ciudad soldados muertos y unos 2.000 carros cargados de estiércol. Quizás esto no sea tan efectivo como los casos anteriores, pero llenar una ciudad asediada de mierda, literalmente, contribuye a su caída.
Y la última técnica, en este caso española. Según parece, en 1485, en las cercanías de Nápoles, los soldados españoles llevaban a cabo sus pequeñas acciones de sabotaje y guerra biológica a través del vino. Lo que hacían era echar un poco de sangre extraída a leprosos dentro de los vasos de vino que posteriormente daban a beber a los franceses.
 

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La pandemia de coronavirus está asestando un golpe al narcotráfico, paralizando las economías, cerrando fronteras y eliminando las cadenas de suministros en China de la que dependen los traficantes para la obtención de los químicos para fabricar drogas rentables como la metanfetamina y el fentanilo.

Uno de los principales proveedores que suspendió sus actividades se encuentra en Wuhan, el epicentro del COVID-19.

Entrevistas realizadas por The Associated Press a cerca de dos docenas de agentes de cuerpos policiales y expertos en tráfico de drogas revelaron que los cárteles de México y Colombia continúan con sus actividades, como lo evidencian los recientes decomisos de drogas, pero las medidas de confinamiento que han convertido a las ciudades en pueblos fantasmas están afectando toda su operación, de la producción al trasiego a las ventas.


A lo largo de la frontera de los 3,219 kilómetros (2.000 millas) de Estados Unidos y México por la que cruza la gran mayoría de las drogas ilícitas, el tráfico generalmente ajetreado que los traficantes aprovechan para pasar desapercibidos se ha reducido a unos cuantos vehículos. Los bares, clubes nocturnos y moteles de todo el país, que suelen ser centros fértiles de venta para los distribuidores, han cerrado sus puertas. Y los precios de las drogas ante las cortas reservas se han elevado a niveles exorbitantes.

“Ellos enfrentan un problema de abastecimiento y un problema de demanda”, declaró Alejandro Hope, un analista de seguridad y exfuncionario del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), la agencia de inteligencia mexicana. “Una vez que las llevan al mercado, ¿a quién se las van a vender?”.

Prácticamente todas las drogas han sido afectadas, con la interrupción de las cadenas de suministro tanto a nivel mayoreo como menudeo. Los traficantes están acumulando narcóticos y dinero en efectivo a lo largo de la frontera, y la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) incluso reporta un decrecimiento en lavado de dinero y venta online de drogas en la llamada dark web.

“Los padrinos de los cárteles se están viniendo abajo”, afirmó Phil Jordan, exdirector del Centro de Inteligencia de la DEA en El Paso, Texas.
 

Johngo

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Playas Fosforescentes (Bioluminiscencia)

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La apodaron Typhoid Mary (María la Tifosa), pero su verdadero nombre era Mary Mellon. Era una inmigrante irlandesa que trabajaba de cocinera en una casa finísima en Oyster Bay, en Long Island, junto a Nueva York. El banquero Warren y su familia la contrataron como cocinera en las vacaciones de 1906. Ese verano, seis miembros de la familia Warren enfermaron de tifus, un mal que, en aquella época, estaba asociado a la pobreza, la falta de higiene y de agua potable.

El propietario de la casa de veraneo, que tenía otras más en la misma zona, pensó que se le iba a pique el negocio y contrató al sanitario George Soper, que estuvo investigando hasta en las tuberías la procedencia del brote. Se dio cuenta de que otras siete familias “bien” que habían contratado a Mallon desde 1900 habían reportado al menos 22 casos de tifus, incluída una niña que murió.

Parece ser que a través de sus manos al cocinar alimentos que no requerían calor, Mary trasmitía una enfermedad de la que ella era portadora, pero sin tener ni un solo síntoma. Concretamente era, según Soper, un dulce de melocotones, una de sus especialidades. El Departamento de Salud confinó a la pobre Mary dentro de un bungalow en un Hospital, aunque ella escribía reiteradamente que era inocente, porque no tenía nada.

En 1909 pidió legalmente su desconfinamiento (parece ser que el empresario Hearst le ayudó a pagar los abogados a cambio de publicar su historia), pero se la denegaron, luego la liberaron con la condición de que no cocinara más. En 1915 en una Maternidad de Manhattan también se dieron 25 casos de tifus, con dos muertes. Averiguaron quién cocinaba y resulta que era Mary Mallon, que ahora se llamaba Mary Brown, e insistía que ella no tenía el tifus y por tanto no podía trasmitirlo. La “Tifosa” fue de nuevo fue confinada en North Brother Island. Y de allí ya no pudo salir en los siguientes 23 años.

Más:https://www.quo.es/salud/q2004047673/duracion-peores-pandemias-de-la-historia/



 

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Beethoven admiró a Napoleón durante mucho tiempo. Tanto es así que dedicó en un primer momento a Napoleón Bonaparte su Sinfonía número 3 en mi bemol mayor, opus 55, conocida como La Heroica. Beethoven admiraba los ideales revolucionarios encarnados en el francés, pero cuando este llevó su poder al extremo y se coronó emperador, el compositor alemán cambió de parecer.

La obra que compuso para celebrar la derrota de los franceses en el norte de España, en Vitoria, en 1813, fue el opus 91, que se conoce como La victoria de Wellington o La batalla de Vitoria. En sus aproximadamente 15 minutos, hay algunos fragmentos que forman parte de nuestra cultura popular. Beethoven tomó algo de la música británica cuando la música habla de ejército de Wellington: la Rule Británica y el God save the queen.

Para referirse en la composición al ejército napoleónico, tomó la melodía del Mambrú se fue a la guerra, que es de origen francés. Ya les conté, hace 10 años, que ese Mambrú que cantamos era en realidad el duque de Malborough. Este es otro detalle del bando que tomó Beethoven. Los ingleses se representan por himnos típicos británicos y un símbolo del país, y para los franceses una canción sin valor simbólico alguno.

Lo curioso es que hay otra canción popular dentro de esta breve composición. Ahí escondida está la melodía que solemos acompañar con la siguiente letra: es un muchacho excelente, es un muchacho excelente… Saltó de esta composición de Beethoven a nuestra cultura popular.
 
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