El Lunes la bolsa sueca (el índice  Stockholm OMX 30) cayó de repente un 8%, llevándose por delante a otros índices europeos como los de Dinamarca, Noruega, Alemania, Italia y Francia. De repente se esfumaron 300.000 millones de capitalización (aunque posteriormente se recuperaron).

El movimiento se produjo al comienzo de la semana en la que se espera la subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal de EE.UU y en medio de la preocupación de que un endurecimiento demasiado agresivo de la política podría ralentizar la economía mundial, que ya está luchando contra la alta inflación.

No obstante era un día medio festivo en toda Europa y no había pasado nada nuevo que explicase ese bajón. Es verdad que los mercados están muy nerviosos y cualquier noticia que venga de Rusia puede tumbar los mercados pero no había pasado nada.

Como siempre sucede en estos casos, los algoritmos eran los principales sospechosos así la autoridad sueca de supervisión financiera se puso a investigar el inexplicable desplome y se puso en contacto con el operador estadounidense Nasdaq, que gestiona Estocolmo y otros mercados bursátiles de la región nórdica. Nasdaq se apresuró a descartar un error en sus sistemas.

«Actualmente no vemos nada que indique errores en los propios sistemas de Nasdaq», dijo un portavoz de la bolsa en un correo electrónico a primera hora del día.

La repentina caída de las acciones europeas impulsada por un breve desplome de los mercados nórdicos fue causada por una sola operación de orden de venta de un broker de Citigroup Inc que se equivocó. Es lo que llaman un «Fat finger» o básicamente «una gran cagada» el problema es que los mercados están tan automatizados que cualquier evento puede causar una reacción en cadena, los algoritmos detectaron órdenes masivas de venta y discrepancias en los precios y operaron automáticamente sin analizar el por qué de esas discrepancias.

Por ejemplo, Inditex bajó con fuerza en la bolsa española porque su principal competidora, la sueca H&M había bajado por culpa de ese «fat finger» y por tanto la empresa de Amancio Ortega se había vuelto de repente cara.

Los «fat fingers» son bastante frecuentes en los mercados, lamentablemente si ocurre en un día de poco volumen o son muy muy grandes, pueden provocar un tsunami que se lleve por delante los mercados.