Trabajadores “tóxicos”
No es una regla de tres exacta: para averiguar si en tu trabajo hay alguna persona “tóxica”, veamos un ejemplo sencillo para que puedas reconocerlos: ¿Alguna de las personas que te rodean en tu vida cotidiana te hacen sentir deprimido, enojado o cansado?. Suele tratarse de una persona quejica, o de alguien que siempre que ve las cosas negativas y lo peor es que siempre después de desahogarse contigo, parece más feliz. Si tienes a alguien así a tu alrededor, es probable que se trate de una persona tóxica.
Esto también se aplica al mundo laboral, y mucho. Los trabajadores tóxicos son aquellos que generan conflictos y negatividad en el equipo, minan la motivación, desacreditan a sus superiores o, incluso, llegan a engañar, robar y mentir.
Paco Muro, Presidente de la consultora de recursos humanos Otto Walter, define así a este trabajador que toda organización debería evitar como a la peste:
Se trata de un empleado, ya sea de base o jefe, que, por una actitud y comportamientos inadecuados, genera energía negativa a su alrededor, tensión en los demás, desmotivación, conflictos y pérdida de rendimiento en el equipo.
No hay que confundir a una persona que puntualmente está desmotivada o no está contenta con su trabajo con un trabajador tóxico.
Desde la consultora, identifican varios tipos de empleados tóxicos, que pueden atentar contra la estabilidad y el buen funcionamiento de una organización:
Los provocadores de conflictos. Cuestionan todas las instrucciones y directrices de los supervisores, son intransigentes y excesivamente críticos con sus iguales, siempre tienen algún problema o queja que plantear (aunque sin sugerir soluciones), utilizan malas formas para hacer peticiones y descalifican continuamente a otros y a la empresa en general.
Los holgazanes. Seleccionan las tareas a hacer en función del nivel de dificultad y sus gustos, nunca proponen por iniciativa propia implicarse en más áreas de las estrictamente requeridas en su contrato, llevan un ritmo lento y siempre ponen excusas ajenas a ellos cuando se les señala que no se han conseguido determinadas metas.
Los incompetentes. Debieron inflar el currículum, porque muestran que no están capacitados para el puesto que ocupan. Algunos ejemplos de este tipo se ven en la dificultad para aprender nuevos cometidos o reciclarse, repetir una y otra vez los mismos fallos, incapacidad para retener información, etc.
Los fraudulentos. Se las ingenian para mentir o estafar. No se puede confiar en ellos, porque se les ha “pillado” alguna vez apropiándose de beneficios de la empresa, falsificando documentos, robando u usando bienes materiales de la compañía con fines personales o lucrativos.
Los de cuerpo presente. Acuden a su puesto de trabajo, pero trabajan la mitad que el resto de compañeros, a quienes sobrecargan de tareas.
Los enemigos del jefe. Empleados que muestran abiertamente animadversión hacia su superior y la política de la empresa. Invierten una gran parte de tiempo en desprestigiar y cuestionar las funciones de su jefe delante de sus compañeros.
Los soberbios. Demuestran un alto rendimiento y una gran motivación de superación. Pero contaminan al equipo de trabajo con sus pretensiones e incapacidad para aceptar una crítica, pues creen que están al 100% en posesión de la verdad. Asumen el rol de líder prepotente, que no es elegido democráticamente por el resto, y que subestima las aportaciones de los demás en las reuniones de grupo.
Entre sus armas destructivas pueden utilizar el chantaje o la coacción, exigiendo unas retribuciones abusivas, bajo amenaza de irse de la compañía dejando proyectos abiertos, y haciendo hincapié en el gran valor que pierde la empresa con su retirada.
¿Qué podemos hacer ante un trabajador tóxico?
- Reconocerlos. De esta forma, no te pillarán desprevenido.
- Evitar el “contagio”. Para evitar el efecto negativo en ti. Cuando sabes quién es la persona, puedes mantener una distancia emocional que te permite observar su comportamiento desde afuera, sin que te afecte.
- Alejarte. Si esta persona no es esencial en tu vida, puedes diluir la relación.
- Sanar la relación. Si la relación es importante para ti, dile a esa persona lo que está haciendo y cómo te está afectando.
El trabajador tóxico puede ser uno de nuestros compañeros o puede ser nuestro jefe. Si se trata del jefe, ten mucho cuidado, porque puede ser un problema grave e incluso llegar a situaciones más extremas, como el mobbing. Ignacio Piñuel, psicólogo del trabajo y profesor de la Universidad de Alcalá, destaca de la personalidad de estos directivos su actitud depredadora
Dejan cadáveres a su paso. Les interesa, únicamente, su permanencia en el poder, y muchas veces eliminan a trabajadores muy válidos.
¿Qué es lo que hace un jefe tóxico?
- Extender el miedo: utilizan la intimidación, generan precariedad para someter a los empleados.
- Usan la violencia psicológica en sus relaciones: llegando incluso a utilizar tácticas como el mobbing.
- Generan clanes: Son personas adeptas, sumisas a ellos. Suelen colocar en la organización a amigos o familiares. Creen que dirigir es un gen, que su talento viene del genio, del arte, y cada vez se vuelven más tóxicos.
Se pueden diferenciar varios perfiles de jefes tóxicos:
- El paranoide, que funciona a la defensiva, desconfía y genera herramientas de espionaje y monitorización.
- El narcisista, que tiene una autoestima muy baja y lo compensa con actitudes arrogantes.
- El psicópata organizacional, que no tiene empatía pero, a la vez, suele tener una gran capacidad de seducción. Este suele ser el más peligroso.
¿Cómo neutralizar a un jefe tóxico?
Piñuel aconseja, ante todo, echarle valor.
El recurso que nos queda contra un psicópata es hacerle frente. No hay que amilanarse. En el fondo, este tipo de directivos son débiles, son mediocres inoperantes activos. Se ensañan con los débiles, pero no se atreven con los fuertes. Suelen atacar, sobre todo, a los trabajadores conciliadores, porque así no son enfrentados
¿Has padecido alguna vez a un jefe o a un compañero tóxico? ¿Qué has hecho?
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Escrito por mariarp el 12 de julio de 2011 con
6 comentarios.


Esta gente mina la autoestima de quien esta a su alrededor. Para no caer en su táctica, hacerle el caso justo, no mas, y si es posible hablar , aunque no van a escuchar.