Todos los años Oxfam sacude a la opinión pública con su informe alertando de la pobreza y desigualdad. El último se dio a conocer hace pocos días (Una economía para el 99%) y como siempre ha tenido una repercusión bastante mediática debido a que proporcionaba titulares tan llamativos como que «Amancio Ortega, su hija Sandra y Juan Roig poseen la misma riqueza que el 30% más pobre».

El problema es que el informe cuenta verdades a medias, algo que muchos medios ya han contado. Kiko Llaneras, lo comentó perfectamente en El País con cinco puntos, entre los que destaco el último.

Hay que distinguir tres formas de medir la riqueza: el patrimonio, la renta y el consumo. Lo explicó bien el economistas experto en desigualdad, Branko Milanovic (en inglés). Son tres dimensiones que aportan información distinta sobre un mismo fenómeno: el bienestar economico. Ninguna de las tres es la métrica definitiva para hablar de desigualdad o pobreza. El patrimonio es útil para mirar a los muy ricos porque se traduce en poder. También señala a las personas más vulnerables de una sociedad, sobre todo en países sin estado del bienestar. En cambio, suelen usarse cifras de consumo para estudiar la pobreza extrema: ¿tiene una persona la posibilidad de gastar lo necesario para cubrir sus necesidades más básicas?

La desigualdad suele estudiarse con datos de renta además de patrimonio, con resultados complementarios. Un ejemplo lo encontramos en España. El reparto de patrimonios es menos desigual en España (68 puntos de índice Gini según Credit Suisse) que en otros países como Francia (72), Alemania (79), Noruega (80) o Suecia (83). Pero si miramos rentas, España aparece como uno de los países más desiguales de la Unión Europea.

Y es que según Oxfam, viven más pobres en Europa o Norteamérica que en China ya que para ellos un pobre es aquél con más deudas que activos. Esto lleva a que un niño con dos dólares en su bolsillo sea considerado más rico que 2.000 millones de personas, incluyendo entre los pobres a un estudiante que tiene que pedir un préstamo para hacer una carrera o al que tiene trabajo pero una hipoteca recien firmada.

La crisis ha acentuado la desigualdad, esto es un hecho. Y la desigualdad es mala, pero debemos mirar los datos en perspectiva y no solo centrándonos en las fechas que más nos convienen y con la metodología que nos interesa. En esta gráfica (más detalles aquí) podéis ver una comparativa entre 1820, 1970 y 2000. La curva muestra la distribución de los ingresos anuales, mostrando una evolución imparable de la igualdad.

Sobre desigualdad Droblo ha escrito bastante.

El mundo ha conseguido reducir la pobreza global a pesar del aumento poblacional y ha sido con un aumento de los ricos.

Esto no ha pasado porque seamos más bondadosos que hace medio siglo, por poner una fecha, sino por dos motivos: la globalización que ha ayudado a muchos países a reducir su miseria (China es el caso más evidente pero hay muchos más) y la ciencia (avances tecnológicos y médicos) que ha mejorado desde cosechas a la calidad de vida de la gente. Una prueba de que los humanos no somos mejores es que la desigualdad como problema se ha puesto de moda sólo porque ha empezado a aumentar en el mundo desarrollado, en el que nos afecta… cuando no es ahí donde radica la gravedad de este asunto.

No me cabe la menor duda de que las intenciones de Oxfam Intermón son buenas pero para llegar a nuestra conciencia no es necesario torturar los datos ni engañar a la gente. Estamos mal, pero hemos avanzado mucho hacia la igualdad y el que en ese camino haya alguno que se haga rico no tiene por qué ser malo.

Para terminar os dejo una gráfica con el número de personas viviendo en la pobreza absoluta (en rojo) desde 1820.En un momento en el que nos cuestionamos el sistema no está de más mirar los avances que hemos logrado en este último siglo.