(Continuacion)
La ventaja más clara de este tipo de acciones es que en épocas de incertidumbre y difíciles para la bolsa son menos susceptibles de castigo que otras acciones más "sobrevaloradas" (la desventaja es que normalmente se trata de acciones olvidadas por los inversores y que pueden llegar a aburrirnos soberanamente)
Ante todo dire que esta estrategia fundamentalista de largo plazo y dinero de sobra no es aconsejable para el mercado Argentino y/o mercados emergentes en donde la espera puede convertirse en NADA con agravantes de devaluaciones y retiros de bolsa y SI aplicable por lo menos en Estados Unidos o Bolsas Europeas
Dreman elige las acciones con menor PER y mayor Rentabilidad por Dividendos de cada sector de actividad, asegurándose así una cierta diversificación en la inversión.
Quizá David Dreman sea uno de los inversores contrarios en activos más famosos del mercado, autor de varios libros sobre el tema, ferviente crítico de analistas y expertos en bolsa y considerado un gurú en su país natal, EE.UU. El señor Dreman es partidario hoy día de una estrategia de inversión contraria y centrada en localizar acciones que, por criterios de análisis fundamental, encierren un alto valor.
Básicamente la estrategia de Dreman consiste en calcular una serie de ratios para todas las acciones del mercado, de los cuales él considera como más importantes el PER (Precio de la acción entre Beneficio por Acción) y Rentabilidad por Dividendo. A continuación ordena todas las acciones en función de esos dos criterios, divide el conjunto en cinco subconjuntos iguales (llamados quintiles) y se queda con los valores que están en el subconjunto de menor PER (los más baratos) y también con los que aportan mayor Rentabilidad por Dividendo (mayor seguridad en la inversión). A juicio de Dreman los valores de bajo PER y alta Rentabilidad por Dividendo habitualmente lo son porque han recibido un excesivo castigo por los inversores (aunque las expectativas de los analistas para el futuro de estas compañías puedan ser negativas).
Haciendo estos cálculos resulta habitual encontrarse con que los valores donde debemos invertir son empresas de un mismo sector de actividad (especialmente maltratado por los inversores en función del momento del ciclo económico, concretamente hoy los valores cíclicos), así que en su último libro Dreman añadió una interesante modificación en su estrategia: si invertimos en los valores que muestren el menor PER y la mayor Rentabilidad por Dividendo de cada sector, no sólo compramos acciones que encierran un alto valor sino que a la vez diversificamos (de otro modo seguramente nunca invertiríamos en acciones de moda como las ligadas a la Nueva Economía) y reducimos riesgos.
Para terminar hay que señalar que ante el problema habitual de muchos inversores contrarios (si el sentimiento de mercado no cambia les puede salir barba esperando a vender sus acciones), Dreman propone en su estrategia vender las acciones cuando alcancen ratios similares a la media del mercado o, si el negocio no sale como se esperaba, vender al cabo de tres o cuatro años después de la compra (claramente la estrategia de Dreman es a largo plazo).
El filósofo Kierkegaard dejó para la posteridad una interesante sentencia que está en la raíz de lo que en finanzas se denomina Teoría de la Inversión Contraria: "Un hombre solo puede equivocarse, pero la multitud siempre se equivoca". El concepto de inversión contraria es relativamente amplio y no está del todo claro, aunque la idea que subyace es que la mejor estrategia inversora es ir en contra del mercado, es decir, hacer exactamente lo contrario que la multitud (a la que muchos inversores contrarios aluden con términos peyorativos como el rebaño).
Quizá la postura que más se suele asociar con la idea de inversión contraria es la de que hay que comprar cuando todos venden y vender cuando todos compran. La justificación intuitiva está en que cuando la mayoría tiene una visión pesimista y cree que la bolsa va a bajar, la gente vende masivamente acciones y el mercado se queda sin nadie dispuesto a vender, con lo que sólo queda camino para subidas; con una visión optimista generalizada ocurriría exactamente lo contrario.
Otra idea que sostienen la mayoría de los defensores de la opinión contraria es que el mercado tiende a sobre reaccionar ante determinadas variables, o lo que es lo mismo que los inversores tendemos a la exageración.
Si surgen buenas noticias sobre una acción, nos lanzamos a comprar casi como posesos y hacemos subir su cotización por encima de lo razonable, y a la inversa con las malas noticias; si los analistas o expertos hablan del mal momento que vive un sector, vendemos masivamente hasta hacer que la acción cotice muy por debajo de lo que en buena lógica podría valer. Con todo a largo plazo acaba imperando el sentido común y las desviaciones tienden a corregirse (aunque esto último no lo comparten todos los "contrarios").
Posiblemente estas ideas no se alejen mucho de la realidad, pero por supuesto predecir el momento en que se acerca ese nivel de saturación que hace darse la vuelta al mercado es enormemente complicado, por no decir imposible. Por ello los inversores contrarios se limitan normalmente a definir estrategias concretas que les aproximen a hacer lo contrario que la mayoría de la gente; algunas típicas son comprar valores que se encuentren en mínimos anuales, valores que los analistas recomiendan vender, valores que aparecen en las portadas de la prensa en noticias de carácter catastrófico, etc.
La inversión contraria quizá tenga una cierta apariencia excéntrica, grotesca o incluso romántica, pero de lo que no cabe duda es de que este tipo de inversores requiere de una dosis extraordinaria de sangre fría: lo normal es que cuando uno compra lo que la mayoría no quiere, como mínimo tarde un tiempo en poder revenderlo más caro. Mientras tanto puede que observemos como nuestra inversión va perdiendo valor a la par que continúa la fiebre vendedora de la mayoría.
Sin embargo estas teorías tienen un notable número de seguidores, y desde sus filas se asegura que funciona: de hecho se han presentado varios estudios estadísticos que demuestran un consistente mejor comportamiento en el pasado de valores que cumplían condiciones como tener una recomendación de venta por los analistas, aunque para los que no creemos demasiado en la estadística ello no supone una demostración irrefutable. Según ellos, a pesar de que la efectividad de determinadas estrategias de inversión contraria salta a la vista, la gran mayoría de los inversores prefieren mantenerse al margen de ella por razones psicológicas: en otras palabras, que por naturaleza los seres humanos tendemos a seguir un comportamiento rebañil. Quizá sea interesante observar el ejemplo en nuestro mercado de Hidrocantábrico, un valor que desde finales del año pasado los analistas recomiendan vender y en este mismo período de tiempo ha subido en bolsa cerca del 30% (alguno se reirá al observar que hoy la recomendación de los analistas ha mejorado y se sitúa en mantener)
Con todo, si la inversión contraria pura no cuenta con excesivos adeptos, sí existen numerosas versiones más o menos descafeinadas de gran popularidad, especialmente en mercados como el norteamericano. Una idea muy aceptada es por ejemplo la de que todo inversor debiera reservar una parte de su cartera para invertir con criterios contrarios. Y de hecho una actitud muy común en los inversores, la de mantener un dinero en efectivo para comprar cuando el mercado baja mucho (o para comprar más acciones de una empresa que ya está en nuestra cartera pero que no para de bajar), no deja de ser en definitiva una forma de inversión contraria.
HASTA HAY PAGINAS DE CONTRARIANS !!!
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