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El riesgo de estancamiento sostenido en Europa

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Con los niveles de deuda pública y privada elevados, el rápido envejecimiento de la población y la evidencia de que las expectativas de inflación se están anclando en niveles deprimidos, creemos que Europa podría ser propensa a un efecto de japonización, esencialmente un estado de estancamiento a largo plazo.

Es más, la frágil economía de la eurozona y la unidad poco entusiasta sugieren que la unión monetaria podría ser más vulnerable a las perturbaciones que otras áreas económicas. Veamos cómo cada una de las fuerzas perturbadoras que podrían amenazar a la eurozona y si los inversores todavía pueden encontrar oportunidades en la región

La desaceleración económica de China y el aumento de las tensiones comerciales mundiales son especialmente perjudiciales para la zona euro. Su superávit en cuenta corriente de alrededor del 3% del producto interior bruto (PIB) lo hace altamente expuesto al ciclo comercial mundial. Esto es especialmente cierto en Alemania, la mayor economía de Europa, que tiene un superávit en cuenta corriente de más del 7% del PIB, uno de los más altos del mundo.

Las exportaciones extra-europeas constituyen alrededor del 28% del PIB total de la zona euro, superando con creces las cifras del 12% y el 20% de los Estados Unidos y China, respectivamente. En 2018, China era el tercer destino de exportación de bienes de la zona euro y la mayor fuente de importaciones de bienes en Europa, según la agencia de datos Eurostat de la Unión Europea (UE).

Es cierto que la mayoría de los partidos populistas han reducido recientemente su retórica antieuropea, pero el desprecio por las instituciones de la UE forma parte del ADN de la mayoría de estos partidos. Estas partes podrían resucitar una actitud más antagónica hacia la UE y la unión monetaria si la región se viera afectada por una crisis económica. La proliferación de partidos más extremistas ya ha aumentado la fragmentación política en países como España e Italia, lo que ha provocado dificultades en la formación del gobierno, inestabilidad política y el desafío de cuadrar las políticas populistas que compiten entre sí.

Por otra parte, la población en edad de trabajar de la eurozona, ahora estancada, parece estar a punto de contraerse en la próxima década, según la ONU. La tasa de dependencia de las personas mayores (el número de personas mayores de 65 años como porcentaje de la población en edad de trabajar de 15 a 64 años) se sitúa ligeramente por encima del 30 %, y parece que superará el 40%, según las proyecciones de la Comisión Europea. Entre las principales regiones, la eurozona es la segunda después de Japón en términos de la rapidez con la que la población está envejeciendo.

Esto presenta muchos desafíos. En primer lugar, a menos personas en edad de trabajar les puede resultar más difícil financiar a un número cada vez mayor de jubilados; y en segundo lugar, las poblaciones que envejecen tienden a ahorrar más y a consumir menos, lo que alimenta el ya de por sí importante exceso de ahorros en la región. El aumento del ahorro, entre otros factores, ha contribuido a reducir el rendimiento de los bonos, lo que supone un obstáculo para muchos planes de pensiones, ya que no ganan el interés suficiente para cumplir con sus obligaciones futuras.

Y también tenemos la tecnología… En Europa, que en su día fue el hogar de empresas líderes en tecnología, ha perdido terreno frente a Estados Unidos y China, donde los gigantes de la tecnología han crecido de forma exponencial. El crecimiento de la inversión ha quedado rezagado en la Eurozona y el crecimiento de la productividad, ligeramente inferior al 1% anual durante la última década, ha permanecido moderado. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los 28 países de la Unión Europea gastaron el 2% del PIB en investigación y desarrollo, por debajo del 2,8% de Estados Unidos, del 3,2% de Japón y ligeramente por debajo del 2,1% de China.

En último lugar, la tasa de interés del Banco Central Europeo (BCE), las rentabilidades alemanas a 10 años, y ahora incluso las rentabilidades de los bonos federales a 30 años, son negativas, muy por debajo del nivel de sus equivalentes en los Estados Unidos, el Reino Unido e incluso por debajo del de Japón. Los rendimientos negativos han empujado a los inversores a buscar rendimientos, pero no han logrado elevar el crecimiento o la inflación de manera sostenida.

 

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