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  #141 (permalink)  
Antiguo 31-dic-2011, 00:00
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FRAY MAMERTO MENAPACE

Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay
años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero
malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar
un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de
perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado
nuestros egos y nuestros apegos. Por eso, no debiéramos tenerle miedo
al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo
instancias de aprendizaje.

Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de
nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende
sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo,
deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi
voluntad el poder hacerlo. “Ser feliz es una decisión”, no nos
olvidemos de eso.

Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo
para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de
aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida
vinimos a tres cosas:
-a aprender a amar
-a dejar huella
-a ser felices

En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo
y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento.
El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos
hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio
es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo
el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos
entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a
cansarnos,....... para dormir tenemos siglos después.

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mi mismo y entender
que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer
nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que
estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.

-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de
voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar
gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y
tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores,
saludar a los guardias, a los choferes de las micros, sonreír por lo
menos una o varias veces al día. Querernos.

Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que
haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto
desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de
los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que
nadie puede vivir adentro. Tratemos de crecer en lo espiritual,
cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido
a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual.

Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a
los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros
con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor
dentro de nuestras familias.

Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo
habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas,
pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o
no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la
ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan.
Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.
Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón.
Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías
y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.

MAMERTO MENAPACE monje benedictino y escritor


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Filosofando diria, que lo malo de los años no es que "se pasan", lo realmente malo es que "se nos van quedando en todo lo alto".

Saludos
__________________

!! Te tengo en mi punto de mira!! , !!...mira un punto!! JI!, JI!, JI!.


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ALCISTAS Y OSOS

David Rosenberg se preguntaba el miércoles qué es lo que ven los alcistas “Los recientes datos macro han sido buenos, pero en ningún caso espectaculares. Sin embargo, el mercado parece estar de nuevo encima de un ‘suelo impermeable’. Hemos visto este comportamiento en multitud de ocasiones en los últimos años y yo creo que la causa subyacente bajo el mismo es relativamente simple, aunque se suele pasar por alto”, explica Cullen Roche, de Pragmatic Capitalism.

“Los mercados se basan en la mayor parte de las ocasiones en expectativas irracionales”, afirma tajante. “Son irracionales, porque la suma de las decisiones de los participantes en ellos son irracionales. Los seres humanos simplemente no están hechos para la vida en los mercados. Estamos hechos para sobrevivir. Es por ello que el control de las emociones es la clave principal en la operativa bursátil”.

Por ejemplo, explica, si nos ataca un oso no nos quedamos y le plantamos cara, lo primero que hacemos es correr. “Es innato. Es nuestra mentalidad innata de supervivencia”, que en algunos casos es “autodestructiva. En el mercado, muchas veces somos lentos en esta reacción. Nos quedamos, tratamos de luchar y salimos corriendo cuando es demasiado tarde”.

Los "contrarios", señala Roche, “tratan de salvar este obstáculo mediante la adopción de la opinión inversa a la de la mayoría, pero es más fácil decir que se es 'contrario' que hacerlo”. Por ello, este experto suele aconsejar lo siguiente: “cuando consigues sacar a tu propio cerebro de una estrategia de inversión es cuando has ganado la guerra de la inversión”.

Sin embargo, la clave para entender el volátil entorno actual, en opinión de este experto, es ser conscientes de que las irracionales expectativas que nos mueven se basan en nuestras previsiones de futuro, que a la vez se asientan sobre un tiempo desconocido e impredecible por el que, aun así, apostamos. “De este modo, huimos del oso durante 10 minutos. Paramos y miramos a nuestro alrededor, estamos a gusto porque no podemos verle (aunque él puede olernos) y entonces durante 30 minutos nos relajamos. Después, el oso reaparece, entramos en pánico, corremos y volvemos a repetir el proceso anterior”, explica Roche. “Es el ciclo sin fin de los mercados, con la excepción de aquellos que son finalmente atrapados por el oso”.

Ahora mismo, concluye, “el oso está fuera de nuestra vista. ¿Quién sabe de dónde vendrá la próxima vez? Puede hacerlo en forma de crisis del Euro, de decepción en la temporada de resultados o algún otro evento inesperado”. Así que lo importante no es saber qué ven los alcista, sino qué es lo que no ven. (Extractado parcial de Bolsamania)


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Flipper (31-ene-2012)
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Antiguo 29-ene-2012, 20:35
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EL SINDROME DELL TIBURON


Tiburón quieto es tiburón muerto. El tiburón necesita estar en movimiento para que el agua circule a través de sus hendiduras branquiales y de esa manera recibir el oxígeno necesario para vivir. El movimiento para el tiburón es sinónimo de supervivencia.

Alberto tiene 45 años y acaba de vender una exitosa empresa textil que había fundado hace 15.

No tiene apremios económicos y dispone de un amplio menú de futuras actividades para reiniciar su actividad laboral. Pero no puede esperar. "Necesito la adrenalina que me generan los negocios."

Se despierta con ansiedad extrema al no tener una agenda programada, extraña los teléfonos y las pantallas con información actualizada al minuto de las plazas financieras nacionales e internacionales. Quiere comprar o vender?algo, cualquier cosa, pero no quedarse quieto. Tiene el mismo síndrome que relatan algunas personas cuando sienten que lo único que les calma la ansiedad es salir de compras. El cuerpo se acostumbra a detectar cada vez con más anticipación las señales que anuncian la irrupción de la ansiedad en el sistema total de una persona.

Se acelera el ritmo cardíaco, las ganas de comer algo aunque no se tenga hambre, beber, fumar, sacudir un pie, caminar, hablar, peinarse, mirarse en un espejo, lo que sea. Moverse.

El reflejo ansioso se completa convirtiendo en hábito una serie de conductas que son eficaces para calmar la ansiedad. Pero sólo para eso, pues no son conductas eficaces para un verdadero cuidado del sistema psicocorporal y valorativo de las personas.

Un sistema externo a Alberto le enseña, alimenta y reproduce las condicionantes de la aparición de esa ansiedad ante este no movimiento. Aquí no es la falta de irrigación de las branquias del tiburón, es la falta de movimientos que mantengan el consumo, a veces innecesario e irracional, para sostener un sistema socioeconómico. Alberto no puede sentirse feliz o en calma, si no se mueve, si no compra, si no vende, si no manda empleados y si no acumula bienes, aunque tenga asegurada la supervivencia económica de él y de su familia.

El sistema histórico valorativo aprendido de sus padres, inmigrantes sirios, le enseñó que para sobrevivir hay que moverse, trabajar siempre, ganar dinero, pues eso es lo que les permitió a ellos sobrevivir al huir de la guerra europea e instalarse en América.

Para los padres de Alberto, el moverse fue adaptativo, meritorio y eficaz para fundar una nueva familia. El heredó esos reflejos familiares que fueron realimentados en su educación, escolar y universitaria, en donde la valoración del movimiento-consumo brinda seguridad. Pero ya no es la seguridad del inmigrante que lucha para sobrevivir en un medio a veces muy hostil, sino que el movimiento-acumulación-consumo pasa a ser una regla de vida.

Alberto es inconsciente de este proceso, sólo lo sufre y su cuerpo le da avisos cada vez más serios de que algo no funciona bien. Taquicardias, gastritis, eccemas irritantes, jaquecas, insomnio, mareos, lipotimias y ataques de hambre o sed no justificados. Y en el campo psicológico, irritabilidad, depresión si no se mueve, susceptibilidad, desconfianza en los otros y en sí mismo, poca tolerancia a la frustración, ciclotimias afectivas y aislamiento.

Su entorno familiar es un oasis en medio de este desierto de exigencias de éxito materiales verificables. Hasta que la paz familiar se le transforma en quietud peligrosa.

Y entonces aparece el tiburón y sólo el movimiento lo calma. Pero Alberto pertenece a una especie que en millones de años de evolución logró que su adaptación al medio y la supervivencia no dependieran del movimiento que le permite respirar, como en el caso del tiburón.

En esos millones de años de evolución la especie a la que pertenece Alberto desarrolló un sistema biológico-psicológico-social y valorativo en donde la supervivencia depende de combinaciones muchos más complejas que la simple circulación de agua por las branquias, como en el tiburón.

Alberto puede darse cuenta de este proceso, entender los programas con que fue educado, cuestionar su sistema valorativo, puede hacer modificaciones en sus conductas y quedarse con los movimientos que realmente le permitan evolucionar sanamente. Puede rescatar el movimiento como una elección consciente y útil para el sentido de la vida que él elija.

Al tiburón desde hace muchos millones de años le basta con moverse y nadar para sobrevivir. Alberto, producto de otra evolución mucho más compleja, necesitará nadar, moverse en un mar de determinaciones sociales, afectos familiares, cuidados corporales y elección de valores, quizá muy difíciles, pero con el premio de encontrar el sentido de su vida. Y es probable que encuentre un cardumen que lo ayude en su camino sanador.

Por Jorge Miguel Brusca - El autor es psicólogo


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Flipper (31-ene-2012)
  #146 (permalink)  
Antiguo 31-ene-2012, 11:26
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¡QUE ES LA ANOSOGNOSIA???? ...

Desde hace un tiempo me estaba preocupando porque:

1. No recordaba los nombres propios
2. No encuentro nunca donde dejé algunas cosas.
3. Cuando estoy hablando, de pronto me paro y no sigo, porque no
recuerdo a veces lo que voy a decir o cómo continuar.

En fin, creía que había comenzado a tener un enemigo en mi cabeza que
el nombre empezaba con A.
Hoy leyendo un artículo, quedé mucho más tranquilo, por eso les voy a

transcribir la parte mas interesante:

"Si uno tiene conciencia de los problemas de memoria es que
no los tiene"

Hay un término ANOSOGNOSIA, que indica el no darse cuenta de lo que
ocurre. La mitad de los mayores de 50 años presenta alguna falla, pero
es más de la edad que de la enfermedad.

Quejarse sobre fallas de la memoria es un hecho muy frecuente en
personas de 50 años de edad para arriba. Se traduce en no poder
recordar el nombre propio de un individuo, de entrar a una habitación
sin saber qué se iba a buscar, olvidar el título de una película,
dónde se dejaron los anteojos o las llaves.

En estas edades, más de la mitad de los adultos presenta esta
dificultad lo cual indica que más que una enfermedad es una
característica de los años que se tienen.

Muchas personas se preocupan (a veces en exceso) por estos olvidos.
De aquí una afirmación importante: - "Quien es consciente de padecer de
estos olvidos es quien no tiene problemas serios de memoria ya que
quien padece una enfermedad de la memoria con el inevitable fantasma
del Alzheimer " no tiene registro de lo que efectivamente le pasa, ya
que presenta ANOSOGNOSIA, una palabra médica que indica, precisamente
el no darse cuenta de lo que le ocurre-"

B. Dubois, profesor de neurología de CHU Pitié-Salpêtrière, acuñó una
paradójica pero didáctica explicación válida para la mayoría de los
casos de personas preocupadas por sus olvidos: "Cuanto más se quejan
los sujetos de su memoria, menos probabilidades tienen de sufrir una
enfermedad de la memoria".


Este documento esta dedicado a los olvidadizos que recuerdo,

si se olvidan de copiárselo a alguien, quédense tranquilos porque

no es Alzheimer ...son años, orgullosos años.


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Flipper (31-ene-2012)
  #147 (permalink)  
Antiguo 14-feb-2012, 01:12
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"Cuando me amé de verdad"

> Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme.. Hoy sé que eso tiene nombre... autoestima.
>
> Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es... autenticidad.
>
> Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama... madurez.
>
> Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es... respeto.
>
> Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama... amor hacia uno mismo.
>
> Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es... simplicidad.
>
> Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la... humildad.
>
> Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama... plenitud.
>
> Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es... saber vivir!
>
>
>
> No debemos tener miedo de cuestionarnos... Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.


> Charles Chaplin


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  #148 (permalink)  
Antiguo 28-feb-2012, 01:28
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UN PERRO – UN CUENTO – UN MENSAJE

¡Cuidado! ¡Casi tocaste ese auto de costado! Me gritó mi padre. "¿Es que no puedes hacer nada bien?"

Esas palabras me dolieron más que un golpe. Volví mi cabeza hacia el anciano sentado en el asiento junto a mí, desafiándome a contestarle. Se me hizo un nudo en la garganta, y aparté los ojos. No estaba preparada por otra pelea.

"Yo vi el auto, papá. Por favor, no me grites cuando manejo."

Mi voz fue medida y firme, que sonaba mucho más calmada de lo que realmente me sentía.

Mi padre me miró furioso, después volvió su cabeza y se mantuvo callado. En casa lo dejé enfrente del televisor y fui afuera para componer mis pensamientos. Había oscuras y pesadas nubes en el cielo, prometiendo una lluvia. Un trueno distante retumbó como si fuera el eco de mi agitación interna. ¿Qué puedo hacer con él?.....

Mi padre había sido leñador en el estado de Washington y en Oregón. Había disfrutado de vivir al aire libre y le gustaba medir su fuerza contra el poder de la naturaleza. Había entrado en agotadoras competiciones de leñadores, y a menudo ganaba. Los estantes de su casa estaban llenos de trofeos que probaban su habilidad.

Pero los años pasaron implacables. La primera vez que no pudo levantar un pesado tronco, hizo una broma sobre eso; pero luego el mismo día lo vi afuera solo, tratando de levantarlo. Se volvió irritable cada vez que alguien le hacía bromas sobre estar envejeciendo, o cuando no podía hacer algo que hacía cuando era joven.

Cuatro días antes de cumplir sesenta y siete años, tuvo un ataque al corazón. Una ambulancia lo llevó al hospital mientras el paramédico le hacía resucitación para mantener la sangre y el oxígeno circulando.

En el hospital, lo llevaron corriendo al cuarto de operaciones. Tuvo suerte, sobrevivió. Pero algo en el interior de papá, murió. El gusto por la vida desapareció. Obstinadamente se negaba a seguir las órdenes del doctor. Las sugerencias y los ofrecimientos de ayuda eran rechazados con sarcasmo e insultos. El número de visitantes disminuyó, y finalmente cesaron. Papá quedó solo.

Mi esposo Dick y yo le pedimos que venga a vivir con nosotros a nuestra pequeña granja. Esperábamos que el aire libre y la atmósfera de granja le ayudaran a ajustar su vida.

Una semana después de venir, ya me arrepentí de la invitación. Nada le parecía satisfactorio. Criticaba todo lo que yo hacía. Me sentí frustrada y deprimida. Pronto me di cuenta que estaba desahogando mi rabia con Dick. Empezamos a discutir y pelear.

Alarmado, Dick buscó al pastor y le explicó la situación. El pastor nos dió citas de consejería para nosotros. Al final de cada sesión, él oraba, pidiendo a Dios que calmara la turbada mente de papá.

Pero los meses pasaban y Dios guardaba silencio. Había que hacer algo y era yo la que lo tenía que hacer.

Al día siguiente me senté con la guía telefónica y llamé a cada una de las clínicas mentales que había en el libro. Expliqué mi problema a cada una de las voces llenas de simpatía que me contestaron. Justo cuando estaba perdiendo la esperanza, una de esas amables voces de repente exclamó, "¡Recién leí algo que podría ayudarla! Déjeme ir a buscar el artículo..."

Escuché mientras ella leía. El artículo describía el sorprendente estudio hecho en una clínica geriátrica. Todos los ancianos pacientes estaban con tratamiento por depresión crónica. En todos ellos sus actitudes mejoraron en forma excepcional cuando se les dio la responsabilidad de cuidar un perro.

Fui a la municipalidad a ver los perros ofrecidos en adopción. Después que llené un formulario, un oficial uniformado me llevó a los corrales de los perros. El olor a los desinfectantes inundó mi nariz cuando entré a las filas de jaulas. Cada una contenía de cinco a siete perros. Los había de pelo largo, enrulado, unos negros y otros con manchas que saltaban, tratando de alcanzarme. Los fui estudiando uno por uno pero los rechacé a todos por distintas razones, demasiado grande, o demasiado chico, o demasiado pelo, etc. Cuando llegué al último corral, un perro desde la esquina más alejada se paró con dificultad, caminó hacia el frente de la jaula y se sentó. Era un pointer, una de las razas aristócratas del mundo de los perros. Pero éste era una caricatura de la raza.

Los años habían puesto en su cara y hocico un poco de gris. Los huesos de sus caderas sobresalían en triángulos desiguales. Pero fueron sus ojos que atraparon mi atención. Calmados y límpidos, me observaban fijamente.

Apuntando al perro, pregunté, ¿Qué me dice de éste? El oficial miró, y sacudió su cabeza, intrigado. "El es un poco raro. Apareció no se sabe de dónde, y se sentó en el portón del frente. Lo entramos, pensando que quizá alguien viniera a reclamarlo. Eso fue hace dos semanas y nadie ha venido. Su tiempo termina mañana". Hizo un gesto, como que no se puede hacer nada.

Mientras las palabras entraban a mi mente, me volví al hombre con horror... "¿Quiere decir que lo van a matar?"

"Señora", dijo dulcemente, "Es el reglamento. No hay lugar para todos los perros que nadie reclama."

Miré al pointer otra vez. Sus calmados ojos marrones esperaban mi decisión. "Lo tomaré", dije. Y manejé hasta casa con el perro sentado en el asiento delantero a mi lado. Cuando llegué a casa, toqué la bocina dos veces. Lo estaba ayudando a bajar del auto cuando papá apareció en el porche del frente... “¡Mira lo que te traje, papá!” dije entusiasmada.

Papá miró, y puso una cara de disgusto. “Si yo quisiera un perro lo hubiera buscado. Y hubiera elegido uno mejor que esta bolsa de huesos. Quédate con él, yo no lo quiero.” Agitó su brazo despectivamente y empezó a caminar hacia la casa.

El enojo creció dentro de mí. Me apretaba los músculos de la garganta y sentía latidos en las sienes. “¡Es mejor que te acostumbres a él, papá, porque se queda con nosotros!”

Papá me ignoró... “¿Me escuchaste, papá?” Grité. A estas palabras papá se volvió enojado, con sus manos apretadas a sus costados, con sus ojos entornados con odio.

Estábamos parados mirándonos fijamente como duelistas, cuando de repente, el pointer se soltó de mi mano. Fue cojeando despacio hasta mi padre y se sentó frente a él. Entonces muy despacio, cuidadosamente, levantó la pata delantera.

La quijada de mi padre tembló mientras se quedó mirando la pata levantada. La confusión reemplazó la ira de sus ojos. El pointer esperaba pacientemente. De pronto, papá estaba arrodillado, abrazando el animal.

Fue el principio de una cálida e íntima amistad. Papá lo llamó Cheyenne. Juntos, él y Cheyenne exploraron el vecindario. Pasaron largas horas caminando por polvorientos caminos. Iban a las orillas de los rápidos ríos, a pescar sabrosas truchas, pasando largos momentos de reflexión. Incluso comenzaron a ir juntos a la iglesia los domingos, mi padre sentado en un banco y Cheyenne echado silencioso a sus pies.

Papá y Cheyenne fueron inseparables a través de los tres años siguientes. La amargura de mi padre se desvaneció, y él y Cheyenne hicieron muchos amigos.

Entonces, una noche, muy tarde, me extrañó sentir la fría nariz de Cheyenne revolviendo nuestras frazadas. Nunca antes había entrado a nuestro dormitorio en la noche. Desperté a Dick, me puse el salto de cama y corrí al cuarto de mi padre. Papá estaba en su cama, con una faz serena. Pero su espíritu se había ido silenciosamente en algún momento durante la noche.

Dos días más tarde, mi dolor se hizo todavía más profundo cuando descubrí a Cheyenne tendido muerto junto a la cama de papá. Envolví su cuerpo en la alfombra sobre la cual siempre había dormido. Mientras Dick y yo lo enterrábamos cerca de su lugar favorito de pesca, le agradecí silenciosamente por la ayuda que me había dado para devolver a mi padre la paz y tranquilidad.

La mañana de funeral de papá amaneció nublada y sombría. Este día se ve de la misma manera que yo me siento, pensé, mientras caminaba hacia la línea de bancos de la iglesia reservados por familia. Estaba sorprendida de ver la cantidad de amigos que papá y Cheyenne habían hecho, que llenaban la iglesia. El pastor comenzó su elogio del difunto. Fue un tributo para papá y para el perro que había cambiado su vida.

Entonces el pastor citó Hebreos 13:2. “No dejes de dar hospitalidad a forasteros, porque haciéndolo, algunos han recibido ángeles sin saberlo.” “Muchas veces he agradecido a Dios por haberme enviado un ángel,” dijo.

Entonces me di cuenta, y el pasado cayó todo en su lugar, completando un rompecabezas que no había visto antes: aquella amable y simpática voz que me leyó aquel artículo sobre el estudio en la clínica geriátrica. La inesperada aparición de Cheyenne en el lugar de los perros para adopción. Su calmada aceptación y completa devoción a mi padre y la proximidad de sus muertes.

Y de repente, comprendí. Me di cuenta que, ciertamente, Dios había contestado mis plegarias en busca de su ayuda.

La vida es muy corta para hacerse dramas por cosas sin importancia, así que:

RIE CON FUERZA, AMA CON SINCERIDAD Y PERDONA RÁPIDAMENTE. VIVE MIENTRAS ESTES VIVO. PERDONA AHORA A AQUELLOS QUE TE HACEN LLORAR. QUIEN SABE SI TENDRÁS UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD.

Comparte este correo con alguien. Puede que sea de ayuda a alguien que sufre. El tiempo perdido nunca se puede recuperar.

Dios contesta nuestras plegarias a Su manera... no a la nuestra...


"El universo solo tiene sentido cuando tenemos con quien compartir nuestras emociones"

Paulo Coelho


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Antiguo 02-mar-2012, 04:25
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El mundo en el 2050

* El estudio de escenarios "El suministro en el futuro: Logistics 2050" se centra en cinco visiones del futuro y su impacto en el comercio y las empresas
* Los resultados se basan en las expectativas y previsiones de 42 expertos de experiencia profesional y formación muy diversas.
* El CEO Frank Appel afirma: "Solo aquellos que se plantean enfoques alternativos pueden elaborar estrategias sólidas"

Berlín/Bonn, 01 de marzo de 2012. Con la publicación de su estudio "El suministro en el futuro: Logistics 2050", Deutsche Post DHL lanza una amplia mirada sobre el futuro del comercio, las empresas y la sociedad. El estudio considera cinco escenarios de vida diferentes en el año 2050. Esas cinco visiones del futuro se basan en un análisis detallado de los factores más críticos, tales como modelos de comercio y consumo, tendencias tecnológicas y sociales o el cambio climático, así como en el cálculo de su impacto probable en el comportamiento y los valores de la población del año 2050

Un resumen de los cinco escenarios

Escenario 1. Economía incontrolada; colapso inminente

El mundo se caracteriza por un materialismo incontrolado y el consumo de masas. Este tipo de vida insostenible se nutre de la explotación implacable de los recursos, una evolución que acelera el cambio climático y provoca que los desastres naturales se multipliquen. En un mundo caracterizado por el crecimiento desenfrenado, la demanda de servicios de transporte y logística aumenta drásticamente. Una súper red de transporte mundial garantiza el rápido intercambio de mercancías entre los distintos centros de consumo. Pero, a medida que avanza el cambio climático, las cadenas de suministro sufren cada vez más interrupciones, lo cual plantea nuevos desafíos a las empresas de logística.

Escenario 2. Supereficiencia en grandes metrópolis

Las "mega-metrópolis" aparecen como los centros de poder mundial. Son, a un tiempo, los principales impulsores y los beneficiarios de un cambio de paradigma hacia el crecimiento "verde". Para superar los problemas de la expansión de las estructuras urbanas, como los embotellamientos y las emisiones de gases, las mega-metrópolis se han convertido en grandes defensoras de la cooperación. La robótica ha revolucionado el mundo de la producción y los servicios. Los consumidores han modificado sus hábitos: ahora lo normal es rentar los productos, no comprarlos. Gracias a nuevas ideas sobre tráfico eficiente se ha logrado reducir los embotellamientos. Una súper red mundial de mega transportistas, formada por camiones, barcos, aviones, así como por transportistas espaciales, ha establecido importantes conexiones comerciales entre las mega-metrópolis del mundo. Al sector de servicios logísticos se le ha confiado la gestión logística de las ciudades, de los servicios públicos y de los servicios de sistemas para aeropuertos, hospitales y centros comerciales.

Escenario 3. Estilos de vida personalizados

Este escenario describe un mundo en el que imperan la individualización y el consumo personalizado. Los clientes tienen la capacidad de crear, diseñar y elaborar sus propios productos. La impresión tridimensional recién desarrollada desempeña una función central aquí. Esto genera un aumento de los flujos de comercio regionales; solo las materias primas y los datos fluyen globalmente. La personalización y la producción regional se ven complementadas por infraestructuras y sistemas de energía descentralizados. Las consecuencias para los servicios de logística son, entre otras, la drástica reducción de las necesidades de transporte de larga distancia de bienes acabados y semi acabados, debido a la localización de las cadenas de valor. Los proveedores de servicios logísticos organizan toda la cadena de valor física. Asimismo, administran los flujos de datos encriptados necesarios para la transmisión de proyectos de construcción y diseño para impresoras tridimensionales La descentralización de la organización de producción hace que la solidez de las capacidades logísticas regionales y la alta calidad de la red de último tramo pasen a ser elementos decisivos del éxito.

Escenario 4. Proteccionismo paralizante

Este escenario presenta un mundo en el que, como consecuencia de la dura situación económica, el nacionalismo excesivo y las barreras proteccionistas, la globalización forma ya parte del pasado. El desarrollo tecnológico se estanca. Los elevados precios de la energía y la dramática escasez de suministro provocan conflictos internacionales por el control de depósitos de recursos. Las consecuencias para el sector logístico comprenden, entre otras, los retos que plantea el declive del comercio mundial y la consiguiente regionalización de las cadenas de suministro. Los gobiernos atribuyen al sector de servicios logísticos importancia estratégica. Dado que las relaciones entre algunos bloques y países son extremadamente tensas, los proveedores de servicios logísticos de los países no alineados a un bloque actúan como intermediarios en la mediación comercial internacional.

Escenario 5. Resistencia global, adaptación local

Este escenario describe un mundo caracterizado inicialmente por un elevado nivel de consumo gracias a una producción automatizada y barata. Sin embargo, debido a la aceleración del cambio climático, frecuentes catástrofes alteran las cadenas de suministro y las estructuras de producción ajustadas, lo que da lugar a repetidos fallos de suministro. El nuevo paradigma económico pasa de caracterizarse por la maximización de la eficiencia a centrarse en la atenuación de la vulnerabilidad y la resistencia. Este giro radical hacia sistemas redundantes de producción y el paso de cadenas de suministro globales a cadenas regionalizadas permiten a la economía global mejorar las condiciones en épocas difíciles. El mundo resistente de 2050, con su comercio regionalizado, cuenta con un sector logístico que garantiza la seguridad del suministro como máxima prioridad, y con una infraestructura de respaldo para garantizar la fiabilidad del transporte en épocas inestables y peligrosas. En lugar de complejos procesos centrados en la puntualidad de la entrega, se considera indispensable establecer enormes estructuras cerca de los fabricantes como zona temporal de almacenamiento.


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EL MAESTRO QUE PATEO A SU PERRO

Había sido un año lleno de baches y decidí irme a un paraje desolado del Norte Argentino para ver si, rodeada de esas antiquísimas montañas, lograba concentrarme y cambiar, con la mera potencia de mi pensamiento, las malas vibraciones que el universo parecía dispuesto a seguir enviándome. Llamé a mi amiga sueca que vive en Yacoraite sola con sus seis perros y emprendí el rumbo con poco más que un lápiz, un sacapuntas y un cuaderno. Dejé atrás la goma de borrar que suelo llevar conmigo a todas partes: esta vez no estaba dispuesta a equivocarme.

Pasé tres días en casa de Annika comiendo humitas y tamales que, preparados por ella, tenían más sabor a smörgårdsbord que a maíz, pero no me importó porque el vino era un Malbec del bueno y ayudaba a olvidar las penas. Cuando nos despedíamos, mientras me daba la llave de la camioneta con la que yo haría el resto del viaje, Annika se acordó de algo.

"En Iruya, recluido en la falda de la montaña, vive un monje Zen -me dijo, con vocales redondas y pronunciando demasiado las erres-. En una de esas puedes pedirle ayuda".

Me pareció una idea excelente. Lo mío nunca ha sido la meditación ni el yoga, pero cuando la mano viene dura no queda más remedio que aceptar que vuelan..., al menos hasta que mejoren las cosas. Aunque Annika no sabía el nombre ni la dirección del monje, cuando llegué al poblado, la primera persona a la que le pregunté supo explicarme cómo llegar a su casa.

Me abrió la puerta un hombre rubio, vestido de amarillo. Parecía tan sueco como Annika, pero su acento era porteño. Le expliqué que había empezado a meditar hacía poco, pero que lo hacía sin seguir un camino trazado, y que andaba buscando un maestro.

"No importa qué camino tomes: todos los caminos llevan al mismo lugar", respondió él, invitándome a entrar.

Mientras daba los primeros pasos dentro de su casa, no pude evitar pensar que lo que me acababa de decir era tan fácilmente rebatible que daba risa, a no ser que el monje estuviera hablando en sentido metafórico, en cuyo caso la metáfora era tan obvia (a largo plazo, todos los caminos llevan a la muerte), que mi corazón de escritora me impelía a huir de ahí cuanto antes. Sintiéndome bastante ridícula, me senté sobre un almohadón y le dije que me gustaría que mi cerebro se quedara quieto, al menos, unos minutos cada día. "Esa guerra está perdida -contestó-. Sólo podrás ganar algunas batallas." A diferencia de la metáfora de los caminos, ésta me gustó. Así que cerré los ojos, como me había indicado.

El monje empezó hablando del viento, de las nubes y de un río. Yo respiraba profundo intentando que no me importara la calidad literaria de las imágenes, pero justo cuando me pareció que empezaba a dejar de pensar, me distrajo el llanto de un perro que se lamentaba detrás de una puerta. Al principio, el monje ignoró los quejidos, pero su respiración perdió definitivamente el compás cuando el perro empezó a arañar la puerta con fuerza.

No me atrevía a abrir los ojos, no fuera a ser que mi nuevo maestro me retara por curiosa, pero cuando el perro empezó a aullar y el monje se levantó enardecido de su almohadón hindú, no pude evitar mirar la escena. Caminando hasta la habitación donde había dejado encerrado al perro, el maestro gritaba: "¡Me tenés harto, Tao!"

Cuando el monje le abrió, Tao salió corriendo, disparado hacia la puerta de entrada, gimiendo, con la cola entre las patas. El monje corría detrás de él.

¡Andate de una vez! -le dijo, furioso, cuando llegaron a la puerta, y le propinó una patada tan potente que Tao dio dos vueltas en el aire antes de aterrizar sobre la calle.

El maestro entró dando un portazo. Cerré los ojos inmediatamente y me hice la que meditaba para que él no viera que yo lo había visto. Sus pasos se acercaron y volvió a sentarse.

Dame un momento y ya seguimos -dijo, y al rato volvió a hablarme de las nubes y el río.

Me quedé cinco días más en Iruya, pero a lo del monje no volví. No es que creyera que quien patea a su perro de ninguna manera puede ser un buen maestro Zen. Quizás él fuera un maestro bueno, pero con mal carácter. O quizá había recibido una mala noticia y era la primera vez en su vida que perdía el control. Al fin y al cabo, por más Zen que fuera, tenía derecho a un día entreverado. Si no volví no fue por eso, sino porque las malas metáforas me espantan..., y también porque estoy convencida de que no todos los caminos conducen al mismo lugar. Si no me creen, pregúntele a Tao que se fue de Iruya y está dormido de lo más contento aquí a mis pies.

Por Mori Ponsowy - La autora es escritora


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