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NOTA: el inversor junior generalmente entra en la bolsa pensando que no va a tener que trabajar dejando que las inversiones “fluyan” y posteriormente se convierte en un workalcoholic.
"Los inversores se comportan como alcohólicos. Por la mañana están con resaca cuando la noche anterior han bebido demasiado alcohol, y juran no volver a tocar una copa; pero a las siete de la tarde se atreven ya con un cóctel, a las ocho con un vaso de vino y a las diez con uno de whisky. A las doce están tan bebidos como la noche anterior. Es como una rotación, como el flujo y reflujo de las mareas. Aunque por desgracia, ni tan siquiera los más inteligentes economistas pueden calcular en que momento ocurrirán los cambios, al contrario de los oceonógrafos que pueden predecir al segundo los movimientos de las mareas". André Kostolany, "Estrategia Bursátil".
No hace mucho, un bolsista me relataba una experiencia similar:
Se levantaba a las 05,45 horas todos los días con una exactitud matemática. Con un café en la mano, encendía la computadora, echaba una ojeada a la bolsa japonesa y revisaba toda la información y noticias que tenía localizadas en periódicos y webs bursátiles. Cuando abría la bolsa española, él ya había tomado una decisión, aunque curiosamente era frecuente que pudiera cambiar de opinión en el último momento, incluso en el mismo momento de llamar a su agente bursátil…En realidad, tenía un comportamiento impulsivo, excesivamente peligroso en el mundo financiero.
Podía tanto comprar como vender, según creyera cual podía ser la tendencia del día, ya que su intención era la de cerrar posiciones en el mismo día…. Otra cosa curiosa: muchas veces no cerraba posiciones…Le podían las ilusiones de ganar un poco más, aunque resultaba también paradójico que muchas veces se conformara con no perder o perder poco.
Lo cierto es que la mayoría de las posiciones las acababa cerrando finalmente los viernes, antes del fin de semana con la intención de descansar de lo que se había convertido en una "inmensa" obsesión. Lo peor de todo es que tampoco conseguía cerrar todas las posiciones, algunas se convertían en inversiones para el olvido…se iba quedando "enganchado" en muchas de ellas.
Los fines de semana los solía pasar pensando en que no compensaba. En realidad sentía que sufría, que hacía mucho esfuerzo para nada y que tenía que tomarse las cosas de otra forma…Le "jorobaba" estar tan pendiente de la bolsa…entonces se acordaba de que apenas salía, incluso que casi nadie le aguantaba, ya que la obsesión se había apoderado totalmente de él y no podía pensar o hablar de otra cosa que no fuera de la bolsa…Se juraba entonces olvidarse un poco de la computadora, tomarse las cosas con un poco más de tranquilidad.
Después de esos fines de semana de reflexión, volvían los lunes. Se despertaba a las 05,45, no le hacía falta despertador. Recordaba lo que había pensado el fin de semana, sin embargo suponía que iba a controlar la situación…se lo tomaría con más calma. A la vez pensaba en si sería este su día de suerte, si podría por fin hacer una buena operación que le permitiera ganar lo del mes o, al menos, lo de la semana. Con un café en la mano, empezaba a repasar las noticias informaciones financieras. Cuando llamaba a su agente bursátil, tenía ya la decisión tomada, aunque, curiosamente, era frecuente que cambiara de opinión en el último momento…
Esta persona sentía lo mismo que el alcohólico al que se refiere Kostolany. Se trata del poder de la adicción compulsiva. Detrás de la adicción se encuentra la tendencia a la repetición que tenemos los seres humanos. Hay un dicho que alude a ello y que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Diríamos que en la adicción no se tropieza dos veces solamente, pueden ser infinitas…El sujeto se deja llevar por sus impulsos y goza de ello. El problema es que, al mismo tiempo, sufre un proceso destructivo. Se trata de la Pulsión, "el instinto humano".
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