Empieza la precampaña

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Lo que se suele llamar precampaña cobra creciente vigor conforme van cumpliendo los plazos hacia las elecciones municipales (8.000 ayuntamientos) y autonómicas (13 comunidades). Formalmente, los mitines se concentran en fin de semana, pero cada vez son menos las diferencias entre esas concentraciones teatralizadas y el desempeño cotidiano en el ámbito político, parlamentario o gubernamental. Por eso todo destila intencionalidad.

Será difícil sustraer el proceso que este jueves debe iniciarse para ajustar las cuentas de las quince comunidades autónomas de régimen común y las del Estado central a los parámetros, requisitos y compromisos contraídos en el ámbito de la eurozona y frente a los mercados. Planean de antemano algunas situaciones en absoluto sencillas de abordar.

La más relevante es sin duda la reducción del déficit exigida a la Generalitat de Catalunya que, según estima el gobierno autonómico comportaría recortes de gasto próximos al 20 por 100 de su presupuesto, afectando seriamente a la prestación de algunos servicios. Desde Barcelona se ha propuesto la alternativa de alcanzar ese objetivo en dos años; esto es, limitando al 10 por 100 el tijeretazo al gasto prespuestario este año, a efectos de preservar áreas como educación, sanidad y demás.

Hasta ahora, el cruce declarativo ha discurrido por territorios de firmeza y cada vez más lejos de la conciliación. Entrecruzando, además, argumentos de todo tipo, tanto por parte de los dos gobiernos principales protagonistas como de partidos de oposición respectiva, siempre dispuestos a manejar argumentos y posiciones en contra del adversario más fronterizo en términos de expectativa de voto. Creciendo, además, hacia zonas de amenaza de ruptura, enfrentamiento, confrontación... todo lo contrario a lo que hace falta: transmitir imagen de coincidencia en el objetivo de reconducir las finanzas públicas -todas- hacia el pseudoequilibrio presupuestario fijado en Maastricht y el Plan de Estabilidad y Crecimiento (PEC).

Y, sea por vísperas electorales o no, la suspicacia tampoco falta. El desaforado desvío en términos de déficit con que la Generalitat cerró 2010 fue obra y responsabilidad de otro gobierno, casualmente del mismo signo partidista que el Ejecutivo central... que ya no está.
 
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