Recordando artículos:
- Hace 6 meses: Detector de burbujas
- Hace 1 año: ¿Y si la tasa de desempleo fuese del 0%?
- Hace 2 años: Redefiniendo los bancos
- Hace 3 años: La clave
- Hace 4 años: Marchando una de Keynes
El Gobierno griego ha aceptado la demanda formulada por la ‘troika’ en relación con la supresión de 150.000 empleos públicos hasta 2015, de los que 15.000 empleos serían eliminados este mismo año, según admitió el ministro griego de la Reforma Administrativa, Dimitris Reppas. «El compromiso para reducir la plantilla de empleados públicos en 150.000 … Leer más
El presidente de la patronal de los promotores y constructores de España (APCE), José Manuel Galindo, ha pedido a los bancos que no rebajen los precios de sus activos hasta «niveles excesivamente bajos» para darles salida porque «penalizaría» a los promotores y que, en vez de ello, facilite las transacciones actuando desde los tipos … Leer más
El Euríbor, índice al que están referenciadas la mayoría de las hipotecas en España, ha descendido otras siete milésimas en tasa diaria, hasta el 1,725%, con lo que acumula una caída de 0,279 puntos porcentuales en los cuatro primeros valores de febrero. De esta forma, el indicador hipotecario mantiene en febrero la misma tendencia bajista … Leer más
¿Habéis visto la película «In good company» en la que el veterano jefe de ventas de publicidad de 51 años (Dennis Quaid) es rebajado de categoría y sustituido por el joven de 26 años (Topher Grace)? No quiero soltar spoilers de la película para aquellos que no la hayan visto, pero se trata de un caso (típico hoy) de jefes que son más jóvenes que sus empleados.
No es una situación fácil, para el empleado porque de primeras, no estará dispuesto a recibir órdenes de alguien que tal vez podría ser su hijo e incluso hay quien se lo toma como un fracaso personal y profesional; y para el jefe, que ante todo, tiene que hacerse valer.
Los jefes jóvenes suelen llegar a las empresas con mucha energía, con deseos de «comerse el mundo» y con muchas ganas de innovar y se suelen encontrar con que los empleados más antiguos no están dispuestos a muchos cambios.
Hoy voy a redactar un artículo un poco experimental. Voy a transcribir lo más fielmente posible algunas conversaciones/impresiones del último mes y medio que, gracias a las navidades y el año nuevo que son tiempos de recuperar contactos, he tenido con amigos y conocidos con los que no hablaba hace mucho y con personas que he conocido en algún evento al que he asistido:
El Alcalde
Un muy buen amigo ha cenado con el alcalde de una capital de provincia española. Son los días de la polémica por el sueldo del rey y me cuenta que dicho alcalde está quemado, que se queja amargamente que el 15% de sus empleados gana más dinero que él y que con las actuales circunstancias no puede subirse el sueldo para reparar lo que considera una injusticia.
Me muestro preocupado de que tanto rencor propicie que se invente algo ilegal para cobrarse esa diferencia salarial. Mi amigo está de acuerdo en que no le extrañaría.
La envidia
Conozco en un cóctel al que soy invitado a una directora regional de un importante banco nacional y me cuenta que su entidad fue la primera en comercializar hipotecas multidivisa. Me alarmo, pienso en cómo puede estar orgullosa de eso, pero le comento si es duro tener a tantos clientes descontentos y me dice algo así:
“Los primeros en pedirnos a nosotros que les ofreciéramos este producto fueron los del sindicato de pilotos, el SEPLA y durante mucho tiempo estuvieron encantados. El problema es el de siempre en este país, la envidia. Las azafatas se enteraron de lo baratas que pagaban sus hipotecas los pilotos y quisieron lo mismo, luego los mozos y al final mucha gente. De ser un producto para hipotecas superiores a los 100 millones de pesetas y clientes específicos pasó a que se pedían para casas de 10 y para personas con contratos temporales. Y es el problema de la burbuja inmobiliaria en España, la envidia: nadie puede aguantar que su vecino gane dinero con algo tan sencillo como comprar y vender una vivienda.”
Le digo que la envidia, como la burbuja inmobiliaria, no es algo exclusivo español pero sigue tan satisfecha con su teoría.