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Las empresas zoombies y la política monetaria laxa

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Entre las muchas cosas que vienen a la mente cuando se piensa en la última década, ya sea Bitcoin, FAANGs, acciones, tipos de interés negativas, ETFs o vehículos eléctricos, las empresas zombis son peculiarmente poco mencionados. Y sin embargo, han prosperado después de la crisis financiera. No hablamos del género cinematográfico, que ha pasado de un nicho subterráneo a la corriente principal, sino de compañías que sobreviven gracias a una deuda barata pero que no lo lograrían si los halcones monetarios del mundo se salieran con la suya.

El dinero fácil ayuda a mantener vivos algunos negocios que de otra manera se habrían cerrado. Estas empresas se definen como incapaces de cubrir el coste del de sus deudas con los beneficios operativos durante un período prolongado y tienen perspectivas de crecimiento limitadas. En la actualidad representan alrededor del 6% de las acciones no financieras que cotizan en bolsa en las economías avanzadas, según el Banco de Pagos Internacionales.

Y la proporción de empresas estadounidenses de pequeña capitalización sin ganancias se situó en el 32% a finales de mayo, igualando el nivel más alto desde la Crisis Financiera Mundial, según muestran los datos de Leuthold Weeden Capital Management.

Vamos a más. En el gráfico de la semana, DWS muestra cómo los beneficios globales han aumentado de la mano de las empresas que registran pérdidas en Estados Unidos. Lo notable es que el número de empresas con pérdidas en las dos crisis anteriores solo alcanzó un breve pico, pero ahora se ha mantenido en un nivel bastante alto, casi de crisis, desde 2015.

En otras palabras, las políticas lazas nos han llevado a un mercado amplio de empresas zoombies que ante una subida de tipos llevaría a arrastrarlas a la quiebra.

Europa vive una realidad enajenada.  Italia vio como la rentabilidad de sus bonos a dos años se deslizaba hacia un territorio negativo a principios de este mes y la rentabilidad de los bonos a 10 años se ha reducido a la mitad desde más del 3% a principios de este año. Aunque los riesgos políticos han disminuido en ambos países, todavía conllevan una enorme carga de deuda que ha asustado a los inversores en el pasado, como se vio en un pico en las rentabilidades italianas en mayo del año pasado cuando la liquidez se evaporó.

Incluso algunos bonos basura se negocian ahora a niveles en los que los inversores tienen que pagar por el privilegio de tenerlos. El número de estos valores denominados en euros y que se negocian con una rentabilidad negativa se sitúa ahora en 12, según los datos recopilados por Bloomberg. A principios de año no había ninguno.

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