Cuando un despiste de 250 dólares puede costar miles de millones

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La historia empieza en 2019, cuando la oficina de patentes de Canadá notificó a Novo Nordisk que no había recibido el pago anual de 250 dólares para mantener viva una de sus patentes clave: la de semaglutida, el principio activo de su superventas Ozempic. Se ofrecía una segunda oportunidad: pagar 450 dólares. Pero la farmacéutica no lo hizo. Y en 2020, la patente caducó.

Lo curioso es que, aunque Ozempic sigue protegido en Canadá por una norma gubernamental que impide su copia hasta 2026, Novo había solicitado incluso un Certificado de Protección Complementaria (CSP) que habría prolongado la protección hasta 2028. El problema: ese CSP depende de la validez de la patente original, que ya no existe. En otras palabras, pidieron una extensión de algo que ya no estaba vigente.

¿Despiste administrativo? ¿Decisión estratégica para ahorrarse unos costes considerados prescindibles? Nadie lo sabe con certeza. Pero el impacto puede ser enorme. Empresas como Sandoz o Hikma ya están listas para lanzar versiones genéricas del fármaco en Canadá tan pronto como expire la exclusividad de datos. Y si estos genéricos logran entrar en Estados Unidos a través de canales como el programa de importación 804, podrían reventar el lucrativo mercado norteamericano antes de lo previsto.

No es la primera vez que pasa

Aunque parezca increíble, este tipo de errores no son tan raros. En 2015, la farmacéutica Pfizer perdió una patente en Reino Unido por no pagar a tiempo una tasa administrativa. En 2002, Merck dejó caducar accidentalmente la patente de su antiinflamatorio Vioxx en Australia, lo que permitió a los genéricos entrar antes de tiempo. Y en 2012, Bayer se enfrentó a la pérdida anticipada de la exclusividad de su anticoagulante Xarelto en la India por un tecnicismo en su solicitud de renovación.

Incluso más allá del mundo farmacéutico hay casos famosos. Apple, por ejemplo, tuvo que renegociar condiciones desfavorables en China por registrar tarde la marca “iPad”, y Tesla ha enfrentado batallas legales por no haber asegurado con suficiente antelación sus derechos sobre nombres comerciales en algunos países asiáticos.

Patentes: una carrera de fondo (y de papeleo)

El sistema de patentes es, en esencia, una gran carrera de obstáculos legales, administrativos y financieros. Cada patente cuesta dinero: no solo para registrarla, sino también para mantenerla activa año tras año, país por país. En mercados como el farmacéutico, donde una sola molécula puede generar decenas de miles de millones en ventas, el más mínimo descuido puede abrir la puerta a la competencia.

Es por eso que las grandes farmacéuticas suelen contar con departamentos enteros dedicados exclusivamente a la gestión de propiedad intelectual. Pero ni siquiera eso las libra del riesgo. Y ahí es donde la historia de Novo Nordisk se convierte en algo más que una simple anécdota: es un recordatorio de lo fácil que es cometer errores costosos en un entorno donde cada detalle cuenta.

¿Qué pasará ahora?

Por el momento, Novo mantiene sus ventas en Canadá gracias a la protección de datos hasta 2026, pero la llegada de los genéricos parece inevitable. Si estos logran abrirse paso también en el mercado estadounidense gracias a programas como el de Florida, el impacto puede ser mucho mayor. La historia completa está por escribirse, pero lo que ya es seguro es que un impago de 250 dólares puede acabar siendo uno de los errores más caros del año en la industria farmacéutica.