Debilidad de Obama y peleas en un clima envenenado

Johngo

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Obama quedó como un presidente débil que no supo liderar el debate en el congreso

El jefe de la Casa Blanca debe dejar de insistir con discurso sobre la necesidad de subir los impuestos a los ricos y enfocarse en asegurar el crecimiento, dicen los expertos.
El presidente Barack Obama cumple 50 años mañana, y no escasean las cosas que podría desear antes de apagar las velitas. En su propia base política, los progresistas lo ven como un débil que fue manipulado en todas las instancias del debate por el límite de la deuda; la economía de EE.UU. parece estancada y el índice de aprobación del presidente alcanzó su nivel histórico más bajo esta semana.
Algunos se preguntan si el hombre que entró en el Salón Oval como un agente del cambio no ha sido, en realidad, cambiado por el estilo de Washington. Una encuesta de Pew mostró que 72% de los ciudadanos estadounidenses resumían la crisis del presupuesto con palabras como “estúpida” y “desagradable”, y un tercio ve un Obama disminuido tras el debate.
Sus cartas ahora parecen más débiles, no sólo porque los republicanos no tuvieron en cuenta para nada sus objetivos en materia de políticas en el acuerdo final por elevar el límite de endeudamiento –en realidad, según la encuesta, la mayoría de los ciudadanos coincide con el pedido del presidente de que se aumenten los impuestos– sino por la impresión de que no consiguió liderar.
Obama ha dicho que seguirá presionando al Congreso, mientras se ingresa en la segunda fase de las negociaciones, para lograr un “enfoque equilibrado” en la reforma del presupuesto que incluya incrementos impositivos para los “propietarios de jets corporativos”, que es su figura retórica favorita para aludir a los estadounidenses más ricos.
Si hay un costado positivo en esta percepción debilitada del gobierno por parte del público estadounidense, es que los rivales del presidente para las elecciones de 2012 parecen en general irrelevantes. La mayoría de ellos, incluyendo a quien se supone es el principal competidor –el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney– dan la impresión de ser cautivos de la extrema derecha del Partido Republicano. El lunes, tras semanas de no tomar partido en la debacle de la deuda, Romney djio que no apoyaría el acuerdo alcanzado a último momento por la Casa Blanca y los republicanos para elevar el límite de la deuda. En retrospectiva, tras el fuerte apoyo republicano a la legislación en el Congreso, esta declaración parece un paso en falso que favorecerá a Obama si Romney es nominado.
De todos modos, este no es un gran consuelo para un hombre que, una vez que sople sus velitas mañana, todavía deberá enfrentan las cifras del desempleo que se darán a conocer el viernes.

Las peleas seguirán en un clima político envenenado

El acuerdo que acabó con la incertidumbre sobre el techo de la deuda de EE.UU. se concretó a horas del límite fijado por el Tesoro. Sin acuerdo, a partir de hoy el gobierno de ese país hubiera tenido que dejar de cumplir algunas de sus obligaciones. Esta pantomima puede recordar las palabras de Winston Churchill, quien dijo que se puede contar con que los estadounidenses van a hacer lo correcto después de haber agotado todas las otras posibilidades, pero ese juicio sería demasiado benévolo.
Evitar el default se había convertido en prioridad absoluta, y se logró. Sin embargo, el acuerdo no pone la política presupuestaria de EE.UU. en una senda sustentable: pese a todos los gestos, el ajuste fiscal es modesto y no está garantizado. Las peleas por el presupuesto seguirán, y en un clima político aún más envenenado.
El acuerdo por el límite de la deuda es complicado y poco transparente. En ambos partidos hay críticos que se quejan porque, tras frenéticas negociaciones entre un puñado de participantes, el Congreso enfrentó un hecho consumado. Es lo contrario del debate público que EE.UU. necesita.
En cuanto a los detalles, el plan demanda cortes en el gasto de alrededor de u$s 900.000 millones en 10 años, seguido por una segunda fase de reducciones para llevar el total a 10 años a cerca de u$s 2,4 billones. Si esto se logra, es sólo un poco más de la mitad de lo necesario para estabilizar el ratio de deuda pública a PBI en un nivel seguro. Pero lo peor es que la mayoría de los recortes no están especificados. La segunda fase se reduce a instrucciones para la creación de un nuevo comité legislativo bipartidario que proponga medidas de reducción del déficit para cumplir la meta. Si las negociaciones se estancan, el acuerdo prevé cortes automáticos a programas apreciados por uno u otro partido, incluyendo recortes en Defensa.
Esto recuerda otra máxima de Churchill: por maravillosa que sea la estrategia, ocasionalmente hay que mirar los resultados. ¿Por qué suponer que, si ambos partidos enfrentan recortes profundos en programas que desean proteger, el Congreso permitirá que avance el mecanismo automático?
Lo que el Congreso da, el Congreso puede quitar. Se dice que estos recortes automáticos deliberadamente inaceptables son incentivos para que ambas partes lleguen a un acuerdo. Tal vez, pero si el comité fracasa, ambas partes tienen un incentivo aún mayor para cancelar este gatillo. Y puede preverse que el comité se estancará. Ya hay discusiones sobre quiénes integrarán el panel.
Uno de los desacuerdos más importantes en la política fiscal estadounidense es sobre el papel que podrían tener potenciales incrementos en los impuestos. La mayoría de los republicanos celebran como una victoria el acuerdo, y los demócratas lamentan una aplastante derrota porque no hay aumentos impositivos en el plan. Pero este tema vital no está decidido, se lo evadió. La Casa Blanca dice que el acuerdo mejora las chances de aumentarle los impuestos a “millonarios y multimillonarios” a partir de 2013. Los republicanos dicen lo contrario. Ninguno de los dos presta seria atención a lo que se necesita, que es una amplia reforma impositiva.
Las dificultades de los últimos meses han evitado lo que podría haber sido el mayor error no forzado en la historia de la política económica. Felicitaciones. Pero no han decidido nada y han preparado el terreno para más de lo mismo. FT
 
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