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Independencia: desastre para Cataluña y España

Por Daniel LACALLE

“Tens els ulls plens de flors i la boca, nas i orelles per ignorar el crit i el plor, tu vols sants, roses i estrelles”. Pau Riba, 1970

Las salidas de capital de España alcanzan los 247.173 millones. Seguimos diciendo que es “por miedo al euro” y cosas así, pero no debemos olvidar el más que lógico impacto de la incertidumbre sobre la secesión. De ahí que Cataluña sufra también, encabezando la cifra neta de destrucción de empresas.

Esta semana tuvimos la cena anual de varios amigos de distintos fondos de inversión y una de las cosas que comentamos eran los posibles “cisnes negros” de 2013. “Cisne negro” es el termino que se utiliza para definir eventos económicos que hoy se minimizan por parecer altamente improbables, pero que, de ocurrir, tienen efectos devastadores.

Los tres posibles cisnes negros del 2013, según mis amigos, son: El precipicio fiscal americano –que comentamos aquí-, el estallido de la burbuja de deuda de Japón –que analizábamos aquí-, y la secesión de regiones en España.

Tras mi artículo “el rescate catalán, bono basura y riesgo crediticio”, me parece que seguimos minimizando en toda España los riesgos de la política depredadora y excluyente, y la carrera hacia cero que Estado y Comunidades Autónomas están llevando a cabo.

No hay un solo inversor que yo conozca que vea la independencia como algo positivo porque:

- El acceso al mercado de capitales de Cataluña y del resto de España se reduciría dramáticamente. En el mercado de deuda, dos países separados no tienen el mismo crédito que uno. No ha ocurrido jamás. Cataluña existiría, igual que Chipre, Malta o Macedonia. No digamos que es imposible. Pero el crédito disponible anualmente caería tranquilamente a los niveles de esos países, al menos un 35-40%. Si comparamos con Finlandia, una caída del 15-20%. Impacto similar sufriría España.

- El acceso a deuda de las empresas privadas se resentiría aún más. ¿Qué viene después de la independencia? Impuestos. Recortes a ingresos regulados. Impagos. Seguridad Social y pensiones cercenadas. Ni de lejos piensen que las empresas privadas, de las dos partes, iban a tener acceso al mercado de capitales hasta que se supiera con certeza el impacto en su generación de caja de la voracidad política.

- El diferencial gastos e ingresos sería insostenible. Sea como sea, ambos países gastarían un 16% y un 25% más de lo que ingresan. Con la previsible caída de los ingresos impositivos, la prima de riesgo se dispararía en los dos. Metan ustedes los déficits fiscales que quieran –si se los creen-, pero deduzcan los costes de pagar a la UE y la OTAN y de más estructuras estatales nuevas.

Los políticos de uno y otro lado hacen sus análisis sobre la independencia como un balance de suma cero –o peor, expansivo- y eso es incorrecto. El saldo no es cero, es negativo.

Ningún inversor se sienta a esperar si el impacto de la independencia sobre el PIB es 5% o 10% o 15%. Se va. Adiós. El beneficiado de este desastre no es ni Cataluña ni Madrid. Es Londres o Nueva York, entre otros, mientras los políticos hablan de brotes verdes y alegrías independentistas.

Si vamos a un entorno secesionista en España, tendrá efectos muy negativos, tanto para la región separada, como para el resto del Estado y para la economía global –por el nivel tan elevado de endeudamiento exterior público y privado de España en su conjunto, y Cataluña y sus empresas en particular-. No ha habido ni un solo caso en el pasado en el que la independencia no haya venido acompañada de una caída enorme del PIB y de las prestaciones sociales. Vean el estudio sobre la independencia de los países bálticos del European Journal of Political Economy. Cinco años de media de recesión.



En Inglaterra dicen “hope for the best, but prepare for the worst” -espera lo mejor, pero prepárate para lo peor-. Sin embargo, aquí estamos vendiendo la moto de que la independencia generará oro. Pero no es cierto. Desastre conjunto.

La independencia de una región o un país podrá defenderse por razones personales o culturales –yo ahí no me meto- pero no económicas. No se trata de decir si es es viable como país independiente, que lo sería, pero a muy largo plazo y tras una factura imposible de asumir. Se trata de qué coste estamos dispuestos a asumir por esa independencia. Al menos en mi época en Navarra se decía “la independencia nos costará 100 años de pobreza pero seremos libres”. Honestidad. Suicida, pero honesto.

Nos prometen que aumentará la esperanza de vida –lo juro-, las pensiones y que el paro desaparecerá si Cataluña es independiente. Y desde Madrid se nos asegura que es malísimo para Cataluña, pero que al resto de españoles les beneficiará si se separan porque las empresas catalanas emigrarán a otras regiones y todos nos repartiríamos la misma tarta sin coste. Falso. El capital se irá. De todos.

Al día siguiente de la independencia, agárrense porque en los dos lados vienen curvas:

* El efecto Irlanda: el problema de Cataluña y de España es que el endeudamiento público y privado es insostenible y la estructura gubernamental hipertrofiada. Juntas y separadas. No atacar ese problema antes de entrar en aspiraciones nacionales es suicida. Lo que mis amigos nacionalistas dicen de “eso se arreglará después cuando seamos libres” es falso. La hipertrofia estatal, el destrozo de la seguridad social, servicios y pensiones y la corrupción se disparan siempre después de procesos secesionistas. Y lo pagan los ciudadanos. Siempre.

Cataluña gasta un 15% más de lo que ingresa. Si se independiza bajarían los ingresos y subirían los gastos. La Generalitat suele comparar a Cataluña con Irlanda o Finlandia. El “efecto desplazamiento” (crowding out) del Estado y de los rescates bancarios –a ver quién iba a pagar el rescate de los bancos catalanes ante la avalancha de morosidad- es muy relevante. A ver quién iba a cubrir las necesidades de refinanciación de una Generalitat que gasta 15.000 millones al año, cada mes 400 millones de euros en sueldos y facturas, con más de 150 coches oficiales y un “país” cuyo gasto publico hoy es de 33.500 millones anuales.

Para que se hagan una idea, la primera empresa industrial de España, que es siete veces más grande que Cataluña en PIB equivalente, paga dentro del país unos 700 millones de euros de sueldos, incluida alta dirección, y tiene siete personas con derecho a coche.

* El mismo acceso a crédito que Malta, Chipre, Macedonia, Estonia… ¿De dónde va a sacar 8.000-9.000 millones de crédito anual? Ante una independencia, la dificultad de acceder al mercado de capitales haría que todas las pocas posibilidades de financiación fueran destinadas al Estado para tratar de evitar el impago y mantener su estructura. Y ningún inversor apoya un país, España o Cataluña, que emplea sus recursos financieros en gasto corriente y clientelismo.

* España a nivel de Portugal. En el resto de España pasaría lo mismo. Financiarse a muy corto plazo con cantidades ínfimas. Ya ocurre hoy y se está llevando por delante el acceso a crédito de empresas y familias. El efecto multiplicador sería, cuando menos, inasumible.


Última edición por droblo; 18-ene-2014 a las 10:48


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* El efecto Macedonia: Macedonia es un Estado independiente que está vetado en la UE por Grecia. Si España veta mientras se enzarzan en el “cuanto me debes, donde está lo mio” –y ocurriría- tienen un país independiente con una moneda en caída libre. Desplomaría también los ingresos de España, al quebrar muchas empresas catalanas que “exportan” al resto y tienen deuda en euros. Y, por supuesto, hundiría el PIB y los ingresos de Cataluña, que tendría que hacer impago sobre su deuda, llevándose por delante a la deuda de España, que incluye garantías y avales a entidades catalanas.

* El efecto Estonia: adiós derechos sociales. Me parto leyendo que la independencia mejoraría las pensiones. Todos los países que se han independizado –y entre ellos muchos son ricos en petróleo y gas, que nosotros solo tenemos en sueños- han visto sus sistemas de pensiones y de Seguridad Social colapsar. Pero es que el efecto sobre la deuda del Estado español sería devastador, hundiendo la Seguridad Social y pensiones, que están invertidas hasta un 80% en deuda soberana.

* El efecto Azerbaiyán: uno de mis colegas, Ilkin, que ha visto a una generación empobrecerse en las independizaciones de los países de la URSS y bálticos, me permite darles a ustedes el ejemplo de lo que pasa tras la independencia. El pillaje político y la corrupción se disparan aún más. “¿Se quejan ustedes de clientelismo y corrupción? Aumentarían. Todo para decrecer durante cinco o diez años, empobrecerse y luego crecer”.



* El efecto Escocia: David Cameron lo ha dicho claro: “se quedan su parte de la deuda del Reino Unido, pero no la libra”. UBS en su informe “Can Catalonia Leave? Hardly”, estima que la deuda de Cataluña pasaría a ser un 78,4% del PIB tras absorber la parte correspondiente de la deuda del Estado. Incluso si esto no fuera así y declarase la parte que le corresponde del Estado como “odiosa”, su déficit anual superaría el 3,7% actual, porque los supuestos “déficit fiscales” se gastarían con creces en cubrir los gastos nuevos –UE, OTAN, nuevas estructuras estatales y el incremento del coste de la deuda- que rondaría el 10% solo extrapolando la prima de riesgo de la deuda de Cataluña actual. Lo interesante es que se llevaría por delante al Estado español, cuya deuda probablemente vería a la prima de riesgo a 600/700 puntos básicos al aumentar el déficit.

* El efecto Gales: si Cataluña declara odiosa la deuda correspondiente del resto del Estado, ya puede decir adiós a transferencias, avales y a recuperar el déficit fiscal. Cuando casi la mitad de las “exportaciones” de Cataluña son a España, un efecto reducción de comercio “normal” entre las dos partes implica una caída del PIB de 10-15% en Cataluña y de 2-4% en el resto de España, con lo que la deuda de las dos partes se dispararía y la solvencia se desplomaría.

España y Cataluña separados. “Short and Shorter”

Los números son absolutamente atroces para los dos. No es suma cero. Dos menos uno aquí es igual a menos que uno. Porque no descontamos la fuga de capital, el “crowding out” de los Estados y la pérdida de acceso de las dos partes al mercado de capitales.

El déficit fiscal que Cataluña reclama -aunque en 2010 fuese superávit fiscal- se lo gastaría en gran parte en crear más estructuras estatales, pagar a la UE y la OTAN y cubrir el incremento del coste de deuda. Y seamos claros, ningún inversor que yo conozca se cree ese déficit.

Fíjense qué casualidad que los bonos catalanes, a pesar del aval y rescate del Estado, y de las cifras optimistas sobre la independencia, siguen cotizando una prima de riesgo de casi 900 puntos básicos y sus bonos a vencimiento 2015-2016 cotizan con una media de descuento del 16%. Esto no indica ningún tipo de credibilidad institucional.



Pero es que España tras la independencia se iba a encontrar con una situación que haría imposible tener un déficit menor al 8%. Short and Shorter. Y no quiero decirles donde se iban a ir en bolsa las empresas catalanas cotizadas y las españolas con exposición a Cataluña ante la muy previsible voracidad recaudatoria “haciendo país” de los dos monstruos burocráticos.

El problema de España y de Cataluña es el derroche de recursos escasos, el 'morrazo político'. Pero la independencia no soluciona eso. Lo acrecienta. Oigo independencia y a más de uno se le ponen los ojos como platos pensando en la comisión de urgencia que van a crear –gasto- en el consejo de evaluación de las relaciones bilaterales –gasto- y las agencias de cooperación sindical –subvención-.

Hay que atacar este desastre despilfarrador antes de decidir qué modelo de Estado queremos, y el ejemplo de Inglaterra y Escocia nos prueba que se puede hacer sin estridencias. No me extraña que se indignen de que su dinero se vaya a Invercarias, Unnim, cúpulas de Barceló, subvenciones, estudios sobre la oveja y la “equidad a la acción sindical en salud laboral en las bananeras de El Salvador". Pero no duden ni un solo minuto de que al día siguiente de la independencia ustedes pagarán por los costes y los 1.650 millones que Cataluña gasta en diputaciones y consejos comarcales, o los que gasta el Estado en diputaciones, seguirán.

Les dejo con las palabras de Marc Vidal: "Estamos en manos de gente que no ha montado una empresa jamás, que nunca han pagado una nómina de su bolsillo y entran a trabajar cuando quieren (“en mans de gent que no ha montat una empresa mai, no ha pagat una nòmina i entran a treballar quan volen"). Todos queremos una gestión más eficiente de los recursos, una fiscalidad más cercana al ciudadano que paga. Para ello hay que independizarse, juntos, pero independizarse del monstruo que todo lo fagocita que es la estructura política hipertrofiada, subvencionada y clientelar.

FUENTE para ver otros articulos del autor con sub-enlaces:
Independencia: desastre para Catalua y Espaa - LLENO DE ENERGA - Cotizalia.com


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Antonio Sánchez-Gijón.– Los referentes externos del nacionalismo catalán, más fielmente sostenidos a lo largo de los años, han sido los dos referendos pro-independencia celebrados hasta ahora, con resultados negativos, en la provincia canadiense de Quebec (1980 y 1995), y la secular agitación de los nacionalistas escoceses en pro de constituir un estado separado del de los ingleses, galeses e irlandeses que se integran en el resto del Reino Unido.

El caso de Escocia domina hoy el imaginario nacionalista catalán debido a una serie de factores. Uno de ellos es que el caso canadiense no para de producir frustración. En las recientes elecciones generales en la provincia canadiense francoparlante el Partido Quebequés obtuvo un modestísimo resultado, que no alentaba las ganas de intentar un tercer referéndum pro independencia. Desde Barcelona había, pues, que mirar a otra parte.

En Escocia, el gobernante Partido Nacionalista Escocés (SNP), liderado por Alex Salmond, llevó en el programa electoral con el que obtuvo el poder la convocatoria de un referéndum de independencia de Escocia, a celebrar durante su mandato, y que según el reciente acuerdo con el gobierno del Reino Unido, presidido por el conservador David Cameron, se celebrará en 2014.

El caso de Escocia ha sido siempre más estimulante para los independentistas catalanes que el quebequés, por dos razones. Primero, porque el imaginario propio de los romanticismos nacionalistas escocés y catalán, así como sus literaturas "folk", contemplan sus tierras como países irredentos, que perdieron sus libertades hace cientos de años, y se hallan todavía sujetos a las leyes impuestas desde fuera por reinos más fuertes y populosos.

La segunda razón es de tipo político e institucional: Escocia y Cataluña forman parte de estados que son miembros de la Unión Europea. Salmond ha prometido a sus seguidores que una Escocia independiente continuaría siendo miembro de la Unión, cosa también garantizada por los catalanes independentistas ("un estado propio de Cataluña en Europa", según Mas). Como escoceses y catalanes (sigue el razonamiento de los nacionalistas de uno y otro país) ya son ciudadanos de la UE, la secesión no puede privarles del derecho de seguir siendo lo que ya son. Dado que la Unión sólo se concibe, por principios y por estatuto jurídico, como formada por ciudadanos libres, la Unión debe aceptar automáticamente la incorporación del estado independiente deseado por la mayoría de sus ciudadanos, si ha sido aprobada en un referéndum de independencia.

Somero examen geopolítico

Escocia pone ahora sus ojos sobre Cataluña tanto como Cataluña sobre Escocia. Los nacionalistas de uno y otro país no ven sino paralelos y semejanzas entre los dos casos. Un somero examen de esta cuestión bajo categorías geopolíticas demuestra que, en efecto, hay un desarrollo paralelo previsible entre los dos casos (en el supuesto de las dos secesiones) pero también diferencias radicales entre ellos.

El efecto paralelo lo podemos sintetizar así: la formación de dos nuevos estados independientes (Escocia y Cataluña) disminuiría automáticamente el peso económico de los dos estados-madre, Reino Unido y España, y por lo tanto su influencia y, si se quiere, también su poder político, tanto en Europa como en el resto del mundo. Mientras el Reino Unido perdería quizás el 10% del poder económico, España perdería aproximadamente el 20%, reflejando ambos porcentajes, aproximadamente, el peso económico que Escocia y Cataluña tienen dentro de sus reinos respectivos. Por parte del RU la nueva situación causaría una disminución proporcional de la influencia de la City de Londres. En el caso de España, la resta del peso económico catalán haría que probablemente perdiera su puesto en el G-20, ya que con el 80% de su PIB restante se vería sobrepasada por unos cuantos países emergentes, ansiosos de nuevas formas de reconocimiento internacional, que podrían reclamar por sus atributos cuantitativos superiores a los españoles.

En otro orden, la contribución que ambos países hacen con sus fuerzas armadas e instalaciones territoriales en Escocia y Cataluña a la Alianza Atlántica dejarían de considerarse activos aportados por los dos países a la defensa común, a no ser que fuesen puestas en arriendo esas mismas instalaciones como bases extranjeras a los estados que hoy son titulares de ellas, lo cual es algo que posiblemente sus respectivos pueblos no desearían. Si los nuevos estados renuncian a dotarse de unas costosas fuerzas armadas, su pertenencia a la Alianza sería poco probable, aunque quisieran ingresar en ella. En todo caso, España y Reino Unido "valdrían" menos como activos materiales de la Alianza con una Escocia y una Cataluña independientes.

Enfoque geográfico de la geopolítica

Si los efectos ya descritos de unas Escocia y Cataluña independientes son comparables porque pertenecen a una misma clase de efectos (económicos y estratégicos), las semejanzas terminan ahí si los casos son examinados bajo un criterio geopolítico más inclinado del lado de la geografía.

La formación histórica, tanto de España como del Reino Unido, se produjo a través de los siglos mediante los flujos de personas, recursos, soldados e ideas entre sus respectivos espacios geopolíticos, situados en la periferia del continente, y el abigarrado conjunto de poderes que iban cristalizando y transformándose en el espacio continental europeo, sobre todo en su parte occidental. La facilidad de acceso y su frecuencia a los centros de poder y mercados del continente (donde vivía la gran mayoría de la población europea) eran vitales para el desarrollo de unas entidades políticas definidas en el Reino Unido y en España.

La masa geográfica principal del Reino Unido (Inglaterra) siempre gozó de un acceso naval casi completamente libre al continente, mientras que la dirección contraria era casi impracticable. La masa geográfica principal de España (digamos Castilla y sus reinos) siempre tenía condicionados los accesos al continente por la posición que los pueblos que ocupaban y ocupan las dos principales vías de entrada al continente, por los dos extremos de los Pirineos, quisieran adoptar respecto del poder político principal de la Península.

De una forma o de otra, el acceso de la masa territorial peninsular a Europa a través de sus comunicaciones terrestres ha dependido de la posición que tomaran respecto de esos tráficos los pueblos que ocupaban los puntos de acceso al continente, es decir, catalanes y vascos, dos pueblos con sus lenguas propias e historiales de tipo institucional particulares, pero secularmente integradas en el cuerpo político de España. Una secesión en Cataluña y en el País Vasco condicionaría la evolución del resto de la Península (y en esto habría que incluir a Portugal), en cuestiones tan trascendentales como libertad de tránsito de personas y mercancías, seguridad fronteriza, tráficos ilegales, terrorismo, etc., con reflejo en las economías y grados de bienestar, en España y también en Portugal

El Reino Unido no sufriría la misma condicionalidad en sus accesos al continente, porque Escocia es marginal a este respecto, dada su lejanía y la proximidad de Inglaterra a las costas europeas.

En resumen, por un hipotético acceso de Escocia a su independencia, el Reino Unido perdería incomparablemente mucho menos que España perdería con una Cataluña independiente, en términos de disponibilidad sobre los recursos que hoy les permiten superar sus condicionantes de tipo geopolítico, los cuales hoy pueden controlar con total libertad dada su plena soberanía como estados.

Quizás sea ese tipo de consideraciones la razón de que los catalanes independentistas observen una marcada diferencia de tono en las respuestas británica y española a las intimaciones secesionistas de parte de los escoceses, por un lado, y de vascos y catalanes por otro. No se asiste con el mismo grado de flema cuando a uno le anuncian que le van a amputar un dedo que cuando quieren amputarle un pie.

Apunte al margen para la historia anecdótica
Hace unos diez años aproximadamente, con motivo de una reunión de alto nivel de la Alianza Atlántica celebrada en Barcelona, el entonces presidente de la Generalidad Jordi Pujol invitó a un almuerzo a las personalidades "atlánticas", entre ellas, y en primer lugar, el secretario general de la OTAN, el escocés de nacimiento lord Robertson, y el ministro español de Defensa, Federico Trillo. Lo recuerdo muy bien: en su discurso el presidente Pujol le dijo a Robertson, mientras le daba incontable número de palmaditas en la espalda, que el día en que Escocia fuese independiente, habría llegado también la hora para la independencia de Cataluña. Dicho, naturalmente, como


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Los motivos de la independencia | Politikon

Las consecuencias no intencionadas (?) de la independencia


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La verdad es que no sabía si abrir un nuevo hilo de las elecciones catalanas o seguir con este... Como siempre, q sea Droblo quien lo decida.

CiU no alcanza la mayoría absoluta por el ascenso de ERC, ICV y CUP


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Se ha creado el Col.lectiu Wilson, en honor a Woodrow Wilson, premio Nobel de la Paz y gran defensor del derecho a la autodeterminación. Los seis integrantes, catedráticos y profesores de elitistas universidades estadounidenses (Harvard, MIT, Princenton, Columbia) y escuelas de negocios como la emblemática London School of Economics, han creado una web, en catalán, castellano e inglés, donde argumentan sus puntos de vista económicos, en medio del embrollo catalán donde unos dicen que, con un estado independiente, vamos hacia el abismo, y otros lo ven perfectamente viable.

El profesor Xavier Sala i Martin, catedrático de Harvard y profesor de Columbia University, es uno de los integrantes con más visibilidad mediática - sobre todo por sus habituales chaquetas de vivos colores, del morado, al amarillo, pasando por el verde o el rojo - y por ser habitual de artículos y tertulias en los medios catalanes. También por haber sido responsable del área económica del Barça, durante la presidencia de Joan Laporta.

"La gran pregunta del debate sobre la independencia de Catalunya es: ¿cuáles serán las consecuencias económicas de tener un estado propio?", se interroga el Col·lectiu Wilson, en su análisis titulado Europa, Europa.

"Si tenemos que ser intelectualmente honestos, la verdad es que la respuesta no está nada clara. Y no lo está porque, para poder responder con seriedad, tendríamos que comparar qué pasaría si Catalunya se marcha con qué pasaría si se queda. Y los dos escenarios están llenos de incertidumbres", escriben.

"Por ejemplo, quedarse puede tener consecuencias desastrosas si España se hunde todavía más en la crisis financiera o si el gobierno español continúa con las políticas de redistribución interterritorial y de inversiones públicas que han acabado por ahogar la economía catalana. Por otra parte, los beneficios de la separación a corto, medio y largo plazo serán positivos o negativos dependiendo de las instituciones, leyes, regulaciones y políticas que los gobiernos instituyan una vez Catalunya tenga estado propio", añaden.

"Uno de los aspectos que crea más incertidumbre es el que hace referencia a si una Catalunya independiente seguiría formando parte de Europa", citan recordando las opiniones de que Cataluña sería expulsada de la Unión Europea. "Se nos ha dicho -continúan- que la expulsión de Europa sería inmediata y que, para volver a ser admitidos, tendríamos que ponernos los últimos de la cola y que la readmisión requeriría la unanimidad de todos los miembros de la Unión. Implícita está la amenaza de que España votaría que no. Como basta con un solo voto en contra para que un país no entre, dicen, Catalunya quedaría fuera de Europa durante tres generaciones".

Argumentan que es la política del "miedo" para evitar un referéndum y por ello analizan la posibilidad de que Catalunya pueda quedar "fuera de Europa". Aunque "nunca ha habido en la historia de la Unión un proceso similar al que han empezado Escocia y Catalunya, es posible hacer un análisis frío de la situación".

"Lo primero que hay que entender es que eso de "salir de Europa" en realidad no quiere decir nada, ya que Europa la conforman una multitud de tratados, grupos e instituciones. Para aclararlo un poco, el gráfico adjunto muestra los numerosos grupos, espacios y acuerdos que existen en Europa y quién forma parte de cada uno de ellos: está el Consejo de Europa, la Unión Europea, la Eurozona, el Espacio Schengen, el Espacio Económico Europeo y el Acuerdo Europeo de Libre Comercio (EFTA). Los diversos grupos, acuerdos y espacios representan compromisos sobre diferentes aspectos económicos y políticos".

"España, por ejemplo, forma parte de la Unión Europea, la Eurozona y el Consejo. Suiza forma parte del EFTA y del Espacio Schengen, pero no de la Eurozona ni de la Unión Europea. El Reino Unido forma parte de la Unión Europea, pero no de la Eurozona ni del espacio Schengen. Por lo tanto, lo primero que hay que aclarar es: cuando dicen que vetarán nuestra incorporación a "Europa", ¿exactamente a qué se refieren? ¿A la Unión Europea? ¿Al Euro? ¿Al Espacio Schengen? ¿Al Espacio Económico Europeo?" escribe el colectivo de economistas.

"Es de suponer que la amenaza hace referencia a la Unión Europea, aunque, recordémoslo, los tratados de la UE no dicen nada sobre procesos de ampliación interna. Es decir, no dicen nada sobre el proceso de adherir a miembros que se independizan de países que ya son miembros: ni los regulan, ni los prohíben", continúan.

"Pongámonos en el caso más pesimista e imaginemos que, en caso de independencia, Catalunya deja de formar parte de la Unión Europea. ¿Querría eso decir que al día siguiente del referéndum se erigirían fronteras entre Catalunya y el resto de la UE? ¿Acaso querría decir que si gana el "Sí", los catalanes ya no podríamos viajar sin pasaporte por Europa, que nuestras mercancías tendrían que pagar aranceles para ser exportadas a la UE y que los capitales ya no podrían circular entre Catalunya y el resto de la UE? ¿Y por ende, querría eso decir que para volver a ingresar y volver a disfrutar de todos estos derechos y libertades de circulación, tendríamos que esperar a que España dejara de vetar nuestra incorporación a la UE? La respuesta a todas estas preguntas es: NO. Rotundamente NO.", según el Col·lectiu Wilson.

"La hipotética celebración de un referéndum no conduciría a la exclusión de la UE. En todo caso, ésta se podría dar a raíz de una declaración formal y pública de independencia. Por lo tanto, una vez celebrada la consulta y en el caso de que tuviera éxito, nada podría impedir un proceso de negociación dentro de la UE sobre el estatus tanto de Catalunya como de España. Y nada impediría que (tal como recomienda un informe del Parlamento británico para Escocia) lo que hubiera que negociar fuera que el día de la proclamación definitiva de la independencia coincidiera con la fecha de adhesión a las instituciones europeas".

El "no" de España a la adhesión, de acuerdo al artículo 49 del Tratado de la UE, no es del todo creíble "por dos razones. Primera, la capacidad de España de ejercer este veto dependerá mucho de si está intervenida económicamente. Segunda, porque llegado el momento, no les interesaría hacerlo. España sufre el problema que los economistas denominamos "inconsistencia temporal". Aunque de entrada les interesa decir que pondrán el veto, una vez hecho el referéndum les interesará todo lo contrario, ya que para exportar a Europa tienen que pasar por Catalunya y querrán que Catalunya asuma una parte proporcional de la deuda de la administración central española" cita el colectivo.

"Para seguir en el mercado único y mantener la libre circulación de mercancías (es decir, para no pagar aranceles) Catalunya no necesitaría formar parte de la UE. Sólo tendría que firmar acuerdos bilaterales como los que tiene Suiza. Y los tratados dicen que los acuerdos bilaterales sin instituciones comunes no exigen unanimidad, sino una mayoría cualificada (TFUE, art. 207 y 218). Por tanto, si España intentara utilizar su voto para vetar la incorporación de Catalunya al mercado único y a la libre circulación de mercancías, no lo podría hacer, porque Catalunya podría firmar un acuerdo bilateral con la UE".

"Huelga decir que la UE tendría el máximo interés en firmar este acuerdo bilateral con Catalunya. Al fin y al cabo, en Catalunya hay importantes empresas europeas que se verían ostensiblemente perjudicadas por la introducción de las barreras comerciales con las que las autoridades españolas amenazan. Es evidente que es del interés de toda la UE (¡España incluida!) que todo siga como está", añaden los autores.

"Resumiendo: incluso en el caso de que España se empeñara en expulsar a Catalunya de la Unión Europea, no podría evitar que Catalunya firmara tratados de libre comercio con la UE y, por lo tanto, las empresas catalanas podrían exportar a Europa con la misma libertad, derechos y obligaciones con que lo hacen ahora".

(sigue)


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En relación con el euro recuerdan que "el mundo está lleno de países que utilizan las monedas de otros. Ecuador, Panamá y las Bahamas, entre muchos otros países, utilizan el dólar norteamericano sin que Estados Unidos lo pueda impedir. En Europa, Andorra, Mónaco y Montenegro son ejemplo de países que utilizan el euro sin formar parte ni de la Eurozona ni de la UE. Como no hay manera de evitar que un país utilice la moneda que más le convenga, las amenazas al efecto de que Catalunya será expulsada del euro carecen de cualquier tipo de sentido. Catalunya podría hacer lo mismo sin tener que pedir permiso a la Unión ni al Banco Central Europeo. Obviamente, ésta sería una situación transitoria hasta que el sentido común llevara a la plena integración, con la posibilidad de estar representados en las instituciones del eurosistema y participar en sus decisiones", concluyen los miembros del Col.lectiu Wilson.

"Estamos convencidos de que, si llega el día, las autoridades españolas no pondrán obstáculos a que Catalunya siga formando parte de la Unión Europea. Y lo harán por intereses económicos: a España no le interesa tener una mala relación con el país que ha de cruzar casi inexorablemente cuando quiera exportar a Europa, y a España le interesa negociar con Catalunya para que ésta asuma una parte proporcional de la deuda pública (¡que al fin y al cabo es del Reino de España!). Ahora bien, si no lo hacen así y hacen efectivas sus amenazas, España podrá impedir que Catalunya vuelva a formar parte de la UE, porque para ser miembro de la UE hace falta la unanimidad de todos los miembros. Pero España no podrá vetar que Catalunya firme acuerdos bilaterales de libre comercio con la UE para formar parte del mercado único desde el primer día ya que, para firmar estos acuerdos bilaterales, no hace falta la unanimidad sino la mayoría cualificada. Tampoco podrá evitar que los ciudadanos de Catalunya circulen libremente por el Espacio Schengen o que las empresas y los ciudadanos catalanes utilicen el euro como medio de pago. Catalunya, pues, seguirá siendo parte de Europa" concluye el Col.lectiu Wilson que, además de Xavier Sala i Martin, integran Pol Antràs, doctor por el MIT y catedrático por Harvard; Carles Boix, doctor por Harvard y catedrático de Pricenton; Jordi Galí, doctor por el MIT y director del CREI; Gerard Padró i Miquel, doctor por el MIT y catedratido de la London School of Economics y Jaume Ventura, doctor por Harvard e investigador del CREI. www.wilson.cat

Ramon Vilar - Escritor y periodista - Biografia


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  #9  
Antiguo 21-nov-2012, 18:14
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EL DEBATE sobre el posible proceso de secesión en Cataluña tras las elecciones autonómicas del 25N tiene muchas vertientes. Una política, otra de tipo jurídico y otra económica, en la que centraré este artículo. No es casual que la iniciativa secesionista se haya acentuado en plena crisis económica, coincidiendo con un importante ajuste de los saldos públicos en todos los niveles de la Administración. Pero el proceso se origina en el sentimiento de agravio de buena parte de la población catalana ante un sistema de financiación autonómica que consideran injusto. Este sentimiento ha calado incluso entre colegas de la profesión económica, que defienden la idea de que Cataluña sufre un «expolio» por parte del resto del Estado, medido por una desorbitada «balanza fiscal desfavorable. Y se ha visto reforzado con otro sentimiento: que su sistema de financiación es claramente más desfavorable que el Concierto vasco.


No voy a entrar a rebatir estos dos sentimientos, aunque conviene recordar que a Cataluña se le ofreció a finales de los años 70 el mismo sistema de financiación del cupo vasco y lo rechazó, por suponer, según ellos, unos ingresos «más inciertos» que los que se conseguirían con sucesivas negociaciones del modelo de transferencias estatales. Y, por otra parte, la idea de «balanza fiscal» como elemento de agravio es más que discutible, porque la presión fiscal no se aplica a territorios sino a personas y a empresas, por lo que la progresividad hace que los territorios con personas más ricas o con mayor tejido empresarial lógicamente sufran una mayor presión fiscal. ¿Se imaginan cuál debe ser la «balanza fiscal» de la City de Londres, o de la Moraleja en Madrid? ¿Justificaría ello su deseo de secesión si ésta se planteara? ¿La aceptarían los partidos de izquierda, en base al sacrosanto «derecho a la autodeterminación de los pueblos»?


Pero no pretendo debatir eso. Este artículo pretende ser amigable y ambos temas, el rechazo al Concierto en su día y el cálculo de las balanzas fiscales, son espinosos y producen enconamiento. Lo que quiero considerar es el caso más amistoso y favorable a las tesis de Artur Mas y del resto de los nacionalistas secesionistas. Es decir, no voy a argumentar, como ya se ha hecho, lo que le ocurriría a Cataluña, una región con un notable peso industrial y un elevado grado de apertura al exterior, fundamentalmente con España y el resto de la Unión Europea, en caso de una ruptura unilateral con España, que conllevaría su salida automática de la UE. No quiero hacerlo no porque no crea que sea verdad, sino porque no quiero que se me incluya en la lista de los que infunden «miedo» justo unos días antes de las elecciones autonómicas. Por el contrario, voy a suponer que Cataluña consigue un proceso de segregación amistoso, pacífico y jurídicamente aceptable y que se convierte en el 28º Estado de la Unión Europea. Es decir, un escenario que sería inmediatamente firmado por Mas y el resto de los nacionalistas catalanes, tanto de la izquierda como de la derecha.


Vaya por delante que nunca he entendido el argumento de la izquierda nacionalista y secesionista, que repudia lo que, desde su punto de vista, es una entidad supranacional intermedia, como es España, pero no repudia una entidad supranacional superior, como es la UE. Porque, si según dicha izquierda, todos nuestros males actuales vienen de la Troika, de Merkel, del BCE y de Bruselas, ¿por qué no proponen de paso su salida de la UE? Y ya puestos, ¿no es tan opresora una entidad supranacional como la otra? Por eso, me parece más coherente la actitud de la derecha nacionalista, representada por CiU. Lo que repudian no son los recortes, la austeridad y la ortodoxia fiscal y monetaria europeas, sino el «exceso de solidaridad» de Cataluña con el resto de España a través del modelo de financiación. Es decir, estamos ante un caso particular de la rebelión de los ricos. Y, suponiendo que se llega a una solución amigable, ello recuerda al proceso de separación de la República Checa con respecto a Eslovaquia, allá por 1993, lo que se conoce como el divorcio de terciopelo.


EL ARGUMENTO allí era parecido al que ahora usa CiU. Para la República Checa, que tenía una renta per cápita relativa un 60% más alta que Eslovaquia, continuar unidos a los eslovacos como un solo país suponía un lastre para ellos, los ricos, que tenían que cargar con la aportación solidaria al conjunto del Estado, aportación que consideraban excesiva (el expolio). Y en 1993 se produjo el divorcio de terciopelo. ¿Le fue bien a la República Checa desde entonces? Rotundamente no. Su renta per cápita relativa al promedio europeo (UE=100) era un 77% en 1995. En 2011 apenas llegaba al 80%. Por tanto, sólo han avanzado tres puntos en casi dos décadas. Por el contrario, países del Este que permanecieron unidos, como Polonia, avanzaron en 22 puntos en su renta per cápita relativa a Europa, es decir casi ocho veces más que la República Checa.


Si a la República Checa no le fue bien en su divorcio, ¿por qué le iba a ir a bien a Cataluña? En este punto quiero argumentar que muy probablemente le iría incluso peor que a la República Checa. Hay tres razones que hacen que el punto de partida de Cataluña sea bastante peor que el de la República Checa:


1. Tanto la República Checa como Eslovaquia tenían garantizado su ingreso en la UE a futuro, aunque se separasen, ingreso que tuvo lugar en 2004. Y, como ya se ha dicho, Cataluña no tiene garantizado dicho ingreso, más bien lo contrario.


2. La deuda pública de la República Checa representaba el 14% de su PIB. ¿Cuál sería el ratio de deuda pública de Cataluña? A su deuda autonómica (44.000 millones de euros) y local y de empresas públicas propias (13.000 millones de euros) habría que sumarle, dado que estamos caracterizando un escenario de divorcio amistoso, en el que se reparten también los pasivos y no sólo los activos, la parte alícuota de la deuda de la Administración central y la de las empresas públicas españolas. Dicha parte alícuota tendría que suponer, al menos, el porcentaje del PIB catalán sobre el conjunto del PIB español (cerca de un 19%). Es decir, hablaríamos de 116.000 millones de euros por el primer concepto y de 27.000 millones de euros por el segundo. En total unos 200.000 millones de euros, es decir, la deuda pública catalana se acercaría al 100% de su PIB, por lo que Cataluña tendría que emplearse a fondo para seducir a los mercados o negociar con las instituciones europeas su refinanciación. Y ya hemos aprendido lo que quieren decir ambas cosas.


3. Finalmente, la renta per cápita. El último año para el que se dispone de cifras oficiales homogéneas es 2009. En ese año la renta per cápita de Cataluña era el 120% de la media europea. Es decir, Cataluña era más rica que Alemania (116% en ese año). Es verdad que en estos años habrá retrocedido algo en renta per cápita relativa. Pero seguro que sigue siendo más elevada que la de Francia (107), Reino Unido (108), Italia (101) o incluso Finlandia (116). Es decir, que en ese hipotético escenario favorable de ingreso en la UE, Cataluña se convertiría en «contribuyente neto» a la Unión Europea, cosa que España hasta la fecha nunca ha sido. ¿Estarían entonces los catalanes dispuestos a ejercer su solidaridad con búlgaros, rumanos, lituanos y húngaros antes que con extremeños, andaluces, murcianos y canarios? Difícil de explicar y aceptar en una tierra donde una parte importante de su población se nutre de gentes que provienen precisamente de esos territorios de España.


En resumen, el escenario más amigable para la secesión de Cataluña es un mal escenario para Cataluña. Y, sobre todo, será un escenario muy difícil de explicar a sus propios habitantes, que por ahora parecen moverse por impulsos emocionales y de frustración ante la crisis, pero que históricamente han demostrado, en los momentos clave, un gran pragmatismo y una gran racionalidad económica. Por eso, estoy plenamente convencido de que llegará un día no lejano en que digan: «No podemos Mas».





Miguel Sebastián es profesor de la Universidad Complutense de Madrid.


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Antiguo 21-nov-2012, 18:44
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The Guardian aniquila al mesías Artur Mas en un demoledor artículo

TODO DEPENDEN DEL CRISAL QUE SE MIRE...

SALU2


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