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Baterías de móvil: ¿por qué duran tan poco?

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low-bateryProcesadores octa-core, cámaras con sensores de más de 20 MP, pantallas con resoluciones increíbles… Los smartphones viven una innovación constante enfocada a seguir obnubilando al usuario. Un mismo móvil no puede durar en nuestro bolsillo más de un año porque ya está “anticuado”.

Pero mientras los diseñadores siguen evolucionando casi todas las facetas de un móvil hay una que se mantiene aparentemente estancada: la batería. Duran poco y no parece que en los últimos años hayamos presenciado un gran avance en este ámbito. No solo en lo smartphones, sucede lo mismo con el resto de dispositivos móviles y otros productos del sector de la tecnología de consumo.

“La industria de las baterías es muy conservadora. Seguimos utilizando tecnologías casi obsoletas en las baterías, como el ácido de plomo; los avances tecnológicos son fascinantes pero hay que ser realistas, esta industria funciona con pequeñas innovaciones y procesos lentos”.

Son declaraciones recientes de Tim Probert, editor de Energy Storage, para la BBC. ¿Qué impide a la industria de la tecnología de consumo dar pasos más exitosos en este campo? Podríamos especular, pero mejor lo resumimos: o no saben o no quieren.

Es evidente que las baterías evolucionan a un ritmo inferior a los smartphones y no han podido adaptarse a los cambios abruptos en esta área. Los móviles con cada vez más finos y precisan baterías más pequeñas. Además los procesadores son más potentes y el resto de especificaciones gastan más que hace años. La batería no está capacitada para ofrecer una gran duración en un dispositivo tan exigente.

Y el grado de uso del móvil ha crecido exponencialmente. Por ejemplo, si en un viaje de unas 6 horas vamos a usar el móvil constantemente se agotará la batería.

Las baterías del futuro

Algunos expertos ya han aseverado que las baterías de litio han alcanzado su techo tecnológico. Por mucho que evolucionen ya no van ofrecer avances significativos. Es el momento de estudiar otras tecnologías.

Por otro lado, las baterías actuales se calientan, se degradan y son inflamables. O sea, peligrosas. Se investigan otros materiales y elementos como el grafeno, el kevlar, el oxígeno, magnesio, etc. Pero por el momento, no tenemos constancia de que estas tecnologías vayan a llegar a corto plazo a la electrónica de consumo.

Parece más realista el avance en la carga inalámbrica. Es decir, la batería no cambia, lo hace el sistema de carga.

“Pensad en el cargador como si fuera un router y el receptor un botón de la batería.
Este envía una señal al cargador, que a su vez envía una señal procedente de sus miles de antenas, que van directamente al receptor. Así, el receptor rastrea el aparato constantemente”.

Esta es la solución que propone Hatem Zeine, de la firma Ossia. La energía inalámbrica que supone no tener que conectar el aparato directamente a la red eléctrica ya se está probando en algunos smartphones como el Galaxy S6.

En este sentido también se trabaja en reducir los tiempos de carga con innumerables tecnologías que, al igual que la famosas baterías de grafeno que iban a solucionar el mundo tampoco terminan de cristalizar.

Y paralelamente, Samsung ha presentado un prototipo de batería flexible encaminada a ocupar los smartphones flexibles del futuro. LG y sus rivales surcoreanos son las empresas pioneras en este ámbito. Pero volvemos a lo mismo: se topan con el problema de la batería. Estas flexibles de Samsung puede ser una solución a largo plazo, pero su capacidad es, de momento, mínima (unos 200 miliamperios cuando un smartphone de gama alta supera los 3000).

Así las cosas, todo indica a que a corto plazo nuestra vida seguirá encadenada a los cargadores tradicionales mientras maldecimos lo poco que dura la batería.

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