La semana en los mercados

La semana en los mercados 2Algo que mucha gente no sabe es que casi todos los mapa-mundis tienen errores garrafales de proporción tanto por la dificultad de plasmar algo circular en un planisferio como por la falsa preponderancia del hemisferio norte, de este modo por ejemplo Groenlandia con poco más de 2 millones de kms. cuadrados aparece más grande que China que tiene 9.5 e incluso a veces que África que tiene 30.1. Podría pensarse que el motivo es que la proyección más utilizada es del siglo XVI (el Mercator ) pero precisamente por ello extraña que en tanto tiempo no haya habido suficiente interés por cambiar una proyección física del planeta que sitúa a la pequeña cuenca mediterránea como el centro del mundo. No es un tema baladí: en 1988 National Geographic pidió a 3.800 niños de 49 países que dibujaran el mapa del planeta: La mayoría de los chavales -africanos, asiáticos, americanos- colocaron a Europa en el centro del mapa-mundi. Pero a pesar de la cartografía, Europa y el concepto eurocentrista, está siendo relegado de la escena mundial y perdiendo poder político y económico. El G-20 que se está celebrando en Seúl es una prueba más de ello: prácticamente somos meros espectadores de los diferentes conflictos entre las divisas, tema principal de esta reunión:

  • El $ quiere debilitarse y sobre todo que el yuan se revalúe
  • El Yen quiere debilitarse y también insiste para que el yuan se revalúe
  • Brasil, la propia Corea del Sur y en general todos los emergentes quieren debilitar sus monedas y por supuesto también quieren que su principal competidor, China, revalúe la suya.
  • China no quiere variar el valor de su moneda y desea que el $ no se debilite más (por las enormes cantidades de activos denominados en esa moneda que posee)
  • La libra y el € no están especialmente preocupados por su valoración actual aunque también verían con buenos ojos que China revaluara su moneda para que sus productos fueran algo más caros.

En resumen: todos contra China, que tiene el mayor superávit comercial entre otras cosas porque es el que más barato puede vender, no sólo por lo reducido de sus costes laborales, también por la debilidad del yuan. ¿Cómo presionar a China? Quizás la respuesta esté en la Historia: Durante los decenios de 1950 y 1960, los europeos amasaron una cantidad enorme de activos del Tesoro norteamericano para intentar mantener unos tipos de cambio fijos, de forma muy parecida a lo que ha hecho China estos años. Durante el decenio de 1970, cuando los costos de la guerra de Vietnam y un repentino aumento de los precios del petróleo contribuyeron a un desastroso aumento de la inflación, toda esa inversión resultó ser nefasta. El plan de compras multimillonarias de activos de la FED  puede generar esa temida inflación que minusvaloraría la rentabilidad de toda la deuda norteamericana que posee China y que ya se está notando en los precios de las materias primas, algunas –como el crudo- que el país asiático necesita importar. Como el miedo a la inflación se hace extensible a todas las naciones todos están contra las últimas medidas de la FED, como resume muy bien la Comisión Europea: «los EEUU critican a China pero actúan exactamente igual’. Es decir, todos van a pedir explicaciones a China por no revaluar su moneda y a los EUA por la impresión de dinero sin respaldo. Pero aparte de la pataleta, ¿qué más pueden hacer?

El G-20 nació en 1999 como G-X, creado con el especial impulso de dos miembros del G-7, Alemania y Canadá, con el fin de evitar otra crisis financiera como la iniciada en Asia dos años antes. 11 años después, siguen buscando esa solución. Si analizamos los G-20 acaecidos durante esta crisis quizás sea exagerado el interés mediático que está despertando en esta ocasión: En noviembre de 2008, pocas semanas después del susto de Lehman Brothers, un Bush casi jubilado abrazó junto al resto de líderes mundiales la política del macrogasto público, juntó por primera vez en un foro económico a los líderes de los países avanzados con los mandatarios de China, India, Brasil y Rusia, los países en desarrollo más pujantes, y se habló de la “refundación del capitalismo”. La siguiente fue en abril de 2009 en Londres y el novato Obama inundó de optimismo la cita: más gasto público aún (“estímulos fiscales”), más representación en el Banco Mundial y el FMI para los países emergentes y lucha contra los paraísos fiscales. La siguiente fue en Pittsburgh (EUA) hace poco más de un año y apenas si se recuerda por unos vagos compromisos de reforma del sistema financiero aunque ya se empezó a citar el problema de los grandes superávits comerciales de China. Japón y Alemania y el de los grandes déficits públicos de la propia EUA, Reino Unido y España. De la de Toronto hace menos de 4 meses no hay nada que reseñar. Y en ésta probablemente se volverá a insistir en lo más evidente: el trasvase del poder económico hacia los países emergentes que ya se ha hecho patente en instituciones como el FMI y que parece inexorable.

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Buttonwood

¿Qué veis raro en esta foto de una tienda de brújulas?. Miradla atentamente.

Buttonwood 5

Si os fijáis bien, todas deberían señalar al Norte pero cada una lo hace para un lado. Una posible explicación de lo que ocurre es que las brújulas tienen campo magnético y podrían interferir entre ellas. Esto me recuerda, de alguna manera, a lo que ocurre actualmente con las divisas, cada una gira para el lado que quiere e interfieren entre si. Carecemos de un punto de referencia universal que nos indique el valor real de cada una, cual es el Norte.

El otro día, el presidente del Banco Mundial escribió en el Financial Times un artículo acerca de la necesidad de regresar al patrón oro como base de cambio de las monedas. La idea básica es tener un punto de referencia sobre el que valorar las monedas.

Intentando entender mejor la raiz de los problemas, me topé con un interesante artículo del «The Economist» de Mayo de 2009 (un pelín largo, pero muy didáctico), titulado Brettonwood. Esto es lo que nos cuenta.

Todos los sistemas monetarios y económicos consisten en una lucha entre los «prestados», que favorecen la inflación, y los «prestadores», que están dispuestos a mantener el poder adquisitivo de la divisa. En democracia, esto es una batalla fluida. Los prestadores (en adelante, para simplificar les llamaremos bancos) tienen el poder y, por lo tanto, la atención de la élite política; los prestados suelen tener los votos.

Los bancos han impuesto periódicamente anclas monetarias en un intento de vencer al lobby de los prestados. Estas anclas son ideales en tiempos prósperos pero presentan dificultades durante épocas de recesión. El patrón oro no sobrevivió a la depresión. Para las naciones con escasez de oro, lo «correcto» era aumentar los tipos de interés para volver a revalorizar el oro; la austeridad que ello impuso al resto de la economía fue políticamene inaceptable.

La era de Bretton Woods sustituyó al patrón oro por el patrón dólar (a pesar del teórico vínculo de la divisa americana a los lingotes). El sistema funcionó bien durante más de dos décadas, ayudado por el boom económico de la posguerra, especialmente en Alemania y Japón, que empezaron el período con tipos de cambio subvalorados. Se desmoronó porque América se negó a pagar el precio nacional de cargar con el peso del sistema.

Cuando Bretton Woods fracasó, no fue inmediatamente obvio lo que le iba a sustituir. Los países europeos, concretamente, mantuvieron el deseo de establecer tipos de cambio fijos. Sin embargo, prevalecieron finalmente los tipos fluctuantes, en especial, para las principales divisas respecto al dólar: el yen y el marco alemán.

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