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¿Eres un inversor emocional?

La teoría financiera tradicional sugiere que nosotros, como inversores, somos racionales y por ello, buscamos maximizar nuestra riqueza a través de un proceso de inversión y toma de decisiones puramente objetiva, evadiéndonos de toda emocionalidad

Esto tiene sentido total a partir de un punto de vista lógico ¿Alguien invierte con el propósito de  perder dinero? Sin embargo, aquí es donde empezamos a tener algunos problemas. El miedo y la codicia son emociones primarias que todos tenemos. A esto además deberíamos añadir algunos pasajes de histeria colectiva (instinto de rebaño).

Si invirtiésemos nuestro dinero desde una isla desierta, en la que somos ajenos al mundo exterior y todo el ruido acerca de lo que podía salir mal, las emociones no serían un problema para la inversión. Tendríamos nuestras inversiones en un horizonte temporal -normalmente hasta la jubilación- y probablemente esperaríamos hasta que llegamos a nuestros objetivos.

El problema es que no vivimos en un vacío. Las personas se ponen nerviosas con los mercados debido a lo que han escuchado en la televisión, la radio, un artículo o incluso de uno de sus compañeros de trabajo en la máquina de café. Esto afecta a nuestras emociones… Demasiado

En el siguiente gráfico se muestra la montaña rusa emocional de un inversor según la evolución del mercado. Estoy seguro de que todos nosotros podemos identificarnos en las estas diferentes etapas, y en su conjunto, cuentan una historia mucho más útil según la fase de mercado.

Nuestras emociones afectan al rendimiento de la inversión, nos guste o no, y pueden llevarnos a tomar decisiones irracionales, basadas más en la forma en que nos sentimos que en los propios hechos reales. Simplemente parte de la base de cómo estamos conectados y nos pueden afectar en una amplia variedad de aspectos de nuestra vida.

La educación y la información son las claves de todo esto. Cuanto más se sabe acerca de los fundamentos y cómo está estructurado su situación financiera en particular, mejor preparado estamos para tomar decisiones acertadas con base en información sólida. No hay ninguna garantía en el momento de invertir, pero si nos armamos con estos principios y somos capaces de evadirnos de nuestro estado emocional, estaremos más acertados en el largo plazo.

Marc Fortuño

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Escrito por Carlos Lopez el 22 de Junio de 2017 con 34 comentarios

El remake de Wall Street se parecería más a Robocop que a Gordon Gekko

El año 1987 nos dio buenas pelis, La princesa prometida, Arma Letal, Depredador, La chaqueta metálica, Wall Street y Robocop entre otras.

Veamos un poco que nos cuenta la wikipedia sobre Robocop:

RoboCop trata temas más amplios como la manipulación mediática, la resurrección, la gentrificación, la corrupción política, la privatización, el capitalismo, la masculinidad y la naturaleza humana.

La peli hablaba de un futuro próximo en el que Detroit está al borde del colapso debido a la ruina financiera de la zona municipal y a la delincuencia sin control.  La gran corporación OCP (Omni Consumer Products) firma un contrato con el ayuntamiento de la ciudad y a la vez llegan a un convenio para dirigir la fuerza policial metropolitana. Uno de los programas es el ED-209 estructurado con un diseño de robótica básica muy avanzado, encabezado por un corrupto Vicepresidente de nombre Dick Jones

Como veis, unos temas de lo más actuales.

De todas maneras, de Robocop hicieron hace poco un remake bastante malo, así que hoy toca imaginarnos como sería Wall Street si la tuviesen que rodar de nuevo.

De esto trataba la pelicula:

Durante el día trabaja en Jackson Steinem, y en sus ratos libres intenta conocer a uno de los grandes magnates de las inversiones a quien admira: Gordon Gekko (Michael Douglas). En la celebración de su cumpleaños le regala una caja de habanos cubanos y le revela información clasificada que hará subir las acciones de la compañía aérea donde trabaja su padre. Gekko decide contratarle como agente, por su persistencia y para aprovecharse de sus contactos, y así conseguir información clasificada de otros inversionistas.

El Gordon Gekko de la actualidad es Larry Fink, el fundador de Blackrock, de esta empresa de inversión hablamos por aquí hace un par de años cuando nos preguntamos  ¿Quién debería representar a la Tierra en caso de que llegasen los extraterrestres? ya que gestiona unos activos de 5.4 billones de dólares (ojo, billones europeos), esto son cinco veces el PIB de España.

Para BlackRock, la empresa con los mejores cerebros financieros del mundo, la era de los brokers bien vestidos trabajando frente a muchos monitores. Terminó.

Esto…

Se ha sustituido por esto

BlackRock anunció recientemente una reorganización de su negocio de inversión en el que los modelos informáticos irán sustituyendo a parte de su fuerza laboral. La razón es que cada día es más difícil para un humano batir al mercado.

Los clientes de sus fondos tienen ya la opción de invertir en productos gestionados por sistemas informáticos que prometen un mayor rendimiento a un menor coste.

Blackrock no está siendo la primera en hacer esto pero si es la más importante y a la que muchos siguen su estrategia. Estos productos pueden ser desde muy sofisticados hasta simples réplicas de índices y en un momento en el que los rendimientos son tan bajos la diferencia la pueden marcar las comisiones y está claro que un programa informático cobra bastante menos que un gestor de renombre.

En un mundo en el que la Inteligencia artificial ya es capaz de ganarnos al Ajedrez y al Go, que éstas dominen los mercados financieros crean un panorama bastante incierto que echa definitivamente del juego a los pequeños inversores, a no ser que te creas capaz de ganar al ajedrez a Deep Blue.

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Escrito por Carlos Lopez el 21 de Junio de 2017 con 33 comentarios

El incierto futuro de la Unión Europea

A principios de marzo, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, presentaba su Libro Blanco acerca del futuro de la Unión Europea. Un documento que, en unas cuantas páginas, esbozaba el panorama de Europa, tras la salida del Reino Unido, y dibujaba las cinco posibles alternativas de futuro que se abren para la Unión.

Es evidente que desde el seno de las instituciones europeas se palpa el creciente desencanto de muchos sectores de la población, que se materializa en el creciente ascenso de partidos políticos con un claro componente nacionalista, en detrimento de la idea de una Europa unida. Por primera vez, en países tradicionalmente europeístas, se ha visto cómo partidos políticos que desean un control y una marcha atrás en la idea de construir Europa, han ganado peso en el escenario político. Por primera vez se ha asistido a algo inédito, tras décadas construyendo un espacio europeo en el que todos querían entrar, uno de los países de dentro ha votado salir, lo que indica el estancamiento en el que la UE se encuentra.

El análisis de posible futuro abarca hasta el año 2025 y contempla cinco posibles alternativas de futuro de la Unión. En ellas muestras las ventajas de lo que sería una Europa más integrada, pero también lo que significaría un retraso en la integración, una contracción de la misma y hasta una renuncia a lo alcanzado hasta ahora. Tales son los cinco escenarios de futuro:

  1. Seguir como hasta ahora. Referido como el “modelo de Bratislava”, en referencia al encuentro en septiembre del año pasado en dicha ciudad, en la que fue la primera reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la UE sin Gran Bretaña. Este modelo defiende continuar la tónica que nos ha traído hasta aquí, con sus ventajas y desventajas. Confiando en que, una vez superada la crisis y vuelto a la senda del crecimiento, las aguas regresen a su cauce y terminen las disputas entre los distintos países. El problema es que, a día de hoy, el sentimiento generalizado es que Europa, con su inmovilidad y su excesiva burocracia, ya no es una solución de futuro, sino un problema para mejorar el mismo. Es una solución de no hacer nada y confiar en que todo se arreglará por sí mismo: sin duda muy del gusto de nuestro Presidente del Gobierno.
  2. Limitarse a una Europa con mercado único. Es decir, volver a la Comunidad Económica Europea, poco más o menos, con libre circulación de bienes y capitales, pero no de personas. Esta posibilidad, no desdeñada por muchos, supondría una marcha atrás en parte de los avances ya hechos en las últimas seis décadas. Supondría centrarse en la economía y olvidarse de una política común en defensa, refugiados, inmigración o seguridad. Esto significaría la retirada de una buena parte de la legislación europea vigente y, aunque no hay ningún estado miembro que la defienda, el mero hecho de su inclusión en este documento ya supone la apertura de la posibilidad como algo tangible.
  3. La Europa de las dos velocidades. Una idea de la que se lleva décadas hablando, políticamente viable pero complicada en la práctica. Esta posibilidad supone que el avance de los 27 países en la idea de la Unión se daría en bloques, dependiendo del grado de alcance en las metas predeterminadas. Esto daría lugar a coaliciones y alianzas entre países para avanzar o permanecer en determinados aspectos, como podría ser seguridad, medio ambiente, etc. Europa se dividiría entre los países que desean ir más rápido y los que desean alargar la espera hasta encontrar más apoyos o más sensibilidad en su población o en los países vecinos o, simplemente, tiempos mejores. Esta es, posiblemente, la solución que con más apoyos cuenta, ya que permitiría a los países entrar o no en según qué medidas, algo que realmente ya se está haciendo, por ejemplo, con la unión monetaria: hay países que no han adoptado el euro a pesar de pertenecer a la UE.
  4. Menos integración, pero mejor. Es, sin duda, el escenario más complicado, porque supone consensuar las áreas con voluntad para avanzar, desarrollarlas al máximo y lo más deprisa posible, convertir Europa en un Estado federal en base a esas áreas comunes y devolver todo lo demás a los Estados. Parcelas como la salud pública, políticas sociales o de empleo, en las que se percibe un limitado valor añadido, estancamiento o imposibilidad de avanzar se devolverían a los Estados, avanzándose en el resto hasta conseguir una política realmente común. Quizás muy poco, pero tangible y real. El problema es que confirmaría el fracaso político de la Unión, que no habría logrado cumplir su objetivo fundacional de unión política, militar, o geográfica.
  5. La opción de “hacer más cosas juntos”. Es el extremo opuesto de centrarse en el mercado único y supone abandonar las excusas y avanzar buscando una respuesta europea a todo, olvidándose de nacionalismos, competencias o soberanías. El problema es la falta de fe en este modelo, el auge de los nacionalismos antieuropeistas, hasta el extremo del “Brexit” da una idea de hasta qué punto hoy se ve más a la Unión Europea como parte del problema que como la solución al mismo.

Lo que está claro es que Bruselas está cansada de las críticas a la UE por parte de los Estados miembros sin que les acompañen propuestas para solucionar los problemas. La creación de este Libro Blanco debe servir de base y de toque de atención a los Jefes de Estado y de Gobierno, con el fin de que se posicionen por fin en uno de los cinco escenarios, con lo que se iniciaría el debate acerca de lo que Europa debe ser.

El debate europeo es, sin duda, imprescindible, porque Europa es más una restricción que una oportunidad. El abismo entre países y entre las instituciones, la élite política y la burocracia comunitaria con la ciudadanía es tan profunda que se acerca el momento de reinventar la Unión o abandonar la idea de la misma.

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Escrito por Manuel González el 20 de Junio de 2017 con 40 comentarios

La falsa amenaza neoliberal


Aunque soy un defensor del modelo europeo del “estado del bienestar” no me da miedo que una “ola neoliberal” acabe con él por dos motivos: una porque el porcentaje de votantes que voluntariamente vayan a aceptar un recorte tal de derechos es mínimo por lo que no hay ningún partido político realmente liberal que tenga la más mínima opción de gobernar, y dos: a los liberales les pasa como a los anarquistas, una vez llegan al poder no van a aplicar literalmente una ideología que les quitaría ese mismo poder que tanto les ha costado obtener. Del neoliberalismo (ideología curiosa, nadie dice practicarla pero para algunos está presente en todas partes) se empezó a hablar con Reagan, un presidente que disparó el gasto y la deuda pública. Sí, bajó impuestos pero también lo hizo Kennedy… Volvió a la palestra con la crisis pero resulta que la respuesta global a la Gran Recesión fue: manipulación monetaria, dinero público destinado a salvar empresas y bancos en quiebra y mayores déficits presupuestarios; es decir, lo contrario de lo que haría el liberalismo.

Es cierto que en 2010 Europa decidió reducir los déficits porque la deuda pública se estaba disparando pero ¿intentar no gastar más de lo que se ingresa es neoliberal? Porque millones de familias lo hacemos cada mes y desde luego no es por ideología sino por sentido común. La gente que dice que el gobierno de Rajoy es liberal porque ha recortado algunos gastos también podría decir que es socialista por subir impuestos, o por mantener los 426€ o por mandar una propuesta a Europa pidiendo un subsidio de paro europeo y eurobonos… Es lo que tiene simplificar demasiado. No podemos acusar a municipios de ser liberales por externalizar el servicio de basuras sin acusarles de ser anti-liberales por disparar su deuda. De hecho, hemos visto cómo medidas similares las han tomado gobiernos de muy diferente signo, desde salvar bancos con dinero público a amnistías fiscales a la desesperada (aplicadas por partidos tan dispares como el PP y Syriza) a políticas de austeridad (como las que está aplicando ahora en Portugal una coalición de izquierdas).

En Japón manda un partido de derechas que hace una política monetaria ultra-intervencionista, en los EUA otro que tiene un gran programa de inversiones con dinero público que deja corto el Plan Juncker europeo. De hecho, en nuestro continente manda un banco central que manipula la oferta monetaria, los burócratas de la UE y Merkel, una política que lleva años gobernando en coalición con la socialdemocracia y que manda en uno de los países con mayor estado del bienestar del mundo (y sí, allí hay minijobs y no por ella –recomiendo este artículo para conocer más- pero también excelentes prestaciones familiares con dinero público). En el mundo tampoco pero sobre todo en Europa el liberalismo ni está ni se le espera. Ni en España, lo que ocurre es que hay quien dice que es liberalismo acabar con vestigios del franquismo (aún muy numerosos) como se hizo en su día permitiendo que hubiera televisiones privadas, que se liberalizara el tráfico aéreo (lo que popularizó los viajes en avión hasta entonces restringidos a ricos y ejecutivos y que tanto ha ayudado a nuestro actual boom turístico) o que se acabara el monopolio de Telefónica…A eso no le llamaría yo liberalismo –algunas las ejecutó un gobierno socialista-  sino acabar con un estatismo trasnochado para beneficio del consumidor.

Entiendo que una máxima básica del márketing político es inventarse un enemigo lo más abstracto posible. En Podemos empezaron con el mantra de “luchar contra la casta”, todos los políticos que no eran ellos –incluida IU- eran casta… hasta que ellos empezaron a coger poder y pasaron a ser casta también. Entonces cambiaron el enemigo a lo neoliberal. Franco fue más constante, se tiró treinta y tantos años hablando de una “conspiración judeo-masónica” de la que nunca se tuvieron pruebas tampoco. Que algunos dirigentes políticos sean como los pitufos -que sólo tenían un verbo- y llamen neoliberal a todo (¿El fascismo? Hijo del liberalismo, ¿La economía colaborativa? Neoliberalismo salvaje etc.) es una estrategia de comunicación simplista pero a todas luces efectiva. Incluso ha calado en algunos participantes de nuestro foro.

Es evidente que hay diferencias entre derechas e izquierdas, hay distintas prioridades tanto políticas como económicas pero llamar neoliberal a todo lo que no sea lo que algunos defienden (o lo que dictan los líderes a los que apoyan) es negar toda la gama ideológica llena de grises que hay entre el blanco y el negro, ignorar lo que es el liberalismo y darle una importancia a esa ideología que en la realidad no tiene porque es muy minoritaria. El único país que se puede llamar liberal es Singapur, que es una ciudad grande que vive del comercio y que tiene una deuda pública respecto al PIB similar a la española por lo que tampoco es que sea un gran ejemplo. A mi juicio hay decisiones buenas, malas, buenas que se ejecutan mal e incluso buenas que a pesar de serlo no funcionan pero tratar de ideologizar cualquier decisión es una simpleza. Por otra parte, las decisiones que se están tomando en Europa que son tachadas como liberales (como el copago sanitario o el aumento de la edad de jubilación) se toman no para acabar con el estado del bienestar –que es lo que querría un supuesto “neoliberal”- sino precisamente para lo contrario: para que pueda sobrevivir financieramente a pesar de nuestra decadencia geopolítica y económica y nuestro grave problema demográfico. Esas sí son amenazas reales.

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Escrito por Droblo el 19 de Junio de 2017 con 40 comentarios

La semana en los mercados

Estos días ha habido una avalancha de opiniones sobre la desastrosa situación en la que ha acabado el Banco Popular en la que se ha demostrado que ningún test de stress puede prever lo rápido que se puede perder la confianza en una entidad financiera. Y he leído de todo y de todos los colores, incluyendo los que lo han politizado, como no podía ser de otra manera. Incluso algunos que en su día protestaron por usar dinero público para las cajas ahora defendían que hiciéramos como Italia con Monte dei Paschi y pusiéramos fondos del erario para salvar a un banco privado… Y en general he visto pocos datos. Yo me he puesto a indagar para intentar conocer el coste social –el económico ya se conoce, los 1500 millones que capitalizaba el banco en su último día en bolsa- de la decisión de la UE de dejar sin retribución a los accionistas del Popular. Lo primero que he querido saber es cuantos accionistas había y sólo puedo tener un dato aproximado: los que había a 31 de diciembre de 2016 (303.251) pero con un desglose que me ha gustado:

Esto significa que casi el 89% de los accionistas poseían menos de 10 mil títulos y que 217 accionistas controlaban el 57,39% del capital del banco. Esto relativiza un poco el impacto –en número de personas afectadas- de las pérdidas, especialmente porque estos datos son de cuando la acción cotizaba a 0,92€. El último día que cotizó lo hacía a 0,32€. Suponiendo que el porcentaje fuera similar al de finales de 2016, eso se traduce en que el 89% de los accionistas perdieron un máximo de 3200€ (10 mil títulos por 0.32) pero la inmensa mayoría de ellos en realidad perdió muchísimo menos, de hecho como casi la mitad tenía menos de mil acciones, apenas perdieron 320€.

Esto es importante porque cuando Popular comunica que se ha quedado sin liquidez por la fuga de depósitos tras años de problemas, la única alternativa que le queda a la UE es o la liquidación o encontrar a alguien que se quede con el banco aunque sea gratis. La liquidación se supone que hubiera tenido un mayor coste social y económico: social porque se hubieran perdido de golpe 10 mil puestos de trabajo y todos los accionistas, bonistas y depositantes de más de 100 mil € lo hubieran perdido todo a la espera de recuperar algo en años tras la venta de todos los activos. Además una decisión tan radical e infrecuente hubiera disparado el riesgo de una corrida bancaria y el miedo, incluso si se hubiera provisto al FGD de los 35 mil millones necesarios para abonar cuanto antes los depósitos de menos de 100 mil €. Así pues, el problema real para la inmensa mayoría de los accionistas del Popular no fue que sus acciones pasaran de valer 0,32 a nada, fue por qué bajaron de 0,92 a 0,32 (una pérdida de casi el triple) en unos pocos meses (y mucho más si vamos hacia atrás). Y una cosa está clara: el mercado dio muchas oportunidades para que los inversionistas (y los gestores, que algunos han quedado retratados) vendieran y aunque sea una desgracia lo que les ha pasado, fue su decisión comprar y luego no vender a pesar de la clara tendencia bajista. Otro caso fue el de los que compraron deuda subordinada y CoCos ¡que tras todo el lío de las preferentes vuelva a darse el caso de personas que compran algo ilíquido que apenas entienden! y de nuevo, lo más probable es que lo hicieron porque los comerciales del Popular les animaron a ello. Tristísimo, y les animo a que reclamen y les deseo toda la suerte del mundo.

Es evidente que hubo fallos de supervisión de BCE, de la CNMV etc. y sobre todo mala gestión en el banco (mayormente en la etapa de Ron) pero también que durante muchos meses se intentó hacer algo: se vendieron participaciones, se intentó –sin éxito- colocar la cartera de activos más tóxicos, se buscaron inversores –tampoco- y finalmente se buscó un comprador, se puso un cartel de “Se vende” con luces de neón. Hasta De Guindos salió metiendo a Bankia en una imaginaria puja cuando era evidente que la UE no iba a dejar que utilizara un banco rescatado para eso. Y no apareció nadie. Por supuesto que Santander se ha metido en este lío porque cree que hace un buen negocio pero es un poco precipitado decir que Santander se ha llevado un chollo ya que nadie lo sabe aún (aunque para la estabilidad financiera de España cuanto mejor le vaya al mayor banco del país, mejor para todos si bien S&P ya le ha rebajado la perspectiva de su ráting crediticio por el nuevo riesgo que asume) pero si tan chollo era, ¿por qué nadie estuvo interesado en adquirir Banco Popular, por qué ningún banco, nacional o extranjero, se ha quejado de que no se lo ofrecieran a él? Seguramente porque no es tan chollo, el negocio bancario nacional es un desastre y siguen sobrando sucursales y empleados. De hecho, Luis de Guindos reveló que a la hora de la verdad, horas antes de la decisión, tan sólo dos llegaron a firmar el acuerdo en firme (se supone el otro es BBVA pero pidió más quitas) y eso que era gratis. En cualquier caso, ignoro si la solución dada al Popular es buena pero desde luego me parece mucho mejor que la que se dio al Banco de Valencia, entidad mucho más pequeña: gastar 6 mil millones de todos los españoles en reflotarla para luego cedérsela por 1€ a la Caixa, ¡Y encima le ofrecieron un Esquema de Protección de Activos! que, menos mal, no se le ha ofrecido esta vez a Santander.

 

La prohibición de cortos en Liberbank, entidad con muy pocas apuestas bajistas, provocó un rebote especulativo en el valor pero creo que se hizo para intentar frenar el contagio dentro del sector, una forma de decir: “Si algún valor financiero baja mucho, tomaré esta decisión y te dejaré pillado si estás apostando a la baja”. Por desgracia, también es un síntoma de debilidad, de que hay nervios, y eso lo ha notado el Ibex estos días, y en concreto su sectorial bancario, más flojo que sus vecinos internacionales. Aunque en bolsa el protagonista de los nervios esta semana ha sido el Nasdaq. El viernes pasado sufrió una vuelta bajista, liderada por sus valores más grandes, tras marcar máximos históricos que podría interpretarse como un techo de mercado. Pero es pronto para sacar conclusiones. Otros factores son la bajada del crudo y la nueva subida de tipos de la FED, aunque esperada el que ya se empiece a hablar de reducir balance podría tener más peso negativo en los mercados de lo que parece. Por otra parte, antes o después, a no ser que vuelva la recesión a la Eurozona –que todo puede ocurrir- BCE seguirá los pasos norteamericanos por lo que cada vez le queda menos tiempo al Euribor en estos niveles. En mi opinión no volverá al positivo hasta 2018 pero los actuales dígitos tienen pinta de ser un suelo.

Links.-

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Escrito por Droblo el 16 de Junio de 2017 con 27 comentarios

Lo absurdamente grandes que son las cifras actuales de la economía

¿Qué tamaño tiene un átomo?

Muy pequeño. El tamaño medio es entorno a una diez mil millonésima parte de un metro. Esto dicho así no nos dice demasiado. Una de las comparaciones mas conocidas dice que si tenemos una manzana, y la hiciéramos crecer hasta el tamaño de la Tierra, los átomos de la misma adoptarían el tamaño de la manzana original.

Si imaginar cosas pequeñas nos cuesta mucho imaginar cosas enormes nos puede resultar imposible. Imaginemos que contar hasta uno, nos lleva 1 segundo (y contar hasta cien, 100 segundos). ¿Cuánto nos costaría contar hasta 1.000? Relativamente poco 17 minutos. Hasta un millón nos llevaría 12 días y un billón 32.000 años. Aquí es donde realmente apreciamos la diferencia tan grande que hay entre un millón y un billón. Es obvio que el segundo es muuuucho más grande que el primero, pero intuitivamente no pensamos que sea tanto. Imagínate la diferencia de estar en el dentista 12 días a estar 32.000 años.

En economía, de repente todo se nos ha llenado de números enormes, tan enormes que somos incapaces de entenderlos. Veamos unos ejemplos recientes

  • Deuda pública España: 1.130.000 millones de euros
  • Rescate bancario 100.000 millones de euros
  • Déficit del estado: 50.576 millones de euros
  • Tres casos de corrupción: Púnica + Gúrtel + ERE de Andalucía: 520 millones de euros

Para entender mejor la magnitud de estas cifras podríamos transformarlo en algo mucho más cercano a ti y que económicamente entiendes mejor. Tu sueldo.

Teniendo en cuenta que el salario medio en España es de 1.626€ mensuales, quedaría así.

  • Deuda pública España: 695 millones de meses trabajando (Casi 58 millones de años)
  • Rescate bancario 61,5 millones de meses trabajando (5,1 millones de años)
  • Déficit del estado: 31,1 millones de meses trabajando (2,6 millones de años)
  • Púnica + Gúrtel + ERE de Andalucía: 320.000 meses trabajando (26.650 años)

Las cifras siguen siendo una auténtica burrada pero nos ayuda a entender que todo este dinero que tan alegremente se gasta es realmente tiempo y esfuerzo nuestro, algo que solemos olvidar cuando reclamamos más gasto público o más endeudamiento.

No son euros, son horas extras tuyas.

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Escrito por Carlos Lopez el 15 de Junio de 2017 con 28 comentarios

El reino de taifas de las Autonomías

Cuando los padres de la Constitución dieron cabida y nacimiento en el seno del texto legal al Estado de las Autonomías, difícilmente pudieron visualizar la evolución del modelo de gobierno al que estaban dando a luz.

En un momento en el que el afán pacificador ansiaba más unir que poner en evidencia las diferencias, se buscó, mediante el consenso, aprobar un texto legal que dejase satisfechas a todas las partes. Es evidente que era difícil encontrar un acuerdo entre las aspiraciones de vascos y catalanes, mayormente, y los partidarios de “una, grande y libre”, que en aquella época eran muchos más que ahora. Sin embargo, se consiguió, aunque como muchos de los acuerdos del texto constitucional quizás hace ya un tiempo que se le debería haber dado un repaso.

El caso es que el Estado de las Autonomías, tal y como es ahora mismo, parece no satisfacer a nadie. Según una encuesta realizada por empresa de estudios demoscópicos My Word (PDF) para la Cadena SER en 2012, el 49% de los encuestados apostaba por un Estado centralizado, sin comunidades autónomas, o con autonomías con menos competencia. Además, la crisis ha provocado también una desconfianza institucional sin precedentes.

Por otro lado, una aplastante mayoría de los ciudadanos respondió que no confiaba en el Gobierno de España (82%), en el Gobierno Autonómico (73,5%) ni en las Instituciones Europeas (72%). Además, siete de cada diez ciudadanos se declararon insatisfechos con el funcionamiento de nuestra democracia y nuestro Estado del Bienestar. A un porcentaje similar (73%) no le gusta cómo funciona nuestro Estado del bienestar. Eso por no hablar de la marcha de la economía, de la que renegó casi el 90%.

Evidentemente, han pasado 5 años desde la encuesta y las cosas pueden haber variado (encuesta del CIS de marzo (PDF)), sobre todo, quizás en la parte económica, pero lo que está claro es que en el grueso de la ciudadanía no ha terminado de calar el actual sistema autonómico.

De hecho, es percibido por buena parte de la ciudadanía como un reparto del país en 17 trozos no siempre acordes a la realidad histórica y geográfica, en los que el gasto quedó a merced de políticos de medio pelo, donde la eficacia y la eficiencia se sustituyeron por el clientelismo y la inmoralidad, y donde, en el colmo del disparate, ni responden por el endeudamiento, ni rinden cuentas a nadie porque la gente no relaciona su experiencia personal con el despilfarro público.

España es en estos momentos posiblemente el estado más descentralizado del mundo, sobre todo en lo que a gasto público se refiere: sólo un 44% del gasto es realizado por el Gobierno Central, mientras que la media está en un 60% en los países con una estructura similar a la nuestra y en un 80% en aquellos con un Gobierno centralizado. No ocurre así en el caso de los ingresos, lo cual es uno de los grandes motivos de disputa entre Gobierno y Autonomías y, en ocasiones, de enfrentamientos entre ellas por el distinto tratamiento que reciben.

Sin embargo, lejos de que este mayor gasto incida de manera directa en el bienestar de la sociedad, buena parte del mismo se diluye en pagar estructuras de Gobierno, muchas veces redundantes, y mantener estructuras políticas percibidas por la ciudadanía como innecesarias.

De hecho, España es el país europeo con más políticos por habitante. Un reciente estudio cifra en casi 450.000 los políticos que tiene España (incluyendo los liberados sindicales), el doble que Italia y que Francia, o que Alemania, que con el doble de habitantes tienes tres veces menos cargos políticos. Es evidente que Ayuntamientos, Diputaciones, Cabildos y similares, Parlamentos Autonómicos, Senado, Parlamento y, por supuesto, Instituciones Europeas son un enorme campo de acción en el que un joven político, con los adecuados contactos y amistades, pueda medrar toda su vida sin hacer otra cosa.

Si miramos algunas de las áreas más significativas, como pueden ser sanidad y educación, vemos que, con respecto a la primera, el coste de financiarla en 1.990, antes de ser transferida a las CCAA, era de 33.000 millones de euros (en euros de 2.015). Hoy el coste es de 67.000 millones y su calidad, en la percepción de los ciudadanos ha caído, tanto que 11 millones han optado por contratar un seguro privado. Evidentemente, no son las mismas circunstancias, el envejecimiento de la población es un lastre muy pesado, pero es también es evidente que la redundancia de estructuras que antes estaban centralizadas, con el consiguiente aparato burocrático y político, y la pérdida de economías de escala, que hacen que seamos uno de los mejores clientes para las farmacéuticas y las empresas del sector sanitario, influyen en el engrosamiento de las facturas sanitarias. Por otro lado, la búsqueda de la equiparación entre todas las comunidades y las rivalidades entre ellas, llevan a disparates como el inacabado hospital de Toledo, el mayor de Europa, en una ciudad de 83.000 habitantes.

Con respecto a la educación, su coste ha aumentado 14.000 millones de euros de 2.015 desde su transferencia a las CCAA. Nuestras universidades son fábricas de parados o de inmigrantes y de las 50 que existen en nuestro país, con 25 de ellas debería plantearse la posibilidad más rentable de cerrarlas y becar a sus alumnos en Oxford. Una recentralización con un criterio mejorar la gestión y cerrar lo inviable ahorraría 10.000 millones de euros. Sólo el coste político impide plantear siquiera el debate.

Pero hay más ejemplos, las embajadas, agencias, institutos y entes públicos diversos abiertos por algunas CCAA a lo largo del mundo, las televisiones autonómicas, las infraestructuras construidas para dar un servicio innecesario en cada Comunidad Autónoma sin más criterio que el poder estirar el cuello, alardear de un servicio innecesario y, sobre todo, para poder colocar a toda una pléyade de funcionarios y políticos también innecesarios. Luego, vienen los aeropuertos sin aviones, los polideportivos cuyo mantenimiento se comen los presupuestos municipales, etc.

Lo cierto es que, la tendencia en toda Europa es buscar la centralización para ahorrar costes, fomentando, por ejemplo, la mancomunidad de pequeños ayuntamientos, lo que ahorraría, según el propio Montoro, 7.129 millones de euros, al refundir y acabar con 5.900 ayuntamientos ineficientes que hay en nuestro país.

Igualmente, en toda Europa se busca la eliminación de barreras a la movilidad de mercancías y personas, mientras en España, las CCAA han publicado más de 100.000 leyes y normativas que, en muchos casos determinan la actividad productiva de empresas y personas, para empezar por el propio trato fiscal.

En definitiva, el Estado de las Autonomías se concibió para reconocer la pluralidad de España y dotar a los ciudadanos de una Administración más eficaz y cercana. Pero el derroche y ambición de algunos gobernantes ha derivado en un complejo entramado de pequeños Estados repletos de duplicidades y alejados por completo del sentir de una ciudadanía que en los últimos años ha tenido que ajustar su gasto, entre otros motivos, para mantener un Estado desorbitado.

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Escrito por Manuel González el 14 de Junio de 2017 con 60 comentarios

Historia de una quiebra anunciada

Ya es un hecho. El Banco Popular, la sexta entidad del país, ha dejado de existir para integrarse en el gigante Banco de Santander y acabar así una agonía que probablemente ya duraba demasiado. El precio de un euro sólo es algo simbólico que refleja lo que valía la entidad, a juicio de las autoridades europeas y, mientras que la cara la tiene el Santander, que se ha ahorrado 2.000 millones de euros al retirarse del proceso de compra durante unos días, la cruz la tienen los accionistas del banco intervenido, que lo han perdido todo merced al nuevo sistema de intervención bancaria.

Pero conviene ir por partes en un proceso que ha tenido unos preliminares demasiado largos para una resolución tan rápida. El banco Popular llevaba ya un tiempo desangrándose ante la avalancha de noticias que cundían sobre su verdadero estado financiero. De hecho, el lunes 5 pidió la excepcional Provisión de Liquidez de Emergencia (PDF) al Banco Central Europeo. Este es el mecanismo extraordinario del BCE para dar liquidez a las entidades que no la pueden obtener por medios convencionales. El día siguiente volvió a activarla y ya se empezó a vislumbrar que iba a ser la tónica: pedir liquidez para la operativa diaria y gastarla en horas y así poder atender la fuga de depósitos a la que, diariamente, se enfrentaba la entidad.

Esta dinámica fue la que terminó de decidir a Europa. Se activó entonces el mecanismo de resolución europeo por primera vez en su corta historia y nuestro país ha tenido que ser el primero en estrenarlo, a pesar de las reticencias del Gobierno, que no paraba de decir que la crisis bancaria era cosa del pasado.

El caso es que el Banco de Santander estaba ya preparado. Días antes había retirado su oferta de compra al Popular por un precio de 2.000 millones y toda una serie de compromisos y garantías a accionistas y deudores. Lo que no retiró fue su interés por la entidad, presentándose como candidato a asumirá la entidad tras su intervención, a Gobierno, Banco de España y BCE. Su compromiso a asegurar la liquidez de la entidad intervenida y a asumir su agujero sin intervención de dinero público, unido a la retirada de su principal competidor, el BBVA, hizo el resto.

El acuerdo final es el sabido: que el Banco Santander se queda con todos los activos y pasivos del Banco Popular por 1 euro. Es decir, sus accionistas pierden todo el dinero. Además, los CoCos (convertibles contingentes) del Popular y su deuda subordinada serán convertidas en acciones que también son adquiridas por 1 euro, lo que al Santander le permitirá generar un colchón adicional de capital de unos 1.700 millones. Lo que no se tocarán serán los depósitos de los clientes, que se van a respetar, sean del importe que sean, y la deuda senior, es decir, la de mayor calidad crediticia.

A cambio, tiene que sanear una entidad muy castigada por los mercados tras la mala gestión del anterior equipo de dirección (el liderado por Saracho poco ha podido hacer, más allá de tapar agujeros e intentar buscar un comprador). La cifra del saneamiento la ha ofrecido el propio banco de Santander: 7.900 millones, para lo cual afrontará una nueva ampliación de capital de 7.000 millones de euros, una cantidad seguramente excesiva, pero que le protege ante posibles problemas.

Tras la tormenta, se irán calmando las aguas, y se comenzará a ver cómo ha quedado cada cual retratado en la foto.

Para empezar los propios test de estrés de la banca. Es de tener en cuenta que el banco Popular había salido bien parado de los mismos hacía sólo un año. O el Popular logró milagrosamente ocultar su verdadera situación, o bien se suavizaron para ayudar a la ampliación de capital de la entidad que se fraguaba por esas fechas, o realmente estos test son una pérdida de tiempo y de dinero.

Para continuar, la credibilidad de De Guindos y otros políticos varios, que hasta hace nada defendían la solvencia de la entidad intervenida.

Pero el grueso de las críticas, y seguramente demandas judiciales, se lo va a llevar Ángel Ron y su equipo directivo, que dedicaron años a ocultar activos tóxicos y a vender ampliaciones de capital que ayudasen a la continua huida hacia delante de la entidad bancaria.

Por último, habrá que mirar hasta qué punto los medios de comunicación, y el rumoreo han podido incidir en lo que realmente ha sido una pérdida de confianza de los clientes en una entidad, que desembocó en el desangramiento de depósitos que ha acabado con la entidad.

El caso es que hemos asistido al fin a una quiebra de una entidad bancaria. En ella es de esperar que los ciudadanos no tengamos que poner el bolsillo para solventarla y quienes la tendrán que soportar son los que han de hacerlo: accionistas y dueños de la entidad, que sufrirán, como en cualquier empresa lo que significa una quiebra empresarial.

Las consecuencias a corto plazo pueden ser un efecto contagio: Liberbank parece no andar muy fina y ya arrastra pérdidas en bolsa varios días seguidos, aunque su situación de liquidez no es todavía preocupante y seguramente aguante el envite. Las consecuencias a medio-largo plazo pueden ser, y serán, mucho más graves: la falta de competencia en nuestro sistema financiero la vamos a notar. Un mercado en el que ya sólo queda 12 entidades, con una posición dominante de tres o cuatro de ellas, nos llevará a situaciones como las que vivimos en el sector energético, con un nivel de competencia cercano a cero.

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Escrito por Manuel González el 13 de Junio de 2017 con 44 comentarios



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