Otros - 7 febrero 2019

De ser una de las modelos más importantes del mundo a dormir en un cajero en Barcelona

De ser una de las modelos más importantes del mundo a dormir en un cajero en Barcelona

Es algo que solemos ver mucho en algunas grandes celebrities, especialmente en deportistas que pasan de ganar millones a dormir en la calle (en la NBA hay innumerables casos, como el de Antoine Walker que perdió 108 millones) pero pocas veces lo habíamos visto en nuestro país.

El último caso mediático ha sido el de  Nastasia Urbano, de 57 años, nacida en Suiza, aunque su carrera la comenzó en Barcelona, la ciudad de sus padres, donde conoció al fotógrafo Fabrizio Ferri, con quien alcanzó la fama que le permitió trabajar para marcas de primer nivel mundial.

Viajaba por toda Europa por trabajo, me llamaban de Londres para hacer fotos de catálogo, luego iba a París, me iba muy bien. Era muy apreciada. Entonces, me fui a Nueva York, porque en el mundo del modelaje, una vez hecho Europa, vas a Nueva York a probar, recuerda en una entrevista con El Periódico.

Creo que fui la primera chica que firmó un contrato multimillonario por anunciar ropa. Me daban un millón de dólares al año por 20 días de trabajo, eso durante tres o cuatro años. Esas cantidades de dinero en esa época solo las ganabas cuando hacías productos de belleza», agrega la mujer, que fue portada de Vogue, rostro del perfume Opium de Yves Saint Laurent y de Revlon, y que asegura que en esa época fue «amada por todos».

Yo cenaba un día con Jack Nicholson, otro día con Andy Warhol. O con Roman Polansky, o con Harrison Ford. Estuve en fiestas con Melanie Griffith, con Don Johnson, con Simon y Garfunkel

Pero un día todo cambió y el lujo se fué, ella lo atribuye a su matrimonio, que duró siete años, en los que destinó sus ahorros «de forma ciega» a los proyectos de su esposo. «Al segundo día de conocerlo quiso que le comprara un BMW y yo, como una tonta, le hice el cheque. Estaba enamorada», reconoce.

Con el paso de los años perdió todo y ahora no tiene dinero ni siquiera para pagar un alquiler, por lo que ha sido desahuciada hasta tres veces. «Si tenía para pagar el piso, no tenía para comer o no podía pagar la luz o el agua», comenta la exmodelo, que cuando no duerme en casas de amigos, deambula por las calles de Barcelona con su «carrito», sus «cuatro cosas» y pasa las noches en los vestíbulos de los bancos.

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Hay más hombres durmiendo en la calle que mujeres dejen ya sus cuentos propaganda feminista, que aburre ya.

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