“Baby Shark” sale a la Bolsa

“Baby Shark” sale a la Bolsa 1

“Baby Shark, doo doo doo doo doo doo”. Si alguna vez has estado cerca de un niño menor de 7 años, lo más probable es que esa melodía se haya colado en tu cabeza sin pedir permiso. Lo que comenzó como una inocente canción infantil se convirtió en el vídeo más visto de la historia de YouTube, y ahora busca dar el salto al mundo bursátil. Pinkfong, la compañía surcoreana detrás del fenómeno global, quiere aprovechar su popularidad para salir a Bolsa en Corea del Sur. Pero, ¿puede una canción viral convertirse en un negocio sostenible a largo plazo?

De YouTube al parqué: Pinkfong prepara su salida a Bolsa en Corea del Sur

Con más de 16.000 millones de reproducciones en YouTube, Baby Shark no solo es un fenómeno cultural, sino también un ejemplo de cómo los contenidos digitales pueden transformarse en máquinas de generar ingresos. Ahora, la empresa responsable de este éxito, Pinkfong Company, quiere trasladar ese capital simbólico al financiero. Esta semana anunció que saldrá a cotización en el índice Kosdaq, el mercado de valores tecnológico de Corea del Sur, mediante una oferta pública de venta (OPV) con la que espera recaudar hasta 76.000 millones de wones, unos 46,6 millones de euros.

La empresa planea emitir cerca de dos millones de acciones con un precio estimado de entre 32.000 y 38.000 wones por título (entre 19,5 y 23,3 euros). De acuerdo con los cálculos de Bloomberg, la operación situaría la valoración de la compañía en torno a los 340 millones de euros. El calendario establece que la colocación de acciones tendrá lugar entre el 28 de octubre y el 3 de noviembre, y el precio final se fijará el 5 de noviembre.

¿Quién está detrás de Pinkfong?

La empresa fue cofundada por Kim Min-seok, actual mayor accionista con más del 18% del capital, seguido de Samsung Publishing, que posee aproximadamente un 17%. Pinkfong nació como una firma de entretenimiento educativo, enfocada principalmente al público infantil, con un catálogo de canciones animadas, aplicaciones móviles y libros ilustrados.

Sin embargo, aunque Baby Shark se convirtió en un fenómeno viral planetario, la compañía ha tenido dificultades para replicar su éxito. Otros vídeos como Penguin Dance, con 125 millones de visualizaciones, han tenido un impacto notable pero muy por debajo del tiburón bailarín.

¿Vale lo mismo una viralidad que una empresa?

La gran incógnita de esta salida a Bolsa es si Pinkfong podrá convertir su fama en un modelo de negocio rentable y sostenible. Muchos inversores ven con cautela a las compañías cuyo valor depende casi exclusivamente de un único producto viral. Aunque Baby Shark ha generado ingresos por licencias, juguetes, espectáculos en vivo y series de televisión, sigue siendo un fenómeno difícil de replicar.

Por otro lado, salir a cotizar en el Kosdaq, un mercado orientado a empresas de menor capitalización, permite a Pinkfong acceder a financiación sin estar expuesta al mismo escrutinio que las grandes tecnológicas. Aun así, el reto es mayúsculo: demostrar que hay vida más allá del tiburón.