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Antiguo 02-jun-2015, 17:06
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2017 - El impacto si Reino Unido abandona la Unión Europea

Ya tenemos pregunta para el referéndum británico sobre la permanencia en la Unión Europea para 2017. La pregunta es sencilla e inequívoca. "¿Debería el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea?". Sí o No.

Yo llevo once años viviendo en Londres y aún no he conocido a un solo británico que defienda la máquina burocrática e intervencionista en la que se ha convertido Bruselas. Un estudio reciente de Open Europe cuantificaba en un coste de 33.000 millones de libras el impacto negativo para el Reino Unido de las cien regulaciones europeas más restrictivas. Y eso analizando cien medidas en una Europa que produce miles de regulaciones anuales. Sin embargo, conozco a muchísimos que valoran enormemente el comercio libre con la UE.

El comercio con la UE supone alrededor del 42,5% de las exportaciones de Reino Unido si descontamos lo que en Londres se llama el "Rotterdam effect", es decir, la cifra que muchos incluyen por la utilización del puerto holandés, que es internacional y abierto.

La contribución neta de Reino Unido a la UE se ha disparado de 3.300 millones de libras en 2008 a 9.800 millones en 2014, el segundo mayor contribuyente neto, mientras que el porcentaje de exportaciones a los países de la unión caía. Este es uno de los principales problemas de percepción pública, el coste. El segundo, la burocracia antes mencionada. Un tercer punto es que mientras Reino Unido ha creado en cuatro años más puestos de trabajo que todo el resto de la Unión Europea, y además recibiendo 318.000 inmigrantes (2014), lo que se impone en Europa es profundizar en el modelo intervencionista fracasado y en el estatalismo que solo ha generado estancamiento. No se le escapa al ciudadano británico que los populismos emergentes en algunos países tienen como objetivo esencial pagar su ansiada fiesta de despilfarro con el dinero de, entre otros, los ingleses.

Los estudios son muy dispares, pero desde el Institute of Economic Affairs estiman un coste de la permanencia cercano a un 3% del PIB de las islas. Solo he leído un informe que estime un beneficio neto, del CBI, cercano al 4% del PIB, pero dicho informe asume que todo el comercio entre Reino Unido y la UE es resultado de la pertenencia a la Unión. Se antoja difícil pensar que todo el flujo comercial es resultado de ser país miembro, pero aún más difícil asumir que gran parte o la mayoría de esas transacciones se desvanecerían estando fuera de la UE.

El hecho de que Reino Unido tenga moneda propia es irrelevante. Hay muchos países de la UE que no están en el euro.

Conociendo las dificultades para analizar escenarios de ruptura, no es complicado pensar que los principales impactos se darían en:

*-Sector financiero: un problema nada desdeñable de regulaciones y exigencias de capital distintas, así como impacto si algunos bancos y casas de inversión se ven forzadas a dejar el Reino Unido. El argumento contrario es que el flujo financiero aumentaría hacia las islas por la deriva intervencionista de una UE ex-UK.

*- Se estiman 3 millones de puestos de trabajo directos e indirectos por pertenencia a la UE. Podría darse un aumento del paro. También se argumenta que Reino Unido crea más puestos de trabajo y no contaría con el flujo migratorio antes mencionado.

*- Comercio: un impacto para ambas partes, que sufriría mientras se renegocian o firman tratados bilaterales. Sobre un total de 430.000 millones de libras, incluso porcentajes pequeños deben valorarse con cuidado.

Para los mercados es claramente un riesgo relevante si la UE pierde a uno de sus contribuyentes netos, sobre todo porque el porcentaje de "pagadores" comparado con "cobradores" convertiría a la Unión en un club de equilibrio mucho más inestable. La realidad es que los impactos no se pueden delimitar fácilmente, aunque siendo cauteloso puede ser perfectamente de un 1-3% del PIB de Reino Unido y un 0,5-0,7% para el resto de la UE en el escenario negativo.

Pero lo que me parece más importante es que el referéndum llega como reflejo del hartazgo ante un modelo de Europa que va contra los principios de libre mercado y apertura que inspiraron la construcción europea y que prefieren los ciudadanos no solamente del Reino Unido, sino de Finlandia y Holanda. Por eso, el simple hecho de que el referéndum se haya planteado es positivo. Yo creo que a la UE le conviene tener un socio como el británico, que vele por los principios de libertad y apertura, y al Reino Unido le interesa mantenerse en una unión donde se recuperen los objetivos de libre comercio. Intentar convencer a uno de los que paga de que un modelo de estancamiento e impuestos crecientes es intocable es, cuando menos, peligroso. Por Daniel Lacalle – El Confidencial


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  #12  
Antiguo 05-jun-2015, 00:22
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Merkel dice que la UE podría tener que cambiar su tratado para mantener a Reino Unido

Los líderes de la UE podrían tener que considerar un cambio de los tratados del bloque para hacer las reformas que solicita Reino Unido antes de plantear un referéndum sobre su salida del bloque, dijo la canciller alemana, Angela Merkel, en declaraciones a la BBC.

El primer ministro británico, David Cameron, ha prometido renegociar los lazos entre Londres y Bruselas antes de llevar a cabo una votación sobre la pertenencia de Reino Unido al bloque para finales de 2017. Ha dicho que un cambio de tratado será necesario para conseguir dichas reformas.

"Si eso es realmente necesario, tendremos que pensarlo", citó la BBC a Merkel en una entrevista cuando se le preguntó si los tratados de la UE deberían ser reformados para cumplir con las demandas británicas sobre el bloque.

Merkel también dijo que podría apoyar algunos de los cambios que pide Cameron y que las últimas soluciones se han encontrado a través de la utilización de cláusulas de exención.

"Soy optimista respecto a que, si todos queremos, encontraremos una buena solución", dijo. "No se trata de perder el sueño por esto, pero se trata de hacer nuestro trabajo y crear las condiciones necesarias para que el Reino Unido permanezca en la UE", declaró.

El lunes, Norbert Roettgen, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Bundestag alemán y uno de los demócratas cristianos de Merkel, dijo que no era realista cambiar el tratado en dos años.

La propia Merkel ha respaldado la idea de realizar un cambio de tratado en otras ocasiones para apostar por una mayor integración de los países de la zona euro, pero los altos cargos alemanes dicen en privado que hay poco apetito para esto en otras capitales europeas, lo que hace irreal esta opción.

Antes el jueves, el ex ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joschka Fischer, dijo que Cameron no debe dejarse llevar por el aparente apoyo alemán a su apuesta de reforma la UE, ya que Merkel tiene otras prioridades. LONDRES (Reuters)


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  #13  
Antiguo 09-jun-2015, 22:06
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Grexit y Brexit y migración de personas - una caja de Pandora

La rigidez que muestra Europa ante los cambios es peligrosa

Una Unión Europea incapaz de adaptarse a las nuevas circunstancias como la migración imprevista de millones de personas corre el riesgo de quebrarse

Nadie apreciaría la comparación, pero Alex Tsipras y David Cameron están en situaciones notablemente similares.

Los primeros ministros de Grecia y Gran Bretaña sostienen que obtuvieron un mandato democrático en su país para exigir cambios en su relación nacional con la UE. Ambos líderes calcularon que los otros europeos satisfacerán sus exigencias para no arriesgarse a que Grecia deje el euro o Gran Bretaña abandone la UE. Pero ambos están encontrando un muro de oposición en Europa que podría llevarlos a destinos que ellos querrían evitar –Grexit y Brexit.

Cuando Tsipras afirmó que tenía un mandato democrático para exigir cambios en Europa, se dice que Wolfgang Schäuble, el ministro de finanzas alemán, respondió: "Yo también fui elegido"
Pero las dificultades que enfrenta la cambiante Europa van mucho más allá de un choque de mandatos democráticos nacionales. Su origen está en el tamaño y la complejidad legal de la UE, una organización que ahora es tan grande y difícil de manejar que le resulta casi imposible pensar en un cambio radical.

Los británicos sostienen que para asegurarse los cambios que quieren en Europa, en temas como inmigración y los derechos de los parlamentos nacionales, es necesario hacer modificaciones en el tratado, es decir los documentos legales básicos de la UE. Pero un cambio del tratado requiere del acuerdo de todos los países de la UE, algunos de los cuales también harán referéndum. El mismo proceso de renegociación también invita a todos los miembros de la UE a presentar sus propios reclamos. En vez de contemplar esa perspectiva de pesadilla, es más fácil para la UE simplemente negarse al cambio.

Es importante tener en cuenta que esta aversión al cambio es independiente de los fundamentos de las reformas que se están pidiendo. Los diferentes gobiernos de la UE tienen diversas opiniones sobre si las exigencias de Grecia y Gran Bretaña son razonables. En Francia e Italia hay apoyan en cierta medida el argumento griego de que las deudas del país son impagables y que una mayor austeridad sería contraproducente. En el norte de Europa comparten el enfoque británico sobre el bienestar social y el mayor rol de los parlamentos nacionales. Pero, independientemente de los méritos de los casos de Grecia y Gran Bretaña, hay una profunda resistencia a abrir la caja de profundas reformas, una caja de Pandora.

Los problemas no son simplemente legales sino también políticos. Se teme a que las concesiones hechas a los griegos o británicos provoquen una reacción violenta, y que los votantes alemanes u holandeses se molesten por una quita en la deuda griega o los votantes polacos se enojen por las restricciones a los derechos de los migrantes de la UE. En otros lugares, la idea de que el hecho de que un partido de extrema izquierda como Syriza o los conservadores euroescépticos, como los Tories británicos, obtengan concesiones del resto de Europa podría darle impulso a partidos similares de todo el continente, lo que haría que la UE sea aún más difícil de manejar.
Como resultado, gobiernos clave de Europa, en particular Alemania, están más dispuestos a contemplar una salida de Grecia o Gran Bretaña de lo que creen los griegos y británicos.


Hace un tiempo que el gobierno alemán dice que la eurozona puede resistir la salida de Grecia del euro. El consenso en Alemania es que, haya o no Grexit, la lección de la crisis griega es que Europa debe ser aún menos flexible, exigiendo normas más severas y aplicándolas en forma más estricta.

El problema británico es menos urgente e implica menos dinero, pero ya está surgiendo un enfoque alemán similar.

El duro enfoque de Alemania se basa en una evaluación realista de lo difícil que será conseguir reformas en una UE de 28 miembros. Pero también refleja la falta de capacidad de Europa de responderá al cambio de condiciones, ya sea un 25% de contracción en la economía griega, o la migración imprevista de millones de personas en todo Europa. Esa rigidez ante el cambio es peligrosa. Una Europa que no puede combarse tiene más probabilidades de quebrarse. por Gideon Rachman – FINANCIAL TIMES - 09.06.15 | 00:00


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  #14  
Antiguo 10-jun-2015, 08:08
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Antiguo 10-jun-2015, 14:28
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Veintiséis países africanos firman un nuevo tratado de libre comercio

Los dirigentes de 26 países del este y del sur de África reunidos en Egipto firmarán este miércoles 10-06-2015 un tratado de libre comercio que agrupa a la mitad oriental del continente y que está destinado a facilitar la circulación de bienes y mercancías.

La Zona Tripartita de Libre Comercio (Tripartite Free Trade Area, TFTA) deberá convertirse en un mercado común que unirá a 26 de los 54 países africanos.

Su lanzamiento se producirá en Sharm El Sheij, a orillas del mar Rojo, con ocasión de la cumbre presidida por el presidente egipcio, Abdel Fata Al Sisi.

El conjunto agrupará a los países del Mercado Común de los Estados de África Austral y del Este (COMESA), de la Comunidad de África del Este (EAC) y de la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC), lo que equivale a más de 625 millones de habitantes y más de mil millones de dólares de PIB (900.000 millones de euros).

El objetivo es alcanzar la puesta en marcha de aranceles preferenciales que faciliten la circulación de bienes y mercancías.

Este miércoles "se lanzará oficialmente la TFTA", indicó a la AFP el ministro egipcio de Industria y Comercio, Munir Fajri Abdel Nur, antes de agregar: "terminamos las formalidades. El texto del tratado está listo".

La 'Tripartita' incluirá a África del Sur y Egipto, las dos economías más desarrolladas del continente, así como a países dinámicos como Etiopía, Angola, Mozambique y Kenia. No formará parte, sin embargo, Nigeria, que tiene el mayor PIB de África, principalmente gracias a los ingresos del petróleo.

El calendario "de desmantelamiento de las barreras aduaneras" no se ha establecido todavía, advirtió Abdel Nur. Además, antes de su entrada en vigor, el tratado deberá ser ratificado por los Parlamentos de los 26 países en los próximos dos años.

Hasta ahora, sólo alrededor del 12% de los intercambios comerciales en África tienen lugar entre países del continente, frente al 55% de Asia o el 70% de Europa.

Mientras que en Europa hay que rellenar cuatro o cinco papeles de aduana, en África se necesitan siete u ocho de media, lo que ralentiza y encarece los procesos.


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  #16  
Antiguo 12-jun-2015, 14:04
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¿Qué es el Acuerdo de Asociación Transpacífico? Trans-Pacific Partnership (TPP)

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (Trans-Pacific Partnership-TPP) pretende crear una plataforma de integración económica en la región de Asia-Pacífico en forma de tratados de libre comercio multilateral entre las economías de la región.

Origen del Trans-Pacific Partnership-TPP

El tratado fue firmado originalmente por Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur, el 3 de junio de 2005 y entró en vigencia el 1 de enero de 2006. Conocido como Acuerdo P4, esta alianza contemplaba la posibilidad de adhesión de terceros países con el objeto de promover la creación de una alianza estratégica más grande, y mayor liberalización del comercio en la región. El 04 de febrero de 2008, la Oficina de Representación Comercial de los Estados Unidos -USTR, por sus siglas en inglés- anunció que los Estados Unidos participarían en las futuras negociaciones programadas. Y este ha sido el verdadero impulso del TPP, cuando Estados Unidos expresó su interés en involucrase y estar presente en la zona de Asia Pacífico.

El 22 de septiembre de 2008, el entonces presidente estadounidense, George W. Bush informó al Congreso de su intención de adherir a los EE.UU en dicho tratado. Desde entonces, Australia, Perú y Vietnam, primero y Malasia (2009), y Canadá, Japón y México (2011) participan activamente en las negociaciones. Otros países que han mostrado interés en participar, sin llegar a sumarse, son Corea del Sur –que ya cuenta con acuerdos bilaterales con algunos de los miembros de TPP-, Taiwan, Filipinas, Laos, Colombia, Costa Rica, Indonesia, Bangladesh. Incluso la India o China han sonado como potenciales candidatos.



Las áreas de trabajo en las que negocian los participantes del TPP se cuentan en más de 20. Agricultura,
aduanas, bienes industriales o textiles, servicios, servicios financieros, acceso a los mercados, movilidad de personas, inversiones, telecomunicaciones, comercio, comercio electrónico, medio ambiente, compras públicas estatales, derechos de propiedad intelectual, trabajo, medidas sanitarias y fitosanitarias o rebaja de aranceles son las más destacadas. Aunque muy poco se sabe de los acuerdos alcanzados o el avance de las negociaciones debido al secretismo que rodea a todo lo relacionado con el TPP.

De hecho, la única información real sobre uno de los capítulos tratados se lo debemos a una filtración aparecida en Wikileaks, el 13 de noviembre de 2013. Tras su publicación, muchas ONG relacionadas con los Derechos Digitales se mostraron muy críticas con su contenido debido a las disposiciones regulatorias establecidas en cuestiones relativas al uso de internet o el acceso al conocimiento.

Una crítica que se ha hecho extensiva por otras organizaciones de derechos humanos que denuncian que el tratado se esté discutiendo en secreto, denunciando también que parlamentarios de los países involucrados no han podido acceder a los documentos libremente para su estudio. Similares críticas también se han alzado en Europa ante la falta de transparencia de otro de los acuerdos estrella que se negocian actualmente y que están lideradas por los países occidentales, como el The Trans-Atlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) para Europa o el Trade in Services Agreement (TiSA). Fuente: SICE


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  #17  
Antiguo 13-jun-2015, 15:30
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¿Qué es la Organización Mundial del Comercio-OMC? World Trade Organization-WTO

La Organización Mundial del Comercio-OMC (World Trade Organization-WTO) es una entidad internacional que vela por las normas que rigen el comercio entre países. El objetivo de la OMC es ayudar a los productores de bienes y servicios, exportadores e importadores, y facilitar sus actividades comerciales. Los países miembros representan alrededor del 95% del comercio mundial.

Origenes de de la OMC
La Organización Mundial del Comercio hunde sus raíces en los Acuerdos Generales sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (General Agreement on Tariffs and Trade-GATT), firmados poco después de finalizar la II Guerra Mundial. El GATT pretendía establecer un “código de buena conducta”, entre los países firmantes y favorecer el comercio internacional reduciendo los aranceles, según un principio de reciprocidad. En enero de 1948, 23 países, entre los que figuraban EE.UU, Reino Unido, Francia, India, China, Sudáfrica o Siria firmaban el acuerdo de constitución.

Creación de la OMC

La siguiente fecha relevante la encontramos en 1986, cuando los miembros aprobaron iniciar una ronda de negociaciones comerciales multilaterales, destinada a sustituir y ampliar el conjunto de acuerdos, entonces en vigor. Estas largas conversaciones internacionales culminaron en 1994, ampliando las obligaciones contractuales de los firmantes y ampliando los campos de actuación. Así se estableció la creación de la OMC. Una emergente Comunidad Económica Europea junto a 75 países miembros del GATT se convirtieron en miembros fundadores de la OMC el 1 de enero de 1995. Los otros 52 miembros del GATT ingresaron en la OMC durante los 2 años posteriores. Desde entonces, otras 21 naciones han ingresado en este organismos internacional y 28 están actualmente negociando su inclusión.

En la actualidad, la OMC está integrada por 160 países, que representan más o menos el 95% del comercio mundial. Las decisiones de este organismo internacional son adoptadas por el conjunto de los países miembros. Normalmente por consenso. Aunque también es posible recurrir a la aprobación de acuerdos por mayoría de los votos emitidos, si bien ese sistema nunca ha sido utilizado en la OMC y sólo se empleó -en contadas ocasiones- en el marco de su predecesor, el GATT. Todos los acuerdos de la OMC deben ser ratificados por los parlamentos nacionales de los países miembros. El órgano superior de adopción de decisiones de la OMC es la Conferencia Ministerial, que se reúne al menos una vez cada dos años.

Según se lee en su página web –construida en los tres idiomas oficiales del organismo, inglés, francés y español-, “los acuerdos los Miembros de la OMC” están encaminados a construir “un sistema de comercio no discriminatorio que precisa de sus derechos y obligaciones”. En este sentido, “todos los países reciben garantías de que en los mercados de los demás países se otorgará a sus exportaciones un trato equitativo y uniforme y todos ellos se comprometen a hacer otro tanto con las importaciones dirigidas a sus propios mercados”.

Áreas de negociación del OMC

-Mercancias: Desde 1995 los acuerdos del GATT actualizados se ha convertido en el convenio básico de la OMC en lo que se refiere al comercio de mercancías. Los anexos añadidos se centran en sectores específicos, como la agricultura y los textiles, y en cuestiones concretas, como, por ejemplo, el comercio entre estados, normas relativas a los productos, subvenciones o referentes a medidas antidumping.

-Propiedad intelectual: El Acuerdo de la OMC sobre propiedad intelectual consiste en una serie de normas que rigen el comercio y las inversiones en la esfera de las ideas y de la creatividad. Esas normas establecen cómo se deben proteger, en los intercambios comerciales, los derechos de autor, las patentes, las marcas de fábrica o comercio, las indicaciones geográficas utilizadas para identificar a los productos, los dibujos y modelos industriales, los esquemas de trazado de los circuitos integrados y la información no divulgada -secretos comerciales-, aspectos todos éstos conocidos como de “propiedad intelectual”.

-Solución de diferencias: La OMC establece un procedimiento para resolver desacuerdos comerciales y solucionar las diferencias, garantizando la observancia de las normas para asegurar la fluidez del comercio. De esta forma, los países someten sus diferencias a la OMC cuando estiman que se han infringido los derechos que les corresponden en virtud de los acuerdos firmados. Las opiniones de los expertos independientes, designados especialmente para el caso, toman como referencia la interpretación de los acuerdos y los compromisos individuales contraídos por los países.

-Examen de políticas comerciales: El Mecanismo de Examen de las Políticas Comerciales tiene por objeto promover la transparencia, aumentar la comprensión de las políticas adoptadas por los distintos países y evaluar su repercusión. Muchos miembros ven en estos exámenes un análisis constructivo de sus políticas porque todos los socios de la OMC deben someterse a este escrutinio periódico. Cada examen incluye el informe del país en cuestión y el de la Secretaría de la OMC.

-Servicios: Relativa a la prestación de servicios como bancarios, de compañías de seguros, empresas de telecomunicaciones, turismo, cadenas hoteleras o empresas de transporte. En la actualidad, este tipo de empresas pueden beneficiarse de un comercio más libre que, en sus orígenes, sólo se aplicaban al de mercancías. Estos principios se recogen en el nuevo Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS).

En este punto es importante señalar que muchos miembros de la OMC están utilizando esta plataforma para firmar otros compromisos individuales con otros países miembros, ampliando a otros sectores de servicios la competencia exterior y el grado de apertura de dichos mercados. El más importante de estos acuerdos paralelos es el denominado Trade in Services Agreement -TiSA, firmado ya por 50 países y rodeado de un enorme secretismo y controversia. Y puede generar aún más si, como se plantea desde la Unión Europea, puede generalizarse y hacerse extensivo a toda la OMC, “si suficientes miembros de la OMC se unen, TiSA podría convertirse en un acuerdo general dentro de la OMC”.

Retos de la OMC

El último acuerdo relevante para impulsar el comercio se alcanzó en diciembre de 2013 en Bali (Indonesia) y constituye el primero de alcance global desde la creación de la OMC en 1995. Y ha constituido un imprescindible impulso a un organismo que ha sido incapaz de cerrar acuerdos importantes, en favor del comercio mundial, en más de 10 años de infructuosas negociaciones entre sus miembros. De hecho, muchos de los representantes del organismo eran conscientes de que un nuevo fracaso o de posponerse en el tiempo el acuerdo, habría condenado a la OMC a la práctica irrelevancia internacional, en beneficio de los pactos bilaterales o regionales firmados al margen del organismo. Fuente: WTO

Última edición por Johngo; 13-jun-2015 a las 15:33


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  #18  
Antiguo 15-jun-2015, 02:01
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¿Qué es el Acuerdo sobre Comercio de Servicios? Trade in Services Agreement-TiSA

El Acuerdo sobre Comercio de Servicios (Trade in Services Agreement- TiSA) es un acuerdo internacional suscrito por 51 países para liberalizar el comercio de servicios entre los estados firmantes. Rodeado de mucha polémica y secretismo, la única información disponible sobre el TiSA se debe a filtraciones periodísticas.

El TiSA se ha venido negociado con mucha discreción desde 2013, dentro del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de la Organización Mundial del Comercio-OMC (World Trade Organization-WTO). Desde esta plataforma, muchos estados han negociado con otros estados miembros ir mucho más allá, en nuevas materias de servicios propuestas y en el grado de liberalización, de lo que se recoge en los acuerdos AGCS. Y no se descarta que, de sumar un número importante de países, se pudiera imponer el TiSA como nuevo marco aplicable en la OMC, a través de la AGCS.

Entre los actores principales figuran los Estados Unidos, la Unión Europea y otros 22 países, entre ellos Canadá, México, Australia, Israel, Corea del Sur, Japón, Noruega, Suiza y Turquía. El TiSA también está presente en otros países de América del Sur y Asia. Doce de las naciones que componen el G-20 están presentes y también casi todas las economías avanzadas a excepción de la coalición “BRICS“. De hecho, China que mostró cierto interés en incorporarse a las negociaciones no ha sido admitida por el momento.

Las informaciones disponibles sobre estos acuerdos han transcendido a la opinión pública gracias a Wikileaks, que el pasado 19 de junio de 2014, filtró un anexo referido a Servicios Financieros. Más recientemente, a principios de este mes, se han publicado también las actas de las negociaciones secretas sobre algunos de los aspectos que cubrirá el futuro acuerdo. Además de los servicios financieros, están involucradas en las negociaciones áreas tales como las telecomunicaciones, el comercio electrónico, el transporte aéreo y marítimo, la distribución y envíos de mercancías, las normas que regulan los servicios profesionales, el movimientos de personas, los servicios postales estatales o las “regulaciones domésticas”…

Los medios periodísticos asociados con Wikileaks, que se han hecho eco de estas filtraciones son Público (España), The Age (Australia), Süddeutsche Zeitung (Alemania), Kathimerini (Grecia), Kjarninn (Islandia), L’Espresso (Italia), La Jornada (México), Punto24 (Turquía), OWINFS (Estados Unidos) y Brecha (Uruguay).

Tras el análisis de lo publicado, los más críticos han señalado que el TiSA limitará la capacidad de los gobiernos nacionales para legislar normas en defensa del interés público. Y señalan como ejemplos, más evidentes, los relacionados con asuntos medioambientales, servicios de sanitarios o de industria farmacéutica, centros de gestión de residuos, centrales eléctricas, convalidaciones de títulos académicos o la concesión de licencias de telecomunicaciones. Pero más grave es el temor a que la entrada en vigor del acuerdo cercene también la capacidad de los gobiernos para intervenir y regular sectores clave, como los financieros, energéticos, las telecomunicaciones y los intercambios de datos transfronterizos.


Además, en estos acuerdos del TiSA, tienen un papel relevante los actores principales del mercado financiero de Wall Street y la City londinense, así como otras grandes corporaciones multinacionales. No en vano, el comercio en instrumentos derivados, el mercado extranjero de divisas o la gestión de los fondos de inversión son cuestiones que están sobre la mesa. Este asesoramiento es una circunstancia que “imposibilitará a los gobiernos nacionales fortalecer las reglas y controles dentro del sector financiero”, según opinión de la catedrática de la Universidad de Auckland, Jane Kelsey.

El Tisa está rodeado por el mismo secretismo y discreción que otros acuerdos similares que se están negociando a nivel internacional, como son el Trans-Pacific Partnership-TPP o el Trans-Atlantic Trade and Investment Partnership-TTIP. Sin embargo, en este caso y según ha transcendido, la pretensión inicial de TiSA es permanecer fuera del escrutinio público 5 años, después de haber entrado en vigor. Una circunstancia que contradice la transparencia mantenida por la OMC, en sus negociaciones, a lo largo de los últimos años y que parece incompatible con estados democráticos avanzados, como supuestamente son los países occidentales.


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Antiguo 19-jun-2015, 12:37
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LA FRANCÁFRICA O EL IMPERIO NEOCOLONIAL FRANCÉS

Francia salió oficialmente del continente africano entre las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo pasado. A regañadientes, tuvo que aceptar la independencia de una veintena de colonias que ya no querían seguir bajo las directrices de París. Sin embargo, a pesar de evaporarse sus posesiones continentales, Francia consiguió salvar una superestructura política, económica y cultural que medio siglo después todavía mantiene.



En pleno siglo XXI, el África francesa, y por extensión buena parte del continente, no ha conseguido resolver los problemas estructurales que le persiguen desde la oleada descolonizadora. A la debilidad política e institucional, una economía fundamentalmente agraria y guerras que parecen no acabarse nunca se le suman en los últimos años un alud de amenazas de índole transnacional, caso del terrorismo de corte islamista o las redes de crimen organizado que pululan por la zona, dejando a muchos países al borde del colapso.

Por ello, Francia se ha erigido guardián de sus excolonias. En una mezcla entre pragmatismo y neocolonialismo, París protege sus intereses políticos y económicos al mismo tiempo que rescata parte de su identidad perdida y se hace con un “patio trasero” en el que cabe considerarse hegemónico, algo que pocos países pueden afirmar en la actualidad. En eso se basa precisamente la idea de la Francáfrica.

Las cadenas de De Gaulle

El proceso de descolonización por parte de Francia no fue mejor ni más ejemplarizante que otros. La táctica, idéntica a la que emprendieron el resto de potencias coloniales, fue demorar los tiempos lo máximo posible, experimentar con estructuras políticas muertas antes de nacer y, en caso necesario, aplicar la mano dura. Así, los territorios que querían obtener la independencia y los líderes que guiaban la causa tuvieron que elegir: o insertarse en el lento proceso que se promovía desde París o decantarse por la vía armada. En parte lo segundo es consecuencia de lo primero. Aunque en los primeros años del proceso descolonizador hubo insurrecciones armadas, exitosas como en Indochina y frustradas como en Madagascar, el resto se dieron como consecuencia de intencionada demora por parte de los franceses en el proceso descolonizador.

Aunque desde París se promulgase con la IV República de 1946 una Constitución que parecía igualar el estatus político de las colonias respecto al de la metrópoli bajo el paraguas de la Unión Francesa, lo cierto es que muchas disposiciones o no se cumplieron o fueron retrasadas a propósito por parte de la administración colonial gala. En buena medida, la guerra de independencia argelina y la revuelta camerunesa de 1955 estuvieron motivadas por los incumplimientos metropolitanos. Así, este proyecto francés, lejos de calmar las reivindicaciones coloniales, estimuló todavía más el independentismo africano.

El advenimiento de la V República se produciría, precisamente, por la desastrosa situación de la guerra en Argelia y el mal diseño de la república anterior. El general De Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial, fue llamado a la presidencia en 1958 en una especie de catarsis de la sociedad francesa, desesperada por la situación política del país y temerosa de las amenazas que enviaba el ejército desde Argel. De Gaulle, consciente de que la situación colonial se le escurría a Francia entre los dedos, optó por preparar el escenario político africano antes que intentar salvar una batalla ya perdida.



El rediseño del sistema político francés propulsado por De Gaulle hacia un presidencialismo fuerte dotó al país de una estabilidad que dura hasta la actualidad. En la política para con África, el nuevo presidente propuso un sistema colonial aparentemente abierto pero con un camino político muy marcado. Así nacía en 1958 la Comunidad Francesa, una confederación en la que, antes de integrarse, los territorios africanos pudieron votar su entrada. Salvo el caso guineano, que al rechazar la propuesta del referéndum obtuvo de inmediato la independencia, el resto de territorios aceptaron formar parte de tal entramado.

Al comprobar primero que Guinea era un estado independiente, al contrario que ellos, y que la Comunidad Francesa no tenía demasiada viabilidad como ente político, el entusiasmo del 58 fue efímero, y casi de inmediato los territorios coloniales empezaron a reclamar la independencia. De Gaulle aceptó tal escenario, pero a cambio propuso una serie de condiciones que debían aceptar los nuevos estados. Los líderes africanos, con un razonamiento a caballo entre el independentismo, el panafricanismo y la francofilia (muchos de ellos se habían educado en Francia), aceptaron.

Trece estados (Camerún, Senegal, Togo, Benín, Níger, Burkina Faso, Costa de Marfil, Chad, República Centroafricana, República del Congo, Malí y Mauritania) nacieron así en el África subsahariana. Entre las condiciones impuestas por De Gaulle figuraban el acuartelamiento de tropas francesas en algunos de los nuevos países independientes; heredar las deudas de la época colonial y la aceptación de dos divisas regionales, una para los estados del África occidental y otra para los países de África central, controladas respectivamente por bancos centrales regionales en los que Francia tendría poder de veto. En la teoría, esos nuevos estados eran independientes, aunque desde París se controlaba buena parte de la política monetaria y militarmente seguían dependiendo de las tropas francesas. Se inauguraba así un escenario postcolonial en el que, paradójicamente, las relaciones serían semicoloniales.

El gendarme africano

El resto del siglo XX transcurrió para el África continental francófona como suele desarrollarse en cualquier patio trasero. Los líderes africanos alineados con París tenían la protección de esta, mientras que los mandatarios que intentaban contraponerse a los intereses de la antigua metrópoli iban a tener el escenario más complicado. Así, Francia evitó tantos golpes como los apoyados, y el destino de la Françafrique siguió dependiendo en buena medida de París.

En pleno siglo XXI, la panoplia de situaciones amenazantes tanto para los países africanos del Sahel y el golfo de Guinea como para los intereses franceses en la zona se ha ampliado. Antes, el Elíseo tenía dos escenarios posibles: un golpe de estado o un grupo rebelde campando por una excolonia. En la actualidad, esas cuestiones siguen vigentes, pero factores de índole transnacional se han abierto paso en la agenda. La expansión del yihadismo por el Sahel es una de ellas, pero también encontramos la debilidad crónica de las estructuras estatales, hoy más democráticas que hace medio siglo pero no necesariamente más estables; la piratería en el golfo de Guinea; los cada vez mayores flujos migratorios, de drogas y de armas, además del debilitamiento de los países del Magreb, histórica cobertura geográfica y política entre la zona mediterránea y la región subsahariana.

Del mismo modo, Francia se ha servido de los cambios ocurridos en África a nivel político, económico y social para ir modificando su presencia en las excolonias en base a los intereses que estos nuevos escenarios le suscitaban a París. Cada situación de crisis en la que se miraba al ejército francés como único garante de la paz era una oportunidad geoestratégica para Francia.



Una de estas primeras oportunidades fue en Chad, en 1986. Durante la Guerra de los Toyota, el ejército francés desplegó varios miles de soldados para apoyar al régimen chadiano frente a la invasión de las tropas libias. El resultado de la guerra se saldó con una victoria para Chad, pero Francia no emprendió la vuelta a casa, sino que estableció una base en N’Djamena, la capital del país, un lugar privilegiado para controlar el conflicto en Sudán, la inestabilidad en la República Centroafricana y la propia estabilidad de Chad, cuyo presidente, Idriss Déby, ha sido apuntalado por el Elíseo desde 1990, especialmente durante la guerra civil chadiana entre 2005 y 2010.

Otro de los lugares en los que Francia intervino fue Djibouti, durante la guerra civil que sufrió el país entre 1999 y 2001. De nuevo, la intervención gala supuso un punto de inflexión en el conflicto, y sirvió para afianzar su posición geoestratégica en el Cuerno de África, la península arábiga y el crucial estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los cuellos de botella vitales en el comercio global y el transporte de hidrocarburos. De hecho, en este lugar tan aparentemente apartado del “grueso” geopolítico africano es donde se encuentra el mayor contingente francés destacado de manera permanente en África, con cerca de 1500 hombres.

La acción en la Francáfrica se trasladó posteriormente al golfo de Guinea; Costa de Marfil, la antigua joya subsahariana de Francia, se vio envuelta en una guerra civil entre 2002 y 2007, en la que las tropas francesas, ya estacionadas en el país previamente, hicieron las veces de “pacificadores” por mandato de la ONU. Sin embargo, la situación no mejoraría demasiado desde aquel primer enfrentamiento. Unos pocos años después, en 2011, el país marfileño volvería por los derroteros de violencia tras la negativa del entonces presidente Laurent Gbabo a aceptar la derrota electoral, abandonar el puesto y cederlo al candidato vencedor en los comicios, Alassane Ouattara.

Llegarían entonces las llamadas Primaveras Árabes, con Francia observando desde la orilla norte del Mediterráneo cómo unas aparentes revoluciones democráticas se enquistaban, debilitaban los únicos estados mínimamente estables en África (con la salvedad de Sudáfrica) y facilitaban la extensión de un incendio desde Oriente Medio hasta el Sahel.

Imbuida del espíritu republicano, Francia abogó por la intervención en Libia junto con Reino Unido, con la esperanza de que el régimen gadafista fuese rápidamente desarticulado y las facciones rebeldes libias conformasen un estado democrático. Sin embargo, por desconocimiento o por inconsciencia, el tándem franco-británico y el resto de la OTAN facilitó la práctica desaparición del estado libio al no fomentar un plan post-Gadafi que estabilizase primero y reconstruyese después el país a nivel político. A día de hoy, otra guerra civil asuela el país, de aspecto tan eternizante como la primera y abriendo las puertas desde Oriente Medio hasta el África occidental como desde la zona del Magreb a la saheliana. Libia era un cuello de botella que Francia descorchó y no supo cerrar.

Consecuencia directa de la conversión libia en Estado fallido sería el inicio de los problemas en el Sahel occidental. Miles de tuaregs que habían engrosado las filas del ejército de Gadafi regresaban ahora a sus regiones originales, llevando consigo buena parte del arsenal libio, de potencia considerable. Así, los grupos tuaregs se vieron con fuerzas para resucitar sus reivindicaciones políticas y enfrentarse al estado maliense. Aliados en un principio con grupos yihadistas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) o Ansar Dine, el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA) consiguió notables victorias, poniendo al ejército maliense en desbandada. Sus reclamaciones eran fundamentalmente de corte independentista, exigiendo al gobierno de Bamako la concesión de independencia al territorio que ellos llaman Azawad (el norte del país), a pesar de ser los tuareg un pueblo tradicionalmente nómada.

Poco duraron sin embargo las alegrías en el bando tuareg. Cuando amenazaban la ciudad de Mopti, antesala de Bamako, sus aliados salafistas optaron por secuestrar el movimiento y reorientar la conquista hacia la constitución de un estado islámico en pleno Sahel. Si la amenaza tuareg era preocupante, a pesar de tener una salida política, la presencia de cientos de yihadistas a unos pocos cientos de la capital maliense hizo saltar las alarmas. La ONU encomendó a la Comunidad de Estados del África Occidental (CEDEAO), la constitución de una fuerza multinacional para detener al combinado de tuaregs y terroristas, sin embargo, el tiempo que necesitaban los estados miembro, además de la poca confianza que se tenía en su éxito motivó que Malí pidiese ayuda formalmente a Francia. El país galo intervino de forma contundente mediante la Operación Serval y en unas pocas semanas a inicios de 2013, las tropas malienses y africanas con ayuda del ejército francés, habían retomado la mayor parte del norte del país, incluyendo los importantes núcleos urbanos.



Después del conflicto malí, Francia todavía intervendría en otro punto caliente de África central: la República Centroafricana. La guerra que carcome el país tuvo en 2013 uno de sus episodios más violentos, con las milicias seleka al borde de entrar en la capital, Bangui. Fue entonces cuando, para dar apoyo a la misión de paz establecida en el país (MISCA), Francia desplegó 2000 militares en dicha ciudad, deteniendo el avance de los seleka y salvando la complicada situación en la que el presidente Bozizé estaba inmerso.

En la actualidad, cerca de 9.000 militares franceses están desplegados en distintos países africanos, la mayoría de ellos insertos en misiones de paz de Naciones Unidas. En buena medida, este modelo francés de intervencionismo funciona con una misión de paz posterior (si es que no la hay previamente). Por el conocimiento de la zona y los intereses mutuos, las tropas francesas hacen el despliegue inicial, contienen la amenaza y estabilizan la situación hasta que una misión de la ONU o la Unión Europea puede hacerse cargo del escenario. Así ocurre por ejemplo en Malí, donde se desarrolla la MINUSMA, en República Centroafricana con la MINUSCA y en Chad con la MINURCAT. Asunto aparte es, claro está, las bases permanentes que Francia tiene en distintos países africanos.

Geoeconomía a la francesa

El papel de Francia en África, lejos de responder a la doctrina de la R2P, tampoco se encamina por los derroteros del romanticismo imperial. La respuesta, como casi todo en este siglo, se encuentra en el interés económico. Sea su patio trasero o no, lo cierto es que Francia tiene enormes ganancias económicas en sus excolonias, tanto a nivel estructural como a nivel coyuntural. Su labor de apagafuegos del continente responde en buena medida a esa dinámica geoeconómica.

Las antiguas colonias de París absorben un 5% de las exportaciones francesas, a la vez que compañías galas en el continente africano extraen las materias primas que se envían posteriormente a Europa. Y eso sin contar con los casi 300.000 nacionales franceses que viven repartidos por las varias decenas de territorios francófonos. Metales en la República Centroafricana; petróleo en Gabón, algodón y oro maliense y uranio nigerino son algunos de los réditos económicos que Francia obtiene por la presencia de sus empresas en África. En este escenario, clave en la seguridad energética gala es la situación en Níger, donde la francesa Areva extrae entre un tercio y un 40% del uranio que utilizan las centrales nucleares francesas para producir dos tercios de la electricidad que consume el país. Por tanto, la ecuación es clara: una desestabilización de Níger puede suponer un serio reto para el suministro eléctrico en Francia.

Si bien Níger no se ha visto envuelta hasta ahora en ningún problema de envergadura, lo cierto es que la Operación Serval en Malí tenía cierto componente preventivo para con el colindante país nigerino. Si los tuareg, o peor aún, los yihadistas, se hacían con el control del norte de Malí, controlarían la frontera con Níger, pudiendo penetrar en el país con facilidad, poniendo así en jaque la seguridad energética de Francia.



Sin embargo, tampoco podemos olvidar la conveniencia que para Francia tiene la existencia de los propios estados en el África occidental y central. La construcción monetaria que dejó resuelta De Gaulle ha sido enormemente favorable para la economía francesa, aunque no tanto para las distintas economías africanas.

Con la independencia se crearon en el África francesa dos regiones monetarias, una en torno al Franco CFA del África Occidental y otra alrededor del Franco CFA del África Central, cada una dirigida por un banco central independiente. A pesar de las similitudes nominales, en la práctica eran y son dos uniones monetarias completamente diferenciadas, aunque en sus relaciones para con Francia los parámetros son idénticos.

Una de las teóricas ventajas de estos acuerdos monetarios para los recién nacidos estados era que sus monedas tenían un cambio fijo respecto al franco primero y el euro después (en la actualidad son 655,95 francos CFA por euro). Esto, a pesar de ser una medida proteccionista del comercio por parte francesa, era una garantía de estabilidad monetaria para los estados africanos. Sin embargo, las contrapartidas que tuvieron que aceptar, explícitas o implícitas, fueron numerosas. Además del comentado poder de veto del Banco Central de Francia en los bancos centrales regionales, el 50% de las reservas de divisas de los distintos países de ambas zonas monetarias debe ser depositado en el banco central francés, lo que en la práctica ha supuesto y supone una inyección de liquidez y estabilidad para el propio Tesoro galo. Del mismo modo, aunque francos occidentales y francos centrales tengan el mismo tipo de cambio respecto al euro, no existe posibilidad cambiaria entre ellos, creando una poderosa barrera para la integración económica africana. Divide y vencerás, pensarían en París.

Los efectos de esta relación postcolonial han profundizado las relaciones de dependencia económica y política de los estados africanos respecto de Francia. Partiendo de la existencia del cambio fijo y libre entre los francos africanos y el euro, esto ha permitido a numerosas empresas europeas, y particularmente francesas, repatriar los beneficios a Europa sin ningún tipo de coste, desincentivando la inversión en los países africanos. Igualmente, cabe considerar el hecho de que el tipo de cambio está sobrevaluado, protegiendo así las inversiones galas en África y disminuyendo la competitividad de las economías africanas.
La dependencia de los francos africanos respecto a la política monetaria de Francia se ha demostrado total. Las sucesivas devaluaciones del franco francés en la segunda mitad del siglo XX –hasta 14– arrastraron en la misma medida a los francos CFA, haciendo incapaces a los estados africanos de controlar su inflación, su deuda pública y su competitividad exterior. Aunque las devaluaciones en París eran beneficiosas para aumentar la competitividad económica gala, lo cierto es que en los estados africanos se producía el efecto contrario, agravando los desequilibrios comerciales y perjudicando su desarrollo económico.

¿Una política exterior viable?

Desde 2007 Nicolas Sarkozy y desde 2012 François Hollande insisten en que la idea de la Francáfrica está en retroceso y Francia ya no se guía por esas premisas a la hora de actuar y tratar con estados africanos, en otro tiempo colonias. Sin embargo, poco ha cambiado en las relaciones entre ambos actores. La dominación económica sigue presente y las intervenciones, motivos aparte, han continuado sucediendo. Por mucho que los premieres galos insistan en la obsolescencia del concepto francafricano, lo cierto es que a Francia nunca le ha dejado de compensar mantener tal sistema.

Así, a Francia se le plantean en la actualidad dos posibilidades muy distintas y en buena medida incompatibles. Por un lado, seguir actuando de manera hegemónica en la región, perpetuando la dependencia de los estados africanos respecto del poder francés o dejar que estos actúen de manera autónoma pero coordinada.

Desde un punto de vista pragmático, a Francia le conviene actuar de manera paternalista en la región de sus excolonias africanas, pero no dejaría de ser un anacronismo en un mundo globalizado, donde prima la integración regional y las hegemonías “medias” en detrimento de la unipolaridad. Para la propia mentalidad francesa –política, social y cultural–, este patio trasero es importante; supone la continuidad de la idea imperial de Francia solo que de manera dulcificada, algo que ni Reino Unido mantiene a día de hoy. Del mismo modo, acentúa el papel de Francia en el mundo actual y le da su propio espacio en el que moverse libremente, algo que París no ha conseguido mantener ni en la propia Unión Europea, cediendo lentamente la co-centralidad política a Berlín. Así, desde una perspectiva global, Francia consigue mantener una importancia que Alemania o Reino Unido no tienen o han perdido.

Por ello, un repliegue sería un shock identitario para Francia sin precedentes desde hace medio siglo, y probablemente un acicate argumentativo para la extrema derecha sobre la debilidad política de Francia. En este escenario, buena parte de su seguridad económica y energética estaría encomendada a estados política y militarmente débiles y a unos procesos de integración excesivamente lentos, en un momento en el que para los estados africanos las amenazas transnacionales son de importancia considerable sin que hayan desaparecido completamente las amenazas tradicionales. Además, cabe considerar que en África no terminan de consolidarse las potencias regionales, haciendo inútil cualquier política de hegemonía regional “africanista”. Por otra parte, Francia debe ser consciente de que las debilidades económicas y políticas, tanto nacionales como regionales, han sido causadas en buena medida por la política neocolonial francesa desde las independencias africanas.

La idea de la Francáfrica, por mucho que insistan los dirigentes galos en lo contrario, sigue presente. En una época en la que el idealismo moderado se mezcla con el pragmatismo nacional, una retirada francesa de África parece muy improbable. Hasta cierto punto se ha legitimado esta práctica por el repliegue de los Estados Unidos de la zona atlántica, que pretende dejar los asuntos de la vertical europea en manos de la misma, a pesar de los evidentes fracasos y debilidades que hasta hoy han demostrado las intervenciones de la OTAN y la Unión Europea fuera de suelo comunitario.

Sin embargo, llegado el momento, Francia debería considerar el apoyo al fortalecimiento de las estructuras regionales e iniciar una segunda descolonización. Para el pleno desarrollo del África francesa –así como del África anglófona colindante–, el desmantelamiento de la superestructura heredada de la descolonización es un paso ineludible. Hasta entonces, las tropas francesas serán uno de los pocos garantes de la estabilidad en África. Fuente: Elordenmundial.com


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