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El Euríbor, principal indicador al que están referenciadas las hipotecas en España, ha comenzado el mes bajado nueve milésimas en tasa diaria y ha recalado en el 1,745%, valor en el que se queda su media mensual, la cuarta caída mensual consecutiva. El Euríbor describe una tendencia bajista desde que el Banco Central Europeo (BCE) … Leer más
«He rechazado un trabajo». Eso fue lo que nos dijo el otro día un amigo. Unos le llamaban loco y otros le entendían. Os lo explico: el trabajo era de comercial para una empresa, llamémosla «W» para toda España. El primer mes, él tenía que poner el coche y sueldo base igual al Salario Mínimo, es decir, 641,40€. Después del primer mes, ya hablaban de objetivos y posteriormente, ya negociarían sobre el coche de empresa.
Para mi amigo, la oferta era un poco «tomadura de pelo», puesto que tenía que viajar por toda España, el salario era muy bajo y no veía el futuro muy claro. Los que estaban en contra, le decían que tenía que probar, que como efectivamente no sabía qué le iba a deparar el futuro, tenía que dar una oportunidad a la empresa.
El hecho de rechazar o no una oferta de trabajo, yo creo que es un tema muy personal. Factores como el salario, el horario, la situación geográfica de la empresa, o simplemente que la empresa «no te de buena espina» pueden ser determinantes a la hora de rechazar o aceptar la oferta. Uno de mis primeros trabajos fue en una empresa a la que tardaba en llegar 1hora y 15 minutos. La verdad es que estaba encantada, el trabajo me gustaba y además iba en tren, con lo que en esa época, leí un montón de libros, pero reconozco que cuando cambié de empresa a otra mucho más cerca de mi casa, vi lo que había ganado en calidad de vida y además, ¡podía leer en el sofá de mi casa!
Otrora España era una tierra de oportunidades, prácticamente cualquier inmigrante del mundo encontraba trabajo aquí y podía acceder a una vivienda digna. El inmigrante era la fuerza de trabajo, era la juventud, la promesa de crecimiento del país. Se oían anécdotas del estilo “gracias a las llegada de una familia con cuatro hijos a un pueblo remoto, no se cerró la escuela del pueblo”; venderle a un inmigrante era el gran negocio y más si se trataba de una hipoteca.
Pero todo llega a su fin y lo que hace un par de años era esperanza ahora es tan sólo humo y esto viene ocurriendo desde que comenzó la crisis, en 2007.