La crisis mercados del 2008 será para los libros de historia
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La crisis mercados del 2008 será para los libros de historia

Los inversores perdieron billones de dólares y los precios de las acciones en Estados Unidos cayeron a mínimos históricos durante el año que está por terminar. En el extranjero, los mercados sufrieron descensos aún peores.

Sin embargo, decir que el mercado del 2008 irá a parar a los libros de historia también podría sonar como una advertencia de que lo peor aún está por venir. A medida que Estados Unidos y las economías del resto del mundo siguen empeorando, los inversionistas aún están tratando de recuperarse y permanecen preocupados por lo que depara el 2009.

Si se da una mirada a las expectativas al inicio de este año, “la sorpresa no fue que tuvimos un mercado bajista o una recesión”, dijo Hugh Johnson, titular del directorio de Johnson Illington Advisors.

“La sorpresa fue la severidad de los acontecimientos”, dijo el experimentado asesor, quien cuenta con más de 40 años en el mundo de las inversiones, “He estado en esto por un largo tiempo y nunca experimenté algo como esto. Es difícil describirlo con palabras”, añadió.

Lo que se puede decir es que muchas cosas que sonaban como imposibles al inicio del año ahora son hechos aceptados.

Después de su sorprendente repunte este verano a casi US$150 el barril, el precio del petróleo ahora se negocia en torno a los US$40. La capitalización de mercado de General Motors Corp. (GM) es ahora inferior que en 1927. Bear Stearns ya no existe y Lehman Brothers Holdings Inc. (LEHMQ) está en bancarrota y tratando de vender sus activos. En octubre, fluctuaciones de 900 puntos en el Dow pasaron a ser algo común.

“Me gustaría utilizar la conocida comparación con una vuelta en la montaña rusa”, comentó Paul Nolte, director de inversiones de Hinsdale Associates. “Pero esto ha sido más parecido a un viaje a la baja en una sola dirección hacia la casa embrujada”.
Pérdidas de billones de dólares

En cierta forma, no importó que muchos estrategas y comentaristas de mercado tuvieran problemas para encontrar la metáfora adecuada que describa al mercado. La mayoría de las veces, las cifras en las pantallas de televisión y de las computadoras en todo el mundo hablaban, y continúan hablando, por sí mismas.

Al 12 de diciembre, el índice Standard & Poor’s 500 había perdido US$6,17 billones desde sus máximos históricos alcanzados en octubre del 2007.

Esa reducción en el patrimonio global accionario ha superado las pérdidas observadas en el último mercado bajista: el S&P 500 perdió US$5,76 billones durante todo el mercado bajista de 2000-2002. Para empeorar las cosas, al mercado actual aún le queda camino por recorrer.

Para el feriado por el Día de Acción de Gracias (el último jueves de noviembre) muchos inversionistas descubrieron que les hubiera ido mejor si durante la última década hubieran puesto sus ahorros debajo de sus colchones en vez de en el mercado de acciones.

El 20 de noviembre, el S&P cayó por debajo del mínimo del mercado bajista previo, de 776, alcanzado en octubre del 2002, para finalizar la sesión en su nivel más bajo desde abril de 1997.

Estados Unidos demostró que no había perdido sus cualidades de superpotencia, a medida que la crisis local en su sector de la vivienda se traducía en un derrumbe de los mercados a nivel mundial.

En lo que va del año, el índice S&P Broad-Market, que incluye más de 11.000 acciones de mercados desarrollados y emergentes, ha perdido US$17,7 billones. La mayoría de las pérdidas, US$16,1 billones, fue registrada entre mayo y diciembre.

“Hasta mayo, aún se esperaba que los mercados globales crecieran con mayor rapidez que el de Estados Unidos, con un crecimiento previsto para China de más del 10%”, según Howard Silverblatt, analista de índices de S&P.

Ese optimismo se evaporó a medida que la crisis en los mercados de crédito se propagaba alrededor del mundo y la recesión estadounidense perjudicaba al panorama para el crecimiento económico mundial.

En noviembre, el Banco Mundial informó que la economía de China probablemente crecerá a una tasa del 7,5% en el 2009, la más baja desde 1990.

Alguna vez líderes entre los mercados emergentes, las acciones de Rusia han caído un 72%, las de Turquía un 68% y las de India un 67%.

En octubre, el índice Nikkei 225 de Japón cerró en un mínimo de 26 años. La bolsa de Islandia se derrumbó un 81% y el índice Bovespa de Brasil descendió un 25%, su mayor caída porcentual en un mes en 10 años.
Las oscilaciones del Dow

Previamente en el año, hubo momentos en los que pareció que los inversionistas iban a tener un respiro. Después del casi colapso y posterior rescate en marzo de Bear Stearns, firma de inversión con 58 años de existencia, por parte de JPMorgan Chase & Co. (JPM), los mercados hallaron cierto grado de estabilidad e incluso recuperaron algo del terreno que habían perdido hasta mayo.

Pero a medida que más instituciones de Wall Street se desmoronaban, asediadas por inversiones vinculadas a créditos hipotecarios vencidos, las ventas volvieron a golpear a las acciones. Tras la quiebra de Lehman Brothers en septiembre, como parte de serie de derrumbes de empresas financieras y rescates gubernamentales en ese mes, los mercados bursátiles alcanzaron mínimos récord de varias décadas y se registraron grandes fluctuaciones.

En octubre, el S&P 500 tuvo su mes más volátil desde 1929, justo después del derrumbe bursátil que precedió al inicio de la Gran Depresión.

El Dow registró el 29 de septiembre un descenso de 777 puntos, la peor caída para una sesión jamás registrada. Para el 15 de octubre, el índice había registrado caídas de 508 a 733 puntos en tres sesiones distintas.

El índice también consiguió subir y anotar el mayor avance en puntos que se recuerde, al avanzar 936 puntos el 13 de octubre.

Según S&P, durante los últimos 60 días de negociaciones hubo 17 sesiones en que las acciones subieron o bajaron al menos un 5%. Para poner esto en perspectiva, durante un período completo de 53 años, entre 1955 y el 2008, se habían registrado sólo 17 días con fluctuaciones de un 5% o más.

Entre el 27 de octubre y el 4 de noviembre, el día de la elección presidencial en Estados Unidos, las acciones en el S&P subieron más del 18%. Pero entre el 4 de noviembre y el 20 del mismo mes cayeron un 25%, antes de ascender más del 16% hasta el 11 de diciembre.

“Si hubiera apostado correctamente a esos vaivenes, un inversionista podría haber obtenido un retorno del 72%”, señaló Silverblatt de S&P.

Refugios o “dinero por nada”

Pero la seguridad y preservación del capital se convirtieron en el nombre del juego para muchos.

La necesidad de proteger los ahorros de uno se volvió tan apremiante que el 9 de diciembre, el Gobierno vendió letras del Tesoro a cuatro semanas con un rendimiento del 0%, lo que significa que los inversionistas en bonos estaban felices con sólo tener de vuelta y sin pérdidas el monto de capital que prestaron.

Los rendimientos de otros bonos del Gobierno, considerados los más seguros entre todas las diversas clases de inversiones, también alcanzaron mínimos sin precedentes desde que el Gobierno comenzó a llevar un registro de los precios y rendimientos en la década de los 50.

Si bien los inversionistas abrían sus billeteras al Gobierno de Estados Unidos, prestaban muy poco a cualquier otro. Los mercados de valores de deuda de corto plazo se congelaron tras el colapso de Lehman, amenazando con dejar fuera del negocio a cualquiera que dependa de los préstamos de corto plazo, desde grandes bancos hasta pequeñas firmas. Los costos de los préstamos para las empresas se dispararon.

Incluso los bancos se volvieron cada vez más reacios a prestarse dinero unos a otros, a medida que más firmas de su sector asumían enormes rebajas contables relacionadas con activos tóxicos. La tasa interbancaria de Londres, o Libor, se disparó a máximos récord cercanos al 7% luego que el Congreso rechazara inicialmente un paquete de rescate de US$700.000 millones para las empresas financieras.
Giros bruscos del petróleo

Hasta julio, la apuesta segura para los nerviosos inversionistas había sido los bienes básicos.

Las esperanzas de un crecimiento mundial, junto a la combinación de desastres naturales, tensiones geopolíticas, la mayor debilidad del dólar y la especulación del mercado, habían provocado fuertes alzas en los precios de los alimentos y la energía.

Cuando el barril de petróleo superó en enero los US$100 se generó una conmoción. Pero esos precios parecían baratos a medida que los contratos a futuro para julio trepaban a US$147 el barril.

Sin embargo, el precio del crudo se ha derrumbado a cerca de US$40 para diciembre, un rápido giro descendente que fue imitado por otros bienes básicos.

“El alza del petróleo a US$147 por barril y su descenso subsecuente a US$40 representaron una volatilidad viciosa”, dijo Johnson.

Los analistas de Goldman Sachs, quienes fueron blanco de bromas en el 2005 cuando sugirieron por primera vez que el petróleo podría alcanzar los US$100, ahora predicen que este podría retroceder en los próximos meses a US$30 el barril.

En marzo, el oro también subió a un récord de más de US$1.000 la onza, antes de volver a descender por debajo de los US$700. El metal, sin embargo, ha logrado mantenerse por encima de los US$800 a medida que los inversionistas buscan un lugar seguro para poner su dinero.

Un repunte del dólar ayudó a precipitar el derrumbe de los bienes básicos. El dólar puso fin en mayo a su descenso de cuatro años y subió frente a la mayoría de las monedas principales gracias a las preocupaciones económicas a nivel global.

En lo que va del año, la moneda estadounidense ha trepado un 13% frente a una canasta de monedas.

“Nada se compara con la crisis que hemos encarado”, señaló Johnson. El derrumbe de las acciones estadounidenses ya figura como el cuarto peor mercado bajista desde 1898, añadió. “Claramente es algo histórico”.

Otra anécdota de cómo las reacciones y percepciones del mercado han cambiando: en momentos en que el Dow fluctuaba dentro de una banda de 800 puntos el 24 de octubre, hubo una escasa reacción inmediata en el mercado luego que Alan Greenspan, el ex titular de la Reserva Federal, admitiera haber cometido un error durante una comparecencia ante el Congreso.

Pese a que otrora sus declaraciones eran examinadas con mucha atención, pocos reaccionaron en esta ocasión, cuando Greenspan dijo que, después de todo, su opinión sobre el mundo podría no ser la correcta.

“Absolutamente, precisamente”, dijo Greenspan. “Esa es precisamente la razón por la que estaba estupefacto, debido a que he pasado 40 años o más con evidencia muy considerable de que estaba funcionado excepcionalmente bien”.

Los analistas de Goldman Sachs, quienes fueron blanco de bromas en el 2005 cuando sugirieron por primera vez que el petróleo podría alcanzar los US$100, ahora predicen que este podría retroceder en los próximos meses a US$30 el barril.

En marzo, el oro también subió a un récord de más de US$1.000 la onza, antes de volver a descender por debajo de los US$700. El metal, sin embargo, ha logrado mantenerse por encima de los US$800 a medida que los inversionistas buscan un lugar seguro para poner su dinero.

Un repunte del dólar ayudó a precipitar el derrumbe de los bienes básicos. El dólar puso fin en mayo a su descenso de cuatro años y subió frente a la mayoría de las monedas principales gracias a las preocupaciones económicas a nivel global.

En lo que va del año, la moneda estadounidense ha trepado un 13% frente a una canasta de monedas.

“Nada se compara con la crisis que hemos encarado”, señaló Johnson. El derrumbe de las acciones estadounidenses ya figura como el cuarto peor mercado bajista desde 1898, añadió. “Claramente es algo histórico”.

Otra anécdota de cómo las reacciones y percepciones del mercado han cambiando: en momentos en que el Dow fluctuaba dentro de una banda de 800 puntos el 24 de octubre, hubo una escasa reacción inmediata en el mercado luego que Alan Greenspan, el ex titular de la Reserva Federal, admitiera haber cometido un error durante una comparecencia ante el Congreso.

Pese a que otrora sus declaraciones eran examinadas con mucha atención, pocos reaccionaron en esta ocasión, cuando Greenspan dijo que, después de todo, su opinión sobre el mundo podría no ser la correcta.

“Absolutamente, precisamente”, dijo Greenspan. “Esa es precisamente la razón por la que estaba estupefacto, debido a que he pasado 40 años o más con evidencia muy considerable de que estaba funcionado excepcionalmente bien”.

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Escrito por Carlos Lopez el 19 de diciembre de 2008 con 2 comentarios.

2 comentarios

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# 1, Droblo
19 de diciembre de 2008, a las 15:05

Mientras no lo sea por las mismas causas el 2009…yo firmo

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# 2, Jose Manuel
21 de diciembre de 2008, a las 1:08

Esto nos lleva a pensar que el dinero no vale nada si no es invertido en activos reales como los bienes raices, y no me digan que la culpa del desastre viene de ahí por que no es cierto.
Con una regulación lógica de la ley de arendamiento se rentabilizarían más estas inversiones y no aprerecría una turba de compradores con pocos medios y una banca montada en un mundo irreal basado unicamente en la especulación, las plusvalías, y los desorbitantes beneficios. Siempre basados en unos ingresos futuros dificilmente sostenibles.
Estos a su vez han sido los falsos apoyos en los que se sujetaba este castillo de naipes que se tambalea y pide auxilio a los gobiernos para que se traslade como siempre al ciudadano los errores de éstos y de la clase dirigente complice absoluto que se disfraza de protector

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