Agosto se está caracterizando por un agravamiento de la crisis de la deuda –aunque en el caso español se haya aliviado algo gracias a BCE- y de los malos datos económicos globales que se han traducido también en un fuerte desplome bursátil –con sus violentos y generalmente engañosos rebotes puntuales- que, en el caso de las bolsas de los EUA, parece hasta lógico tras tocar en mayo máximos de 3 años a pesar de que ya entonces los riesgos sobre el crecimiento eran claros. Ha tardado algunas semanas más de lo esperado, pero ya avisamos reiteradamente que el fin de las inyecciones de liquidez de la FED (QE2) conducirían a ello. En cuanto a la violencia de los movimientos, que a pesar de su periodicidad siempre sorprenden, no dejan de ser normales y el analista B. Graham los explica así:

La mayoría de las acciones están sujetas a fluctuaciones de precios irracionales y excesivas en ambas direcciones como consecuencia de la tendencia arraigada de la mayoría de la gente a especular y/o jugar. . . para dar paso a la esperanza, el miedo y la codicia.

Y todas esas decisiones individuales, de inversores y gestores del dinero de otros, suman una tendencia global muy fuerte. Tampoco debemos olvidar la actual interconexión global. Por ejemplo, las 500 empresas del índice Standard & Poor’s obtienen el 20% de sus ingresos en Europa.

La pérdida de los 9000 del Ibex ha desencadenado los típicos comentarios –iguales a los de la pérdida de los 11 mil y los 10 mil- de que la bajada es excesiva, que si Telefónica da mucha rentabilidad por dividendo, que si esto no puede bajar más…en resumen, que la bolsa está barata. Pero claro, ¿barata respecto a qué? Todo es relativo, si en lugar de venir de 11 mil viniéramos de 7 mil no pensaríamos lo mismo. Hay muchas formas de valorar la bolsa, algunas con fórmulas muy complejas pero argumentos de peso hay tanto para considerar la bolsa española barata (por ejemplo si la comparamos con otras como la alemana o la norteamericana con la que hemos perdido mucho diferencial los últimos 20 meses) como para pensar que está cara ya que estamos muy por encima de cómo estábamos en febrero de 2009 y el país está peor, con más deuda, más paro y peor solvencia. E incluso eliminando los mínimos de 2009, quizás muy exagerados por el panorama ultranegativo que descontaban, lo cierto es que el Ibex –y el SP500 americano– está cotizando como en 2004, cuando el país disfrutaba de superávit presupuestario, tenía la mitad de deuda pública y tasa de paro y era considerado en los mercados igual de solvente que Alemania. Sí, las empresas que hoy componen el Ibex son más grandes y tienen más beneficio que las de entonces pero también más deuda y sus perspectivas son peores (a saber qué dividendos podrán ofrecer en el futuro), sobre todo teniendo en cuenta el peso del sector bancario en el índice, el más afectado por la crisis de deuda soberana. Se puede argumentar que al menos el Ibex debería cotizar la subida de la inflación desde 2004 pero contra eso, no sólo debemos tener en cuenta que probablemente los accionistas han recibido ya ese dinero vía dividendos, además podemos comparar el Ibex con el precio medio de la vivienda en España: ambos están en niveles de hace 7 años y sin embargo, la mayoría cree que la vivienda sigue estando cara…

El caso es que yo no sé si el Ibex está caro o barato porque eso supondría conocer el futuro pero hay algo que va más allá de todos los cálculos y comparaciones posibles: invertir en un país al que los grandes inversores internacionales le asignan –aunque sea injustamente- desde hace muchas semanas más de un 25% de posibilidades de caer en un impago antes de 5 años, es como mínimo una decisión arriesgada. Y por desgracia, eso mismo piensan los que deben comprarnos nuestra deuda pública, y los bancos que deben ofrecer créditos a particulares y empresas españolas… En resumen: hay miedo. Y contra el miedo no hay argumentos lógicos que valgan. Todo eso en un contexto en el que el fin de la QE2 (cuantas veces habré criticado ya la manipulación que supuso y el daño a la economía global que ha provocado) ha desinflado la burbuja de ciertos activos…entre ellos las bolsas de los EUA lo que ha generado un contagio bursátil global. Recordemos que la bolsa española bajó ya en 2010 cuando la norteamericana acumuló rentabilidades positivas de dos cifras.

Y aunque llevo años defendiendo –y desde 2010 cada vez lo piensa más gente- que la bolsa es mucho menos importante que el mercado de deuda, no hay que subestimar lo que supone este mini-crash: bajada de la confianza que se traducirá en menor consumo, problemas para los créditos avalados por acciones, empeoramiento de la financiación (menos mal que Bankia y B.Cívica no esperaron a salir a bolsa y ya han conseguido liquidez, gracias a ello no necesitarán recurrir al FROB) y un fuerte deterioro de los resultados de muchas entidades financieras que tienen, además de una cartera de renta variable, participaciones en cotizadas.

En cuanto a la economía, os animo a mirar la tabla que cierra el artículo de hoy, veréis cómo Europa no ha conseguido salvar aún a Grecia con poco más de 300 mil millones de deuda pública…y sin embargo hay quien piensa que es posible que lo haga con Italia y España, que suman 2.5 billones sólo de deuda pública (sin tener en cuenta la bancaria), más que la deuda que tiene Alemania. Ojalá la intervención de esta semana de BCE en los mercados haya sido algo puntual y necesario para frenar una serpiente de verano pero es evidente que otra cosa no puede ser: BCE no tiene –tampoco Europa- capacidad para resolver los problemas que podamos tener Italia y España para poder financiarnos a tipos competitivos…se podrá desanimar a los especuladores pero falta convencer a los inversores. La €zona necesita una reforma radical y BCE sólo puede poner parches. Mientras, la FED, tras casi 4 años de crisis, sigue con sus medidas radicales: tipos bajos y liquidez a la banca durante al menos dos años si la economía no crece lo esperado. Al contrario que al BCE, la inflación no parece importarle a la FED lo que significa que –como ya pasó con el QE2- a medio plazo nos salpicará ese efecto negativo…esperemos que para entonces el sucesor de Trichet no cometa el error de subir los tipos porque sube el precio del crudo como hizo éste en verano de 2008 y 2 veces en 2011.

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