|
| | ||
| |
|
![]() |
| | Herramientas | Desplegado |
| |||
|
El capitalismo tiene los SIGLOS contados Saludos |
| ||||
| El capitalismo, el seudo comunismo, el liberalismo y pá ló que me convenga... el usted mismo,...Y lo que te rondare morena..... Si no es por no ir es que ir pá ná es tonteria.
__________________ !! Te tengo en mi punto de mira!! , !!...mira un punto!! JI!, JI!, JI!.
|
| |||
| Este usuario da las gracias por este mensaje: | ||
Pasaba por aqui (08-nov-2010) | ||
| |||
| Volver al futuro Las discusiones acerca de los desequilibrios de cuenta corriente hace recordar a la conferencia de Bretton Woods y a John Maynard Keynes. Pero EE.UU. no es lo que era y China no es EE.UU. MARTIN WOLF – Financial Times El debate sobre los “desequilibrios globales” ha vuelto al futuro. La propuesta de Tim Geithner, secretario del Tesoro de EE.UU., de apuntar a la cuenta corriente nos lleva de vuelta a las preocupaciones de John Maynard Keynes en la conferencia de Bretton Woods en julio de 1944. Keynes, que representaba a Inglaterra, estaba obsesionado con los peligros de un ajuste asimétrico entre países excedentarios y deficitarios. EE.UU., entonces el país excedentario dominante en el mundo, rechazó los llamados a un mecanismo que impusiera presión sobre ambas partes. Ahora EE.UU. está en el otro bando. ¿Podría China aceptar lo que rechazó EE.UU.? La respuesta podría ser “‘sí”. El comunicado de la reunión del 23 de octubre de los ministros de hacienda y banqueros centrales del Grupo de las 20 economías principales en Corea del Sur declaró que “desequilibrios persistentemente grandes, comparados contra lineamientos indicativos que aún deben acordarse, garantizarían una evaluación de su naturaleza y de las causas raíz de los impedimentos al ajuste como parte del Proceso de Evaluación Mutua, reconociendo la necesidad de tomar en cuenta las circunstancias nacionales o regionales, incluyendo aquellas de grandes productores de commodities”. Esta fea declaración fue en respuesta a la sugerencia de Geithner de 4% del producto interno bruto como indicador para la cuenta corriente. ¿Qué persigue EE.UU.? ¿Tiene sentido su propuesta? ¿Puede funcionar? El objetivo de EE.UU. es establecer que tanto países superavitarios como los deficitarios tienen la obligación de ajustarse. Sugiere que debería haber una cifra acordada para el excedente o déficit que obligue a actuar a un país. Esto no sería un objetivo. Tampoco habría sanciones. El régimen monetario global seguiría sin los mecanismos automáticos propuestos por Keynes en 1944. Además, EE.UU. espera asegurar la apreciación de las monedas de varios países emergentes, en especial la de China, contra aquellas de los países de altos ingresos, sobre todo el dólar estadounidense. ¿Tiene sentido la propuesta? Rainer Brüderle, ministro de economía de Alemania, prestó el rechazo ortodoxo. Declaró que “deberíamos inclinarnos por un proceso de economía de mercado y no hacia una economía dirigida”. Pero hay tres consideraciones, desde mi punto de vista, decisivas. Primero, las enormes acumulaciones de reservas en moneda extranjera de hoy no son un fenómeno de mercado: son producto de decisiones gubernamentales. Podían justificarse, inicialmente, como una manera de crear seguros contra golpes. Pero estas reservas han ido mucho más allá de ello, como mostró la modesta declinación durante la crisis de u$s 470 mil millones, o 6% del total. Segundo, no puede ignorarse la repetida evidencia de que la economía mundial es incapaz de usar grandes flujos de excedentes de ahorro de un modo seguro y efectivo. Por último, el mundo de hoy tiene un enorme exceso de capacidad. Eso hace muy indeseable el ajuste sólo por países deficitarios, como Keynes serguramente habría argumentado. ¿Qué países del G20 se verían afectados por los indicadores estadounidenses? Si uno suma España al grupo, se prevé que EE.UU., Sudáfrica, Turquía y España tendrán “déficit excesivos” este año, y China, Rusia, Alemania y Arabia Saudita tendrán “excedentes excesivos”. Pero Rusia y Arabia Saudita probablemente quedarían exentos, como “grandes exportadores de commodities”. Más aún, si uno se enfocara en la escala de los excedentes y déficit en lugar de sólo proyecciones del PBI, Japón estaría entre los países excedentarios e Italia, Brasil y el Reino Unido entre aquellos con grandes déficit. Estos indicadores de cuenta corriente sólo pueden ser un punto de partida. También es importante enfocarse sólo en países sistémicamente importantes: se prevé que el excedente de cuenta corriente de Singapur sea de 20% del PBI. Pero al resto del mundo no le preocupa. Más aún, para los países de verdad grandes, hasta 4% del PBI puede ser demasiado grande. Pero los indicadores cuantitativo pueden al menos enfocar mejor la discusión del ajuste. Por último, ¿puede funcionar este enfoque? Al menos hay una posibilidad. En la reunión anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Washington, dos economistas chinos diferentes me comentaron que China ya decidió limitar sus excedentes. Así que una discusión de este tema debería ser mucho más fructífero que enfocarse sólo en la tasa de cambio. Pero, dada la gran escala de sus reservas (casi 50% del PBI) y su rápido crecimiento, China debería buscar un equilibrio externo, aunque no un déficit, más que un superávit de 4% del PBI. Bajo el último objetivo, su excedente externo podría ser de u$s 400.000 millones para 2015, ya que parece probable que su PBI en dólares se duplique cada cinco años. A diferencia de los países deficitarios que preocupaban a Keynes, EE.UU. al menos tiene artillería pesada a su alcance, por ejemplo, su capacidad de emitir la principal moneda de reserva del mundo. El resto del planeta no puede obligar fácilmente a EE.UU. a ajustarse si no quiere hacerlo. Más aún, todos, incluyendo a los chinos, parecen asustados de las consecuencias monetarias de un mayor relajamiento cuantitativo de EE.UU. Felizmente, mientras más exitosa es la expansión en la demanda global y el ajuste en los tipos de cambio reales, menos necesaria se hace tal política estadounidense. El centro de cualquier discusión sobre el ajuste global, entonces, debe ser entre EE.UU. y China. Alemania seguirá obstruyendo. Pero sus víctimas son sus socios en la eurozona: han elegido vivir con la devastadora combinación alemana de competitividad externa con frugalidad interna, bajo una tasa de cambio fija irrevocablemente. Japón parece simplemente incapaz de lidiar con su predicamento macroeconómico. Pero China es un caso muy diferente, un superpoder emergente con una amplia población y enormes necesidades domésticas. No hay razón para que siga siendo un enorme exportador de capitales. El rol del G20 es dar espacio para las discusiones necesarias entre los superpoderes existentes y los prospectivos. Si China se autofijara la meta de elevar la demanda y eliminar así sus excedentes de cuenta corriente, idealmente a través de un mayor consumo, el pueblo chino estaría mejor y también el resto del mundo. EE.UU. debería simultáneamente comprometerse con la consolidación fiscal de largo plazo. Entre tanto, el rol de los otros jefes de gobierno del G20, en Corea la próxima semana, es promover el acuerdo necesario. Si tienen éxito, demostrarán uno de los grandes beneficios del multilateralismo: es una manera de manejar conflictos entre los grandes poderes. Geithner ha ofrecido una alternativa imaginativa a la fricción interminable sobre las tasas de cambio. El presidente de China debería aceptar la ruta de escape que EE.UU. le ofrece. |
| |||
| El capitalismo, el que mas lo manipula y menos cree en sus teorias, es el que más sale ganando con el. Normalmente el que da de comer al puerco, es el que al final lo vicia, por eso hay que regular quién le da de comer al puerco, que luego al bicho le salen alas. ![]() Cita:
Última edición por madroño; 08-nov-2010 a las 21:34 |
| |||
|
En los Estados Unidos se respira un aire de decadencia. La extralimitación imperial, la polarización política y una costosa crisis financiera están pesando sobre la economía. Algunos expertos ahora les preocupa que ese país contraiga el “mal británico”. Condenados a un lento crecimiento, los Estados Unidos de hoy, al igual que el Reino Unido que surgió agotado de la Segunda Guerra Mundial, estarán obligados a reducir sus compromisos internacionales. Esto creará un espacio para potencias en ascenso como China, pero también expondrá al mundo a un periodo de fuerte incertidumbre geopolítica. Al pensar en estas perspectivas, es importante entender la naturaleza del mal británico. No era solamente que los Estados Unidos y Alemania crecieron más rápidamente que el Reino Unido después de 1870. Después de todo, es totalmente normal en los países en desarrollo tardío crecer velozmente como se observa con China actualmente. El problema fue que el Reino Unido no pudo a finales del siglo XIX hacer que su economía pasara al siguiente nivel. El Reino Unido se tardó en pasar de las viejas industrias de la primera Revolución Industrial a los sectores modernos como la ingeniería eléctrica, lo cual impidió la adopción de métodos de producción masiva. Tampoco logró adoptar la maquinaria de precisión que dependía de la electricidad, lo cual se convirtió en un obstáculo para producir componentes mecanizados para ensamblar máquinas de escribir, cajas registradoras y vehículos de motor. Lo mismo se puede decir sobre otras nuevas industrias como la de productos químicos sintéticos, colorantes y telefonía, en ninguna pudo apoyarse. El ascenso de nuevas potencias económicas con costos más bajos condujo inevitablemente a pérdidas de empleo en las viejas industrias como los textiles, el hierro y acero y la construcción naval. Sin embargo, el error principal del Reino Unido fue el de no poder sustituir las antiguas industrias del siglo XIX con nuevas sucesoras del siglo XX. ¿Están condenados los Estados Unidos a la misma suerte? Para responder esta pregunta es necesario entender las razones que explican la falta de progreso tecnológico en el Reino Unido. Una explicación popular es que es una cultura que denigró la industria y la iniciativa empresarial. Durante el largo proceso de modernización británica, las clases industriales estuvieron absortas en las clases dominantes. Desde mediados del siglo XIX, las mentes más brillantes entraron en la política, no a los negocios. Los administradores empresariales eran vendedores que habían sido ascendidos y según se dice, eran de segunda categoría. Ahora, supuestamente, vemos un problema similar en los Estados Unidos. En las palabras de David Brooks del diario New York Times: “Después de décadas de prosperidad, los Estados Unidos se han alejado de su concentrada mentalidad pragmática que en un principio construyó la riqueza de la nación. …Las mentes más brillantes de los Estados Unidos han ido abandonado la industria y la empresa técnica por sectores más prestigiosos pero menos productivos como el derecho, las finanzas, la consultoría y el activismo sin fines de lucro.” De hecho, esta supuesta explicación de la decadencia británica no ha superado la prueba del tiempo. No hay evidencias sistemáticas de que los administradores británicos fueran inferiores. En efecto, ampliar las posibilidades de buscar administradores potenciales más allá de los hijos de los fundadores de una empresa tuvo precisamente el efecto contrario. Permitió que destacaran los mejores. En los Estados Unidos de hoy, también es difícil encontrar evidencias de este presunto problema. Las empresas de Silicon Valley no se quejan de una escasez de administradores talentosos. No faltan nuevos egresados de las maestrías de administración de empresas que establecen nuevas compañías o que incluso trabajan para los fabricantes de automóviles. La segunda explicación popular de la decadencia británica se centra en el sistema educativo. Oxford y Cambridge, establecidas mucho antes de la era industrial, produjeron filósofos e historiadores eminentes, pero muy pocos científicos e ingenieros. No obstante, es difícil ver cómo se aplica este argumento a los Estados Unidos, cuyas universidades siguen siendo líderes a nivel mundial y atraen a estudiantes de posgrados en ciencias e ingeniería de todo el mundo –muchos de los cuales se quedan en el país. Otros más explican la decadencia británica en función del sistema financiero. Al haber surgido a principios del siglo XIX, cuando las necesidades de capital de las industrias eran modestas, los bancos se especializaron en el financiamiento del comercio exterior, y no en la inversión interna y con ello privaron a la industria del capital que necesitaban para crecer. De hecho, las evidencias reales de tal predisposición a favor de la inversión externa frente a la interna son escasas. Y, de cualquier modo, eso también es irrelevante actualmente en el caso de los Estados Unidos, que reciben, y no envían, inversión extranjera. Según una última explicación de que el Reino Unido no haya podido mantener el ritmo, la culpable es la política económica. El Reino Unido no pudo establecer una política eficaz de competencia. En respuesta al colapso de la demanda en 1929, se impusieron altas barreras arancelarias. Al estar protegida de la competencia extranjera, la industria se hizo obesa y perezosa. Después de la Segunda Guerra Mundial, los cambios constantes entre los gobiernos laboristas y conservadores dieron lugar a la interrupción constante de políticas, lo que aumentó la incertidumbre y creó problemas financieros crónicos. Esta es la explicación más convincente de la decadencia británica. El país no logró desarrollar una respuesta de política coherente a la crisis financiera de los años treinta. En lugar de tratar de trabajar juntos para abordar los problemas económicos urgentes, sus partidos políticos se dedicaron a atacarse. El país volvió la mirada al interior. Su política se hizo irascible y errática y sus finanzas se volvieron cada vez más inestables. En resumen, el fracaso del Reino Unido fue político, no económico; Y eso, lamentablemente, es muy pertinente para el futuro de los Estados Unidos. Barry Eichengreen es profesor de Economía y Ciencias Políticas de la Universidad de California en Berkeley. |
| |||
|
ESCUCHO OFERTAS PARA LA POLEMICA Ni el BRIC ni nadie podrá superar a los Estados Unidos Por José Brechner El mundo se enteró de la existencia del BRIC, y Buenos Aires está inundado de afiches que anuncian el sorprendente avance de las nuevas potencias económicas, de las que se revelarán sus éxitos en un programa periodístico. La sigla pegó y los comentarios están en boca de todos. Brasil cada semana avanza un puesto en la lista de los países más ricos y, según el taxista, está a punto de quitarles el primer lugar a los americanos. Los brasileros también creen lo mismo. Toquemos tierra. Ni Brasil, Rusia, India o China, llegarán a opacar el poderío económico o la influencia cultural de los Estados Unidos. A lo máximo que pueden anhelar es a aumentar su PIB, mejorar su nivel de vida y modernizarse, en un proceso muy largo y trabajoso. Deberán concentrar todos sus esfuerzos en sacar a su gente del atraso, la incultura y la pobreza extrema, antes de aspirar a algo más. Lo que está enriqueciendo a los BRIC son sus materias primas y mano de obra barata, no su creatividad. Estados Unidos no se convirtió en la superpotencia más colosal de la historia por sus recursos naturales, sino por el ingenio de su gente, sumado a sus principios libertarios, sus valores morales, su abierta estructura social fundada en la tolerancia, y su franco patriotismo. Nunca existió una sociedad tan innovadora, libre y juiciosa. La filosofía política abrazada por la comunidad, es el embrión del desarrollo de los pueblos. Los estadounidenses, según Gallup, son 42% conservadores, 35% moderados y 20% izquierdistas. Eso significa que 80% son de centro derecha. Saben que el capitalismo en democracia es la clave de la prosperidad. No les gusta que el estado se meta en sus vidas, menos aún en sus negocios. Quieren ser dueños de su dinero, pagar el mínimo de impuestos, que deben usarse para brindarles protección e infraestructura general. La libertad es su derecho más preciado. Los BRIC, con excepción de la India que es una democracia sincera, son tendientes al socialismo, aunque aprendieron, a medias, que para enriquecerse deben permitir el desenvolvimiento de la empresa privada. ¿Cuánto tiempo les durará su bondadoso gesto de dejarles trabajar en libertad a sus congéneres antes de que los impuestos desmedidos, las intrusiones fiscales, los subsidios, las inversiones estatales, o las nacionalizaciones, los lleven al estancamiento y la ruina? Rusia todavía no se despojó de su pasado totalitario. Putin y Medvedev son de la guardia vieja. China es una dictadura comunista. Brasil es el peor de todos. Ignorancia, pobreza, progresismo, oportunismo; más corrupción y crimen que exceden la imaginación. India tiene tanta miseria, que pasarán añares hasta que mejoren las condiciones de su población. El dinero en manos de estos países no es garantía de nada. Si los BRIC están creciendo aceleradamente, es porque están en sus albores capitalistas. Estados Unidos ya es grande, pero sigue prosperando, produciendo, y primordialmente innovando. Los BRIC lo único que saben hacer es copiar y, no necesariamente bien. El factor trascendental e inimitable que separa a los Estados Unidos de los BRIC, es su influencia cultural, que no logró por imposición sino por aceptación. Nos gusta su música, sus ropas, sus películas, sus autores, sus programas de TV. Crecimos con el Ratón Mickey y el Conejo Bugs. Todo el entorno norteamericano es atractivo. Nos gusta su forma de vida. Ninguno del BRIC tiene algo que le apetezca al mundo con excepción de la sopa de wantón. Las naciones que descollaron en el pasado, sostuvieron su sitial aproximadamente por mil años. Si la historia es constante, a los Estados Unidos le quedan 800 más. Fundación Atlas 1853 - 09-Nov-10 - Actualidad Fundacion Atlas 1853 - Articulo de Jose Brechner |
| |||
| ¿Hay alternativa al patrón dólar? Cita:
|
| |||
| La FED tiene razón al querer inundar al mundo con dólares NOTA PERSONAL: Aseveracion un poco conflictiva,- para discusión de economistas (Articulo del Financial Times) No es cierto que la política de “relajamiento cuantitativo” que implementa Estados Unidos lleve a la inflación y deprede el comercio mundial. Al contrario, puede ayudar aunque no sea eficiente si no se complementa con otras medidas MARTIN WOLF El cielo se está cayendo, gritan los histéricos: la Reserva Federal está vertiendo dólares en cantidades tales que pronto no tendrán valor. Nada podría estar más lejos de la realidad. Como en Japón, la política conocida como “relajamiento cuantitativo” tiene muchas más probabilidades de ser inefectiva que letal. Es una manguera monetaria, no la inundación de Noé. ¿Qué está haciendo la Fed? ¿Por qué lo está haciendo? ¿Por qué son exageradas las críticas? ¿Qué debería estar haciendo la Fed? La respuesta a la primera pregunta es clara. Como declaró la Fed el 3 de noviembre, “promover un ritmo más fuerte de recuperación económica y ayudar a asegurar que la inflación, con el tiempo, está en niveles consistentes con su mandato, el comité (federal de mercados abiertos) decidió hoy expandir sus tenencias de valores. El comité mantendrá su política existente de reinvertir los pagos de capital de su cartera de valores. Además, el comité pretende comprar otros u$s 600.000 millones de Treasuries de largo plazo para fines del segundo trimestre de 2011, un ritmo de unos u$s 75.000 millones mensuales. Ben Bernanke, presidente de la Fed, delineó los argumentos en un discurso el mes pasado. Advirtió que el desempleo de Estados Unidos está por encima de cualquier estimación razonable de equilibrio. Más aún, el crecimiento económico esperado hace improbable que esto cambie durante el curso de 2011. Esto ya es malo, pero lo que lo hace peor es que la inflación subyacente ha caído a cerca de 1%, pese a la expansión del balance de la Fed. Las expectativas de inflación están bien ancladas, agregó, pero eso podría cambiar si la deflación ataca. Dada la capacidad ociosa, eso puede no estar lejos. La Fed, agregó el presidente, tiene un mandato dual: fomentar el máximo empleo y la estabilidad de precios. Hacer nada sería incompatible con esta obligación. La única pregunta es qué hay que hacer. La respuesta son las compras propuestas de bonos del Tesoro. Esto simplemente extiende las operaciones clásicas de mercado abierto arriba en la curva de rendimiento. También expandiría el balance de la Fed en casi un cuarto, o casi 4% del producto interno bruto. ¿De verdad va EE.UU. en el camino de la República de Weimar? En una palabra, no. No es una sorpresa que Wolfgang Schäuble, ministro de hacienda de Alemania, piense de otro modo. Él describe al modelo de crecimiento de Estados Unidos como “en una profunda crisis”, añadiendo que “no es correcto cuando los estadounidenses acusan a China de manipular las tasas de cambio y luego hacen bajar el precio del dólar abriendo las compuertas”. Es probable que él crea que, en un mundo apropiado, EE.UU. se vería obligado a seguir la ruta deflacionaria impuesta sobre Grecia e Irlanda. Esto no va a pasar. Ni debería. Resumidas, las críticas a la Fed son dos: sus políticas llevan a hiperinflación y son predatorias, aunque no intencionales. La primera de estas críticas no sólo es errada, también descabellada. La esencia del sistema monetario contemporáneo es la creación de dinero, de la nada, por las colocaciones con frecuencia imprudentes de los bancos privados. ¿Porqué es correcta y apropiada tal privatización de una función pública, mientras que las acciones del banco central, para satisfacer una necesidad pública apremiante, un camino a la catástrofe? Cuando los bancos no prestan y el dinero amplio apenas crece, es exactamente lo que debería estar haciendo. Los histéricos agregan que es imposible achicar el balance de la Fed con suficiente rapidez para evitar una expansión monetaria excesiva. Eso tampoco tiene sentido. Si la economía despegara, nada sería más sencillo. De hecho, la Fed explicó exactamente lo que haría en su informe monetario al congreso en julio pasado. Si ocurre lo peor, simplemente elevaría los requerimientos de reservas. Como muchos de sus críticos creen en reservas bancarias de 100%, ¿por qué objetarían un movimiento en esa dirección? Ahora veamos el argumento de que la Fed está debilitando deliberadamente al dólar. Cualquier persona moderadamente consciente sabe que el mandato de la Fed no incluye el valor externo del dólar. Esos gobiernos que han acumulado u$s 6,8 billones en reservas extranjeras desde enero de 2000, muchas de ellas en dólares, son adultos con consentimiento. No sólo nadie le pidió a China, el ejemplo más visible, que sumara la enorme suma de u$s 2,4 billones a sus reservas, sino que muchos le pidieron que no lo hiciera. También es falso simplemente argumentar que el debilitamiento del dólar se explica sólo por las políticas de la Fed. De hecho, cualquiera con medio cerebro debería darse cuenta de que Estados Unidos ya no puede combinar un gran déficit comercial con una posición fiscal manejable. Aquellos que quieren que los bonos estadounidenses sigan sólidos deberían celebrar cualquier cosa que ayude a EE.UU. a expandir la demanda doméstica y rebalancear su posición externa. Las actuales políticas monetarias estadounidenses son, contrario a las opiniones de Schäuble, simplemente el yang al yin del mercantilismo del este de Asia. Más fundamentalmente, son las fuerzas del mercado, y no la política monetaria, los que impulsan el rebalanceo global, a medida que el sector privado intenta poner su dinero donde ve las oportunidades. Las políticas monetarias de la Fed sólo añaden otro aspecto. En vez de los quejidos inútiles, lo que se necesitaba era la apreciación coordinada de las monedas de las economías emergentes. Aquí la falla no es de EE.UU. Simpatizo mucho con Brasil o Sudáfrica, pero no con China. El cielo no se está cayendo. Pero esto no significa que las políticas de la Fed sean las mejores posibles. Es probable que cualquier impacto en los rendimientos de los bonos de mediano plazo tengan un efecto económico modesto. Sería mucho mejor si la Fed pudiera hacer subir las expectativas de inflación, ofreciendo un compromiso de compensar un período prolongado de inflación bajo el objetivo con otro de inflación sobre el objetivo. La decisión de monetizar el gasto adicional del gobierno podría ser una herramienta aún más efectiva. Igual de necesario es el plan de acelerar la reestructuración del rezado de la deuda excesiva. Pero, en ausencia de cooperación con el Congreso recién elegido, lo que la Fed está haciendo es, lamentablemente, casi el máximo que podemos esperar, aunque debería haberse atrevido a hacer más. Mientras, las personas “sólidas” llorarán que el cielo se está cayendo sólo para sorprenderse de que no sea así. Hemos visto esta película antes en Japón en los ’90. En cambio, Japón cayó en la deflación crónica. Sí, puede ser razonable pedir una reconsideración del sistema monetario global, como pidió Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial. ¿Pero hay alguien que espere que los políticos digan que si bien lamentan esta caída, primero deben aplacar el mercado de commodities más especulativo del mundo? Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco. |
![]() |
| Herramientas | |
| Desplegado | |
| |