Hace unos años publicaron en la revista Livescience los 10 mitos más populares sobre la ciencia, veamos cuáles eran:

1. El agua cae en sentido contrario en el Hemisferio Sur debido a la rotación de la Tierra

La rotación de la Tierra es demasiado débil como para afectar al sentido en el que gira el agua mientras cae en un sumidero. Cualquiera puede comprobarlo fácilmente con tan sólo abrir los grifos de varios cuartos de baño. En cada lugar verá como el agua forma remolinos a uno u otro lado dependiendo únicamente de la forma del lavabo, no del hemisferio donde se encuentre.

2. Los seres humanos solo usan un 10% del cerebro

Este difundidísimo mito lleva ya casi un siglo dando vueltas incluso en los medios. Afortunadamente no es cierto. Las técnicas de investigación por imágenes tales como la Resonancia Magnética Nuclear han demostrado que los humanos hacen buen uso de la corteza cerebral incluso cuando duermen.

3. Un pollo puede vivir sin cabeza

Cierto, y además durante bastante tiempo. Un gallo puede sobrevivir sin cabeza debido a que su tronco cerebral queda a menudo practicamente intacto tras degollarlo, puediendo aún controlar por si mismo la mayor parte de sus habilidades motoras. El famoso y robusto pollo Mike consiguió vivir durante 18 meses.

4. En el espacio no hay gravedad

La culpa de esta frecuente equivocación es por la imagen que tenemos de astronautas flotando dentro de una nave espacial. Cuando un objeto (un satélite, una lanzadera) se encuentra en órbita, no está en estado de ingravidez (puesto que la gravedad sí actúa) sino en estado de caída libre. Esto quiere decir que dicho objeto en realidad está cayendo hacia la Tierra, pero como su velocidad tangencial es tan alta, el suelo se “curva” más rápido, y por tanto el objeto nunca llega a tocar el suelo. La gravedad está en todas partes, incluso en el espacio. Tampoco es cierto que el espacio sea un vacío. Hay toda clase de átomos allí fuera, si bien a menudo muy distantes.

5. Una moneda lanzada desde lo alto de un edificio podría matar a una persona

Una moneda pequeña, como la de 5 céntimos de euro, no es precisamente el arma más aerodinámica que existe. Debido a su forma y a la fricción del viento tan sólo conseguiría alcanzar la velocidad suficiente (incluso siendo arrojada desde lo alto del Empire State Building a 381 metros) para apenas causar escozor al desafortunado peatón.

6. En el cerebro adulto no se generan nuevas células

Siempre se ha aceptado que cada humano nacía con un número determinado de neuronas que iba perdiendo a lo largo de la vida sin posibilidad de repuesto. Es cierto que la mayor parte (y más importante) del desarrollo del cerebro ocurre durante la infancia, pero eso no significa que todo sea cuesta abajo a partir de entonces. Los estudios han demostrado que incluso los más mayores son capaces de generar nuevas células cerebrales durante, y que éstas funcionan correctamente.

7. Los hombres piensan en sexo cada siete segundos

Los varones, en términos de evolución, vienen genéticamente programados para reproducirse, pero no existe método científico alguno para poder medir cuánto tiempo del día lo gastan fantaseando. Afortunadamente para la productividad mundial, esos siete segundos parecen sólo una burda exageración, ¿verdad?

8. Un rayo nunca cae dos veces en el mismo sitio

De hecho los relámpagos tienen sus lugares “predilectos”, especialmente en los sitios a gran altura. Por ejemplo al Empire State Building lo atinan unas 25 veces al año. Benjamin Franklin entendió el concepto hace mucho tiempo. Se encaramó con una barra de metal sobre el tejado de su casa, al que unió hasta tierra mediante un cable conductor. Acababa de inventar el pararrayos.

9. El caldo de pollo cura el resfriado común

Quizá usar la palabra “curar” sea exagerado, pero la ciencia opina que las madres de todo el mundo hacen bien cuando obligan a sus hijos a tomar sopa de caldo de pollo. Los estudios han encontrado que el caldo contiene propiedades antiinflamatorias que ayudan a reducir la congestión.

10. El cabello y las uñas siguen creciendo después de muerto

Aunque el pelo y las uñas parecen continuar creciendo después de la muerte, ésta es meramente una morbosa ilusión óptica. En la muerte el cuerpo humano se deshidrata severamente, retrayendo la piel lo suficiente cómo para exponer las uñas y el pelo más de lo habitual.

Hoy trataremos de otros 10 mitos, esta vez sobre la economía Europea:

Como cualquier crisis, la última ha generado miríadas de comentarios y reacciones equivocados por parte de periodistas, financieros y políticos. Diez mitos escuchados con frecuencia entran en conflicto con diez hechos que se suelen pasar por alto.

Mito 1: Grecia está en quiebra.

Los países no pueden estar en quiebra. Son sus gobiernos los que pueden no cumplir con el pago de sus deudas. En ausencia de mecanismos de resolución reconocidos internacionalmente, los impagos de los gobiernos dan lugar a una situación engorrosa en la medida en que los gobiernos negocian con sus acreedores.

No existe una razón por la que el gobierno griego no pague. No le interesa y puede servir a sus deudas, cuyo tamaño es la mitad de las deudas del gobierno japonés y de las mismas dimensiones que las de muchos otros gobiernos, incluyendo al Reino Unido y a los Estados Unidos (OCDE 2010). De hecho, los mercados pueden forzar a los gobiernos al impago si se niegan a refinanciar las partes de la deuda que hayan vencido. Es un caso claro de crisis que tiende a cumplirse por su propia naturaleza.

Mito 2: Grecia está siendo señalada porque ha mentido repetidas veces.

Han surgido informes sobre la manipulación de datos de Grecia mucho antes de que estallara la crisis. El último informe fue emitido por el gobierno electo en octubre de 2009, mientras las primas de riesgo se elevaban desde octubre de 2008.

Mito 3: El gobierno griego es especialmente vulnerable debido a que su deuda está muy extendida internacionalmente, a diferencia de la deuda japonesa.

Crisis tras crisis, las autopsias revelan que los residentes actúan exactamente igual que los no residentes. Se dejan llevar por el pánico y especulan como hacen todos los financieros, con independencia de dónde vivan o trabajen.

La unión monetaria es un acuerdo para quitar a la soberanía nacional la política monetaria. Los Tratados dejan de forma expresa el ámbito presupuestario en manos nacionales. No tiene sentido considerar que la crisis actual es una «prueba» de que Europa ha fallado. El endeudamiento griego (y portugués, y español…) es un problema griego (y portugués, y español…).

Mito 4: Estamos ante una crisis del euro, que puede dar lugar a la ruptura de la unión monetaria.

No existe un mecanismo para transformar la crisis del endeudamiento en una ruptura de la zona del euro. Ningún país puede ser obligado a marcharse y ningún país está interesado en irse (Eichengreen 2007). Si Grecia no hubiera sido parte de la zona del euro, habría sufrido una importante depreciación de la moneda hace mucho tiempo, como ocurrió en Hungría en noviembre de 2008. El euro protege a Grecia.

El impago de una deuda por parte del gobierno griego, en sí mismo, no es acontecimiento de demasiado peso en Europa. Grecia es un país relativamente pequeño (con 11 millones de habitantes, su PIB asciende a menos del 3% del PIB de la zona del euro). Su contagio a Portugal, que es aún más pequeño, tampoco dañaría demasiado a la zona Euro. Si se desplaza hasta España e Italia es otra cuestión.

Mito 5: El contagio, ya en movimiento, podría ser destructivo.

Esta afirmación es demasiado vaga. No puede destruir la unión monetaria, como hemos comentado anteriormente. Pero el contagio puede devaluar el euro, aunque esto serían buenas noticias en su mayor parte para la zona del euro, que está sufriendo un tipo de cambio sobrevaluado en un momento de demanda interior anémica.

La verdadera preocupación es el sistema bancario. Algunos bancos europeos tienen parte de la deuda griega, y, si aún están afectados por pérdidas no reconocidas de la crisis de las hipotecas de alto riesgo, algunos pueden entrar en bancarrota. Muchos gobiernos no han obligado a sus bancos a enderezar sus cuentas, y ahora se están dando cuenta de algunas consecuencias imprevistas de la indulgencia en la supervisión.

Mito 6: Otros gobiernos de la zona del euro deberían ayudar al gobierno griego para evitar el contagio destructivo.

El contagio no tiene por qué ser destructivo si los bancos pueden soportarlo, por lo que no se establece la necesidad de un rescate colectivo. Por otro lado, existe un coste enorme de riesgo moral.

El Tratado prohíbe estrictamente los rescates. El artículo 100(2) establece: «En caso de dificultades o en caso de serio riesgo de dificultades graves en un Estado miembro, ocasionadas por catástrofes naturales o acontecimientos excepcionales que dicho Estado no pudiere controlar, el Consejo, por mayoría cualificada y a propuesta de la Comisión, podrá acordar, en determinadas condiciones, una ayuda financiera comunitaria al Estado miembro en cuestión.» Este artículo ha sido redactado precisamente para prohibir rescates. Interpretar una falta de disciplina fiscal continuada como «un acontecimiento excepcional que dicho Estado no pudiere controlar» va en contra del espíritu del Tratado. Violar el Tratado para rescatar a países cuyos gobiernos sucesivos no han hecho esfuerzo alguno para tener una disciplina fiscal durante una década (o más) en indefendible.

Si Grecia, y otros países, necesitan ayuda para pagar su deuda pública, pueden y deberían pedir ayuda al FMI. A diferencia de los países de la UE que no tienen un instrumento para imponer una disciplina en materia de deuda (el Pacto de Estabilidad no ha funcionado y está totalmente desacreditado en estos momentos), el FMI opera una maquinaria de condicionalidad efectiva.

Mito 7: El FMI no puede intervenir en este caso porque el euro es una moneda compartida. Una intervención del FMI podría reducir la soberanía de todos los países de la zona del euro.

Esto es un serio malentendido respecto a lo que el FMI hace rutinariamente. Trata cualquier problema de financiación, con independencia de las dificultades de la divisa. El FMI puede imponer condiciones a la política fiscal, no a la monetaria. Además, la zona del euro no es un miembro del FMI, pues solo tiene un estatus de observador, pero los países individuales sí lo son.

Grecia, junto con Portugal e Irlanda padecen una pérdida de competitividad debido a la elevada inflación continuada. Esto explica en parte sus crecientes déficits de cuenta corriente hasta la crisis. De hecho, los déficits presupuestarios no están relacionados con esta evolución.

Mito 8: La pérdida de competitividad es una amenaza a la unión monetaria que garantiza el apoyo colectivo.

Es cierto que la situación de competitividad representa un importante desafío político, pero un rescate no ayudará y podría empeorar las cosas si significase que los salarios no garantizados y las subidas de precios son respaldados por el resto de la zona del euro.

Mito 9: Esta crisis es una prueba de que la zona del euro está incompleta. Debería haber sido acompañada por un «Gobierno de Europa» que al menos coordinaría las políticas fiscales, y posiblemente, supondría un gobierno federal que podría intervenir en tal situación.

Es cierto que un acuerdo federal podría complementar muy bien la divisa común, pero es políticamente imposible. El Tratado de Maastrich pedía una transferencia de soberanía en el ámbito de la política monetaria. Una transferencia de soberanía en el ámbito de la política fiscal podría no haber sido aceptado por una gran mayoría de ciudadanos.

La solución a ese «elemento perdido» es el Pacto de Estabilidad, que tenía por finalidad imponer una disciplina fiscal a los miembros de la zona del euro. El Pacto no ha funcionado cuando una recesión ha golpeado a Europa y no ha servido para evitar la situación actual porque siempre se ha percibido como una amenaza a la soberanía.

Mito 10: La lección sobre la crisis actual es que el Pacto de Estabilidad debería ser reforzado.

Esto requeriría compromisos vinculantes que eludirían el papel íntegro de los parlamentos al votar los presupuestos. La autoridad última del parlamento en cuestiones presupuestarias se encuentra en las raíces de nuestras democracias y los votantes no aceptarán ningún desafío. La única solución sería transferir parte de la soberanía de los parlamentos nacionales al Parlamento Europeo, lo cual requeriría un nuevo Tratado.

Los impagos de deuda contagiosos, junto con las quiebras de los bancos podrían conducir a una recesión secundaria en Europa, que posiblemente también afectaría a los EE.UU. Si eso fuera a ocurrir, al mínimo tipo de interés cero y con una política fiscal no disponible, podríamos enfrentarnos a una terrible situación. Esta es la interpretación más generosa de por qué los gobiernos de la zona del euro rescatarán a Grecia.