Noticias - 19 septiembre 2015

La oxidación del dinero

¿Qué pasaría si el dinero fuera perecedero como le ocurre a los alimentos? Esta cuestión ha sido debatida por algunos economistas a lo largo de la historia con un único objetivo: evitar que se atesore el dinero.

«Solamente si el dinero queda anticuado como un periódico, se pudre como las patatas, se evapora como éter, será capaz de pasar la prueba y ser un instrumento para el intercambio de las patatas, del periódico y del éter», argumentó el economista argentino, Silvio Hessel, firme defensor de la caducidad del dinero.

Para este autor, las crisis económicas causadas por el atesoramiento del dinero. El ahorro restaba liquidez al circuito económico y con ello, la velocidad de circulación de la moneda era menor. Por este motivo Hessel sostenía firmemente la necesidad de establecer un impuesto para todo aquel que «guardase dinero en el bolsillo».

La tasa de oxidación o envejecimiento del dinero pretendía ser una medida con la que favorecer el desarrollo económico; pues además de incrementar la velocidad de circulación de los pagos reduciría la tasa de interés en el largo plazo.

Pero más allá de esta cuestión por aumentar la eficiencia del dinero, Hessel intentó dar un paso más en esta teoría. Según este economista, el dinero no podía clasificarse a la vez como medio de cambio y unidad de cuenta, pues su acumulación supone que se están realizando transacciones. Por ello, para superar la contradicción de estas funciones monetarias, debería imponerse una penalización al atesoramiento.

En opinión de Hessel, la crisis se encontraba en la esfera de la circulación y no en la de la producción. «El dinero debe ser la llave para abrir las puertas del mercado, no el perno para cerrarlas», sostenía el economista.

El mecanismo para ‘oxidar’ el dinero de forma artificial consistiría en desvalorizar el dinero un 0,5% mensual, de tal manera que el impuesto quedase gravado automáticamente.

«Del mismo modo en que el Estado insiste en que nadie debe interrumpir el tráfico en la calle (…) también debe insistir que nadie interrumpirá o retrase el intercambio reteniendo el dinero» apostilla Hessel.

EL WÖRGL EN ALEMANIA

Durante el ‘crack’ del 29, en Wörgl, una pequeña localidad austriaca, el alcalde decidió poner en marcha una moneda local que perdía el 1% de su valor nominal por mes. Para ello, el Ayuntamiento emitió 1.000 chelines. Tan solo tres días más tarde, las instituciones locales ya habían recuperado 5.100 chelines como pago de impuestos mororos.

Esta inyección de liquidez circuló dentro de la comunidad posibilitando las transacciones y los pagos a los morosos. Sin embargo, el Banco Nacional de Austria prohibió esta práctica en 1933.

De igual forma ocurrió con el resto de iniciativas que se implantaron en Europa inspiradas por el envejecimiento de dinero: fueron prohibidas por los poderes políticos. En el ámbito académico, también fue olvidada y como el propio nombre indica, esta teoría se oxidó.

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Me parece bien ese impuesto ya que solo afectaría a los ricos y a las clases altas porque el resto, de clase media hacia abajo, el 28 de cada mes en el mejor de los casos llegando algunos solo hasta el 15, tiramos de crédito si lo tenemos porque ya está la cuenta con los números en multicolor, depende del día que te has quedado sin ello.

Ese «impuesto» ya existe. Se llama inflación. Y no afecta sólo a los ricos.

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