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Gran Bretaña, las mentiras del populismo y el negro futuro

imagesAhora que el paso de Gran Bretaña está dado y que no parece que se pueda dar marcha atrás por ninguna de las dos partes, sólo queda seguir hacia adelante lo más rápido e indoloramente posible, aunque ya se haya advertido que el proceso puede llevar varios años. De esta forma ya hay una declaración formal del núcleo duro de la UE, los seis socios fundadores, “para decir que este proceso debe comenzar lo antes posible para que no terminemos en un limbo permanente en lugar de centrarnos en el futuro de Europa y trabajar por él” y ya se marca octubre como el mes de partida en el que el sucesor de Cameron debe mover ficha para acelerar el proceso.

Por su parte las reacciones no se han hecho esperar. De un lado, los movimientos políticos de toda Europa que utilizan el populismo como arma fundamental (aquí tenemos unos cuantos, aunque suavizados por nuestro propio clima electoral) ya hacen suya la victoria y resulta paradójico ver la unión en el discurso que tanto la derecha más extrema como la izquierda más zurda parecen tener. Así, el Frente Nacional en Francia y el Movimiento 5 Estrellas Italiano, ambos partidos representativos de las políticas de sus respectivos países, ya han aplaudido el resultado y se han apuntado al carro de los solicitantes de referéndum. Con menor peso político, fuerzas de ambos extremos de Suecia, Dinamarca y hasta de Alemania ya han empezado también a intentar ganar peso político a cuenta del antieuropeismo.

Sin embargo, lo cierto es que la cosa no pinta nada bien para el inglés. Tan sólo unas horas después de ganar, uno de los líderes del “Brexit”, Nigel Farage del UKIP, reconoció que una de las promesas realizadas en campaña, acerca de que con la salida Gran Bretaña se iba a ahorrar 350 millones de libras a la semana que podría revertir en mejorar su sistema sanitario y educativo, no es del todo exacto, y que quizás hubiera sido mejor no hacer tal promesa.

Pero no sólo eso, nubarrones bien negros se ciernen sobre la economía inglesa a corto y medio plazo. Para empezar el centro financiero de Londres seguramente se va a resentir: se calcula que entre 50.000 y 70.000 puestos de trabajo de finanzas de Londres se trasladarán al extranjero en los próximos 12 meses (Francfort ya se relame, pero París, Madrid y Dublín esperan también competir en la carrera). De hecho, se espera un éxodo masivo de empresas hacia el continente que trasladarán su sede si no quieren quedarse fuera de la UE. Y aunque hay muchos que defienden que Londres seguirá siendo un lugar muy atractivo para realizar operaciones sobre la base del euro y retan a la UE a desbaratar su “maraña de reglas asfixiantes” si quiere competir con una mayor flexibilidad, es sabido que esa posición se desvanecerá en cuanto el BCE requiera que las operaciones en euros se realicen en suelo europeo.

Lo cierto es que no se notará gran cosa a corto plazo, de hecho, durante los próximos dos años Gran Bretaña seguirá siendo miembro de la UE de pleno derecho, lo que da un cierto margen para reacomodarse sin demasiados traumas, sobre todo teniendo en cuenta, que la peor parte se la va a llevar la libra, ya que el Banco Central Europeo cuenta, en principio, con el pulmón suficiente para aguantar el envite. Será, sin embargo, durante esos dos años en los que el electorado inglés se vaya dando cuenta del embrollo en el que se puede haber metido, ya que, de cumplirse las previsiones, la recesión puede haberse ya puesto en marcha, los problemas migratorios no se van a solucionar a corto plazo, los “grandes acuerdos comerciales con Estados Unidos, la India y China pueden no compensar lo perdido con el resto de Europa y además ha vuelto a abrir la brecha del secesionismo en suelo británico: Escocia a Irlanda del Norte no parecen estar muy dispuestas a ser más británicas que europeas.

Por no hablar del conflicto particular que enfrentará previsiblemente a Gran Bretaña, ya no con nuestro país, sino con la UE, como es el tema de Gibraltar. Estaríamos hablando de un territorio extranjero enclavado en el seno de un país miembro de la UE que además de tener problemas de delimitación de fronteras, obtiene buena parte de sus ingresos a través de actividades con importantes vacíos legales o directamente ilegales, como es el contrabando de tabaco. Todo puede ser que acaben siendo los gibraltareños los que acaben gritando en la verja aquello de “¡Gibraltar Español!”.

En cualquier caso, los 17 millones de británicos que han apoyado el Brexit deben prepararse para una seria decepción. Las negociaciones de salida de la UE serán muy largas, período en el que la economía sufrirá por la incertidumbre mientras siguen llegando inmigrantes, por un lado, y tendrán que seguir aportando sus cuotas de socio de la UE hasta que el proceso acabe, por otro. Según Merrill Lynch, Reino Unido entrará en recesión en el segundo semestre de 2016. Y el proceso de salida podría alargarse hasta 2018-2019, periodo en el que no se podrá cerrar la frontera a ciudadanos europeos. Tampoco está claro que Reino Unido vaya a poder restringir la entrada a los europeos tras dejar la UE, especialmente porque el criterio de reciprocidad puede serle desfavorable.

Tan sólo hay una opción que puede aliviar ese negro panorama para Gran Bretaña: ¿y si ellos sólo han sido los primeros?

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Escrito por Manuel González el 28 de junio de 2016 con 69 comentarios

Etiquetas desfasadas

boxeoEn el mundo económico hay dos posturas radicales que creo son obsoletas y deberían haber sido superadas por la Historia: la que dice que la evolución de la economía la puede decidir alguien en un despacho y la que dice que la economía no necesita alguien en un despacho que la regule. Las dos son erradas. Ni se puede pretender, como se hacía en los planes quinquenales soviéticos o chinos, decidir la producción de trigo que va a salir de los campos, ni se puede dejar que las empresas crezcan sin unas normas laborales y de contaminación y se auto-regulen solas. A estas alturas ya deberíamos tener superados tanto al comunismo como al liberalismo y de hecho, creo que los términos sólo se usan despectivamente desde el otro bando porque ambos están, de hecho, fuera de la realidad actual porque no son aplicables.

Sin embargo, como ideologías influyen en el sistema actual que vivimos en Europa en el que claramente gana el intervencionismo al liberalismo: se regulan muchas actividades, se interviene desde los gobiernos constantemente en la economía, desde los bancos centrales en la política monetaria y desde la burocracia de la UE con todo tipo de normas, algunas absurdas. El liberalismo, entendido como menor intervención del estado en la economía, apenas existe en Singapur, que no deja de ser una pieza minúscula dentro del mundo, y aún así, tiene una deuda pública del 100% respecto al PIB por lo que tampoco es que sean muy puristas con la ideología. De hecho, sería muy muy extraño que un político que mande aplicara el liberalismo a ultranza porque eso sería como quitarse poder voluntariamente, algo bastante complicado de ocurrir.

Y tiene sentido que el liberalismo no triunfe porque a mí, que del liberalismo me atrae sobre todo la idea de la responsabilidad individual por nuestros actos y que aceptaría encantado que el estado me cediera toda la nómina para que yo me pagara mi sanidad y mi jubilación, por ejemplo, entiendo que si hacemos eso, millones de personas no contratarían ni un seguro médico ni de pensiones y acabarían exigiendo una solución pública al menor accidente o en cuanto llegaran a la vejez. Porque la gente es así, si no fuera obligatorio muy pocos tendrían seguro en el coche (y de hecho mucha gente conduce sin él), si no hubieran subvenciones a actividades básicas el precio del metro sería fácil de 10€ el billete simple y si no existieran semáforos, habría muchísimos más accidentes… cierta dosis de intervencionismo se hace necesaria. Ojalá no hiciera falta pero a estas alturas no veo cómo podría suceder esa transformación. Es decir, el liberalismo es inaplicable en la sociedad europea.

Los europeos ya tenemos asumido que tenemos un sistema fiscal en el que los que más ganan no sólo pagan más, sino que pagan en mayor proporción y que con eso se debe financiar la educación, la sanidad y las pensiones públicas. Y entendemos que lo que debe hacer un gobierno es gestionarlo para que sea así. Por eso en España hay políticos, que a nivel local cuando recibieron el regalo envenenado del traspaso de las competencias sanitarias, y comprobaron que era un agujero en las cuentas públicas casi imposible de cubrir idearon lo de privatizar algunos servicios como muchos ayuntamientos –de todos los colores- hicieron con el tema de las basuras. Por lo que sea, en general, sale más rentable externalizar un servicio que tener a empleados públicos en nómina para hacerlo. A eso le llaman liberalismo pero no creo que los que lo hicieron, o siguen haciéndolo, lo hagan por ideología, sino por un tema de dinero. El PSOE nunca ha sido liberal, estuvo gobernando durante años y jamás boicoteó ni la enseñanza privada ni la concertada porque entendía que le suponía un ahorro importante en el gasto educativo. Del mismo modo, no creo que Bush fuera comunista porque acabara nacionalizando Fannie Mae y Freddie Mac ni Obama cuando usó dinero público para salvar a General Motors, simplemente entendieron que el beneficio económico lo justificaba.

Tampoco la corrupción ni el “capitalismo de amiguetes” tiene que ver con ninguna ideología sino con defectos humanos aplicables, por desgracia, a cualquiera. Lo mismo ocurre con las privatizaciones que lleva impulsando la UE hace décadas, al final no se hace porque se crea que el gobierno no debe supervisar el transporte –de hecho lo hace-, es que no tenía lógica económica que una compañía aérea fuera estatal y compitiera con las privadas. Pero son decisiones que se toman más por el bolsillo que por otra cosa, para mi no hay liberalismo en Europa: cada vez nos endeudamos más, se crean normas intervencionistas para todo, se aprueban subvenciones continuas, muchos sectores –basta ver los taxis o las farmacias- siguen ultra-regulados, las leyes antimonopolio europeas no paran de castigar a grandes compañías como Microsoft por ejemplo y se persigue, por desgracia con no demasiada eficacia aún pero se hace, el fraude fiscal de las multinacionales. No se puede negar que estamos en manos de burócratas, estamos ante un sistema económico que permite la actividad privada pero que la regula desde el primer momento que alguien quiere montar un negocio y que interviene en todos los ámbitos de la economía.

Deberíamos dejar de etiquetar tanto y si lo hacemos, entender antes los términos. Aquí se ha llamado política “neocon” a perder miles de millones de euros del erario en salvar cajas de ahorros y eso es justo lo contrario, política intervencionista a tope. Lo liberal es que si una empresa no funciona se la deje quebrar y que apechuguen sus dueños. Yo creo los estados son demasiado intervencionistas – de eso ya hablé hace unos meses: Intervencionsimo exgaerado– y de eso al liberalismo hay un trecho enorme como lo hay entre los que aprueban el plan Renove para ayudar con dinero público a empresas privadas a vender coches, y el comunismo. Lo que hay son cálculos económicos que, acertados o no, dicen que para la economía es preferible hacer una cosa que no hacerla, pero el debate ideológico en este caso no existe, es pura practicidad.

Mucha gente entiende que el liberalismo significa que hay quien quiere privatizar Renfe (que por cierto, fue creada por Franco tras nacionalizar varias empresas privadas) y bajar impuestos y sospecho que hay mucha gente que está a favor de eso sin ser liberales, igual que hay quien prefiere que Renfe siga siendo pública y que haya, por ejemplo, impuesto de sucesiones, y no es un comunista. Porque al final, el sistema económico actual en Europa es el que es, y hay que mejorarlo, hay que saberlo financiar -esa debería ser la principal labor de nuestros políticos- pero no creo que la mayoría quiera acabar con él rompiendo el equilibrio conseguido entre propiedad privada y bien público.

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Escrito por Droblo el 27 de junio de 2016 con 74 comentarios

La viñeta de la semana

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Escrito por jrmora el 25 de junio de 2016 con 0 comentarios

La semana en los mercados

sanjuan(El artículo se ha escrito antes de conocer que el Reino Unido decide dejar la UE)

Hoy la noticia podría ser el festivo en Galicia y Cataluña o las numerosas fiestas que se celebrarán esta noche con la excusa de ser el santo de los millones de Juanes del mundo pero son otras dos: los resultados del referéndum de ayer en el Reino Unido y las elecciones españolas del domingo, a la que algunos han llamado “segunda ronda” del 20D (aunque si lo fuera al estilo francés por ejemplo, sólo se presentarían los dos más votados en la primera ronda…) Por suerte no lo es, son unas nuevas elecciones con algunos cambios significativos en las listas aunque con la decepción, para mi, de la repetición de los cabezas de partido. Esto influirá bastante en que los resultados del 26J se parezcan demasiado a los del 20D en el número de votos destinados a cada formación con el único cambio del efecto, por obra de nuestra ley electoral, en el aumento del número de diputados de izquierdas por la inclusión de IU en la coalición UP (como ya adelantamos aquí). Con todo, salvo que las encuestas se hayan equivocado radicalmente, los bloques en disputa seguirán teniendo un poder similar en el nuevo Parlamento. Así pues, la gran incógnita es el segundo puesto –en escaños- que se disputarán el PSOE, cuyo líder habla de cambio pero ha añadido a su equipo de máxima confianza a varias personas cómplices de las políticas del pasado (exministros de ZP y González) y Unidos Podemos, una coalición Podemos/IU que se ha construido por conveniencia electoral ya que durante muchos meses antes del 20D fue negada por unos y otros.

¿Por qué es importante, aparte de para ellos mismos, el quién ocupará el segundo puesto si como dicen los sondeos al final la suma de diputados PSOE+UP el 26J será similar a la de PSOE+Podemos+IU del 20D por lo que su capacidad de gobernar será la misma y seguirán necesitando pactar con nacionalistas/independentistas porque no suman 176? Mi opinión es que si el PSOE queda por debajo de UP en escaños se negará a apoyar un gobierno de izquierdas porque no aceptará la sumisión que implicaría respecto a Podemos. Lo normal es que Sánchez dimitiera –creo que lo haría la misma noche electoral- y Susana Díaz acabaría tomando el control del partido (cada vez más el PSOE depende para su éxito nacional de Andalucía, esta autonomía es lo que evita su irrelevancia) e imagino que acabaría absteniéndose para que gobernara el partido más votado alegando “responsabilidad” –quizás pidiendo a cambio la cabeza de Rajoy– y ante las presiones de la UE. Gobierno débil del PP con el PSOE haciendo oposición desde el Parlamento (ni me planteo que haya una Gran Coalición porque sería la muerte del PSOE) e intentando con ello recuperar votos. Por el contrario, creo que si el PSOE queda por delante de UP, Sánchez acabará siendo presidente con el apoyo de UP. Limarán asperezas y gobernarán juntos como de hecho hacen ya en varias autonomías y ciudades españolas. Será muy difícil el acuerdo pero el PSOE no se puede arriesgar a nuevas elecciones y UP no creo destroce su posibilidad real de tocar poder por lo que ambos serán generosos. Repito, es mi opinión.

Y ambos supuestos, caso de que sucedan, no parecen muy atractivos para nuestra economía: ni un gobierno débil del PP con el Parlamento en contra ni una coalición de circunstancias de la izquierda que despertará muchos recelos en Europa (más si acaba de ministro de economía un comunista de unpartido que aboga por sacarnos de la UE y del €) y entre los inversores (incluidos los ahorradores españoles). Claro, que aún podría ser peor (sobre todo para los que estamos hartos de llevar meses viviendo en una campaña electoral continua): que nadie llegara a un acuerdo y volviéramos a tener que votar otra vez en enero de 2017.. o antes incluso. Habría una tercera vía, un gobierno de circunstancias apoyado por PP, PSOE y C´s liderado por alguien sin carnet pero aunque pudiera ser una “solución” responsable sería un suicidio político para los tres ya que aún proporcionaría más apoyos a UP que se convertiría en la única oposición. Repito, salvo que las encuestas se equivoquen mucho los factores políticos van a jugar en contra de la economía y los mercados españoles. Mi consejo es el mismo que dije antes del 20D: más allá de la volatilidad que pueda haber el próximo lunes, hay que olvidarse del Ibex y confiar en la inercia positiva actual para que el PIB siga creciendo a pesar de nuestros gobernantes. Superado el Bréxit, el contexto eurozonero no es malo por lo que hay otras bolsas vecinas que pueden ser atractivas para los inversores que quieran seguir invertidos.

La semana ha sido de recuperación en las bolsas gracias al convencimiento de la victoria del Bremain que empezaron a apuntar sondeos y casas de apuestas el pasado fin de semana. Además, por si acaso Draghi el martes anunció que BCE inundaría de liquidez los mercados si se diera el Bréxit apuntalando con ello el rebote bursátil. Triste que una vez más nuestro banquero tenga que vestirse de político para erigirse como el auténtico máximo dirigente de la Eurozona apagafuegos. También habló Yellen y volvió a señalar que la subida de tipos de la FED no es inminente así que los bancos centrales parecen conjurados para que el verano no sea tan tumultuoso como parecía a mediados de Junio. Veremos si lo consiguen… Poco más puedo decir ya que mientras escribo esto aún no se conoce el resultado del referéndum de ayer y aunque creo que las casas de apuestas acertarán con el Bremain, incluso saliendo éste las consecuencias hoy para divisas, bolsas, materias primas etc. pueden dejar obsoleto cualquier comentario.

Y como imagen del día:

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Escrito por Droblo el 24 de junio de 2016 con 97 comentarios

Teoría de la Opinión Contraria: Psicología aplicada al mercado

imageAl empezar en esto de la Bolsa, recuerdo una frase de un directivo de Barcelona: “Esto es 80% psicología”, desconozco si la psicología es un porcentaje mayor o menor del que me comentaron pero lo que si es cierto es que la psicología es un aspecto fundamental para entender el comportamiento de la bolsa en el tiempo. El dinero, al fin y al cabo, lo mueven las personas y hasta el día de hoy, no somos seres racionales sino que nos sentimos embriagados por un sin fin de emociones que justifican nuestro comportamiento.

Podríamos realizar un listado que contuviera mil y una razones para comprar una acción y otro listado que contuviera otras mil y una para vender esa misma acción. Estas razones podrían ser del tipo técnico como por ejemplo “el precio ha superado la resistencia anterior con fuerte volumen de negociación”, del tipo fundamental como por ejemplo “la cotización de las acciones se encuentran por debajo del valor contable” o con un criterio algo más dudoso y emocional como por ejemplo “Mi hijo, que se dedica a esto de la informática, me ha dicho que compre Terra que es toda una revolución en el sector tecnológico” o bien “El vecino se ha comprado un coche nuevo gracias a unas acciones de Astroc”. Cualesquiera que sean las razones, más o menos válidas, consecuentemente se crea una expectativa de mercado sobre el sujeto que se posicionará en el mercado como alcista, bajista o neutral.

Cuando hablamos de la evolución de la bolsa es inevitable que hablemos de la euforia, la incertidumbre o el miedo como emociones que constituyen la fuerza del mercado. La euforia, anteriormente optimismo, es el gran motor alcista de los mercados es un sentimiento “in crescendo” en el que queremos más y más y compramos todo aquello que nos ofrezca aparentemente una rentabilidad atractiva. Por contra la incertidumbre, es un sentimiento que aparece cuando la posición que tenemos adoptada es desfavorable pero tenemos una luz interna que nos dice que “esto cambiará en breve”. Por último el miedo, precedente al pánico, aparece cuando el nivel de precios de un activo se está desplomando y estamos perdiendo hasta la camisa.

Todo este preámbulo anterior, es imprescindible para hablar sobre “La Teoría de la Opinión Contraria”, para identifica extremos de mercado partiendo de la psicología de la masa.

Por lo descrito anteriormente, el mercado lo moverá la lucha de las fuerzas alcistas, neutrales y bajistas. Imaginemos un mercado alcista, ¿por qué está subiendo? cada vez se están incorporando nuevos adeptos al sentimiento alcista, éstos convertidos, tenían anteriormente una expectativa bajista o neutral sobre el mercado. A través de las compras de “los nuevos fieles”, hay una demanda que empujará el precio de las acciones hacia nuevos máximos. Este proceso cada vez se acentúa más y obviamente la masa está está clamorosa porque la bolsa esta subiendo y están ganando!! En el momento de mayor euforia es porque todo el mundo es alcista, los medios de comunicación están desbordantes de optimismo la bolsa es una fiesta y el mercado regala dinero… pero si todo el mundo ha posicionado sus expectativas en el lado de los compradores ¿cómo seguirá subiendo la bolsa? ¿quién comprará? A partir de ese instante, contrariamente al sentimiento generalizado, la bolsa no sube.

Obviamente aquellos activos que eran los lideres del mercado alcista no están ofreciendo los buenos resultados anteriores y aparece una nube de incertidumbre… algunos alcistas empiezan a cambiar su sentimiento y se convierten en bajistas por lo que deshacen sus posiciones, mediante las ventas. Esas ventas generan una caída de las cotizaciones, que generan pérdidas y un aumento del sentimiento bajista. Al ser el miedo es un sentimiento muy volátil y es por ello que se expande como la pólvora y aparecen nuevas ventas. De este modo, cada vez son más los que están sacándose los títulos como alma que lleva el diablo y consecuentemente la bolsa se desploma, hasta que el sentimiento generalizado es puro pánico… pero si todo el mundo ha posicionado sus expectativas en el lado de los vendedores ¿cómo seguirá bajando la bolsa? ¿quién venderá? A partir de ese instante, contrariamente al sentimiento generalizado, la bolsa detiene el mercado bajista.

Como ejemplo, aunque sea más informal que técnico, recuerdo a principios del verano del año 2012 entrar en un bar de un pueblo que principalmente dedica su actividad a la agricultura. En ese determinado ambiente el tema central no era el fútbol, tampoco era el precio de la pera limonera, sino la prima de riesgo. Estaba fascinado porque aparentemente todo el mundo se había titulado en económicas. El Ibex 35 estaba en junio de 2012 en los 6.000 puntos, y en el semestre del año había perdido un 30% desde los 8.500 puntos del inicio del año. Si recordamos, los medios de comunicación hablaban de la ruptura del euro, del rescate a España, hasta algunos mencionaron un posible corralito. El pánico era palpable en el ambiente y tan acusado que estábamos ante un extremo de mercado, concretamente ante un suelo de mercado. La Teoría de la Opinión Contraria reflejaba una señal de compra. Si en ese determinado escenario, hubiéramos sido capaces de desvincularnos de las emociones generalizadas y comprar el Ibex 35, en apenas dos años gozaríamos de una jugosa rentabilidad.

Sígue a Marc Fortuño; @Marc__Fb

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Escrito por Carlos Lopez el 23 de junio de 2016 con 40 comentarios

Por qué hacemos cosas malas

RUEbmOqJgn3LY5Sf4jce8YhR_7bf_Xu5vm7Uivp81ikEn el Foro Económico Mundial a uno de sus economistas se le ocurrió hacer un experimento a sus compañeros sin que nadie lo supiese. Como tienen la sede en Suiza se les presupone muy honrados, así que en su departamento tienen una nevera con latas de refrescos y cuando uno coge una, lo anota en una hoja que tienen para llevar su contabilidad y así reponerlo mejor y cobrar a cada trabajador los suyo. Es lo que veis en la foto.

Es un sistema basado en la honestidad. El grado de honestidad depende del coste de ser deshonesto comparado con los beneficios de ser deshonesto. Francamente, en el caso de una lata de Coca Cola no merece la pena robarla, nadie te iba denunciar por ello pero tu reputación se vería muy afectada. Si en la nevera hubiese relojes suizos en vez de refrescos, la cosa cambiaría. Tu reputación también se vería afectada, pero al menos tendrías un Rolex en la muñeca. Así que de momento, la nevera no les generaba muchas pérdidas por hurtos.

Pero hay también otro factor a tener en cuenta y es la facilidad de ser honesto y la dificultad de ser deshonesto. En este caso había un factor que hacía más fácil hacer las cosas bien, el boli ese que veis colgando. Bastaba con cogerlo y apuntar en la hoja de al lado.

Así que este economista, se le ocurrió quitar el boli y ver que pasaba.

Recogió datos durante dos meses en los que había días con boli y otros en los que lo quitaba. En total el índice de honestidad fue del 93% habiéndose consumido un total de 264 latas aunque el dato important es que el número de “robos” en los días sin boli se incrementó un 370%, pasando de 1 lata robada por cada 14 consumidas a 1 por cada 3.

Estos resultados son una prueba más de que los factores situacionales tienen un fuerte efecto sobre el comportamiento y demuestra que muchas veces un pequeño cambio en el entorno hace que la gente se comporte de otra manera, para bien o para mal. No es que algunas personas sean buenas y otras malas, es que muchas veces el entorno te hace comportarte de una manera o de otra.

Todos estamos en contra del fraude fiscal pero imaginemos que este verano tienes que dar clases particulares a tu vecino por 500€. ¿Lo harías en negro o lo harías legal haciendo todo el papeleo con la seguridad social, la oficina pública de empleo y declarándolo a hacienda?. Independientemente de que cada uno tengamos un grado intrínseco de bondad y de maldad muchas veces el entorno es demasiado adverso para comportarnos de una manera correcta, demasiadas veces nos quitan el bolígrafo de la nevera.

España está lleno de mangantes, eso lo sabemos todos pero quizás deberíamos señalar también al entorno tan propicio para que los haya y cambiar las piedras del camino por asfalto para el buen comportamiento. Nada se arreglará mientras ser deshonesto sea más fácil que ser honesto.

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Escrito por Carlos Lopez el 22 de junio de 2016 con 48 comentarios

La estrategia de la mentira

eleccionesLas bondades de un sistema democrático como el que vivimos tiene su mayor escaparate cuando llega la época electoral, en la cual se decide el rumbo del país durante los siguientes cuatro años. Las distintas formaciones políticas publicitan sus propuestas y cada votante escoge aquellas que mejor encajen con sus preferencias ideológicas. Un poco como en una economía de mercado libre pero en lo que a ideologías políticas se refiere. En teoría los candidatos exponen sus ideas de gobierno o producto para que el votante, o consumidor, escoja la opción que más le conviene al precio de su voto.

Pero ahondando en la realidad vemos que los candidatos no pugnan por ofrecer a los ciudadanos aquellas medidas factibles que promoverán de un mejor modo los intereses generales del país. Al contrario, el objetivo fundamental de los políticos no es otro que ganar las elecciones y llegar a La Moncloa. Con el agravante de que, con tal de lograr ese objetivo, están dispuestos a mentir, engañar y manipular al electorado tanto como sea necesario: sus promesas electorales no son programas de gobierno, sino calculados embustes para tomar el poder. Es por eso que el catálogo de embustes, tanto en los programas electorales, como en los argumentos esgrimidos para atacar al contrario, tienen muy poca relevancia, ya que su propósito no es otro que conseguir el mayor número de escaños posible y, en el mejor de los casos, la suficiente fuerza política como para poder alcanzar el gobierno.

Hasta aquí no deja de ser parecido a un sistema de mercado del capitalismo más salvaje: está claro que si no existiesen imperativos legales con respecto a la calidad de los productos, trabas a las estrategias publicitarias y no existiesen organismos que luchasen por intentar introducir libre competencia en los mercados, el escenario en los mismos sería igual o peor que en la política. Con empresas que buscarían más el desprestigio de las de la competencia que la mejora de sus productos, con estrategias que intentarían más destruir al competidor que crear beneficios al consumidor para ser ellos los elegidos.

El ejemplo de las mentiras destructivas, de la manipulación de la información a la que nos someten nuestros líderes demócratas lo estamos viendo todos los días desde nuestro sofá a poco que nos interesemos un poco por la veracidad de las declaraciones de los mismos. Sin ir más lejos, en el famoso debate a cuatro del principio de campaña escuchamos que el “Ejecutivo siempre había cumplido los objetivos de déficit, y que en 2015 volvería a hacerlo”, cuando es ya sabido que ha habido una desviación de 8.000 millones de euros respecto al límite que impuso la UE. De hecho, se baraja la posibilidad de una sanción que sería comunicada a España tras la cita electoral debida, más que al incumplimiento en sí, a que De Guindos hizo caso omiso de los avisos que la UE realizó (atacando además al comisario europeo de Asuntos Económicos Moscovici) y además rechazó realizar ajustes a los Presupuestos del 2016, tras el dictamen negativo de la Comisión.

Pero no fue el único caso: a otro candidato se le llenó la boca diciendo que “la fórmula de la derecha es recortar las pensiones”, olvidando que el primero en congelarlas fue Zapatero al final de su mandato, saltándose además en 2008 y 2009 la ley que le obligaba a realizar aportes al Fondo de Reserva o “hucha” de las pensiones en años de superávit. Pero además todos los candidatos utilizaron datos obsoletos para lanzar sus ataques, por ejemplo, hablando de la temporalidad en el empleo, tema en el que, si bien los datos son malos, han mejorado respecto a años anteriores. O directamente datos manipulados o exagerados triplicando el dato del INE de familias que no pueden permitirse una “comida de carne, pollo o pescado” al menos cada dos días: del 2,6% real al 7% que esgrimió el candidato.

Lo que está claro es que nuestros políticos son un reflejo de nuestra sociedad, en la que importa más un titular que una noticia, en la que es más fácil atacar que defenderse y en la que el ascender por los valores propios es mucho más complicado que el hacerlo por echar tierra sobre los demás. Pero además existen dos efectos muy claros en relación a las mentiras en los programas electorales:

  1. Por un lado ocurre que el votante es bastante reacio a reconocer que ha sido engañado. Una vez embaucados y seducidos por el partido de turno, la hinchada militante está dispuesta a creerse las nuevas mentiras con las que pretenden justificar por qué mintieron previamente. Por ejemplo, “nos comprometimos a bajar impuestos y los hemos subido porque la situación económica era mucho peor de lo que nos habían contado”; o también “anunciamos el fin de los recortes y un impago generalizado de la deuda, pero aprobaremos más recortes y asumiremos más deuda porque la alternativa habría sido salir del euro”.
  2. Por otro lado, los costes de incumplir abiertamente su programa tampoco resultan demasiado gravosos. Por ejemplo, si un partido político cree que, debido a circunstancias excepcionales, sólo posee una oportunidad de acceder a las instituciones, hará lo imposible, incluyendo mentir y engañar, durante la campaña electoral para aprovechar esa oportunidad. A sabiendas de que, si no lo consigue, no pasa nada, y si logra su objetivo, entre la euforia y las justificaciones de “herencias” podrá eludir la responsabilidad de sus promesas.

En definitiva, si las reglas de la política fueran las mismas que las del mercado viviríamos en una sociedad sin más norma que la supremacía del más fuerte, inmersos en el capitalismo más salvaje en el que el fin justificaría cualquier medio, sin consecuencias, sin trabas a cualquier estrategia y sin más remordimiento que el que dictase la derrota.

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Escrito por Manuel González el 21 de junio de 2016 con 35 comentarios

La siguiente fase de la globalización

somaliaSupongo que a todos nos gustaría que en un país pobre donde parte de la población pasa hambre y sufre ausencia de medios para educación y sanidad como por ejemplo Somalia, tuviera un estado del bienestar como por ejemplo el español. Sin embargo, no creo que a la mayoría de españoles, que apenas pueden pagar el propio y que de hecho si lo hacen es gracias a endeudarse cada vez más, les guste financiarlo. Como mucho ayudarán pero ya sabemos que acabar con la pobreza en el Tercer Mundo no es posible con programas de ayuda al desarrollo o con caridad, eso puede aliviar problemas puntuales y poco más.

Así pues, no es posible decidir desde Occidente qué servicios sociales debe tener otro país. Somalia –en este caso- debe ser capaz de mejorar su productividad para que tengan el suficiente excedente como para autofinanciarlos. Por desgracia, Somalia no tiene suficiente ahorro como para empezar la inversión que haría falta como para que pase eso y necesitan dinero foráneo (a España le pasó algo parecido a mediados del siglo pasado). Y como ya hemos dicho, los gobiernos occidentales bastante tienen con lo suyo luego dicha inversión debe ser privada. ¿Por qué alguien invertiría en un país pobre, sin infraestructuras, con mano de obra poco cualificada y dudosa seguridad legal? Seguramente porque espera un gran beneficio y eso es lo que le motiva. Y no parece que haya otro método salvo el decidir que no, que no queremos que Somalia mejore, que también es una opción claro.

El proceso no será rápido pero la creación de una industria de lo que sea de un gran  inversor foráneo generará puestos de trabajo con un salario muy bajo desde nuestra óptica pero superior al de la media del país, esos trabajadores necesitarán transporte y comer y se crearán líneas de buses y bares y restaurantes cerca de la fábrica y harán falta camiones para transportar y cargadores multiplicándose el número de puestos de trabajo no sólo directos, también indirectos porque los asalariados también aumentarán su consumo. Con los impuestos, aunque fueran bajos, que ingresará el gobierno se podrá mejorar la carretera (o lo mismo lo hace la propia multinacional porque le viene bien para el transporte de sus productos) y seguramente se mejore el puerto. Y con mejores infraestructuras, otras empresas extranjeras vendrán y… bueno, no será rápido pero ese es el camino que han tomado muchos países en las últimas décadas con gran éxito.

Eso no significa que esa trasformación sea ideal, no hay que bajar la guardia: hay que luchar por los derechos de los trabajadores (no sólo el salario, también las condiciones laborales) y por desgracia se conocen muchos casos de abusos. Y aunque las críticas siempre se dirigen hacia las multinacionales –con bastante razón- no se debería olvidar el papel que tienen los gobiernos nacionales de allí en todo esto. Uno de los motivos que determinan que en algunos países la globalización haya sido un éxito y en otros no hay que buscarlo en los dirigentes políticos locales. Con todo, es innegable lo que dicen las cifras: se reduce la pobreza, se crea riqueza y millones de personas viven mejor.

Y es que la única forma de que haya economías sostenibles es que haya empleos suficientes para la gente. ¿Y cómo se hace eso? Pues en un primer momento con inversiones, empresas que arriesgan su capital (en este caso para conseguir productos más baratos y venderlos en el Primer Mundo). De este modo nosotros compramos más barato y ellos aumentan su nivel adquisitivo. En una segunda fase estos trabajadores del Tercer Mundo se convierten en consumidores y según crece su riqueza incluso compran productos del Primer Mundo. En China (Apple ya tiene 36 tiendas allí, ejemplo de que vende bastante) y en muchos más países, hemos podido ver en unas décadas todo esto. Pero luego llega una tercer fase, un momento en que si ellos producen cada vez mejor y son consumidores, sus economías cada vez se parecen más a las europeas. Esa es la fase que más nos puede inquietar porque es territorio inexplorado.

Corea del Sur puede ser un ejemplo de esta fase pero lo cierto es que de forma global aún no ha ocurrido y no parece que vaya a ocurrir pronto, especialmente por el “retraso” en África. Pero 2 países que suman la tercera parte de la población mundial, India y China, se supone serán las grandes potencias de la segunda mitad de este siglo. Es difícil imaginar un mundo en el que la mayoría de los países –o al menos estos dos- consuman al mismo ritmo que lo hace actualmente Europa, Japón o los EUA, tanto desde un punto de vista económico como sobre todo ecológico. Pero si esa tercera fase ocurre, y vamos camino de ello, ¿Cuáles serán las consecuencias?

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Escrito por Droblo el 20 de junio de 2016 con 38 comentarios



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