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Antiguo 31-oct-2009, 15:24
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No hay duda de que en este país con más de 1300 millones de habitantes su imagen simplificada es ahora un símbolo de unidad. Por eso su rostro preside la plaza Tiananmen y es venerado como se hacía con los antiguos emperadores. Incluso es obligatorio estudiar el libro con sus pensamientos, aunque de ellos sólo quedan lugares comunes o cenizas. Constituye la breve etapa de una historia que tiene alrededor de 6000 años. Por ahora Mao sirve como emblema de la absoluta potestad que ejerce el Partido Comunista.

La democracia progresa paso a paso, diría Deng. Nada que genere disturbios o agriete el poder del Partido se tolera. No existe el derecho de huelga, ni el disenso sin castigo, ni que alguien se atreva a formar un piquete o hacer una pintada. La dictadura se ejerce en serio.

La Carta 08 (por el año 2008, que recuerda la Carta 77, publicada en Checoslovaquia) tiene la firma de más de 300 intelectuales que piden democracia y respeto por los derechos humanos; varios han tenido que exiliarse y otros sufren prisión. Han surgido movimientos secesionistas en el oeste musulmán y el sur tibetano; también intentos de introducir la droga. Pero esos delitos se sancionan con mano dura, incluso con rápidas penas de muerte. No hay espacio para la protesta. Se ven fuerzas de seguridad por todas partes, con uniformes diversos y también vestidos de civil. Millones de personas están entrenadas para ejercer este trabajo de forma sistemática e inclemente.

A esa cualidad se atribuye el hecho de poder transitar por cualquier sitio a cualquier hora, que no haya ni un papelito tirado en la calle o la vereda, que sólo se piense en trabajar y estudiar. ¿Es el paraíso? ¡Claro que no! ¿Hay peligro por la falta de instituciones democráticas fuertes? ¡Claro que sí! Por ahora el Partido es timoneado por gente lúcida, pero si emergiesen figuras del estilo Chávez, Mugabe, Zelaya, Khadafy o Correa, el futuro que allí deslumbra puede comenzar a desmoronarse.

Antes de finalizar, describiré algo del portentoso festejo sobre estos primeros 60 años de la República Popular. Como para esa fecha en Pekín suele llover o estar muy nublado, la tarde anterior su cielo fue objeto de medidas que adelantaron la lluvia para la noche previa. De esa forma se consiguió que la capital amaneciera tan despejada como había sucedido por única vez en 1957. Bajo un sol feliz, el presidente Hu Jintao pasó revista de pie, en una lujosa limusina china descapotable, a una interminable fila de soldados, para luego unirse a las demás autoridades sobre el balcón de la Ciudad Prohibida, que da a la espaciosa plaza de Tiananmen.

El evento superó en número y colorido a las concentraciones de masas que se habían popularizado en el siglo XX, tanto por gobiernos de izquierda como de derecha.

Desfilaron nutridas delegaciones con trajes típicos, alardes de acrobacia y danzas regionales. Hubo 36 formaciones con más de cien mil actores, además de 60 grupos que representaban diversos aspectos del país, incluidas las últimas olimpíadas. Los seguían 80.000 escolares con atuendos coloridos y el despliegue de bien entrenadas habilidades. Algo que no se ve ni en el sambódromo de Río.

Llevaban emblemas diversos, entre los que no faltaron retratos gigantescos de los líderes que marcan las etapas de la llamada "Nueva China": Mao, Deng, Jian Zemin y Hu Jintao. No figuraron Marx, Engels, Lenin ni Stalin, como en décadas anteriores.

El desfile incluyó un nutrido y sofisticado arsenal de guerra, incluidos misiles y lanzamisiles. El cielo fue rayado por ágiles escuadrillas de aviones.

Semejante despliegue duró varias horas. Al atardecer el cielo se decoró con el estallido lujoso e interminable de los fuegos artificiales, que, se sabe, fueron un invento chino muy anterior a estos últimos 60 años.


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