Inicio Ocio Loquillo celebra uno de los primeros grandes conciertos tras la crisis sanitaria

Loquillo celebra uno de los primeros grandes conciertos tras la crisis sanitaria

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El rock no puede volver de cualquier manera. El rock no es cualquier cosa. Si vamos a abrir el garito, vamos a abrirlo bien. A lo grande. Más o menos pues, para empezar, de 17.000 pasamos a 1.700 personas de aforo, Boletín Oficial del Estado mediante. Poco rock hay ahí, pero es lo que hay y el best seller más leído de lo que llevamos de año.

Cierto es que Loquillo lleva lustros definiéndose a sí mismo como rock español, de manera que parece propicio concederle la reapertura del WiZink Center cuatro meses después. Isabel Pantoja y Camela tuvieron el dudoso honor de actuar en el recinto capitalino justo antes del cierre obligado, y ahora es el tupé perpetuo el que rompe con alicates las cadenas que nos alejaban de todas las noches allí dentro vividas.

En sentido figurado, se entiende, pero es una imagen potente y fácil de pillar: el catalán que devuelve el rock a su sitio en Madrid. Es un mensaje de apertura, de concordia, del basta ya de peleas políticas en Twitter. “Soy un barcelonés que ama esta ciudad”, clamó José María Sanz, esto es, Loquillo, quien a sus 59 años pensaba que lo había visto casi todo.

Lo que no había visto era un pabellón de semejante envergadura con tantas butacas azules, tanto cemento bajo sus pies. Acostumbrado a ver miles de cabezas, miles de manitas alzadas, no era esta la mejor de las perspectivas. Y tratando de hablar claro desde el principio, arrancó con ‘En las calles de Madrid’.

Para entonces, el gentío estaba ordenadamente acomodado tras una entrada pacífica y cuidadosa. Con todas las puertas del pabellón abiertas, cada cual entró sin prisa pero sin pausa, se lavó las manos, compró algo en el bar y se fue para su sitio. Alguien recriminó a alguien que no se pusiera la mascarilla todo el tiempo, pero fue algo inevitablemente pasajero.

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