¡Que siga la fiesta, el Peak Oil es un mito!
Fuente: gráfica utilizada en el informe de Leonardo Maugeri sobre la capacidad productiva global de petróleo en 2020.
Cuando en 1998 los dos geólogos retirados Colin Campbell y Jean Laherrère publicaron el artículo "
El fin del petróleo barato" en Scientific American, el precio medio del petróleo ese año fue de 12$/barril (unos 17$/barril en dólares de 2011).
Al año siguiente, The Economist publicaba su famosa portada con el titular "
Drowning on oil" (ahogados en petróleo) y un
artículo en el que proclamaba que el precio del petróleo podría llegar a caer hasta los 5$/barril. Ese mismo año la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su
World Energy Outlook 1999 (WEO 1999) afirmaba que "los precios del petróleo se mantendrían planos hasta 2010, en la media de 17$/barril del periodo 1991-1995, para después incrementarse gradualmente hasta 2015, reflejando una esperada transición hacia el petróleo no convencional" (página 26).
Pero lo que sucedió a partir de ese momento dió la razón a Campbell y Laherrère: el petróleo dejó de ser barato (el precio medio anual del petróleo Brent aumentó un 774% entre 1998 y 2011), y también se cumplió la afirmación de la entradilla de su artículo en Scientific American: "la producción global de petróleo convencional empezará a declinar antes de lo que la mayoría espera, probablemente dentro de los próximos diez años".
De cuando se le dio la razón (discretamente) a ASPO
Muchas cosas han cambiado desde entonces. En su
WEO 2010, la AIE reconocía que el pico del petróleo convencional ocurrió en 2006, con una media anual de 70 millones de barriles diarios (mbd). Hay que aclarar que el "petróleo convencional" comprende básicamente los hidrocarburos que se extraen como líquidos, para distinguirlos de petróleos no convencionales como las arenas asfálticas, las pizarras bituminosas, el petróleo ultrapesado (que tiene la consistencia de una melaza) o los biocombustibles. De un tiempo a esta parte, las estadísticas del petróleo suelen referirse a una nueva categoría, llamada "todos los líquidos", que incluyen no solo el petróleo convencional, sino también el petróleo no convencional, incluyendo también los condensados asociados a la extracción de gas natural (etano, propano, butano y otros que pueden sustituir al petróleo como matería prima en las refinerías) e incluso las llamadas ganancias de refinería (ganancias en volumen al refinar el petróleo, aunque el contenido energético sea el mismo). De esta manera, juntando en una misma categoría volúmenes de sustancias con contenidos energéticos muy diferentes (los líquidos del gas natural contienen entre un 60 y un 70% de la energía calorífica del petróleo convencional), obtenemos una medida correcta del volumen extraído, pero no de su contenido energético (ajustada a la energía calorífica los volúmenes de extracción
podrían ser hasta 5 mbd menores que los actuales).
Por tanto, Campbell y Laherrère estaban en lo cierto en 1998, y las predicciones de la AIE y de The Economist de la misma época se demostraron erróneas. De hecho, la AIE inició en 2004 un importante cambio de actitud y de metodología en sus análisis. Si hasta ese momento habían calculado el futuro suministro de petróleo de acuerdo a las proyecciones de crecimiento económico, asumiendo que la demanda siempre sería satisfecha, a partir de ese momento empiezan a introducir requisitos para que se cumpliesen sus previsiones, como por ejemplo que las inversiones fuesen "las necesarias", o que se confirmasen las estimaciones de reservas de petróleo del United States Geological Survey (USGS), ya que de lo contrario, "el pico del petróleo podría llegar el 2015 o antes" (
WEO 2004, página 102).
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Crisis Energética - Respuestas a los retos energéticos del SXXI