6 noviembre 2018 - Blog del Euribor
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6 de noviembre de 2018

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El desgaste económico y social de Europa

Cuando estalló la crisis griega, a consecuencia de la mundial que hizo temblar las economías de medio mundo, las directrices políticas y económicas de Europa, marcadas por el espíritu de austeridad impuesto por Alemania, llevaron a un extremo tal al país heleno, que en las primeras elecciones que hubo tras el estallido de la crisis, los griegos auparon al poder a un partido de izquierdas y antiausteridad. Muchos temían (mientras otros esperaban) que Alexis Tsipras llevara a cabo una especie de rebelión contra la hegemonía de Berlín. Y muchos se preguntaban si los ataques, a priori condenados al fracaso, por parte de Grecia contra la austeridad, acabarían con la resistencia a la medicina del “austericidio” propiciada por Berlín.

Sin embargo, la cuestión demostró ser mucho más complicada. Ya que el Gobierno de Syriza libró una batalla solitaria y mal organizada -carente de claridad estratégica y de habilidad política- contra Berlín, Fráncfort y Bruselas. La izquierda ganadora de las elecciones, perdió y se rindió, en la esperanza de que se le perdonara parte de la deuda a cambio de cumplir totalmente con las condiciones del nuevo acuerdo con sus acreedores.

En el resto de Europa, la crisis de los refugiados y los ataques terroristas ensombrecieron la crisis económica. En el norte -Finlandia, Dinamarca y Polonia- las elecciones favorecieron justo a lo opuesto de la izquierda radical griega: el crecimiento de los partidos nacionalistas, euroescépticos, xenófobos y de derecha. En Francia, el Frente Nacional ganaba terreno en las elecciones regionales de Francia. En Portugal, también intervenido por Bruselas, un Gobierno del Partido Socialista, respaldado por otros dos partidos de izquierda, prometían acabar con la austeridad. En cuanto a Gran Bretaña, mejor ni hablar.

El caso es que las instituciones, el espíritu de la Unión Europea, la idea misma de una Europa unida, están siendo atacados desde dos frentes, ideológicamente opuestos, pero con un mismo objetivo. Mientras en el sur de Europa tiene lugar un movimiento de izquierda antiausteridad que está en contra de la corrupción y de las deficiencias de las élites políticas y que se la tiene jurada a la doctrina económica que dicta Bruselas, en el norte el poder está en manos de la derecha, que se ve alimentada por fuertes sentimientos antinmigración y que desafía no solo a las políticas económicas de la Unión Europea, sino a la Unión en sí misma.

El último golpe a la Unión Europea proviene de Italia. El bicéfalo gobierno italiano, compuesto por una extraña coalición de ultraderecha y ultraizquierda mantiene su órdago, buscando la aprobación de unos presupuestos que reflejan un 2,4% de déficit, triplicando lo propuesto por el anterior Ejecutivo y en las antípodas del ajuste estructural que necesita Italia. Ante el toque de atención de Bruselas, la respuesta del vicepresidente italiano Matteo Salvini: “Bruselas puede estar mandando cartitas hasta Navidad”, pero su gobierno no va a ceder, esos son los presupuestos que, en opinión de ellos, necesita el país transalpino.

Son unas cuentas imposibles que no contemplan los gravísimos desajustes acumulados, con la mayor deuda de la UE junto a Grecia y Portugal -más del 130% sobre el PIB- y un déficit ininterrumpido desde hace un cuarto de siglo. Salvini y Di Maio han lanzado su pulso a Bruselas instalados en el chantaje que representa la velada amenaza de un todavía improbable Italexit -siguiendo los pasos de Londres- que sería letal para la Unión.

Está claro que este choque por los presupuestos se acabará resolviendo, aunque sea en el tiempo de descuento, entre otras cosas porque la situación económica de Italia no se puede permitir abandonar el auxilio de la bombona de oxígeno comunitaria. Ambas partes se acabarán concediendo una salida honrosa para lavar la cara, pero el daño estará hecho. El espíritu de separación se habrá alimentado por el empeño en retratar a la UE como una suerte de “enemigo” que no hace sino “torpedear” la recuperación de Italia, de ahí que Salvini apele regularmente a su eslogan electoral “Primero los italianos” inspirado en el ínclito Donald Trump.

Lo que está claro es que los ataques a la Unión Europea se van a seguir sucediendo mientras ésta sólo se limite a mantener el statu quo actual que beneficia, por encima de todo, al eje Francia- Alemania. La falta de unos avances significativos en la idea de la Unión, provocará la separación efectiva y el enfrentamiento.

Así, la creación de una unión fiscal que dotase de contenido a las políticas económicas europeas sería una medida que permitiría de forma efectiva, apoyar a los países en crisis. Por otro lado, la creación de un sistema europeo de garantía de depósitos, constituiría el tercer pilar de la unión bancaria, aunque esta medida continúa bloqueada porque implicaría una mutualización de riesgos a la que se niegan los nórdicos. Lo único en lo que se está de acuerdo en adoptar es la creación de un Fondo Monetario Europeo, que en la práctica sería poco más que cambiarle el nombre al actual fondo de rescate de la UE (MEDE).

Escrito por Manuel González el 6 de noviembre de 2018 con 0 comentarios
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