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Antiguo 31-oct-2009, 15:29
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Durante milenios este país inabarcable se consideró el centro del mundo y, según ciertas etimologías, de ese concepto deriva el nombre de China. Afuera estaban los bárbaros. Por eso también se construyó la Gran Muralla, aunque de poco sirvió ante la invasión de los norteños mogoles, que establecieron una propia y breve dinastía.

China dejó entrar la religión budista y se olvidó de su origen indio; también dejó entrar el islam y el catolicismo. Confucio, que vivió unos cinco siglos antes de Cristo, es considerado el filósofo central, que ahora vuelve a tener vigencia porque da mucha importancia a la jerarquía, lo cual es decisivo para mantener el vigor del Partido Comunista, sus líderes y la disciplina que acatan 1300 millones de personas.

El taoísmo y su profusión de deidades no tienen conflictos con el budismo. En las numerosas pagodas una cantidad de seres míticos acompañan las diversas imágenes del apacible Sidharta Gautama. Se está produciendo un ascenso de la religión y de las supersticiones, que el ateísmo comunista ha dejado de perseguir. Por el contrario: parecería que constituyeran una parte de la cultura nacional. También se ha vuelto más laxa la vida sexual y familiar. Hasta hace poco era ilegal vivir en pareja sin casarse y el divorcio resultaba impensable. También se espera que afloje la prohibición de tener más de un hijo.

En cuanto a la política, sufre de anemia ante la fermentación del progreso y las perspectivas de movilidad social. Los jóvenes se dedican a trabajar, estudiar e imitan en dosis aún pequeñas la moda punk. Nunca vi tantos McDonald´s, KFC y Starbucks como en China. También he percibido un silencioso malestar con el partido único, porque da lugar a la corrupción, pero pocos se atreven a manifestarlo en voz alta. Lo ha hecho -y merece destacarse- el presidente Hu Jintao mismo, quien la condenó con fuerza. Se sabe, desde que lord Acton acuñó la frase, que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". ¿Cuánto tiempo soportará el pueblo chino el avance de la corrupción y la venta de influencias? La economía de mercado significa contratos sólidos, limpia competencia y eficacia de la justicia. Pero con un poder tan concentrado, ninguno de esos factores puede regir con firmeza. Menos en un país como China, donde la única institución que se conoce y ha funcionado es el partido único.

Como argentino y latinoamericano, esta visita a China me presenta dificultades para una evaluación. Recuerdo que Truman Capote había hecho un viaje exótico y le pidieron que enviara sus impresiones. Respondió que no podía, porque su viaje ya llevaba una semana. Para brindar buenas impresiones no hay que tomarse más de tres días o quedarse tres años. Yo recorrí ese pais durante doce días y ahora necesitaría un año, por lo menos. Pero me atreveré a formular algunas reflexiones.

En primer lugar, me apabulló su progreso basado en un diluvio de inversiones. Me dio la sensación triste de que mi país y mi continente se están quedando muy atrás, con los ojos en el pasado y las riquezas dormidas. Me dejó estupefacto la velocidad con que se elevan los rascacielos, se tienden autopistas profusamente iluminadas, se instalan trenes monorriel, se llenan con flores espacios inmensos. La limpieza se extiende como un mantel impoluto por las calles. Hay seguridad para caminar por cualquier sitio y se trabaja noche y día, sin pausa alguna, sino con rotación de turnos. Me impresionaron las ganas de estudiar que tienen los jóvenes y cómo en un país comunista hay severos exámenes de ingreso a las universidades del Estado y se debe pagar una cuota semestral. Quienes revelan capacidad y no pueden pagar firman un contrato de honor para hacerlo después de recibidos. A las universidades privadas van los que no pueden entrar en las públicas. Ser estudiante universitario es una distinción que debe retribuirse con esmero. ¿Hacer política en la universidad? El joven a quien pregunté me miró asombrado: "No, yo voy a la universidad para aprender", dijo.

China no ha celebrado el triunfo del comunismo en 1949, sino la unificación del país y la superación de los incesantes conflictos internos que primero terminaron con el imperio y luego mantuvieron en jaque a la república inaugurada en 1911 por el doctor Sun Yat-sen. El partido nacionalista, el Kuomintang, perdió la guerra civil y se refugió en la isla de Taiwan. Pero ahora parece que el verdadero triunfo no fue de los comunistas, sino de los nacionalistas. China, aunque abuse del rostro de Mao, no es la que quería Mao. Su legado ideológico se pulverizó. Hay una modernización que nada tiene del modelo soviético, aunque persista la impregnación burocrática del partido. En los últimos 30 años de apertura, ha empezado un acercamiento con Taiwan, cuyos principales industriales ya fabrican en el continente. Es probable que en algunos años también esta isla -igual que Hong Kong y Macao- forme parte de "un país con dos sistemas", porque ni siquiera quedará en pie eso de los dos sistemas, sino que predominará el mercado, con un aumento de la democracia.

Como sostuvo El País , las celebraciones del 60° aniversario revelan que China, más que comunista, es ahora nacionalista. Si bien el partido único obtuvo la victoria en todos los frentes, ha tenido la inteligente audacia de adaptarse a los instrumentos del desarrollo, sin ideas anacrónicas. Una película épica que acaba de lanzarse quiere modificar la narrativa y muestra a Mao en un brindis con Chiang Kai-sek y en un momento dice que se debe traer de regreso a los capitalistas. No puede ser casual.

Faltaría contar mucho aún. Pero cerraré el artículo con un colofón: abramos los ojos y aprendamos de quienes ya nos superan de lejos. Dejemos los conflictos menores y aprendamos a privilegiar un serio pensamiento estratégico, como hizo el intrépido Deng Xiaoping.

Fuente: Demasiado lejos de Mao - lanacion.com


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