Dice un provervio árabe que «La primera vez que me engañes será culpa tuya, la segunda vez la culpa será mía» y es verdad que una vez que te han pillado es mucho más difícil que te vuelvan a pillar otra vez.

Pero hay gente que su trabajo consiste en engañar y que es muy buena en ello, tanto como para hacerlo a gente engañada.

Por ejemplo tenemos los chiringuitos financieros, de los que tanto suele alertar la CNMV y así los describe en una interesante guía informativa que tienen.

El término «chiringuito financiero» define de manera informal a aquellas entidades que ofrecen y prestan servicios de inversión sin estar autorizadas para hacerlo. Son peligrosos porque en la mayoría de los casos la aparente prestación de tales servicios es sólo una tapadera para apropiarse del capital de sus víctimas, haciéndoles creer que están realizando una inversión de alta rentabilidad. Es importante tener claro que los elevados rendimientos que ofrecen suelen ser demasiado buenos para ser ciertos: sólo son el cebo con el que consiguen que los inversores menos informados o más confiados les entreguen sus ahorros. Cuando no pueden justificar las pérdidas, simplemente desaparecen o cambian de nombre. Es decir, no se trata de entidades más o menos solventes o con mayores o menores habilidades en la gestión financiera. Sencillamente, son estafadores.

No existe un tipo concreto de víctima ya que a menudo se trata de estafas muy elaboradas y con apariencia de credibilidad en las que puede caer cualquiera: pequeños empresarios, particulares con cierto nivel de ahorro, profesionales liberales, etc. Es fácil resultar vulnerable ante las promesas de enriquecimiento rápido y sin riesgo de los chiringuitos financieros, que por muy bien construidas que estén siempre son falsas.

En definitiva, confiar en un chiringuito es una forma segura de perder el capital, ya que no es posible recurrir a ninguno de los mecanismos de protección del inversor previstos en las disposiciones legales.

Pero lamentablemente la gente cae, porque son muy bueno en su trabajo, en timar a la gente y quedarse con ese dinero.

Y te puede ocurrir a ti o a mí. Algunos son demasiado obvios pero otros son más complejos y se pueden realizar a través de estafas piramidales o producto de inversiones poco comunes pero muy atractivos. Se me viene a la cabeza, por ejemplo, invertir en sellos.

Además utilizan muchas técnicas de persuasión, una de mis favoritas es el de las previsiones acertadas.

Una técnica bastante simple pero muy efectiva consiste en realizar un número elevado de llamadas. En ellas la entidad se limita a presentarse, sin solicitar dinero ni compromiso alguno. Para demostrar su conocimiento de los mercados financieros, en la mitad de las llamadas afirman estar seguros de la subida de un determinado valor. En otro grupo de llamadas «predicen» la bajada del mismo valor. En los días siguientes repiten el procedimiento, pero sólo con el grupo a quien se realizó la predicción acertada. Al cabo de varios días quedarán unos cuantos clientes, convencidos de la infalibilidad de una empresa que ha acertado todos sus pronósticos durante varios días consecutivos, y por tanto dispuestos a entregarles sus ahorros.

Así que ponte en el lugar de alguien que ha tenido la mala suerte de caer en las redes de un chiringuito financiero y lo ha perdido todo. ¿Qué buscas en ese momento? Probablemente justicia y que te devuelvan el dinero.

Afortunadamente existen empresas dedicadas a eso y logras contactar con una plataforma de afectados que te ayudarán a que se imparta justicia y a que te devuelvan el dinero. Son las «Recovery room». Y aquí es donde, como en las buenas películas, viene un giro de guion y es que muchas veces estas empresas provienen del chiringuito financiero que realizó el fraude inicial y su intención es timar de nuevo a sus clientes. Piden dinero por adelantado para realizar las gestiones de recuperación en concepto de pago de impuestos, honorarios o pólizas de seguros y finalmente se quedan con él.

La CNMV ha alertado también de este tipo de empresas lo que pasa es que como no son entidades financieras no tienen que estar sometidas a su regulación, así que son más difíciles de detectar.